The Visitor

Director de la elogiada (aunque desapercibida) "The Station Agent", Thomas McCarthy se confirma como cineasta puntero con su segundo largometraje, "The Visitor", cinta que tiene su principal (que no única) baza en la interpretación de un excelente Richard Jenkins por cuyo trabajo el actor visto en "Quemar Después de Leer" opta a una estatuilla de la Academia (y se merece tanto como el que más, o sea, Mickey Rourke).
Como Walter Vale, Jenkins encarna a un profesor universitario que en un viaje a Nueva York descubre que su apartamento de Manhattan está siendo habitado por una joven pareja inmigrante. Así comienza una relación de amistad que lo llevará a descubrir todo el abanico de personas y sensaciones diferentes que pueblan la multicultural ciudad estadounidense.

No será ésta la primera vez que desde aquí se defiende la posibilidad de entender el cine como emoción, valorándose incluso por encima de otros factores seguramente más académicos y dignos de críticos más teóricamente profesionales.
Hay ocasiones en que la capacidad de un director (y guionista, como en este caso) queda reflejada más en su expresión de sentimientos, y su habilidad debe ser medida casi exclusivamente en base a como estos llegan al espectador.

Este es precisamente el caso de "The Visitor", película tan sumamente sencilla formalmente como intensa a niveles esenciales. Y aunque con ello no quiera decir que la labor de McCarthy como director sea negativa ni mucho menos (se antoja sumamente estudiada para los requisitos de la cinta, y aun desde la simplicidad es capaz de proporcionar planos de notable belleza y/o potencia), resulta evidente que el protagonismo del film recae exclusivamente en su guión y, valga la redundancia, su(s) protagonista(s).

Así las cosas, la propuesta de McCarthy es realmente exquisita. Cada vez resulta más difícil encontrarse con una cinta de estas características, arrebatadora desde el primer momento y de tan variada conjunción de sensaciones.
Moviéndose entre diversos géneros que van desde la comedia al cine romántico, el drama y la crítica social, "The Visitor" es un puzzle de sonrisas y lágrimas del que prácticamente no puede extraerse ni un solo minuto de indiferencia emocional.
Con la relación entre Walter y sus compañeros de piso como excusa, McCarthy comienza partiendo una lanza en favor de la conjunción cultural ejemplificando a través de ellos la realidad global de un occidente compuesto por un número cada vez mayor de individuos y civilizaciones de todo el mundo.
Se trata de una introducción positiva, prácticamente onírica, una puerta abierta a la esperanza que muestra la vertiente más positiva del fenómeno de la globalización. Y más importante aún, se trata de un primer bloque en el que la sonrisa no desaparece ni por un momento del espectador, enternecido por la relación de amistad que va gestándose a ritmo de un djembe de lo más pegadizo.


Pero McCarthy, hábil jugador del engaño, se guarda un as en la manga y de manera imprevisible, escudándose en una escusa tan banal como insultante (para la inteligencia del hombre blanco en general, del estadounidense en particular, y de la policía de Nueva York en concreto) transforma su oda a la alegría en un implacable drama de denuncia social, focalizado en la intransigencia de los estatutos (y por extensión, de la sociedad) para con los inmigrantes, su desprecio hacia ellos, y en los traumáticos fantasmas del 11-S que aún sobrevuelan la vida norteamericana a todos los niveles, como demuestra que un centro de detención de ilegales haya, en prácticamente cada pared, un reclamo a las torres gemelas.

A partir de este momento por tanto, "The Visitor" avanza de manera paralela por dos vías, la recién mencionada y la referente a la relación entre el protagonista y la madre de Tarek (componente masculino de la pareja). Y lo hace con una sutileza y acierto que lleva a progresar de la misma las emociones del espectador, que zozobra de un estado anímico (la esperanza y la felicidad) a otro (la congoja y la repudia hacia la propia humanidad) montando el puzzle propuesto por McCarthy. ¿Y es que no es la vida, a fin de cuentas, una conjunción de situaciones amables y dolorosas que se entremezclan y alternan como si de un juego de ataque y defensa se tratara?

Erigiéndose como nexo de unión y epicentro de todo ello, aparece la figura de un Richard Jenkins absolutamente brillante en su naturalidad, que hace creíble la veloz evolución de su personaje, su empeño en aprender a tocar el djembe (genial el trasvase de la música clásica a los ritmos africanos), o su ímpetu a la hora de ayudar al prójimo. De este modo, convierte a su personaje en un auténtico héroe de lo cotidiano, un ser humano (con todas sus letras) hecho de sentimientos que debería servir como ejemplo.

En resumen, "The Visitor" supone (como lo hace la también nominada, también lograda y de similar temática, "Frozen River") una feliz sorpresa, una cinta que es una explosión de emociones de todo tipo y que convencerá tanto a los ávidos de dramas al uso como a los que buscan en el cine algo más que el consumo masivo de palomitas. Sensacional en la consecución de todos sus objetivos, un servidor no logra encontrarle un solo punto flaco a la película, pues ha sido incapaz de analizarla bajo una perspectiva crítica. Por tanto, su visionado se antoja poco menos que obligatorio para todo el que sea capaz de disfrutar del cine como explosión de sensaciones y pasiones.
8,5/10

2 comentarios:

  1. POR Q TE GUSTO TANTO ESTA PELI?



    ENRRIQUE

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  2. oye, cacho perro, lee la crítica y sabrás porqué! jajajajaaj! es broma, pero en serio, ahí lo digo todo sin demasiado spoiler. Más resumido? porque toda la película es un estado de emoción súper intenso.;)
    saludos!

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