Crítica de "Thirst", por el Capitán Spaulding

Park Chan-wook es un genio. Así lo atestigua una filmografía compuesta por los elementos más dispares entre sí, que van desde el thriller policíaco al estudio sobre la violencia implícta en el individuo, súper héroes de la venganza a cyborgs dementes, o de marcos tan realistas como depresivos a coloristas y bucólicos. La condición de excelencia de semejante falta de miedo a la hora de afrontar proyectos de tan distinta naturaleza se da cuando de todos ellos se desprende un estilo único y fácilmente reconocible, lo suficientemente característico como para catapultar al cineasta surcoreano a una posición privilegiada que lo convierte en uno de los directores clave de esta generación por mucho que, tomadas por separado, no todas sus películas puedan tildarse de obras maestras absolutas.
"Thirst", de hecho, es quizás uno de los mejores ejemplos de la personalidad de Chan-wook, pues engloba e incluso pone en relieve cada una de sus fortalezas y debilidades: nada menos que un cuento de vampiros inspirado en Émile Zola sirve para poner en marcha una nueva pirotecnia visual de elegantes planos e imposibles secuencias marca de la casa, remarcada con un guión puntualmente excelente que se mueve entre el humor cínico y negro, crisis existenciales de los personajes e incluso ciertas dosis de estudio y punzante crítica social.

Todo ello, rematado  por unos actores excelentes (él, Song Kang-ho, visto en "The Host"; ella, Kim Ok-vin, ganadora ex aequo del premio a la mejor actriz en Sitges '09) que se hacen con sus difíciles alter egos cinematográficos de manera simplemente perfecta, no esconde que, pese a todo, estamos ante la que quizás sea la propuesta más endeble del director.


Y es que como decíamos antes, si "Thirst" es uno de los mejores exponentes de las virtudes del surcoreano, no es menos ejemplificador de los socavones en que cae una y otra vez el director de "Oldboy".
De este modo, la película se antoja excesivamente dilatada (dura nada menos que dos horas y veinte minutos), y aunque un servidor sería incapaz de decidir qué cortar del metraje en el supuesto de que le dieran la opción de remontarlo a su gusto, el conjunto implica inevitablemente varios altibajos de interés, especialmente en los momentos de conexión entre sus cuatro actos argumentales.
De ellos, el tercero es el que se ve más duramente afligido, al revelarse a su vez como el más disperso de todos: se trata de un arco en que da la impresión de que el propio director se pierda en ciertos aspectos en los cuales reincide una y otra vez, con la sensación de no saber muy bien hacia dónde encauzar su trabajo.



Con todo, no debe olvidarse lo que decíamos al principio de este comentario, esto es, que Park Chan-wook es un genio. Quedarse con la sensación de irregularidad fruto de una duración excesiva sería injusto para una película cargada de matices y tan interesantes conceptos. Ahí tenemos al personaje principal, un cura convertido en vampiro que sirve, si se quiere, para reflejar el encontronazo entre cristianismo (o religión en general) y paganismo (no hay figura más anti-creyente que el chupa-sangre) al que prácticamente se ve asomado cada día la sociedad. A reforzar tal metáfora aparecen constantes alusiones a la mitología bíblica (siendo la más obvia cierta herida en el costado), así como las numerosas pruebas de fuego a las que se ve sometido el protagonista, dilemas morales provocados básicamente por el sexo que ahondarán en el sentimiento de culpa propio de los actos definidos impuros por la(s) iglesia(s). Este último aspecto se verá revisado constantemente a lo largo del film, en especial con una presencia fantasmal de la que mejor será no desvelar nada.
Son éstos momentos grotescos e hilarantes en su mayoría, pero nada gratuitos en una película que, además, busca parodiar (desde el respeto total) tanto a la figura como al cine de vampiros.

Todo ello sirve de sobras para aliviar la pesadez general con que se digieren los 140 minutos de "Thirst", a lo que desde luego ayuda un final literalmente brillante y no menos delirante del resto de situaciones en que se inmiscuye la pareja protagonista, donde el director da rienda suelta a su descabellado humor enfermizo entremezclando amor, odio y desasosiego a partes iguales. Y es que por muy floja que sea en relación al resto de su filmografía, la película que nos ocupa sigue siendo un trabajo más que notable de un artista siempre preocupado por rizar el rizo y superarse a sí mismo, algo siempre digno de mención y agradecimiento, así como de cierto beneplácito por parte de un espectador que debería dar más comba a propuestas de esta originalidad en vez de seguir premiando blockbusters de medio pelo, porque es justamente debido al éxito de estos últimos que films como "Thrist" tardan tanto en estrenarse. Sea como sea, recomendamos el visionado de la nueva propuesta de tan sorprendente director a la que aparezca por nuestras carteleras.
7,5/10

2 comentarios:

  1. No las tenía todas conmigo frente a la propuesta de ver una película de vampiros...en coreano...y además que es un cura!!! El acabóse!!! Pero realmente, la peli engancha de principio a fin (a pesar de comenzar a verla en el suelo del Auditori del hotel Melià dado el apabullante éxito de entrada del estreno). Recomendable 100% para todo aquél amante de lo bizarro habido y por haber. Simplemente me pareció elegantemente original.
    Buena crítica, mi Capitán!!

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  2. jjeje, muchas gracias.
    Sí, las condiciones no fueron idóneas en lo que al visionado de esta película se refiere, pero bueh, estuvimos mejor que muchos otros... sobre todo aquellos que ocuparon nuestro sitio en el suelo cuando encontramos butaca libre :P

    Con todo, eso, recomendable, aunque si crees que esta es extrema/bizarra, ya te pondré yo algunas pelis chanantes de Chan-wook.... muahahahah!

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