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¡Están locos estos europeos! Gore sin cruzar el charco: ANTICRISTO (por el Capitán Spaulding)

Llévatelo
Discutida e incluso vilipendiada en el pasado festival de Cannes (que sin embargo le dio el premio a la mejor actriz protagonista) y por consiguiente con cierta aura de película maldita, "Anticristo" es la nueva obra del no menos cuestionable Lars Von Trier, cineasta cuya filmografía puede resultar tan genial como odiosa, pero que desde luego cuenta con la impagable virtud de ser el principal generador de debates cinematográficos de lo más apasionados. Lo cual, a fin de cuentas, no desentona demasiado con su autoproclamada definición de mejor director del mundo.

En este caso, el danés afirma haber realizado la película sumido en una profunda depresión, como programa de ayuda para sobreponerse, por lo que éste podría definirse como el trabajo más personal del director. De hecho, incluso se aleja de todos sus forzados ejercicios de autor recientes (que van desde el dogma a los escenarios vacíos de "Dogville") en una válvula de escape que es su propuesta más libre, sencilla y normal -en otras palabras, abierta a todos los públicos- desde el punto de vista formal. Y es que, si no se quiere ir más allá, "Anticristo" puede ser considerada como una película de terror al uso, con su cabaña encantada y posesiones demoníacas, y bajo este punto de vista se aprecia un estilo de corte muy clásico con claras reminiscencias a la trilogía "Evil Dead", por sólo citar un ejemplo.
Resulta imposible saber las verdaderas intenciones de Von Trier a la hora de presentar su nuevo trabajo pero, desde luego, si su objetivo es el de aterrar al espectador lo consigue con creces. "Anticristo" es una de las películas más terroríficas de los últimos tiempos, una nueva pieza clave en el cine de género que juguetea tanto con el horror intrínseco, ese subyacente al impacto inicial de la cinta pero que brota minutos, horas más tarde, como con el más visual, al que acude mediante secuencias enfermizas ya sea de naturaleza enemiga (ataque de animales, lluvia de bellotas, sonidos extraños y visiones distorsionadas) como de puro y duro gore, de una brutalidad extrema -no apta para cualquiera- que, lamentablemente, muchos medios se han encargado de desvelar antes de tiempo (1).


Ahora bien, evidentemente "Anticristo" no es una mera cinta de terror, y si antes hablábamos de la película más abierta al público desde un punto de vista formal, no puede hacerse lo propio a la hora de analizar los múltiples discursos e interpretaciones que pueden extraerse al aparecer los títulos de crédito finales. Y es que tildarlo como el trabajo más personal del director de "Rompiendo las Olas" quiere decir que los únicos ojos para los que parece estar hecho sean los del propio Von Trier, pues muchos de sus mensajes son, literalmente, ininteligibles -al menos, en un único visionado-.
Aparentemente, la trama gira en torno a una pareja que, al perder a su retoño trágicamente, comienza un descenso a los infiernos que desemboca en el sadismo, la violencia más extrema y la deshumanización total y absoluta en favor de una forma de vida de inaudita maldad y enfermizo salvajismo.
De aquí ya puede percibirse cierta intención de estudio sobre la frágil entereza humana, la imposibilidad de sobreponerse a tragedias como la que nos ocupa, el amor incondicional hacia la pareja y demás. En este sentido, Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg (únicos y espléndidos actores de la cinta) engloban las características que se suelen adquirir en estas situaciones, adoptando las posturas de mástil firme y seguro sobre el cual apoyarse, y debilidad emocional necesitada de cobijo respectivamente.
Sin embargo, la película toma un sendero cada vez más pedregoso y empinado, proponiendo muy difíciles reflexiones acerca de la irrefrenable sexualidad humana, el machismo (histórico) y feminismo, la ética y el sentimiento de culpa, e incluso la religión... cada uno es libre de interpretar la película a su manera y es justamente la libertad de exégesis la que hace grande a "Anticristo".

Cierto es que hablando en términos puramente académicos, la película peca de varios fallos, traducidos en terribles altibajos rítmicos y en cierta sensación de extravío que roza, en algunos minutos de su parte central, tedio y ridiculez por partes iguales. Por otra parte, habrá quien critique al principal abanderado del movimiento dogmático la artificiosidad visual empleada, que recurre a una (maravillosa, por otra parte) fotografía de todos azulados alterados e incluso a efectos digitales propios del cine de terror estadounidense -aunque también bebe del estilo de Tarkovski en más de un sentido, por lo que la decisión de dedicarle a él la película no se nos antoja en absoluto descabellada-.
Pero la virtud de obligar al espectador a ir al cine en grupo para poder hablar -largo y tendido- sobre sus interpretaciones posteriores, hacen de ella una cinta de necesarios y ulteriores análisis que a más de uno llevarán a segundos y terceros visionados; cualidad única que ensalza "Anticristo" a una categoría di cine distinta, quizás mediocre si se considera bajo un prisma de calidad básica, pero sumamente decisivo para quien no se detenga allí y vea el cine como algo más que un compendio de recursos y/o habilidades técnicas.


Vuelvo al ya tratado tema de la violencia para advertir, sin necesidad de desvelar nada, sobre la brutalidad visual de muchas de sus escenas, que incluyen en primerísimos planos algunas de las vejaciones más inhumanas que puedan concebirse -y, sin embargo, en algunos casos son incluso aceptadas por ciertas sociedades-. No es una película que pueda ver todo el mundo, es un ejercicio provocativo e incómodo, insoportable en más de una ocasión, que más de uno abandonará a medias.
Eso sí, para el fanático del gore más excesivo, ansioso por encontrar una película que de verdad lo remueva por dentro, sin duda esta es su mejor y más extrema opción, pues "Anticristo" es, también, la mejor película de este género de los últimos tiempos.



(1) Ardua tarea la de leer algo sobre la película (ya sea en prensa escrita o por Internet) en que el autor del texto no desvele alguno de los momentos culminantes de la misma. Y el problema es que su secuencia más salvaje, la que aparece en negrita y prácticamente antes del propio título de la mayoría de artículos... ¡es el final de la película! En otra ocasión hablaremos de lo indecente que es el trabajo de muchos de los críticos y criticuchos de este país en el que nos ha tocado vivir, ansioso por escandalizar aun a costa de echar por tierra vidas enteras o, como en este caso, trabajos artísticos ajenos.

P.D. Este comentario nace a raíz de las discusiones que mantuvimos los cuatro que fuimos a ver la película (entre los que se incluye John Blutarsky, por supuesto). Sólo así puede desollarse mejor y tratar de hilar, por lo menos, algo así como el 50% del total de su entramado.

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