Crítica de "Pagafantas", por el Capitán Spaulding

Increíble pero cierto, por fin se estrena una comedia-comercial-joven-española (¡uf!) que no insulta al espectador ni ofende su inteligencia.
Con los premios de público y crítica del pasado festival de Málaga bajo el brazo, "Pagafantas" es la carta de presentación del televisivo ("Vaya Semanita", "Territorio Champiñón") director Borja Cobeaga, para la que cuenta con Gorka Otxoa y Sabrina Garciarena, también salidos de la pequeña pantalla, en los papeles protagónicos. El argumento es tan simple como tristemente realista: un tipo más bien feote se enamora perdidamente de una chica que, sin embargo, sólo le ve como su mejor amigo. Y para más información sobre el pagafantismo búsquese por Youtube, que es donde se originó este término.

Vaya por delante que una cosa no quita la otra y que resulta algo exagerado tanto premio y alabanza, siendo como es una comedia más bien simplona y tirando a previsible.
Pero si por algo sobresale "Pagafantas" es justamente por ser perfectamente consciente de sus límites en todo momento, y no pretende abarcar nada ni a nadie más allá de ellos. Lo que se consigue así es un cinta siempre compacta y regular compuesta por un humor sano y elegante, evitando fugas cerebrales o denigrantes gags testiculares, y (¡sorpresa!) sin enseñar un sólo desnudo pese a contar con la actriz televisiva joven y deseada de turno.
En otras palabras, Cobeaga y compañía saben que buena parte de su público irá al cine buscando 'algo más', y no por nada su marketing se ha centrado en los premios obtenidos y en la presencia de Julián López y Ernesto Sevilla -además de Otxoa-, secundarios de lujo que ejemplifican la categoría a la que pertenece "Pagafantas".


Y es que de hecho, su humor se acerca, salvando mucho las distancias, al propuesto por "Vaya Semanita" (y sucedáneos) o "Muchachada Nui" (y predecesores): siempre y ante todo con el buen gusto por delante, se trata de una comicidad simple y directa, basada en diálogos surgidos de la cotidianidad más natural -e interpretados de igual manera- pero con algo a caballo entre lo granguiñolesco, lo castizo y lo penoso de sus personajes.
Con gran acierto (algo sorprendente habida cuenta del desastroso reméic de "SNL") Gorca Otxoa hace de su pagafantas un personaje muy natural e improvisado, recreando de manera sumamente verídica y desdichada el triste día a día de su vida bajo la sombra de su gran e imposible amor.
A su lado, el resto de actores también campa a sus anchas con sus respectivos roles, con mención especial para la madre del protagonista (Kiti Manver, "Los Abrazos Rotos"), el leslienielsenizado tío Jaime (Óscar Ladoire, "Carreteras Secundarias") y Rubén (el muchacho Julián López), y siendo justamente la partenaire femenina la que queda un punto más en evidencia.


En cuanto a la relativa previsibilidad a la que aludíamos al principio del comentario, debe reconocerse que si bien toda la película sigue un patrón de corte muy clásico e inofensivo, en alguna que otra ocasión el guión toma un giro algo inesperado volteando la situación, refrescándola, y haciendo que el interés se mantenga prácticamente intacto a lo largo de sus (y ahí va otro punto positivo) 80 minutos de nada.
Sin embargo, no menos cierto es que tan manido esquema puede suponer una losa para parte del público, y de hecho es justamente su falta de riesgo el principal motivo de queja para todo el que quiera ensañarse con esta ópera prima.

Así las cosas, "Pagafantas" podrá gustar y divertir más o menos, pero no se le puede negar algo que parecía olvidado en todo lo español y comercial, y es que por primera vez puede disfrutarse de una comedia dirigida a un público mayoritario sin pasar por lo soez y lo barriobajero. Es más, incluso podría definirse de (ejem) un humor inteligente, pues queriendo pueden sacarse algunas lecturas secundarias que ahora no tienen cabida.
Vamos, que sin ser ninguna maravilla, "Pagafantas" es tan válida como cualquier otra comedia americana e incluso mejor que muchas de ellas (de las española(da)s taquilleras recientes mejor no hablo) y de hecho, ésta sí puede verse de principio a fin sin abandonar la sala a los 10 minutos o pasar la película a doble velocidad. Se puede ver aunque sea entonando el mea culpa.
6/10 (Y a mí que no me jodan: casi todos los presentes en la sala se han reído)

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