Etiquetas: , , , ,

Crítica de "Heartless", por el Capitán Spaulding

Llévatelo

Cuando hace unos días reseñamos "50 Hombres Muertos" (aún presente por nuestras carteleras), dijimos de Jim Sturgess que sus actuaciones no se correspondían con el insuficiente nivel artístico de las películas en que, hasta la fecha, ha aparecido. Y uno de los ejemplos utilizados para justificarnos fue "Heartless", retorno tras las cámaras de Philip Ridley (quince años después de "La Pasión de Darkly Noon") y que, si bien en en líneas generales recibió una benévola acogida en Sitges '09 (más debido a la presencia del equipo en la ciudad que a otra cosa, me temo), se acabó descubriendo como una de las más endebles propuestas del festival
Partiendo de una premisa ridícula, o por lo menos tratada de tal forma, la película pretende ser un concienzudo mensaje sobre la falta de escrúpulos de la sociedad ante los posibles problemas físicos que pueda sufrir un individuo. Más que respetable discurso, sin duda, aunque lamentablemente resuelto en una sucesión de despropósitos tan involuntariamente cómicos como ofensivos, comenzando por la excusa argumental a la que aludíamos antes, granguiñolesca, siguiendo con una justificación torpe, engañosa y oportunista, y concluyendo en un devenir aún más desafortunado y ya totalmente falto de pies y cabeza.
Recapitulemos: "Heartless" presenta a un chico (Sturgess) con una enorme mancha de nacimiento (repito, mancha de nacimiento; ni dos cabezas, ni pústulas, ni deficiencias mentales... nada) que desde siempre lo ha condenado a llevar una vida solitaria y apartada de cualquier cosa parecida a la amistad, pues dicha deformidad es objeto de burla constante por parte de conocidos, vecinos y compañeros de colegio. Un buen día comienza a ver monstruitos humanoides con grandes bocas dentudas (!), primer indicio de que algo le sucede y que se confirma en la vorágine de locura en que acaba metido, llegando incluso a pactar con el mismísimo diablo con tal de cborrar la mancha de su cara y hacerse con la chica de sus sueños, una más que correcta Clémence Poésy de la que Sturgess queda totalmente prendido. El problema es que dicho acuerdo con Satanás le fuerza a actos terribles que, quizás, supongan un precio demasiado elevado por lograr su ansiada normalidad...



Si bien sumamente previsible, lo cierto es que dicho argumento de corte clásico podría haber dado pie a tres opciones, todas ellas válidas por separado, o incluso en conjunción si el apellido del director hubiese sido, pongamos, Raimi, Jackson o Herzog. Así, Ridley habría podido optar por un drama serio y sombrío con el que criticar a la sociedad, elegir una caracterización 100% paródica, o bien decantarse por la variante más resultona: dos horas de terror y acción palomiteros, sin demasiado en que pensar y sí mucho con lo que entretenerse.
Por desgracia, el director inglés parece cubrirse de esa pretenciosidad que parece desprender el cine de las islas británicas (y de Europa en general) por muy comercial que sea la propuesta, por lo que acaba escogiendo una carambola triple cuyo mayor inconveniente es no dar nunca pistas al espectador sobre cómo debe tomarse su película, y de ello se deriva la incómoda situación en que uno jamás sabe si debe echarse a reír, temblar o pensar. Por supuesto, al final no hace nada de ello, más bien se limita a ver pasar minutos y escenas con la sola sensación de cabreo general.
Y es que no, no hay manera de que la historieta que pretenden colarnos adquiera un mínimo de plausibilidad o sentido (lógicamente, ante propuestas así no debe hablarse de credibilidad) que provoque algo de emoción o, al menos, empatía por parte del espectador. Jamás queda verdaderamente justificada la presencia de los (ridículos) duendecillos encapuchados, menos aún las locuras obsesivas de Sturgess  y sus ansias por ser normal... la misma cantinela se repite con cualquier acontecimiento que se dé en pantalla.
Por si fuera poco, la faena se ve rematada por un final terriblemente confuso y de explicación tan enredada en apariencia como simple e incluso rematadamente estúpida a fin de cuentas.

Como puede verse, es muy poco lo que "Heartless" puede ofrecer, cosa que empeora si, además, se descubre realmente antipática debido a puntuales pasajes de insultante mensaje implícito. El más flagrante de los ejemplos a ello relacionados se halla en la escena del gigoló (seguro que la recuerdan quienes han visto la película), poseedora de unas connotaciones homófobas de lo más ácidas.



En fin, si se quisiera definir a la película en pocas palabras, bastaría con decir que se trata de un fallido intento por asustar y concienciar a un espectador que jamás entra en el juego de sustos torpes y gratuitos, presentados sin apenas algo de tensión previa (por enésima vez, no basta con subir el volumen del sonido para provocar miedo), y supuesta moralina de andar por casa.
Lo único salvable de semejante desaguisado vuelve a ser la presencia del esforzado Jim Sturgess, amén de, sic, la figura del diablo, simpático personaje interpretado por Joseph Mawle y rápidamente contrarrestado por una acompañante infante tan innecesaria como la película en sí.
1,5/10

Etiquetas