JCVD

No podía ser más original la premisa de la que seguramente sea una de las películas más imprescindibles del año: ¿qué pasaría si un Jean-Claude Van Damme desolado por un divorcio va a visitar a su madre y termina involucrado en el robo de un banco?
Así comienza "JCVD", falso biopic con el que el director Mabrouk El Mechri pretende darle un soplo de aire fresco a la imagen de la estrella mostrando su vertiente más humana (y por tanto inaudita).

Antes de nada me veo en la obligación de reconocer que hasta ahora nunca he sido un devoto de Van Damme, ni mucho menos: su listado de películas prácticamente idénticas no había suscitado mi interés lo más mínimo, y jamás le había considerado un actor propiamente dicho.
Sin embargo, tras la experiencia que supone la fabulosa propuesta, tendré que reconsiderar mis puntos de vista.

Como decíamos al principio, "JCVD" es una inteligentísima estrategia concebida para humanizar a un actor en vías de extinción, quien por tanto no tiene nada que perder y sí mucho que ganar.
De este modo, la película muestra a un personaje adulto, desgastado y mayor para según qué trotes (como atesora su prólogo, el supuesto rodaje de una de sus cintas directas a vídeo que le agota físicamente), y sumergido en un mar de problemas de todo tipo del que parece no poder emerger, pero que aún así no le impide mostrarse sumamente cordial, agradecido y terrenal ante los fans de su tierra natal, Bélgica, donde transcurre toda la acción del film. Huelga decir que se trata de un personaje que se hace enseguida con el beneplácito del público, ocasión que aprovecha Van Damme para mostrarse como un actor más que válido e incluso sorprendente. Baste con mencionar la emotiva recitación de un intenso monólogo filmado en primer plano fijo, lágrimas incluidas, capaz de poner los pelos de punta y que debería llevar a la ovación general.
Eso sí, aún desprendiéndose tales sensaciones, no puede sino tildarse de encomiable el hecho de que el propio Van Damme haya aceptado llevar a cabo esta producción, pues por mucho que el guión ensalce a la persona detrás del mito, no duda en arremeter contra la carrera del mismo, forzando al actor a reírse de sí mismo y de sus últimos 25 años.


De hecho, una de las principales virtudes del film, personaje aparte, es la oculta socarronería que se oculta tras el buen humor general aparentemente inocuo. Aunque a simple vista pueda parecer una mera parodia de las cintas de acción de robos, secuestros y rehenes, en realidad El Mechri (co-guionista junto a Frédéric Bénudis, también debutante aunque ya había escrito un documental sobre, qué cosas, Van Damme) va dejando aquí y allá alguna que otra mina para ser recogida por quien se dé por aludido. En este sentido, ironiza en más de una ocasión sobre la situación actual del cine en general y del de acción en particular, a través de acertadísimos chistes y gags inolvidables como el referente al nuevo look de Steven Seagal, motivo por el que se hace con un papel que debería haber ido a parar a Jean-Claude.

El otro punto fuerte de "JCVD" radica sin duda en su fusión de géneros, presente tanto a niveles de guión como de factura técnica.
Moviéndose entre momentos de acción pura y dura, y otros más cercanos a la comedia o el drama, el interesante (aunque visiblemente debutante) director sabe amoldarse con solvencia a cada uno de los disfraces en que debe colocar su producción.
Destaca por encima de todo su puesta en escena, casi intimista aunque dotada de un cromatismo cercano a los experimentos de Michael Mann, reflejo en perfecto ensamblaje del tono intrínseco del film.
Desde luego, al llegar a tan variedad artístico-argumental de manera tan encomiable en todos sus aspectos, lo que logra El Mechri es tener sumamente entretenido al público, completamente sorprendido y rendido ante tan fresca y descarada propuesta.

Así pues, "JCVD" es una película totalmente obligatoria para fans del actor y enemigos del mismo. Dinámico, espectacular, divertido y entrañable, se convierte en un film de culto desde sus primeros segundos de proyección, además de una de las sorpresas más inesperadas tanto del pasado festival de Sitges como del cine en general. Y es que, ¿quién iba a imaginar que algún día veríamos a Jean-Claude Van Damme sin pegar una sola patada en 95 minutos?
8,5/10

2 comentarios:

  1. Voy a hacer un comentario super triste que quiero que quede entre nosotros... ¡¡Adoro a JCVD!!

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  2. jajaja, yo le odiaba como a Steven Seagal. Ahora le tengo tan en consideración que odio aún más a Seagal y sus trucos para hacerse con los papeles de Van Damme! (lo entenderás cuando veas la peli, y por favor, hazlo!)

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