Crítica de "No es tan fácil", por John Blutarsky

¿Cómo que no es tan fácil? Lo es tanto como coger a un puñado de actores de renombre, escribirles un guión de comedieta sentimental para maduritos y hacerlos pasear de arriba abajo por dos horas de lío sentimental cien por cien Hollywood.
Estamos ante la nueva comedia de Nancy Meyers, la responsable de dar vida a "cosas" como "Tú a Londres y yo a California", "En qué piensan las mujeres" o "Cuando menos te lo esperas". Con semejante currículum uno teme lo peor, por mucha nominación a Globo de Oro (mejor película de comedia) que haya de por medio.
Y haremos bien, porque esta "No es tan fácil" no pasa de matarratos de domingo por la tarde con vocación de "gran comedia sin pretensiones del año" (veis la contradicción, ¿verdad?)
En fin, esto es la historia de Jane (Meryl Streep), cocinera, dueña de una pastelería en Santa Barbara y divorciada de Jake (Alec Baldwin) que después de 10 años cae de nuevo en las redes del amor hacia su ex-marido mientras va enamorándose de un tercero, Adam (Steve Martin). Poco más para una romántica que si bien no resulta del todo molesta y toma unos referentes que se agradecen (bebe de la comedia clásica de Hollywood) aporta muy poca novedad a lo ya visto una y mil veces.

El triángulo amoroso es absolutamente canónico, solo que el listón de la edad se ha elevado un poco. De modo que aquí nos centramos en un amor más maduro, reencontrado años después, y con unos personajes asentados en la vida (demasiado asentados diría yo), con una serie de experiencias vitales a sus espaldas que marcan sus respectivas perspectivas. Eso no quita, por supuesto, que la protagonista se pegue con sus compañeras de batalla desamorosa sus buenas escenas de charla femeninohistérica a lo "Sexo en Nueva York". Pero sea como sea, ese marco, el de la reivindicación de los cincuentaytantos como edad válida para seguir teniendo aventuras amorosas, quizá sea lo más interesante de la película.


Como decía, la raíz es la comedia clásica. Para que nos entendamos, Baldwin es Cary Grant y Martin es James Stewart. El problema es que mientras aquellos personajes poseían toneladas de carisma y de encanto, estos resultan sólo simpáticos, con lo cual al final sólo nos queda cierta previsibilidad y unas descripciones de lo más estereotipadas. Pero las convenciones están ahí: mujer aparentemente independiente, seductor inevitable (re-casado con jovencita insoportable), recién llegado inocentón pero encantador... La protagonista femenina se debate entre el primero, lo ya conocido, estable, fácil. Y el segundo, que representa un nuevo camino, una redecoración de vida hacia otros lares: de hecho, el personaje de Martin es un arquitecto contratado para ampliar la casa de Jane, uséase (paralelismo al canto) expandir sus horizontes vitales. Y cómo oscila del uno al otro, a través de la dualidad sexo salvaje (Jake)/romanticismo (Adam) es la base de la película.
Todo como muy para conformistas del buen rato y aficionados a la risa boba.
Si acaso podemos reconocerle a la película una cierta incorrección política y un espíritu algo punki que probablemente proviene de la propia experiencia de la directora. Hablamos de una generación que fue hippie en los setenta, muy dada al consumo de droga, con especial querencia hacia el porrete. Y pese a lo sobado de las resoluciones no es habitual que en una comedia amable de este tipo aparezca e incluso se fume marihuana. Se agradece el atrevimiento, que de paso resulta una poco disimulada metáfora del redescubrimiento propio, de la juventud perdida y de las experiencias más o menos "alocadas" en una etapa vital en la que uno ya tiene casas con huertecito y Porsches aparcados en el garaje (insisto en que los personajes están muy acomodados).
Sin embargo esa cierta incorrección, que también viene dada por la ligereza con que se habla de sexo, luego queda tristemente invalidada por su carácter de comedia conformista, y en menor medida por algún que otro mensaje de dudoso criterio: al final la mujer se debe a sus hijos (por otro lado repelentes como pocos), ante los que debe justificar sus decisiones sentimentales.


La plana interpretativa está dominada por Meryl Streep, siempre correcta y que tras "Julie y Julia" parece estarle cogiendo gusto a esto de la gastronomía, acompañada de un Baldwin más bien limitado para la comedia (su Jack Donaghy de "30 Rock" no es nadie sin el complemento Liz Lemon). Steve Martin, víctima del bottox o del bisturí no pone demasiado de su parte y John Krasinski hace de lo que se espera: el yerno que toda suegra quisiera tener. Ya desde aquí maldigo eternamente a "No es tan fácil" por haber convertido a Jim Halpert en un personaje absolutamente hostiable.

Vamos, una comedia con poca intención de cambiarle la vida a nadie, que puede irritar y aburrir o bien entretener sin más, pero que no pone mucho de su parte para decantar la balanza hacia uno u otro lado. La clásica historia de amor otoñal a la que no hay que pedirle demasiado nada y que probablemente llene las salas de parejas dispuestas a pasar un buen rato que olvidarán al cabo de diez minutos. Mucha tontería y poco cine, la verdad.

5/10

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