Crítica de "Petit Indi", por Bill Haverchuck


Existen muchos tipos de cineastas y muchas formas de clasificarlos. Mientras unos se aferran a la historia y son incapaces de dirigir sin ella, hay otros que prefieren contar por el mero hecho de contar, a menudo usando la historia casi como pretexto. En “Petit Indi”, el director catalán Marc Recha prefiere el bosque a las personas, los pájaros al mundo urbano, la introversión a la extroversión y, sí, la forma al contenido. Como leí en alguna parte, Recha es de esos directores que saben cómo rodar un árbol, tarea por supuesto mucho más dificil de lo que parece.

La historia de “Petit Indi” casi carece de importancia, la verdad. Muestra de ello es, sencillamente, que se nos cuente de una forma tan sugerida. En particular, Recha decide no poner incisión alguna en los momentos más dramáticos del film, sino que prefiere complementarlos -o incluso sustituirlos- por recursos mucho más autorales que signifiquen un acercamiento más personal con intenciones dirigidas a alcanzar una cierta profundidad moral. En concreto, Recha se centra en inspeccionar cómo su personaje se toma las situaciones a las que se enfrenta más que en darles motivo, incluso olvidándose a veces de resolverlas ((SPOILER) como es el caso de las líneas argumentales de la madre o del dinero, por ejemplo (FIN SPOILER)), y pocas cosas de las que suceden en la película tienen una repercusión posterior en términos argumentales. Recha suple esta carencia, en cambio, dando a Arnau, su protagonista, la responsabilidad de ejercer como punto de apoyo a todo lo que ocurre en la película. De hecho, no sólo todo lo vemos a través de su extraña percepción (la naturaleza y el aislamiento urbano, la calidez de la familia y la introspección de la soledad) sino que, más aún, todo parece estar justificado para que el propio Arnau pueda desarrollarse como personaje. Por ejemplo, en la secuencia del concurso de canto de caderneres, probablemente la mejor de la película, Recha nos ofrece un interesante montaje a cuatro bandas en el que intercala desordenadamente un plano del pájaro de Arnau en pleno canto, un primer plano del rostro de Arnau observándolo entre el público, un primer plano de sus manos agarrando con fuerza la barra donde está apoyado y un plano totalmente distinto de dos capgrossos (o sea “cabezones”, que son tradicionales en las fiestas mayores catalanas) en una colina, creando así un todo que sugiere, por un lado, la insistente intención de Recha en filtrar todo lo que ocurre por el punto de vista del chico (la conexión evidente establecida entre los tres primeros planos comentados) y, a la vez, en exponernos cuán extraño es el espectáculo al que el espectador está asistiendo y del que Arnau, sin embargo, está disfrutando (extrañez que se intenta transmitir a través del plano de los capgrossos). En resumidas cuentas, la historia, mínima, se subordina a su protagonista, que por ello se sublima.


A esta relación entre historia y personaje dos elementos habría que sumar para tener una visión más o menos buena de lo que es y sobre todo pretende ser “Petit Indi”: el uso de la naturaleza y el constante debate entre realismos y simbolismos que aparece en la película.

En primer lugar, el tratamiento de la naturaleza es francamente interesante, no sólo por su inteligente uso de los contrastes con el mundo exterior (la familia de Arnau vive a la orilla del río Besòs, en una zona muy natural pero a pocos quilómetros de Barcelona) sino, de nuevo, por la conexión que Recha establece entre ésta y su personaje principal, así como por los paralelismos establecidos entre los contrastes de una y las dualidades del otro. En referencia a esto último, y dado el profundo amor que Arnau siente por los seres vivos y por el ecosistema que le envuelve, el entorno natural en el que el personaje habita se nos muestra tanto hostil como amable acorde con su propio estado anímico. Por ejemplo, mientras la cara de la moneda aparece en el concurso de canto, la cruz se nos muestra en las carreras de galgos, sin ser coincidencia que (SPOILER) mientras en el primer caso Arnau sale vencedor (gana el concurso), en el segundo sale perdiendo (le roban el dinero que le había sido confiado) (FIN SPOILER). El ejemplo más claro a todo esto lo tenemos, por supuesto, en la escena final, aunque otros elementos representan estas dualidades, estos contrastes, de forma más explícita: los planos de las torres de electricidad y la montaña, los del río y la fábrica de cerveza e incluso aquellos en los que se muestra el trato que Arnau da al zorro malherido que se encuentra y, nuevamente, el que se da a los perros del canódromo.

Para mí, sin embargo, uno de los mayores desafíos de “Petit Indi” es comprender su tono, la intención con la que Recha nos cuenta la historia. ¿Se puede contar una historia realista desde una óptica simbólica? ¿Cuál es el punto en el que el simbolismo se apodera de la historia? ¿O se trata simplemente de que Recha sólo pretende dejar una huella como “autor”, sin ir más allá? A mi entender, a pesar de que Recha usa, y de forma reiterada, claros recursos fílmicos que le desvían de “la forma habitual de contar las cosas”, éstos no deben entenderse como casos aislados en una historia contada desde el realismo, sino más bien como ejemplos puntuales en una historia que en ningún momento deja, precisamente, de esquivarlo. Es por algo el hecho de que no se ponga énfasis en los aspectos más dramáticos, como demuestra un personaje principal absolutamente apático ante todo lo que le ocurre (en este sentido, la limitadas cualidades como actor del debutante Marc Soto juegan a su favor) o el final abrupto con el que la cinta se cierra. También el resto de personajes, en sus papeles mínimos, dan a la historia este aire tan enrarecido y ajeno, como de un mundo que, visto desde la indiferente perspectiva de Arnau, está un poco loco. Por tanto, en general, la gran cantidad de simbolismos que aparecen a lo largo del metraje (la incomunicación de los personajes expresada a través del canto de los pájaros, los animales como expresión de los estados anímicos de Arnau, el mundo habitado por personas extrañas…) inducen a pensar que nos encontramos ante una película que tiene mucho más de fábula que de historia realista.


