28 Semanas Después

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Aprovechando la reciente confirmación de la puesta en marcha de "28 Meses Después", tercera entrega de los primeros "28 Días Después" que dirigió con éxito el oscarizado Danny Boyle, recuperamos su inmediata secuela a cargo de Juan Carlos Fresnadillo, estrenada en verano del 2007 y protagonizada por Robert Carlyle y Rose Byrne (a quien veremos en breve en "Señales del Futuro").

Los motivos de que, tras el éxito de la primera parte, pasaran nada menos que cinco años antes de que pudiéramos saber más de lo ocurrido en la Gran Bretaña infectada, probablemente deban buscarse en la complejidad que entrañaba el proyecto que ahora nos ocupa. Y es que la sorpresa que supuso aquella, la mejor película de Boyle hasta la fecha y rápidamente colocada entre las mejores películas de terror de todas las listas imaginables, hacía de "28 Semanas Después" una película muy difícil ya desde su propia concepción: si la presión de realizar una segunda parte ya es lo suficientemente intensa de por sí por aquello de que nunca las segundas partes fueron buenas, peor aún si debe enfrentarse a la que ha revalorizado el género de terror y se ha llevado alabanzas de público y crítica por igual.

Pues oigan, asumiendo todo ello, nuestro Fresnadillo, contratado para la ocasión tras la interesante "Intacto", escribe (junto a otras seis manos) y dirige esta secuela sin arrugarse ante complejo alguno, construyendo una película que no sólo echa por tierra la coletilla recién citada, sino que rivaliza directamente con "28 Días Después", hasta el punto de resultar realmente arduo decantarse por una u otra.


Un comienzo arrollador deja claras las intenciones del cineasta tinerfeño. Violenta, explícita, hiperactiva y sin concesiones (no se encariñen con ninguno de los protagonistas), la introducción de "28 Semanas Después" se convierte en un doble juego de homenaje y blasfemia, tanto en relación al género en que se ubica como a su predecesora (que ya supuso en su día un ejercicio de renegada veneración al cine de Romero y siguientes).
Una casa de campo habitada por los supervivientes de la catástrofe; ventanas y puertas bloqueadas con toscas barras de madera; y una calma tensión respirable en cada fotograma. Se presagia lo peor. Y lo peor llega en base al acoso de los infectados con el virus de la ira, estallando ventanas y partiendo barreras, arañando y mordiendo (contagiando) pero eso sí, corriendo como leones.
A partir de este prólogo, de inusitada crueldad, la película se sitúa seis meses después, cuando el ejército de los Estados Unidos declara que ha ganado la guerra contra la infección, y que puede comenzarse la reconstrucción del país. Lógicamente, las cosas no tardan en volverse a torcer, mediante una nueva muestra de aprensión emocional (y visual), lo que provoca una nueva lucha por la supervivencia, una vuelta al survival que, lógico, va mucho más allá de la mera narración para hilvanar un discurso sobre la unidad familiar, el amor, la sociedad, el ejército y los intereses políticos (curiosamente, lo que menos asusta acaban siendo los infectados). Por tanto, el every man for himself presente desde los primeros compases de manera individual, adopta un matiz masificado, construyéndose de manera más compleja conforme van introduciéndose temáticas que incluyen desde encontrados puntos de vista, a vengativos actos de amor traicionado. Afortunadamente, el espectador puede hallar un clavo ardiente al que aferrarse en la dualidad moral propuesta por Fresnadillo y compañía, que no suprimen por completo la figura del héroe para la lucha entre bien y mal, sean lo que sean cada uno de los bandos. Y es que por limitada que sea, la bondad de unos es necesaria (aunque insuficiente) para despertar ese atisbo de esperanza necesaria para contrarrestar el deshecho anímico que provoca la película a lo largo de sus noventa y pocos minutos.


