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Cementerio Viviente

Llévatelo
Dicen por ahí que la mejor manera de enfrentarse a los traumas o medios es enfrentarse a ellos. El pasado fin de semana, ojeando un libro especializado en cine de terror, me topé con un fotograma en el que un niño aparecía postrado sobre un hombre, mordiéndole la garganta. Tal imagen me trasportó a mi infancia, cuando en un lluvioso día, hace demasiados años, unos compañeros de clase de tenis y yo nos encontrábamos al reparo en una habitación con televisor y reproductor de vídeo, y ellos, mucho mayores que yo, me hicieron ver la mencionada escena, provocando en mí las consecuentes pesadillas.
Hasta el momento, nunca supe el título de la película, por lo que el trauma no acabó de desaparecer y en alguna que otra ocasión he seguido recordando, con cierto recelo debo admitir, aquellos segundos de auténtico horror que ayudaron a trastornar un poquito más mi dañada mente.
Por tanto, a la que leí la nota al pie de la imagen, y descubrí que se trataba de "Cementerio Viviente" (película que por cierto había pasado por mis manos en numerosas ocasiones, sin llegar a ser vista por la pereza que me supone ver algo con la marca de Stephen King), ni corto ni perezoso fui a comprarla.

Para la mayoría de las familias un traslado de residencia significa un nuevo comienzo. Pero para los Creed, ese traslado puede ser el principio del fin. En la nueva casa muere inexplicablemente su gato. Con su muerte el Dr. Creed descubrirá un gran secreto. Cuando va a enterrar al animal, el Doctor pide ayuda a su vecino, al anciano Sr. Crandall y ambos acudirán al viejo cementerio de animales. Pero no es allí donde enterrarán al gato. Irán más lejos, a un cementerio indio, un lugar misterioso sobre el que se cierne una extraña leyenda: una vez en casa, Creed se encuentra con una terrorífica sorpresa, el gato ha vuelto. No como el animal casero que era, sino como un ser que ya no pertenece a este mundo, un monstruo con los peores instintos. Y sólo es el prólogo de la tragedia que se avecina...


Dirigida por Mary Lambert, conocida básicamente por filmar los vídeos de "Material Girl", "Like a Prayer" o "Like a Virgin" entre otros (¿o es que alguien ha visto "Cementerio Viviente 2" o "Leyenda Urbana 3"?), y guionizada por Stephen King, quien se encarga de adaptar uno de sus relatos, "Cementerio Viviente" es una de esas cintas de terror ochenteras de look deliciosamente añejo, ideal para complementar la cultura basura, palomitera, serie B, retro, o como diablos se le quiera llamar.

Seguramente a día de hoy la película sorprenda tanto como una manzana en una frutería, ya sea a nivel argumental como formal. Mezclando elementos de aquí y de allá, "Pet Sematary" (que así se llama en su versión original) contiene muertos vivientes, fantasmas, zombies, enfermedades degenerativas, maldiciones, apariciones, gore, sustos, viejos chungos, animales rabiosos y niños cabrones. Todo ello embalsamado en una dirección con mucha voluntad pero evidente torpeza (con resultados sonrojantes en más de una ocasión), que acaba por refugiarse en estilismos ajenos para no caer en un pozo de desaciertos de imposible salida. Curiosamente, esas limitaciones técnicas suelen hacerse más visibles cuando el film se acerca a pasajes clave, como el atropello del camión o la entrada a hurtadillas de un infante a casa de una de sus víctimas).
Por otro lado, en cuanto al apartado argumental, es de esperar que tamaño aluvión de conceptos quede cojo de alguna de sus patas, pues no puede tener cabida plenamente satisfactoria en apenas 98 minutos de metraje. Pero empeñado en hacer de sus productos algo más, King no omite ninguno de ellos, más preocupado en que todo lo que (supongo) aparece en su libro de origen quede como mínimo mencionado en imágenes, que en lograr un desarrollo narrativo más profundo, coherente y mejor, a fin de cuentas.
En otras palabras, no son pocas las ocasiones en las que el espectador se enfrenta a cuestiones incompletas, dejadas en el aire a la espera de, por ejemplo, una supuesta versión extendida que las explique y que evidentemente nunca llegó a realizarse.


Aún así, no es de extrañar que muchos la consideren un auténtico mito del género. Sorprendentemente, "Cementerio Viviente" logra sobreponerse a todos sus peros (que incluyen unas actuaciones cuestionables en el mejor de los casos, cameo de King incluido) logrando, y no me pregunten por qué, distanciarse de sus semejantes.
Tal vez se deba precisamente a que tanto la torpeza técnica como sus cabos sueltos juegan a su favor, otorgándole un aura de incomodidad constante en la que uno nunca sabe bien bien si tomárselo a risa (como ocurre con la práctica totalidad de los títulos de época vistos hoy en día) o en serio, sintiendo no pocos escalofríos cuando el gato fija su mirada en la nuestra, agacha las orejas y eriza su pelo, o con los flash-backs (completamente gratuitos) que nos transportan a la infancia de la mujer del protagonista, con una hermana deformada desagradablemente por culpa de la antes mencionada enfermedad degenerativa.
O tal vez sea por un ritmo en constante crescendo, que convierte el film en un entretenimiento tal vez no a la altura de "Posesión Infernal", pero aún así suficiente como para resultar interesante en (casi) todo momento.

Aunque con todo, seguramente el éxito se deba a ese magistral último acto, una espiral de locura, venganza, gore (ojo al primer plano del bisturí cortando la boca de uno de los personajes) y auténtico terror que no se olvidará fácilmente, y que con toda probabilidad sea uno de los mejores momentos en absoluto de la vacilante filmografía de Stephen King.

Sea como sea, al final "Cementerio Viviente" se queda en una propuesta más que atractiva. Con más cabos sueltos que el jersey de un costurero manco, no se le puede negar un encanto especial en la trama central, el camino a la locura de un padre devoto y desesperado. Si bien puede provocar alguna que otra carcajada fruto del envejecimiento, no menos cierto es que logra erizar el vello de la nuca en más de una ocasión, con mención especial para ese niño cabrón capaz de lo más inhumano y vejatorio por mera diversión macabra.
Encantará a los amantes del terror-B que aún no la hayan visto, que incluso notarán algún que otro parecido no sólo con películas anteriores, sino también posteriores (el propio Shyamalan parece haberle rendido puntuales y velados homenajes), y también a los meros curiosos que se acerquen a ella con las expectativas debidamente medidas.
7/10

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