Crítica de "Garbo. El Espía", por el Capitán Spaulding

Tras su presentación en numerosos festivales internacionales, el recorrido de "Garbo. El Espía" previo a su estreno comercial ha recibido un broche de ensueño al vencer el Giraldillo de Oro, a la mejor película documental, en el reciente festival de cine de Sevilla.
El debut tras las cámaras de Edmon Roch obtiene así un reconocimiento más que justificado pues, digámoslo ya, nos encontramos sin ninguna duda ante una de las mejores propuestas estrenadas en las últimas semanas.
Ayudado por Maria Hervera e Isaki Lacuesta (de reciente estreno con "Los Condenados") en la composición del guión, Roch narra la historia del hombre que cambió el curso de la humanidad, un barcelonés llamado Juan Pujol que acabó convirtiéndose en un agente doble para la Inteligencia Británica y tejió una red de mentiras, engaños y dobles juegos tan estrafalaria como absolutamente necesaria para llevar de cabeza al imperio nazi.


Que un documental exclusivamente focalizado en la figura de una persona resulte atractivo se debe en gran parte, obvio, al interés del personaje en cuestión, exigencia que en el caso que nos ocupa resulta ampliamente cumplida: Juan Pujol García (Garbo para los ingleses, Arabal para los alemanes) se revela no sólo como un héroe universal, sino también como un ser humano realmente único en su capacidad de inventiva, pareja únicamente a su falta de pudor a la hora de mentir al mismísimo Hitler.
Ahora bien, tampoco creo que reinvente el cine al afirmar que no sólo del carisma de su estrella viven los documentales biográficos, pues aun con tan importante elemento en su máximo esplendor, no son pocos los directores que se las ven de todos los colores para evitar que su película no se convierta en, hablando en plata, un peñazo de cuidado.
En "Garbo. El Espía", dicho obstáculo se hace aún más difícil de vencer habida cuenta de la escasez de información disponible, o más bien el poco juego que dichos recursos ofrecen a nivel cinamtográfico.
Y es que las proporciones de la telaraña tejida por Pujol son tales como para hacer prácticamente imposible la reconstrucción de sus pasos, basada fundamentalmente en los diversos escritos, informes o avisos que el propio espía enviaba a sus contactos imaginarios o a las diversas instituciones para las que trabajó. A medida que el documental va dando cuenta del progresivo aumento de dicha red de personajes inventados, el espectador no puede hacer más que aplaudir al historiador capaz de adivinar su verdadera vida, estudioso debidamente entrevistado en pantalla.
De hecho, con diversas entrevistas y alguna copia de las cartas de Garbo es con lo único que ha parecido contar Edmon Roch para hilvanar, pieza a pieza, su película. Motivos más que de sobra para aburrir soberanamente al público.

Pues bien, ahí es donde aparece la brillantez del director. Presentando tales documentos de manera dinámica e incluso divertida (algunos entrevistados se antojan espléndidos ante el no menos inteligente cuestionario al que son sometidos), a la mezcla se suma la intercalación de numerosas escenas de un buen puñado de películas clásicas (desde "Mata Hari" a "Patton"), más o menos contextualizadas y que sobre todo, una vez concluido el visionado de "Garbo. El Espía", exigen un nuevo visionado desde la renovada perspectiva que nos ofrece Roch.
De este modo, la película pasa de ser un documental imperdible a convertirse también en una checklist, un juego de reconocer secuencias que acaba por hacer las delicias de un espectador sobradamente encandilado.

Si a todo eso se le añade una progresión ascendente de una historia ya de por sí tan interesante como trepidante, el resultado son 90 minutos de un documental magistral, una cita obligada en las salas cuyo premio final va del regocijo interior, por haber visto un espectáculo brillante alejado de superproducciones de medio pelo, a la emoción más delicada, pues aún le da tiempo a Roch de humanizar al personaje y convertirlo en uno de los más entrañables que ha pululado recientemente por nuestras salas.

Cabe rebuscar muy hondo para encontrar un solo defecto a la película, y semejante excavación sirve únicamente para achacarle a Roch cierta relajación en sus minutos finales, donde su documental peca de una sucesión de epílogos un tanto excesiva.
Demasiado poco para emborronar el brillante trabajo de un director debutante que, además, se toma el lujo de realizar una conjunción del cine más añejo con las técnicas más modernas, en puntuales montajes que dan buena muestra de su potencial tras la cámara (atención a los cambios de rollo).
Divertida, amena, interesante y necesaria, "Garbo. El Espía" se convierte en toda una alegría, un festival para los cinéfilos más elitistas así como para el espectador de a pie que simplemente no se conforma con la última locura de Roland Emmerich o vampiros universitarios que brillan como diamantes. Una película así debería ser de obligada visión, recibir una buena publicidad (¿y por qué no? ¿acaso no salió bien con Michael Moore?) y pasarla en todos los colegios del mundo.
Y eso que en ningún momento he mencionado su apartado sonoro, tan magnífico como el film en sí.
9/10

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