El mismo discurso doble puede aplicarse a la personalidad de Fresnadillo director, consciente en todo momento del bagaje previo instaurado por la primera entrega, explícita y expresamente deudor de él. Así, optando por una línea formal aparentemente continuista, el director logra hacerse con una personalidad propia mezclando géneros y estilos. Videoclip, documental, superproducción y casi dogmatismo puede hallarse en esta ecléctica obra excesivamente dannyboylista en numerosos momentos, pero no menos grandiosa en otros, la mayoría de ellos justamente en choque directo con el director de "Slumdog Millionaire" como demuestra un deje mucho más manifiesto por el gore explícito (y clásico, en lo que a esta clase de cine se refiere).

Cambiando de tercio, y relegado a un papel secundario aunque no menos importante, cabe destacar el trabajo de John Murphy, encargado de la música, y del equipo de sonido en general. Tratándose de una cinta tan atípica, una macroproducción tratada desde lo pequeño, un drama del individuo extrapolado a 15000 personas, el apartado sonoro resulta exquisito en su juego de silencios y explosiones, logrando momentos de absoluta épica, se trate o no de momentos de acción propiamente dicha.

Poco más queda por decir de "28 Semanas Después". Juan Carlos Fresnadillo ha logrado lo imposible, igualando o incluso superando la anterior obra maestra del cine de terror con una trepidante y descorazonadora confluencia de sentimientos y sensaciones. No apta para aprensivos de ningún tipo (visual o anímico), atrapa a los que se enfrenten a ella desde el primer minuto con una trama clásica, para cumplir su función de homenaje, pero a la vez fresca y terrible.
Todo para concluir con un epílogo criticado por muchos, y puede que de obligación, pero que a un servidor no le ha parecido más que una última abierta confesión de amor por el exploit y la clásica serie B de acción/terror. Un guiño que da por concluido un espectáculo magnífico de auténtica ovación.
9/10

Y por cierto, he escrito toda esta parrafada sin hacer uso de la palabra zombie, puesto que no aparece ninguno en pantalla. La propia película se encarga, como ya hiciera su predecesora, de llamarlos infectados, y de ahí que su comportamiento sea diferente en varios aspectos. Cualquiera que piense en los clásicos monstruos torpes de Romero estará cayendo en error.

Mi Tío - Comentario de John Blutarsky

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"Oye, si publico un comentario de una peli que no tiene absolutamente nada que ver con la línea general del blog, qué?"
"Ah, claro, porque Los abrazos rotos es muy de terror... tú publica, hombre"
De Bluto a Spaulding y vuelta, vía SMS

No me guardes rencor, Spaulding, no es mi intención convertir este blog en un cineforum de los de La2, de esos de ver con una pipa en la boca, pero es que el otro día en casa tocó enésima-revisión-de-clásico-inmarchitable y decidimos sacarle el polvo (es un decir) a la fabulosa "Mi tío", rodada por Jacques Tati allá por 1958. Y mira, que no sé por qué vi la película con un ojo enfocado en escribir algo por aquí... Que no se enfaden mis detractores (que, con sólo una entrada publicada, ya los tengo), me limitaré a "sobrevolar" la película, no pretendo sentar cátedra ni elaborar una tesis.
Vamos, que me lanzo humildemente, y bajo la promesa de que para compensar tanto ceño fruncido pronto publicaré algo relacionado con el terror, género del que aún me quedan, Spaulding mediante, grandes cosas por aprender.
En fin, que volvimos a maravillarnos con "Mi tío".
Y es que el tercer largometraje de Tati es, en mi opinión, el más brillante de todos ellos. Si bien "Jour de fête" era tremendamente endiablada, especialmente en su segunda mitad, "Les vacances de Monsieur Hulot" perfectamente equilibrada y "Playtime" particularmente cáustica, "Mi tío" aglutina estas cualidades y encima resulta más divertida si cabe y con un punto de ternura de esa que nos cuesta tanto reconocer que nos pone.
Nos encontramos ante una película hablada, pero en la que los diálogos tienen una importancia muy relativa. Como de costumbre, Tati juega la baza del humor de una manera muy gráfica y, sin llegar al slapstick descacharrante, da una importancia tremenda al gag visual y a una construcción del plano enfocada casi siempre a lo cómico. Esto da como resultado momentos tan hilarantes como los del surtidor-pez del jardín que se enciende cada vez que aparecen visitas, las coreografías de los invitados por el patio o las marañas de mangueras que van surgiendo sin parar de las máquinas de la fábrica.
Por otro lado, el hecho de que se hable poco a lo largo de la película potencia el segundo foco de comicidad, otra constante en el cine de Tati: el tratamiento del sonido y de los efectos sonoros, cuidados con mimo y acertados en todo momento pese a su evidente exageración. Como ejemplo, que un gag tan aparentemente simple como el del pez resulte tan gracioso es en parte gracias al cómico sonido de gorjeo que nos "fuerza" el director a escuchar una y otra vez.
Y luego está, claro, el personaje de monsieur Hulot, el "mi tío" del título. Ah, Hulot, personaje recurrente de Tati (interpretado por él mismo) y entrañable donde los haya. No es difícil ver en él un reflejo de los personajes del cine mudo basados, perdón por la perogrullada, en la expresividad corporal, y más concretamente del vagabundo de Chaplin. La soledad de la que parte el personaje, el arsenal de recursos para resolver situaciones de la manera más torpe o la facilidad de conexión emocional con el espectador son elementos directamente deudores del actor inglés.


