Crítica de "Bronson", por el Capitán Spaulding

Entre las propuestas de la sección Noves Visions del inminente festival de cine de Sitges se encuentra "Bronson", adaptación cinematográfica de la historia de, justamente, Charlie Bronson. Dirigida por Nicolas Winding Refn (quien escribe el guión junto a Brock Norman Brock) y protagonizada por Tom Hardy, la película sigue la vida del preso más famoso de Inglaterra prácticamente desde su primer ingreso a la cárcel -tras un atraco a la oficina de correos de su ciudad- hasta la actualidad, contando ya con un nombre de fama internacional.

Fiel a los derroteros actuales, "Bronson" supone una continuación del estilo británico al que parece abocada toda producción independiente (y no tanto) que de ahí provenga. Amalgama de géneros y personalidades, este biopic anabolizado se presenta como un hipotético monólogo del propio Bronson ante el público, mediante el cual remite al espectador a una serie de flashbacks que poco a poco van componiendo el total retrato del peculiar y bigotudo personaje: se trata de un mediocre ser humano ansioso por obtener fama y gloria, al que no se le ocurre nada más que convertirse en una especie de matón carcelero, armando una bronca tras otra en cada establecimiento en que le van reteniendo.
Semejante opción narrativa permite al director montar su film mediante diferentes estilos, alternando adrenalínicos videoclips con momentos más descansados según las (supuestas) exigencias de la ocasión. Es decir, lo mismo que vemos en prácticamente todo lo que nos llega desde las tierras británicas, con el primer Guy Ritchie y Sean Ellis a la cabeza.
Esto no hace sino cansar al espectador al cabo de unos minutos, que paulatinamente va desinteresándose por la película y reactivando su emoción sólo en concretas ocasiones. Y es que la fórmula del videoclip comienza a estar más que agotada.
Como la gallina y el huevo, cierto es que de dicho desdén no acaba de saberse su proveniencia, pues paralela al empaque artístico circula una historia algo repetitiva y monótona que hacia la mitad del metraje provoca más de una calada de ritmo, dando muestras de no saber por qué senda proseguir.


Con todo, dichas sensaciones nunca acaban de hacerse del todo molestas, puesto que ya de por sí el personaje principal resulta bastante interesante como para, al menos, querer saber cómo demonios acabará todo. Sin llegar nunca a extremos, es capaz de grandes hazañas, que combinadas además con el total nudismo del actor, siempre provocan cierta atención extra por parte del espectador (ya se sabe, sigue sorprendiendo ver un pene en pantalla por mucho que se farde de la sociedad del progreso y demás chorradas del presente siglo).
Entre todo ello, su escueta duración (una hora y veinte), sus dosis de humor cínico y la acertada actuación de un Tom Hardy que nos suena por sus numerosos papeles secundarios, el visionado de "Bronson" no desagradará ni apasionará salvo en casos de extremo pseudo-gafapastismo -tanto por un lado como por el otro-. Se trata de un biopic sobre un personaje peculiar, sencillito y de fácil digestión, que además tiene en su última secuencia un gran trabajo por parte de todos los que participan en la cinta, lo cual siempre ayuda a salir de las salas con un buen sabor de boca.
Aunque por supuesto, no pasará a la historia.
5,5/10

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