¡Están locos estos europeos! Gore sin cruzar el charco: MIEDO EN LA CIUDAD DE LOS MUERTOS VIVIENTES (por Spaulding)

La siguiente parada de este ciclo de cine gore europeo nos lleva a tierras italianas, una de las sedes principales del exploit y lo bizarro, a la que seguramente volveremos más adelante y que es cuna de apellidos tan míticos como Argento, Bava(s) o el que protagoniza esta entrada, Lucio Fulci.

Conocido como el poeta de lo macabro o the Godfather of gore, el romano fue uno de los más fructíferos artistas del arco temporal que abarca las décadas de los 60 hasta los 80, y aunque empezó con géneros radicalmente ajenos al terror, acabo convirtiéndose en uno de los más importantes representantes, como sus propios motes indican. De hecho, y como todo master of horror que se precie (recordemos: las tres madres de Argento, los zombis de Romero o las posesiones infernales de Raimi), incluso cuenta en su filmografía con una trilogía de la muerte, que arranca con la mítica "Miedo en la Ciudad de los Muertos Vivientes".

Estrenada en 1980 y por tanto con un Fulci en lo alto de la ola gracias al éxito de "Nueva York Bajo el Terror de los Zombies", "Paura nella Cittá dei Morti Viventi" es un compendio de géneros que no se corta a la hora de juguetear con espiritismo, presencias extrañas, muertos vivientes, investigaciones propias del giallo, y por supuesto unas gotas de sangre.
Con tanto sobre la mesa resulta imposible clasificar la película en un solo saco, y de hecho quien espere un splatter de casquería continua puede salir ampliamente decepcionado, del mismo modo que le ocurrirá a quien sólo busque terror fantasmal blanco y bien limpito.
Vamos, que no tiene todo el gore que nos hubiera gustado, pero sí el suficiente para satisfacernos de sobras.
En cambio, con lo que sí cuenta es con un buen puñado de detalles interesantes que le valen más que de sobra para justificar su condición de título de culto entre los amantes del género fanta-terrorífico.


Con un argumento a medio camino entre la genialidad y el reciclaje, la película se abre con un cura cometiendo el mayor de los pecados al ahorcarse en un cementerio del pueblo de Dunwich. Tan demoledor acontecimiento es registrado contemporáneamente en la ciudad de Nueva York, donde Mary consigue verlo gracias a una sesión de espiritismo. Sin embargo, la experiencia es tan intensa que provoca el desvanecimiento de la chica, quien a su vez es dada por muerta y enterrada. Afortunadamente, el periodista Peter está en el cementerio y consigue rescatarla de dentro de la tumba a tiempo, y junto a ella emprende la búsqueda del pueblo. El motivo es bien sencillo: el suicidio del siervo de Dios ha desencadenado una maldición que si no se detiene antes de la noche de Todos los Santos, alzará a los muertos y enviará a la humanidad derechita al infierno. El tiempo vuela, y las muertes se suceden con cada vez más velocidad.

Si por algo brilla la trama de "Miedo en la Ciudad..." es sin duda por su condición de imperecedera. Ciertamente, numerosas son las referencias que se aprecian durante el visionado de la película, algo que no se esconde y de hecho se reconoce a lo largo del film con guiños como el propio nombre del pueblo maldito (la película se inspira en "El Horror de Dunwich" de Lovercraft). Después de todo, no deja de ser una revisión del tema de la casa/ciudad encantada, con posibles discursos sobre el respeto que infunden tanto la iglesia como la figura de la muerte en general y del suicidio en particular.
Ahora bien, con el paso del tiempo la película ha sido citada u homenajeada en infinidad de ocasiones, e incluso ha servido como fuente de inspiración para muchos sucedáneos posteriores; y es que no cabe ninguna duda de que su argumento podría ser utilizado en un producto de terror actual sin perder ni un solo detalle.