Por otro lado, Hulot, a parte de ser fuente de momentos cómicos, es el motor de la trama en tanto que establece la dicotomía sobre la que pivota la película: el "encanto" de la vida tradicional, de lo rural, de lo humano frente a la complejidad de la "vida moderna", la frialdad de lo mecanizado. Y ahí es donde Tati se muestra más sangrante: su parodia de esta sociedad tecnificada, seguramente fruto del capitalismo, es brutal y demoledora: grotescos artilugios que funcionan solos, armarios que se abren y cierran automáticamente sin importar las manos que puedan pillar por el camino, cocinas que parecen consultas de dentista. Todo muy frío, esterilizado y deshumanizado, lo que genera en el espectador una inmediata distanciación del mundo, reforzada por los criterios de planificación de la película, de los que hablaré un pelín más abajo.
Y en contraposición, la vida que bulle en las afueras es infinitamente más cercana y amable que las teóricas comodidades de la gente de la ciudad, que para postre no son más que nuevos ricos aburguesados (perdón de nuevo por la redundancia). En estos momentos la película se convierte en algo así como cine costumbrista, pero sin abandonar el humor surrealista y casi absurdo.
De acuerdo, sí, como hijos del Siglo XXI esta distinción debería resultarnos molesta por lo maniqueo (sin la tecnología no podría estar escribiendo esto), pero oigan, es que es taaaan entrañable la cosa... Y lúcido, claro; y lo digo sin retintín. Porque que una película que tiene más de 50 años resulte más moderna que gran parte de la producción actual tiene que, por lo menos, llamarnos la atención.


Y brevemente, y en cuanto a la realización, Tati basa la práctica totalidad de su planificación en los planos abiertos, generales casi todos. No creo haber detectado ni un solo primer plano en toda la película, lo que por un lado contribuye a aquel distanciamiento del que hablaba y por otro permite al director construir estupendos despliegues escenográficos, enfocados una vez más hacia el "gag visual": desde el momento en que Hulot sube a su casa, mientras nosotros lo vamos viendo a través de todas las ventanas de la fachada, hasta el momento bastante hijoputesco de los niños en lo alto de la colina provocando que los transeúntes se estampen contra la farola, pasando por el recordado plano de los ventanales redondos que parecen ojos de una cara.
En resumen, todo en "Mi tío" cuadra, nada sobra. Tiene una música maravillosa y un tempo delicioso, un humor entrañable y una ternura que no da vergüenza admitir, y es una de esas películas que te reconcilian con la raza humana. Una de esas que piden a gritos aquello de

¡¿A qué esperáis para verla, insensatos?!

Be Seeing You

Trailer de "Where the Wild Things Are"

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Tras siete años de silencio, el imprevisible Spike Jonze tiene a punto de caramelo "Where the Wild Things Are", adaptación de una novela infantil de Maurice Sendak sobre un niño con demasiada imaginación. La película, que tiene previsto estrenarse en octubre, cuenta con Catherine Keener, Mark Ruffalo, Forest Whitaker y James Gandolfini (entre otros) en su reparto, aunque la mayoría de ellos se limitan a prestar sus voces a los monstruos generados por ordenador. Ahí va el curioso trailer.

