Crítica de Trampa para un violador

El mutante devora-películas que reside en mi interior vio anoche (mentira, la anterior, que ayer estuve metido en una discoteca hasta altas horas de la madrugada) "Trampa para un violador", de Ruggero Deodato. La cosa pintaba bien: director de "Holocausto Caníbal" (película que me decepcionó bastante, pues no es todo lo escandalosa que esperaba, pero aún así contiene escenas de altísimo nivel de violencia), y actor, David A. Hess, de "La última casa a la izquierda", un delirio bastante malsano de Wes Craven.

Pero lo cierto es que, lamentablemente, la película que nos ocupa ni asusta, ni mantiene el interés del espectador, pues no es más que una procesión de desnudos femeninos, siguiendo la estela de bastantes películas italianas de la época (1980).

El guión brilla por su ausencia, y el único atisbo de su existencia resulta ser un plagio de la antes citada película de Wes Craven.

Una pandilla de repugnantes niños pijos acogen en su casa a dos macarras violadores y desgraciados. Montan una fiesta que no es más que una excusa por parte de los adinerados para reírse de los dos criminaluchos (recogidos previamente en un taller de coches, toma originalidad), y todo va como la seda hasta que estos se dan cuenta del engaño y empiezan a torturar (¿o debería decir desnudar?) a los anfitriones. Así transcurre la mayor parte de la película, acumulando más y más despropósitos (torpes intentos de salvación totalmente desaprovechados por los secuestrados, actuaciones cada vez más lamentables), hasta el final, en que aparece un giro de guión, completamente previsible si se lee previamente la reseña del disco (por favor, ¡que alguien haga algo para evitar estos spoilers en las cajas de dvd!), y que resulta ser el mismo final que el de, de nuevo, "La última casa a la izquierda" (Y de ahí que en italiano, el título original sea "La casa perdida en el parque"...).

En resumen, una película claramente enmarcada en la "exploitation" italiana (sexploitation, más bien), aburrida y pretenciosa, como todo lo que suele hacer Deodato, en que solo destacan la secuencia inicial y un momento del tramo final, en que dos situaciones diversas (un estúpido y cochambroso síntoma de Estocolmo por un lado, y una violación con tortura incluida a una angelical virgen -¡por fin algo de sangre!) se entremezclan con un relativamente bien logrado montaje.

Mención aparte tiene la banda sonora, que contiene una nana bastante perturbadora, que con otro director (Mario Bava, por ejemplo) hubiera sin duda supuesto escenas de increíble suspense...

Bah, película completamente prescindible...

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