Crítica de La Leyenda del DJ Frankie Wilde

Con cuatro años de retraso llega por fin a nuestras carteleras "La Leyenda del DJ Frankie Wilde" ("It's all Gone Pete Tong"), segundo mockumental (o lo que es lo mismo, falso documental) de corte musical de Michael Dowse tras "Furbar", aún inédito en nuestro país.
En esta ocasión, el director y guionista se centra en la vida de uno de los DJ más famosos de Ibiza, Frankie Wilde, quien llegó a lo más alto pero cayó de manera fugaz debido a un trastorno acústico que supuso su misteriosa y repentina desaparición de la escena.

Sorprendente y muy grata es la sorpresa que un servidor se ha llevado con esta película. Disfrazada de documental, con constantes entrevistas a algunos de los DJ más famosos del panorama musical, "La Leyenda del DJ Frankie Wilde" es un frenético viaje por el mundo de la fama, los excesos y los caprichos de la vida, que resulta entretenidísimo debido a sus constantes cambios de rumbo, su mala leche, y por supuesto a su actor protagonista, un estupendo Paul Kaye estrafalario y tan pasado de vueltas como la película en sí.

Entre otras cosas, la película parece homenajear y al mismo tiempo arremeter contra el cine de jóvenes y drogas (o como quiera llamarse) del que "Trainspotting" y "Requiem por un Sueño" son sus máximos estandartes, a través no solo de su personaje, sino de excesivas adicciones, visiones extravagantes, y sobretodo de un montaje adrenalínico y camaleónico, videoclipero al cien por cien.
Igual que aquellas, Dowse habla de lo desquiciante y peligroso que puede ser el exceso (no solo de consumo de drogas), pero lo hace desde el humor negro, el cinismo de un destino cabrón que no duda en castigar al DJ arrebatándole su única herramienta de trabajo, el oído.
En pocos minutos pues, el protagonista pasa de lo más alto al fondo más bajo, y se ve obligado a tener que lidiar con la difícil situación en la que se ha metido él solito, algo que desde luego le costará aceptar y que supone duros enfrentamientos internos que peligran con tocar seriamente su salud mental (y como muestra un botón: los diversos enfrentamientos que mantiene con un gato gigante vestido con un delantal rosa son de lo mejor de la película).


El segundo tramo se centra, como era de esperar, en la superación personal, y con ello la película adopta un viso diferente en todos sus aspectos. Se trata de momentos más calmados, en los que se asiste a la búsqueda interior (y exterior) del mismo Frankie, y la dirección concede secuencias menos caóticas permitiendo que el espectador se centre en la trama y no tanto en el envoltorio.
Se asiste prácticamente a un renacimiento, al comienzo del mito, de la leyenda a la que hace referencia el mismo título (español) de la película.

Con todo, se llega a una conclusión en la que ambas aguas confluyen de manera más que acertada componiendo un final comedido pero no por ello menos absorbente a nivel visual (y auditivo) que no deja de sorprender pese a su previsibilidad.
Cabe reconocer sin embargo que final peca de cierto conservadurismo, lo que resta algo de mordiente a una película hasta el momento arrolladora. Pero se trata de un simple regurgito que no logra desmerecer en absoluto el sabor con que se queda uno cuando acaba este relámpago, esta bomba visual y auditiva.

"La Leyenda del DJ Frankie Wilde" es pues una notable propuesta que pasa en un suspiro, una curiosa y entretenida mezcla de drama, cinismo y humor negro que supone todo un espectáculo para los sentidos. A su impecable factura técnica cabe sumarle una actuación soberbia a cargo de un divertido Paul Kaye capaz de dotar a su personaje de total credibilidad pese a las situaciones a las que se enfrenta. Y todo, en una Ibiza espectacular.
Muy aconsejable.
7/10

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