CREEPY 30s: 15 obras maestras del terror americano de los 30s, por Bill Haverchuck. I - EL HOMBRE LOBO (George Waggner, 1941)


El productor Val Lewton, habitual colaborador de Jacques Tourneur durante los años 40, escribió en una ocasión que ningún tipo de película reacciona mejor a una buena escenificación, un buen reparto y un buen gasto del tiempo y el dinero que una película de terror. “Las películas de terror deben filmarse cuidadosamente y estar simplemente bien hechas”, dijo. Lewton, aunque se especializara en un terror mucho más sugerido que aquél por el que la Universal se hizo famosa, sabía que lo que hacía de una película de terror un buen producto cinematográfico en aquellos tiempos no era necesariamente la angustia que consiguiera hacer pasar al espectador, sino más bien cómo los elementos más plásticos del film se conjugaran para dar lugar a una historia que envolviera al espectador en un mundo desconocido e irreal, en el misterio, la niebla y el monstruo.

“El hombre lobo” (George Waggner, 1941) fue acogida algo fríamente por la crítica en su momento y tratada como una obra menor dentro de los horror films de la Universal, pero no cabe duda que definitivamente se trata de una película de terror “cuidadosamente filmada y, simplemente, bien hecha”. “El hombre lobo” tiene, en efecto, tanto una buena escenificación como un buen reparto (nada menos que Lon Chaney Jr., Bela Lugosi y Claude Rains compartiendo cartel), y su posición respecto a sus predecesoras es más que destacable.


Pese a las malas críticas, la película cosechó un gran éxito entre el público. De hecho, el Hombre Lobo acabó convirtiéndose en uno de los grandes monstruos de la Universal, y el personaje, que interpretó siempre Chaney (hijo del legendario actor del mudo del mismo nombre y apodado “el hombre de las mil caras”), acabó alcanzando el carisma del Drácula de Bela Lugosi o de la criatura de Frankenstein de Boris Karloff. Es más, los productores de los estudios decidieron explotar el personaje en numerosas ocasiones, pese a que viniera siempre de estar muerto en la película anterior, enfrentándolo a duelos nada menos que contra los propios Drácula (como en “House of Dracula” (1945), de Erle C. Kenton), la criatura de Frankenstein (“Frankenstein Meets the Wolfman” (1942), de Roy William Neill) o incluso Abbot y Costello (en “Abbot and Costello meet Frankenstein” (1948), de Charles Barton).



Es cierto que hoy en día “El hombre lobo” no es considerada una de las mejores películas de terror de la Historia del Cine. Sin embargo, sí resulta históricamente significativa como uno de los puntos de inflexión entre la época de la Edad de Oro del terror americano (años 30) y la época en la que los estudios, menos imaginativos, prefirieron reciclar sus monstruos a través de varias secuelas y crossovers (años 40), de los que gozaron la mayoría de personajes de la casa (en especial Drácula, Frankenstein, el Hombre Lobo y el Hombre Invisible). Los años 50 serían, en cambio, de monster revival y, sobre todo, de progresión hacia la sci-fi de Jack Arnold y compañía, así como hacia otros géneros que respondían, esta vez, al pánico nuclear y a la histeria de la Guerra Fría.

Como película aún perteneciente a la Edad de Oro, aunque tardía, “El hombre lobo” dispone de todas las características propias de un film de la Universal de terror de los años 30, e incluso añade algo más. El guión, que firma el escritor de procedencia alemana Curt Siodmak (hermano pequeño del reconocido director Robert Siodmak), guionista también de “Yo anduve con un zombie” (Jacques Tourneur, 1943), tiene un extraño atractivo que hace del film algo más que un simple clásico con monstruo. En primer lugar, porque Siodmak parte desde cero, lo cual me parece acretado. Pese a que existe abundante tradición y folklore referente a la figura de los hombres lobo (que por lo general no eran más que personas muy muy peludas), Siodmak optó por inventarse un lugar, un personaje central y una historia que contar. El planteamiento es inteligente a pesar de su sencillez [a continuación la sinopsis, que puede contener SPOILERS]: Larry Talbot (Chaney) vuelve a su ciudad natal y se reúne con su padre, Sir John Talbot (Rains). Allí conoce a Gwen (Evelyn Ankers), de quien se enamora, y una noche, paseando los dos por el bosque acompañados de una amiga de ella llamada Jenny (Fay Helm), se encuentran con un matrimonio de gitanos allí instalados: el vidente Bela (Bela Lugosi) y su mujer Maleva (Maria Ouspenskaya). Jenny será al final atacada por un lobo, que Larry consigue derrotar sin poder hacer nada por evitar, sin embargo, que Jenny muera y el lobo le hiera a él. Esto da inicio a un segundo acto algo distinto: Larry descubrirá que el lobo era en realidad Bela cuando la mañana siguiente es su cuerpo, y no el del lobo, el que aparece muerto. Así, nuestro desdichado héroe se irá poco a poco convenciendo de las palabras de Maleva: la maldición del hombre lobo ha pasado a recaer sobre él.