Así pues y al margen de sus tachones que más adelante comentaremos, "Miedo en la Ciudad..." puede ser sumamente disfrutada hoy en día gracias a una trama atractiva, actual y envolvente, aparentemente previsible pero con alguna que otra sorpresa inesperada, en busca de algo más que el simple susto o (des)agrado visceral. Tras un inicio bastante perturbador, el espectador se descubre a sí mismo siguiendo la historia con interés (mientras procura no perderse con la gran cantidad de fragmentos argumentales que la constituyen), involucrándose de manera casi involuntaria y por tanto sintiendo una afección mucho más cercana que puede desembocar en algún que otro sobresalto. Fulci juguetea con la posibilidad de buscar un culpable de carne y hueso al que atribuirle todas las muertes, como queriendo dar una justificación plausible a algo que el espectador ya sabe desde el principio -por expresa voluntad de la película- pero que, aún así, tiene la esperanza de que sea falso (1).
De ahí que la película esté más cercana al giallo que al gore con zombis y que, muy a nuestro pesar, la violencia visual no juegue un papel tan protagonista como en otras ocasiones.

Con todo, no hay razonamiento que valga: los muertos pululan por el mundo de los vivos y buscan la muerte de todo el que se les ponga delante. Y eso sí implica algo de casquería.
Demostrando ser el mejor creador de secuencias para el recuerdo, cuando se trata de mostrar sangre y muerte el italiano no duda y nos regala auténticas proezas que forman parte de la historia del género. Desde la mujer que llora sangre y vomita todo su intestino por la boca, hasta la obsesión de los deformados muertos por arrancar cabelleras y partes de cerebros de sus víctimas, "Miedo en la Ciudad..." posee momentos de auténtico deleite enfermizo que tienen su culminación en el asesinato a sangre fría de cierto personaje, haciendo uso de un taladro automático. Todo ello se presenta con sumo detalle y cuidado, por medio de unos efectos especiales y de maquillaje francamente logrados que hacen del suyo un gore sumamente palpable.
El empeño con que Fulci se detiene en las secuencias más terribles tiene su mejor ejemplo en el momento más álgido del film: algunos personajes se encuentran reunidos en una sala cuando de repente se abren las ventanas de la misma y son inundados por un diluvio de gusanos. Dicha escena fue rodada sin dobles y con gusanos de verdad, algo que puede apreciarse tanto en el ensañamiento del director (no sólo se trata de una secuencia bastante gratuita, sino que se alarga inexplicablemente durante varios minutos) como sobre todo, en la reacción de actores y actrices, primer plano de vómito incluido.


Aunque de sobras bienvenida gracias a momentos como el que acabamos de citar, precisamente la arbitrariedad de alguno de sus pasajes es uno de los borrones que se le pueden achacar a la película en cuestión. Evidentemente no se trata de una película perfecta y de hecho, en su día, fue duramente criticada en Italia. A día de hoy, revalorada hasta el punto de ser homenajeada explícitamente en distintas producciones (Tarantino en los dos volúmenes de "Kill Bill", "Los Simpson"...), a nadie se le escapan sus desconcertantes cambios de ritmo y delirante montaje, que en algunas ocasiones llega a cortar la banda sonora a medias, o algunas de sus actuaciones, francamente decepcionantes. Pero aun con eso, no cabe duda de que "Paura nella Città dei Morti Viventi" es un clásico por méritos propios, una película que pese a tener 30 años asusta y entretiene a partes iguales, llega a sorprender y, por si fuera poco, cuenta con algunas de las escenas más entrañables (es decir, protagonizadas por las entrañas de sus protagonistas) de la historia del gore.


(1) En un gracioso esfuerzo que recuerda al empleado un año antes por Ridley Scott en "Alien". Todos sabemos que hay un extraterrestre cabrón en la nave, y que lo ha traído uno de los que han bajado al planeta a investigar, pero aun así queremos creer que el culpable de todo es el gato de Ripley y compañía.

2 comentarios:

  1. Lucio Fulci a su manera es un maestro. En un principio los críticos se reían de su cine, con el paso de los años se descuió su extraña atmosfera y su concepto del horror.

    Un genio extraño, lleno de caspa y malos planos pero a la vez un envolvente poeta de lo macabro que te hace palidecer.

    ResponderEliminar
  2. cierto, y además tiene la virtud de que, conforme se van viendo más películas suyas, se va olvidando esa casposidad y planos horribles. Te haces inmune o algo así, y te quedas con las cosas chungas de sus películas, que son muchas!

    ResponderEliminar

- No toleramos bajo ningún concepto el SPAM. Todo comentario debe constar de un texto original, o de lo contrario será eliminado.
- Los posibles SPOILERS deberán ser avisados. En caso contrario, nos reservamos el derecho de adaptar o eliminar el comentario.
- No censuramos ni banneamos a nadie, pero por favor, un poco de respeto nunca está de más...

Categorías