Crítica de La banda nos visita

Dirigida por el debutante Eran Kolirin, "La Banda Nos Visita" nos presenta a una modesta banda de música de la policía egipcia que aparece en una pequeña y aislada localidad de Israel después de haberse perdido mientras se dirigían a dar un concierto protocolario. Enseguida son acogidos por los amistosos habitantes del lugar, quienes les abren sus corazones a pesar de las diferencias culturales. Con ellos pasan más de un día lleno de pasiones, comedia y malentendidos.

Como puede intuirse al leer la sinopsis, "La Banda Nos Visita" es un cuento de hadas, una fábula que propone un apretón de manos entre dos civilizaciones que por unas horas apartan sus diferencias y tensiones, algo lamentablemente difícil de conseguir hoy en día a tenor de los acontecimientos más recientes. Así, el mensaje de Kolirin (quien también firma el guión) resulta ser de lo más positivo, aportando su granito de arena a una sociedad necesitada de un cambio.

Además, esta producción israelí (aunque financiada también en parte por Francia y EEUU) se convierte en un entretenimiento de lo más agradable y liviano, gracias a la creación de unos personajes absolutamente adorables (todos y cada uno de ellos), y situaciones de lo más variadas que hacen que el espectador se emocione (las conversaciones entre el director de la banda y la hostelera que les acoge) y se ría (la escena de la discoteca, la cena de cumpleaños) a partes iguales, para acabar aplaudiendo tan entrañable situación.

La pena es que todo se quede un mero acercamiento, muy simpático pero algo superficial ya que el director prefiere decantarse por la comedia de corte más convencional, como si tuviese miedo de ahondar más de lo debido en el asunto, lo que hace pensar que la historia podría haber dado mucho más de sí y haber transmitido un mensaje mucho más intenso y directo.


Aun así, películas como la que nos ocupa hacen que uno se pregunte hasta qué punto es cierto eso de que las buenas ideas en el cine están acabadas. "La Banda Nos Visita" es un claro ejemplo de cómo precisamente una buena idea es suficiente para componer una película sumamente disfrutable, y realmente positiva y enternecedora.
Poco importa que la dirección se antoje demasiado principiante, que su duración no llegue a la hora y veinte, o que tarde lo suyo en arrancar.
Al final, lo que queda es un guión divertido y ameno, una historia envolvente, y la recreación de un mundo mejor, un sueño que el director comparte con su público a la espera de que pueda llegar a alcanzarse lo antes posible. Y por supuesto, unos actores perfectos en cada uno de sus roles.
7/10

Por cierto, una nube de infundada polémica rodea esta producción israelí (aunque financiada también en parte por Francia y EEUU) al haber sido rechazada por la academia como candidata al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. De hecho, prácticamente la totalidad de la misma está hablada precisamente en dicho idioma, por lo que no habría tenido demasiado sentido nominarla.

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