La Semilla del Mal

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La falta de ideas en el cine USA comienza a ser alarmante. No son pocos los que han llenado sus bocas con tal coletilla, entre los que por supuesto me incluyo, para justificar el aluvión de cine refrito y mediocre que acosa con cada vez más ímpetu nuestras ya de por sí desoladas cinefilias. Por todos son sabidos los síntomas que surgen como resultado de esta dudosa corriente artística: tras haberlas visto el espectador comienza a mezclar películas, incapaz de saber qué escena pertenecía a cuál, aunque sin importarle lo más mínimo más allá del cabreo correspondiente a la inversión monetaria y/o de tiempo realizada.
El problema y principal amenaza surge cuando esa tendencia comienza a revertirse, y si hasta ahora los efectos han sido casi por completo a posteriori (o a las malas, durante el visionado mismo), actualmente se pueden confundir películas antes incluso de su visionado, de tan parecidos que son su título, su argumento, su producción y/o su reparto.
Todo esto que sirva de advertencia y consejo, porque si no pasa lo que pasa, y si uno quiere ver "The Uninvited", remake de la interesante cinta coreana "2 Hermanas", puede acabar viendo "The Unborn", y lo peor de todo es que puede no darse cuenta hasta que aparezcan los títulos finales. Como le pasó a un servidor.

Dirigida y escrita por David S. Goyer (terrible en lo primero, respetable en lo segundo), "La Semilla del Mal", "The Unborn", es una de esas basuras realizadas con dos duros para poder resultar chollos económicos por poco público que tengan. Parece que para que semejantes engendros lleguen a buen puerto es necesario acudir a los titos Davison, Raimi o Bay (productores por excelencia de terror barato), que saben de la escasa propensión al riesgo y el gran potencial de beneficios por lo que no dudan en apadrinarlos. Una llamada telefónica, un escueto "mira qué gran idea tengo (para robar al espectador)" y voilà, tienes garantizado dinero (el justo), reparto llamativo y estreno en salas. Ah, ¿que esta película es idéntica a otra que se estrenó hace una semana y una que se estrenará la que viene? Bueno, tira pa' lante, que no se van a dar cuenta.


Así pues, aquí tenemos "La Semilla del Mal", enésimo popurrí de género en el que el visionario Goyer cree haber dado con la fórmula del éxito: si los espejos, los niños muertos, bichos y ancianas dementes dan miedo, y las apariciones demoníacas también (Gary Oldman incluido), mezclamos todo y tenemos número uno en taquilla fijo. Y si además tenemos un pivón en bragas, mejor, ¿verdad, tito Bay?. Pero qué genio es el jodío.

El resultado es una película desconcertante. Menos de hora y media en que todo resulta atropellado fruto de un montaje demencial, que no duda en eliminar de cuajo cualquier atisbo de nexo entre escena y escena pero que sin embargo no evita la sensación de tedio presente desde el primer minuto.
Incongruencias argumentales, patilladas a gogó y un argumento que conforme progresa va escapando de las manos del director son los ingredientes de una cinta de terror que no logra asustar en ningún momento, más allá de los botes provocados por repentinas explosiones de decibelios. Y eso que potencial no le falta, porque por muy manidos que estén, los niños malencarados siempre darán su cosica. Pero es que es tan acelerado, tan apresurado todo, tan aburrido y tan ridículo por partes iguales, que aquello de ponerse en situación, crear atmósfera, permitir la digestión del miedo... parece que no signifique nada para Goyer.

Y por supuesto, todo ello realizado con unos efectos especiales de andar por casa difícilmente distinguibles de un capítulo chusco de "Entre Fantasmas".


Así las cosas, sólo queda disfrutar de las vistas, pues por lo menos han tenido la decencia de contratar para la ocasión a la bella Megan Fo...digo, Odette Yustman (vista en "Monstruoso"), que cumple en su tarea de desconcentrar al público (varón) para que no se fije en lo que rodea a la morena.