Es en el cómo contar la historia donde Recha se la juega, y mi veredicto es que aguanta el tipo con bastante aplomo. Vale, es cierto que no todos los directores del mundo son capaces de rodar satisfactoriamente ese tipo de películas frías, de personajes extraños con conductas extrañas, de largos silencios y pocas palabras, a las que un director de la talla de Kieslowski nos tenía acostumbrados. Recha no es Kieslowski, claro, ni tampoco es Kaurismäki, ni por asomo. Pero, sea como sea, “Petit Indi” es un acercamiento a un cine bastante más avanzado al que estamos acostumbrados en este país, y al que no todo el mundo es capaz de aspirar.

8/10

5 comentarios:

  1. ¿Sabes qué más es una tradición catalana? Decir "caderneras" en lugar de "jilgueros", jejeje...

    Estupenda la crítica, sí señor

    De hecho, después de haberla leído me gusta más la peli y subo mi 6 a un 7

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  2. Bueno, he tenido ahí mis dudas sobre cómo se llamaban las "caderneres" en castellano, pero google no me confirmaba que no fuera caderneras. Las he pasado canutas también para traducir "capgrossos" y para no mencionar lo mal actor que es Eduardo Noriega (vaya, ya lo he dicho...)

    Bill H

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  3. Magnífica película. Tu crítica-análisis me ha parecido muy interesante. Ya que al final hablas de otros directores, me gustaría aportar mi punto de vista. Primero he relacionado la película con el cine de los hermanos Dardenne. Por ejemplo Rosetta. Personaje un poco marginal que las pasa canutas y que aparece en todos los planos de la película. Pero los Dardenne estan muy influenciados por Bresson. Posiblemente mi director de cine (o cinematógrafo) preferido. Creo que Petit indi está influenciada por Bresson. Mouchette, Al Azar Baltasar o el dinero me han venido a la cabeza mientras veía la película. La apatía del protagonista, casi depresiva, la interpretación de los actores, el ritmo de los planos... Discreparía contigo en un punto. Aunque Recha está interesado en retratar un mundo, su paisaje, sus habitantes, el costumbrismo (muy presente en L'arbre de les cireres y Les mans buides) creo que también quiere contarnos la historia de ese chico. Su tristeza, su soledad (contada a partir de su relación con los animales), su trágico destino. El azar (simbolizado en la película con las carreras de perros) le llevará hasta el momento trascendental. Imagino que es rizar el rizo, pero añadiría dos películas más de Bresson: Pickpocket y Un condenado a muerte se ha escapado. Genial la escena del concurso y preciosas todas (o casi todas) las escenas de Arnau con los pajaros y el zorro.

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  4. Me parece muy acertada tu comparación con Bresson. Es cierto que la pausa y el no-ritmo de las pelis de Bresson está muy presente en Petit Indi, y sí, Al azar Baltasar y, sobre todo en mi opinión, Mouchette, aunque no tanto otras pelis de Bresson más "urbanas", como El dinero, El diablo probablemente, Pickpocket o Une femme douce, tienen muchos puntos en común con Petit Indi (más que, probablemente, el cine de Kieslowski que yo menciono).
    La comparación con el cine de los hermanos Dardenne tampoco es descabellada, pero para mí los Dardenne tienen un punto de vista más personal y sobre todo muchísimo más enfocado a los personajes. Al contrario que en Petit Indi, las historias de Le fils, L'infant, La promesse o Rosetta (cuatro películas extraordinarias, por cierto) son muy importantes para estas películas y, sobre todo, para la red de relaciones que se crean entre sus personajes, algo que no encontramos en Petit Indi.

    Por otro lado, cuando citaba a Kieslowski igual estaba pensando en algún capítulo del Decálogo, y respecto de Kaurismaki supongo que lo relacionaba con también este tipo de cine "contemplativo" de La chica de la fábrica de cerillas o de Ariel, por ejemplo.

    En fin, gracias por tus aportaciones y anímate a dejar una firma la proxima vez que pases por aquí!

    Bill H

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  5. Me permito meter baza en la conversación para señalar lo interesante de la aportación de "Anónimo" (te agradeceríamos que firmaras con algun pseudónimo, que de anónimos está el mundo lleno).

    No obstante, estoy más de acuerdo en la comparación del cine de Recha con el de los hermanos Dardenne que con el de Bresson.

    El desamparo del joven en un mundo en el que los adultos le han dado la espalda y por ello tiene que salir adelante está tan presente en "Rosetta" y "El niño" como en esta "Petit Indi". Los jovenes deben sobrevivir de una u otra manera (de forma más o menos equivocada) y madurar por el camino, con la posible hostia que ello conlleve.

    Sin embargo los "heroes" de Bresson a mi entender tienen una concepción distinta: basan su meticulosidad en una maduración plena y autoconsciente que no les lleva por caminos erráticos. El preso de "Un condenado a muerte se ha escapado" es tan metódico como seguro de su propósito, el protagonista de "Pickpocket" YA se ha fabricado su propia persona a base de robar carteras. Incluso los suicidas han sopesado todos sus caminos vitales en Bresson.

    Sí, está la cuestión formal (aparente distanciamiento, gran peso del silencio, concienzuda planificación, realización reflexiva, retrato seco del mundo que rodea al protagonista...), pero en este sentido "Petit indi" podría estar emparentada también con infinidad de directores, desde Pedro Costa hasta Abbas Kiarostami... ¿no?

    ¡Que siga el debate!

    Saludos a todos

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