SITGES 09. Crítica de "Splice", por el Capitán Spaulding

Vincenzo Natali es uno de los directores más mimados del festival de Sitges, que lo vio nacer con “Cube” y consagrarse con “Cypher”.
Alabado (tal vez en demasía) por muchos, en esta ocasión el canadiense estrena “Splice”, cinta rodeada de secretismo de la que nadie sabe muy bien cuándo será distribuida a escala comercial, ya que de momento a duras penas puede verse en festivales especializados. A punto de convertirse en película maldita, uno podría preguntarse si existe alguna relación entre el desinterés por parte de las compañías y la verdadera calidad de la película. En ese caso, ese tal uno acertaría de lleno.

“Splice” no sólo es uno de los ejercicios más difíciles de vender de los últimos tiempos (ahora veremos por qué) sino que, además, no convence en ningún momento, convirtiéndose en una más que probable tumba artística de Natali según los más malpensados.

Con un punto de partida tan manido como disfrutable, el director parece buscar un noble ejercicio de serie B (o peores) con elementos clásicos de peli con bicho y mad doctor (“Species” a la cabeza). Esa es la impresión que da, al menos a juzgar por los primeros compases de “Splice” en los que, tras unos títulos de crédito que constituyen lo mejor de la cinta con diferencia, asistimos a los experimentos de una pareja de científicos mientras Natali repasa técnica, formal y argumentalmente todos los clichés de dicha clase de cine. Y para qué engañarnos, la cosa promete. Ciertamente, el espectador se ve obligado casi de inmediato a rebajar sus expectativas, pero al mismo tiempo conserva y potencia la impresión de que, si todo sigue siendo tan cafre y divertido, poco importará lo demás.
El problema es que no es así, sino que deja de serlo a la media hora (minuto más, minuto menos), esto es, tan pronto como el bicho inicial (muy mono, por cierto) evoluciona.
A partir de entonces, Natali emprende su particular descenso a los infiernos: la criatura comienza a humanizarse con cada nueva mutación, y los científicos responden a ello transformándose en una suerte de padres adoptivos, obsesionándose con ella hasta enfermizos extremos.
Las intenciones del canadiense siguen siendo notables, por supuesto. Mantenerse fiel a un estilo tan marcado e introducir conceptos tan difíciles de cuajar, propios de otra clase de género, es una estrategia que podía haber alcanzado gloria y honor por parte de crítica y público, pero supone un arma de doble filo con gran potencial para hundir en la miseria un producto invendible por su indefinición. ¿Se trata de una película comercial de terror? ¿O es un drama intimista de autor? En otras palabras, ¿Cómo puede venderse una película así? Bien, el segundo caso es el que acaba con todas las posibilidades de “Splice”.
Sin decantarse por ninguna de las dos opciones (comercial o autor), Natali se hunde poco a poco en su propia indecisión, realizando una película terriblemente apática y tópica que no acaba de ahondar en ninguna de sus premisas hasta quedar en un espectáculo demencial y totalmente vacuo. Como prueba de ello, numerosas secuencias y hasta personajes se incrustan con calzador para provocar momentos de acción, tensión o gore, en una trama que al mismo tiempo invitaría la reflexión.
Afortunadamente, de tal mar de dudas acaba surgiendo un espectáculo meramente divertido, que aun sin impactar ni ahondar en el espectador, lo entretiene con mayor o menor solvencia. Sin embargo, mucho me temo que dicha atención nace más a raíz de la esperanza de que pase algo que de lo que está efectivamente ocurriendo.

En resumidas cuentas, sumando pros y contras es posible que “Splice” agrade a algún que otro sector del público, pero es inevitable constatar diversas cuestiones de difícil digestión. Ante todo, destaca la sensación de oportunidad perdida, con una película que apunta grandes manera para acabar convirtiéndose en una mera mediocridad de mucho ruido y pocas (muy pocas) nueces. También puede resultar relevante la pésima (y van…) actuación de Adrien Brody, actor escarizado cuya carrera no deja de caer en picado y cuya química con su partenaire femenina es nula, algo de lo que también es culpable una triste Sarah Polley. Pero sobre todo, “Splice” sirve para poner en duda la capacidad artística de Vincenzo Natali, cuya luz parece haberse apagado en una realización carente de fuerza, potencia, potencial, o personalidad. Aún es pronto para adelantar acontecimientos, pero mucho tendrán que cambiar las cosas para dejar a “Splice” como un mero tropiezo en la carrera del director.
4,5/10

2 comentarios:

  1. En mi corta vida, je je je... he visto 4 tipos de películas, las buenas (The Fall), las malas (The Blide Side), las ridículas (Legión) y las simplonas (ésta). No tiene un buen argumento, las actuaciones fueron obligadas a punta de pistola, la dirección ¿hubo?, la fotografía, tomada desde una cámara digital comprada en algún almacén de remates y creo que tenía una pequeña y casi imperceptibles analogía con especies. No le vi mensaje alguno, al menos que el mensaje sea tipo Dr. Frankenstein , es decir la trillada "No juegues con la naturaleza, ya que esta terminara comiéndote", sinceramente la vi por curiosidad y menos mal que me la prestaron, es decir; lo único que perdí fue tiempo, y como la vi un domingo por la trade que generalmente no hago nada, tampoco fue una perdida de tiempo, fue como ver la temporada número 49 de American Idol, o ver flashforward que ni tuvieron la decencia de terminarla dignamente, ni la terminaron.

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  2. Flashforward!!! Jajajaja, jamás creí que alguien pudiera hacer mención a esa serie, tan rápidamente olvidada pese a ser "el nuevo Lost" jejeje!
    De Splice... pues eso, que opino como tú. Es de domingo por la tarde, en casa y con los ojos medio cerrados

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