La facilidad con la que Siodmak se ocupa de esta historia es, como digo, sorprendente por la imaginación que demuestra al contarla. En primer lugar, la historia es tan excitante como sencilla, y la película se disfruta sin que ésta recaiga en ningún momento. Pero indagando en ella, descubrimos algunas sorpresas. Por ejemplo, los elementos que configuran la historia se reparten sutilmente por el metraje de forma que el espectador sabe a veces tanto y otras veces más que el propio Larry. Numerosos pequeños elementos carecen al principio de importancia y parecen, de primeras, algo desconcertantes: el bastón con la cabeza plateada de lobo, el enigmático símbolo de la estrella, la escena en que Bela lee las manos de Jenny y la reacción de él al conocer su futuro, la leyenda sobre el hombre lobo que se repite recurrentemente, las relaciones entre Larry y su padre... Sin embargo, estos hechos cobran poco a poco importancia a medida que el espectador es capaz de ir encajándolo todo, e incluso a medida que se da cuenta que el propio Larry está haciendo este mismo esfuerzo. Por otro lado, el dibujo de los personajes está extrañamente cuidado: nuestro protagonista no es el arquetipo de monstruo que conocemos de otras películas de terror anteriores de la Universal. Más bien, Larry demuestra tener un cierto relieve moral, casi cercano al de la inocencia del “falso culpable” (a lo cual el rostro de Chaney juega en su favor), que pocas veces hemos visto en otras películas de terror de la Universal de esta época. Finalmente, su estructura perfectamente acotada a la historia, que cuenta lo que cuenta y que cuando acaba se acaba (67 minutos, en total), y su exposición sencilla, directa y de pocas pretensiones, dotan a la película de un especial atractivo en su parte más narrativa.

Más allá de un guión francamente interesante, lo que más atrae de “El hombre lobo” es su curiosa capacidad para crear un mundo que no somos capaces de identificar, algo en lo que la Universal era especialista. Sabemos que la localización debe ser algún lugar británico, probablemente Gales, y sabemos que la época debe ser algún momento de principios de siglo, o quizá posterior, aunque ninguna de las dos cosas se nos especifican (un guiño deliberado de Siodmak, por lo que se cuenta). Y aún así, los elementos más puramente estéticos del film, como el bosque, con su niebla espesa y sus árboles oscuros, no hacen más que alejarnos de la realidad en un sentido muy cercano al de un terror bastante onírico. La realización de Waggner, por si fuera poco, sabe combinar en sus planos la distancia y la sugerencia (el plano abierto para el bosque y el interior del castillo) con un acercamiento más violento y directo (las escenas más físicas y los planos cortos del monstruo), y nos regala además un par o tres de secuencias memorables: la del funeral gitano, las de la iglesia y la misa y, sobre todo, las dos escenas paralelas, casi idénticas, que nos muestran [SPOILERa Chaney matando a Bela, primero, y a Rains matando a Chaney, después, con el mismo bastón de empuñadura de plata [FIN SPOILER].

Si a esto añadimos un reparto en estado de gracia y los brillantes trabajos del dúo Hans Salter y Frank Skinner (tras una banda sonora sensacional, con un leitmotiv de tan sólo tres notas) y del también habitual Jack Pierce (artista detrás de todos los míticos maquillajes de la Universal), nos encontramos con una película que, si bien no llega al nivel de sus hermanas mayores, es terroríficamente encantadora.

4 comentarios:

  1. otia, muy bien, ningún problema, sus fotos ahí bien ordenadicas... bien bien, primera prueba superada!! ;)

    El comentario juro leerlo a la que acabe este aluvión de prácticas, exámenes, tutorías y cursillos al que parece haberse abonado mi vida, sic!

    Pero vaya, que esta mierda comentario sirve única y exclusivamente para abrillantar un poco tus nalgas, creo que eres el único que publica (aun con truco) si un solo problema... Y no me refiero sólo a La Casa!

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  2. no veas lo atento que estoy al publicar. tengo un esquema en la cabeza en plan primero texto, luego fotos, luego justificar, etc. XD
    en fin, que fantástico. y además con el nuevo formato de blog el ordenador ya no me da problemas. qué cosas...

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  3. PD. Mira que empezar el ciclo de pelis de los años treinta con una de 1941...

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  4. Yo se que había existido un pack de videos que incluía EL HOMBRE LOBO,EL HOMBRE INVISIBLE,FRANKENSTEIN y no se si había otra.La única que me fak+lta ver es precisamente EL HOMBRE LOBO,
    se que FRANKENSTEIN,está considerada regular por las críticas,la segunda parte,LA NOVIA DE FRANKENSTEIN,está notablemente más valorada,a mi me gustaron las dos.EL HOMBRE INVISIBLE,la he visto varias veces y me gusta mucho,tenía pensado ver esta,pero,parece que no vale mucho la pena por lo que decís.

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