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Crítica de Muñeco diabólico (Child's Play)

Llévatelo
Mi nuevo reto como consumidor de cine de terror consiste en encontrar la película que, hace unos trece años, me causó uno de los mayores traumas infantiles que aún ahora me acosan alguna que otra noche. Solo vi una escena de ella, y con los ojos medio tapados por mis (hasta aquél entonces) inocente manitas. De momento, no explicaré tan terrible visión, aunque si dentro de unos meses sigo sin haberla visto, ¡os pediré ayuda!
El caso es que con este objetivo, me he propuesto ir viendo todas las películas que fueron más o menos exitosas durante aquellos años.
Y la primera víctima ha sido "Muñeco Diabólico" ("Child's Play",1988).

Una persecución policial acaba con la muerte de un asesino, Charles Lee Ray (Brad Dourif, Grima en "El Señor de los Anillos"), quien momentos antes de fallecer jura vengarse tanto de su colega delincuente como del policía que lo ha matado, Mike Norris (Chris Sarandon...¡la voz de Jack en "Pesadilla Antes de Navidad"!). Para ello, transmite su alma al muñeco Good Guy.
Poco después, una madre (Catherine Hicks, "Turbulence") desesperada por encontrar el regalo perfecto de Navidad para su hijo, le compra a un vagabundo el mismo muñeco. El resto ya lo podéis imaginar.

Dirigida por Tom Holland, y escrita por Don Mancini (autor de los guiones de cada una de las cinco -!!- secuelas, y director de la última, "La Semilla de Chucky"), lo cierto es que la película es un continuo suceder de los tópicos más vistos en el cine de terror. En todo momento el espectador sabe exactamente lo que va a ocurrir, y lo único que hace (en especial si ha visto recientemente las últimas dos entregas, lo cual no es muy difícil teniendo en cuenta que las emiten una y otra vez en la tele) desde el primer minuto es desear que de una vez por todas Chucky aparezca tal y como le conocemos, es decir malencarado, encabronado y malhablado. Lo malo es que en un intento de hacer más intrigante la historia, el muñeco tarda casi una hora en poner cara de mala leche y soltar un taco... Claro, tal vez en su momento el público no supiera qué iba a ser de Chucky, y por ello la película juega con la posibilidad de que sea el niño el verdadero asesino, pero eso a día de hoy acaba resultando un tanto frustrante para los que queremos ver sangre correr a manos de un muñeco cabrón.
Incluso a nivel técnico, Holland utiliza en más de una ocasión planos subjetivos del muñeco, que aunque estén muy logrados y signifiquen escenas de relativa tensión, es inevitable pensar en la secuencia inicial (y magistral) de "Halloween", de John Carpenter (1978).


Pero bueno, dejando de lado sus problemas de edad, la película es muy entretenida, el ritmo no decae en ningún momento, y se deja entrever la mala uva que fue potenciada en las partes cuatro y cinco ("La Novia de Chucky" y la ya citada "La Semilla de Chucky"). A la que el muñeco cambia la cara y frunce el ceño, la película gana muchos enteros, pues en seguida entra en el tramo final (de lo más "muñequicida" o "torturamuñecos"), que viene a ser un continuo y vibrante acoso por parte de Chucky a los protagonistas.

La verdad es que me esperaba algo más de ella, sobretodo que me enfrentara al trauma infantil del que os hablaba antes, pero aún así su visionado resulta entrañable y necesario para los que quieran ver a Chucky con algo más de dignidad/seriedad (no olvidemos que en la última entrega es pillado mientras se masturba). Pese a ser más previsible que un "Sorpresa, Sorpresa", es muy entretenida entre otras cosas debido a su corta duración y al no haberse tomado demasiado en serio a sí misma.
Qué duda cabe, la mejor de la serie.

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