Crítica de Dragon Wars (D-War)

Hyung-rae Shim escribe y dirige una épica historia en la que todo tiene cabida: una maldición, dragones y serpientes gigantes, y el ejército de los EEUU.

El periodista Ethan descubre en una de sus grabaciones lo que parece una escama gigante de reptil. Le es enseguida familiar, ya que recuerda cómo de pequeño vio algo parecido en una tienda de antigüedades, en la que su dueño le explicó que el mismo Ethan era el protagonista de un mito que se repite cada quinientos años. Según la leyenda, dos serpientes gigantes, una buena y otra mala, salen de sus escondrijos para alcanzar a una chica que generación tras generación nace con una marca de dragón en su hombro. Ella contiene el elemento necesario para que la serpiente que la encuentre antes se transforme en dragón y alcance el reino de los cielos donde permanecerá durante los próximos quinientos años... o algo así.

La idea de colocar una lucha entre dragones y ejército en medio de una ciudad tan imponente como es Los Angeles era de antemano una propuesta estimulante. Sensación que se confirmaba al ver los espectaculares trailers que circulaban por la red, donde se apreciaban unos efectos especiales vistosos y muy cuidados. Incluso el argumento podía resultar, cuanto menos, curioso, al adaptar una leyenda de la cultura sur-coreana a la actualidad. Lamentablemente, el resultado final es una auténtica decepción, pues no hay por dónde coger "D-War".

Son muchos los fallos que embrutecen la película, en la mayoría de sus aspectos. Las actuaciones son todas lamentables, con mención especial para Jason Behr (Ethan) y Robert Forster (que interpreta al dueño del anticuario y mentor del protagonista). No sé en qué estarían pensando los directores de casting, aunque bien cierto es que en una película así tampoco se buscan labores oscarizables. Otro importante lastre es el montaje entero. Planos cortados sin sentido, flash-backs de flash-backs (en el tramo inicial sobretodo) que no solo son ridículos, si no que le hacen perder a uno la cabeza, son solo un par de ejemplos del galimatías visual al que asistimos. Solo se salvan un par de tomas en las que, a través de torpes zooms y temblorosas filmaciones, se consigue algo de (imposible) realismo, como si de un documental se tratara.
Pero donde más se emponzoña "Dragon Wars" es en su guión. Vacío y poco estimulante, se mueve por todos los tópicos del cine de palomitas recurriendo a absurdas situaciones que no tienen ni pies ni cabeza (véase el momento en que chico y chica se besan, habiéndose conocido solo pocas horas antes y con una serpiente gigante persiguiéndoles) y a constantes referencias a "Jurassic Park" o "King Kong". Es imposible tomarse en serio esta película, pero es que incluso sin hacerlo, no se pueden aceptar semejantes despropósitos.

La verdad es que de esta película que tanto prometía, al final solo se salvan los veinte minutos de la espectacular lucha en L.A., que aunque recuerde bastante a "Tranformers", sigue funcionando a las mil maravillas, divirtiendo como pocas. Lástima que sea completamente insuficiente.
No perdáis el tiempo.
4/10 (por los 20 minutos de marras, que si no ni eso)

2 comentarios:

  1. Decepción? Pero si tenia una pinta super cutre, con efectos super cantosos y peor compuestos que en el primer Jurassic Park. Vamos, que creo que no hemos visto el mismo trailer....

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  2. la verdad, para empezar, los efectos de Jurassic Park a mí, aún a día de hoy, me parecen geniales!

    en el trailer se veían vistosos, y espectaculares, y de hecho en la batalla de la que hablo pintan muy bien... desde luego, son mucho mejores que la cutrez digital de Soy Leyenda! el problema es cuando fallan toooodos los demás elementos, jeje!

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