Contracrítica de "2012", por John Blutarsky

Me vais a permitir una crítica tocapelotas, pero es que me lo he pasado tan bien viendo la última megalomanía de Roland Emmerich que me parece totalmente injusto el trato que le ha despachado nuestro querido Capitán, pese a que, sospecho, al final acabaremos opinando de forma muy parecida.
Supongo que no hará falta decir que relativicéis mis palabras, que esto no es arte y ensayo, y que no pongáis en el mismo saco crítico este comentario y, por ejemplo, el del último enigma cinematográfico de Isaki Lacuesta.
Pero ojo, sería caer en el elitismo tratar con condescendencia este "2012" valorándolo a partir de un listón más bajo que el de la media, para que saliera menos perjudicada. No, de entrada lo digo y luego lo explico: juzgada en términos cinematográficos clásicos "2012" es un auténtico desastre, es el momento en el que el cine de catástrofes hace más honor a su nombre. Pero a eso me refiero, intentemos aplicar otro prisma al asunto.
Y ese prisma es, por supuesto, el de la espectacularidad. El de la triple voltereta con tirabuzón, malabarismos con copas y mazas de fakir que termina por los suelos, con todas las copas rotas y el fakir incendiado a lo bonzo. Mientras el público se da un panzón de reír, claro, aliviado de ser él quien no ha acabado en posición tan lamentable y dando gracias por los buenos momentos.
Esto es espectáculo, señores y señoras, y lo demás son tonterías. Esto es amortizar esos dolorosos siete euros en más y más y más momentos de adrenalina pura, de gozoso sinsentido argumental y de bofetón estético de extraño atractivo digital.

A esto es a lo que tendrá que agradecer Michael Bay cuando vaya a ver "Transformers 3", porque esto es lo que me ha reconciliado con el blockbuster descacharrante y con el exceso de... bueno, de todo.
Porque además Emmerich ha demostrado ser más listo que Michael Bay en tanto que conoce sus propias limitaciones. Emmerich sabe que no va a ser capaz de dotar de vida a sus personajes, y que la densidad emocional de las escenas que componga no va a tener más alcance que la de un catastrófico de sobremesa. Por eso se contenta con delimitar todos los elementos colindantes a la acción dentro de unos cánones 100% reconocibles y gastados ya... ¿desde cuándo? Exacto, desde el cine de catástrofes de los años 70. ¿O me vais a decir que los personajes de los exploits setenteros de terremotos, incendios y derrumbes que tanto decimos disfrutar tienen mucha más definición que este papá redimido, esta esposa reenamorada, este malvado asesor de la Casa Blanca o este perspicaz científico? Pues eso.


Juraría que hasta lo ha hecho aposta. Puede que incluso los guionistas le ofrecieran situaciones más elaboradas y personajes menos estereotipados y Emmerich les soltara "no quiero que me molestéis con vuestras tonterías". Lo que decía: tiene que haber un héroe improbable. Tiene que haber una rubia gritona. Tiene que haber hasta un perrito que se salva. Porque en tanto que el invento ganara puntos por el lado de la sensatez los perdería por el de la insensatez. Y de nuevo: a escala global esto es lo más genialmente insensato que he visto en varios meses.

Pero lo cosa no termina ahí, y es que Emmerich no sólo es más listo que Bay. No, en cuestiones de planificación demuestra que además los tiene más bien puestos, porque Bay siempre acaba enmascarando su tosca realización con un montaje tan exageradamente picado que al final impide al espectador saber qué demonios está pasando, colándole por trepidante lo que en realidad es atropellado. A Emmerich el montaje a ritmo de hardcore se la trae al fresco. Prefiere evidenciar su nula personalidad fílmica si con ello consigue elevar la espectacularidad al cubo, llegando a un extraño clasicismo en su plano, que suele ser mucho más abierto y explicativo que el de Bay, cerrado y confuso. ¿Quién diantre quiere ver el movimiento de quinientas tuercas y tornillos a la vez a medio metro de un supuesto robot gigante cuando puede contemplar, casi a cámara lenta, cómo literalmente se hunde la ciudad de San Francisco en el Pacífico mientras una avioneta sortea vagones de metro en el interior de una descomunal falla?


Y ya que saco a colación esta secuencia concreta, sólo le veo una pega: siendo de largo lo mejor de la función y la burrada más salvaje vista este año, llega demasiado pronto en la película. Con lo cuál nos pasamos la siguiente hora y media esperando una réplica de igual o mayor magnitud que no termina de llegar nunca. Y aunque no llegan al nivel, suerte que ahí están absolutas genialidades como la del [cuidado con los SPOILERS] personaje de Woody Harrelson siendo tragado por el parque de Yellowstone reconvertido en volcán, el presidente Kennedy reocupando por la fuerza la Casa Blanca en forma de portaaviones o ese Arca de Noé versión "Battlestar Galactica" evitando colisionar contra... ¡el Everest!
Además, qué demonios, ese plano último con África como bastión final y tabla de salvación para la humanidad tiene mucha coña y resulta tan genuinamente naïf en su hipotético espíritu revulsivo antiamericano como el momento de la rueda de prensa del gobernador de California. [FIN SPOILERS]

Dejad los prejuicios en casa, poneos el chip de "más es... mucho más" y preparaos para disfrutar de 160 minutos de absoluto dislate catastrófico.
Como cine es una mierda, como espectáculo total es justamente eso: total.

8/10

2 comentarios:

  1. Pero... quien rayos ha escrito esta crítica xq$$555o9... !!!! Un 8 xDDDD !!!! No tienes ni idea de cine !!!

    Ep!, amigo "Blutarsky", que es broma, aunque ¿se echaba de menos un comentario tipo así? ¿no?

    Totalmente de acuerdo en que hay que tomársela cómo lo que es, y es realmente buena en cuanto a cine-espectáculo-catástrofes. Yo incluso durante la primera media hora llegué a pensar que sería buena en más aspectos.. pero como señalas tan acertadamente, seguramente Emmerich llegó a desechar un primer borrador más en plan Asimov, y es que de lo contrario el bosque no dejaría ver las ramas.

    Absolutamente recomendable como entretenimiento.

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  2. Jajaja, la verdad es que la idea era dar una visión distinta a la crítica del amigo Capi, y sobre todo tocar un poco los huevos al respetable (ep, aunque suscribo todo lo que dije!), pero veo que el único palo que me he llevado ha sido el tuyo, y encima de coña...

    O sea que objetivo no conseguido, jejeje...

    Como siempre, un placer y saludos gordos!

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