Génova

Siguiendo la estela de Woody Allen, Michael Winterbottom se une a la moda de estrenar una película por año (otra cosa es cuando lleguen por estos lares), y este año le ha tocado el turno a "Génova", un drama familiar que conjuga elementos típicos de su filmografía con un devenir a medio camino entre el "Caos Calmo" de Moretti y "Vicky Cristina Barcelona", cambiando la Ciudad Condal por la Génova de Cristobal Colón.

Protagonizada por Colin Firth, Catherine Keener, Willa Holland, Perla Haney-Jardine y Hope Davis, su argumento gira entorno a una familia que para superar la trágica muerte de la madre emprende un viaje a Italia con la intención de quedarse el tiempo que haga falta hasta sanar heridas. A medida que se vayan haciendo con los hábitos propios de Italia, sus relaciones irán evolucionando, sus miedos desaparecerán en favor de otros, y juntos intentarán reconstruir su desmoronada situación familiar.

Ciertamente, la personalidad de Winterbottom no suele amoldarse al gran público generalizado, y sus películas suelen requerir un esfuerzo extra que puede llevar a la desesperación a quien cometa el error de acudir a una sala sin saber nada de su filmografía.
Su ritmo voluntariamente lento y asincopado, su visión austera y casi dogmática, y la práctica ausencia de clímax propios de lo comercial son algunos de los lugares comunes del ecléctico director, a quien tanto le da alternar una película de ciencia-ficción con una película erótica y una comedia sobre el siglo XVIII.
Sin embargo, en lugar de convertirse en el ejercicio de pedantería con que amenazan, sus películas suelen alcanzar momentos de absoluta brillantez a raíz de la perfección y la belleza extraídas de la cotidianidad de sus situaciones.
Y es que obsesionado con sus guiones, el director de "9 Songs" logra calar con personajes profundos y tan creíbles como las historias en que se hallan (y todo ello aunque se trate de una película ambientada en el futuro), hasta el punto de provocar en el espectador una tensión dramática y/o moral tan intensa como la que más.

Sin embargo, en ocasiones la estrategia le falla, y aunque no se puede hablar de fracaso ni mucho menos, este es el caso de "Génova".

El principal problema de la película aparece bien temprano, tras un comienzo arrollador que sin embargo parece prometer un argumento manido hasta la saciedad, como es el de la pérdida de un ser querido.
Efectivamente, tales temores se confirman minuto a minuto, mientras "Génova" cae una y otra vez en todos y cada uno de los clichés del subgénero.
Ello provoca que el espectador (consciente en todo momento de lo que va a suceder) se arrugue y no acabe de entrar en sintonía con la película, pese a la excelente labor como director del británico, capaz de realizar una exquisita guía por los barrios más recónditos de la ciudad de Liguria. Sin acabar de decantarse por el estudio de sus personajes o de la ciudad, la película transcurre durante varios minutos por un sendero de superficialidad al que nada ayudan los (esta vez sí) pedantes comportamientos de sus protagonistas: al profesor de inglés y los prodigios al piano y dibujo de sus hijas (la mayor, encima, de lo más odiosa), se suma su contacto in situ, una aburridísima y muy desmejorada Catherine Keener experta en cualquier cosa que se le pregunte (salvo en relaciones personales).
Su modorra, reflejada en unas ojeras como bolsas de la compra, es capaz incluso de contagiar en todas sus escenas compartidas a un Firth que, todo hay que decirlo, por lo demás se muestra excelente.

Y mientras tanto, la trama se encalla una y otra vez con la misma piedra, mostrando la enturbiada relación entre las hermanas huérfanas (además los escarceos de la mayor con sus amigos italianos y los problemas mentales de la pequeña) y las evoluciones emocionales de su padre, pero repitiendo situaciones hasta la saciedad y sin aportar apenas nada que no hubiera quedado claro minutos antes.


Con todo, debido a su brevedad (menos de 90 minutos) "Génova" no tarda en llegar a la conclusión, de una tensión encomiable, y ésta junto a otro par de situaciones destacables (desde la pérdida de la niña a algunos diálogos entre profesor y alumnos, principalmente) logran que el espectador no acabe sumiéndose en la total desesperación.

Lo que queda, de hecho, es poco más que una historia totalmente intrascendente y ya consabida, falta de un interés que cabe buscarlo en los tics de Winterbottom: filmaciones preciosas, banda sonora estupenda, puntuales destellos de calidad en sus diálogos (o ausencia de ellos), y escena de cama moralmente tórrida (aunque 100% casta para los ojos del espectador) incluida. Poquita cosa para lo que puede ofrecer el director de "24 Hour Party People", aunque no por ello despreciable.
5,5/10

4 comentarios:

  1. De verdad que pensé que ibas a decir:

    Siguiendo la estela de Woody Allen, Michael Winterbottom se une a la moda ... ¡De aburrirnos soberanamente!

    A veces los viernes me afectan.

    De acuerdo con la "mediocridad" del conjunto y bastante indignada por el papel de la Keener. ¿Nos estamos volviendo quizás demasiado exigentes?

    ResponderEliminar
  2. nah, lo que pasa es que Winterbottom ya tiene este riesgo, que sus historias no enganchan... sus películas son un tostonazo de los grandes!
    Exigentes? Ayer me compré Independence Day!

    ResponderEliminar
  3. ¡¡Eres mi ídolo!!

    ¿Qué será lo próximo Mission Impossible 2?

    ResponderEliminar
  4. jajaja, no, que esa ya la tengo... (nah es broma).

    No sé, pero ya te digo ahora que ver "Speed" en los kioskos tan baratita.... XD!

    ResponderEliminar

- No toleramos bajo ningún concepto el SPAM. Todo comentario debe constar de un texto original, o de lo contrario será eliminado.
- Los posibles SPOILERS deberán ser avisados. En caso contrario, nos reservamos el derecho de adaptar o eliminar el comentario.
- No censuramos ni banneamos a nadie, pero por favor, un poco de respeto nunca está de más...

Categorías