Todo lo demás es, como diría Maldini, bacalá de la buena. Un auténtico despropósito del que Gary Oldman debe de estar renegando, y en el que, encima, David S. Goyer se cree lo suficientemente inteligente como para pretender buscar discursos morales sobre la religión (exorcismos de pacotilla y todo) y críticas metafóricas al genocidio nazi. Terrible, a la altura de un remake con Jessica Alba cualquiera.
3/10 (porque la niña 'ta güena. ¿Qué pasa?)

Trailer de "Ice Age: El Origen de los Dinosaurios"

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El próximo 1 de julio se estrena (al menos en EEUU) la tercera entrega de "Ice Age", cuya principal novedad será, además de la introducción de un personaje nuevo, la posibilidad de verla en tres dimensiones.
A falta de una definición algo mejor, aquí tenéis el nuevo trailer de la película.

"Déjame Entrar" mutilada en EEUU: ¡un aplauso por los subtituladores!

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Cada vez son más los que, por un motivo u otro, se decantan por el cine en versión original renegando de los doblajes, entendidos como un ataque al espíritu de la película y de sus actores, cuyo trabajo se ve inevitablemente alterado al cambiar de idioma de manera forzada.

Cabe reconocer que esta nueva tendencia se debe en gran parte a las dudosas formas de acceder vía Internet a los productos cinematográficos, disponibles de manera gratuita y calidad excelente a las pocas horas de haberse estrenado en DVD o televisión (lo siento, pero si de algo reniego es del Screener, un verdadero atentado contra las películas) en su país de origen. Por supuesto, y como todos sabéis, ello implica la necesidad de buscar subtítulos, que en la gran mayoría de veces son creados por aficionados por lo que su valía nunca debe de considerarse al 100%.

Sin embargo, lo que uno espera, más bien exige, es que cuando en vez de ello opta por la compra del producto original sí pueda fiarse de la subtitulación oficial, de traducción fiable en su totalidad para no perder ni un ápice de la obra.
Si no, me dirán ustedes cómo se justifica la adquisición en tienda, en lugar de hacerlo de manera gratuita pero a todas luces más cómoda y rápida.

Pues bien, visto lo visto en la imagen que sigue, uno se plantea muy seriamente si seguir comprando una sola película más o dedicarse, por mucho que le pese a tenor de su extensa DVDteca original, a la piratería.

Lo que se ha hecho con los subtítulos oficiales de la edición americana de "Déjame Entrar", de inminente estreno en España, es poco menos que un asesinato, y si en semejante atrocidad (que según la fuente oficial no se limita a ese único fotograma) se basa la subtitulación y/o doblaje en castellano, más vale ahorrarse el dinero y descargar un DVDRip que, seguramente, será mucho más fiable y respetuoso. ¿Censura? ¿Corrección política? ¿Ignorancia?



(Original: "Puedes masturbarte en casa". Nueva traducción: "¡Matte! ¡Es hora de ir a casa!")

El Abominable Doctor Phibes - Crítica por el Capitán Spaulding

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Corría el año 1971 cuando el incombustible Vincent Price estrenaba su película número 100 (según el propio cartel de la misma). A las órdenes del (hasta el momento) televisivo Robert Fuest (la serie "Los Vengadores"), el mítico actor protagonizaba "El Abominable Doctor Phibes", aclamada comedia de terror en la que el mencionado doctor llevaba a cabo una serie de rebuscados asesinatos siguiendo las pautas de las plagas egipcias recogidas en el Antiguo Testamento.
Tanto esta como su secuela, estrenada tan sólo un año después bajo el título de "El Retorno del Dr. Phibes" (a cargo del mismo equipo), pasaron a convertirse en un clásico instantáneo del género, un díptico de culto que con el paso del tiempo ha ido revalorizándose y se ha convertido, incluso, en implícita fuente de inspiración para muchos ("Seven" o la saga de "Saw", por poner algún ejemplo) pese a que ésta, a su vez, no esconda sus similitudes con otros ("El Fantasma de la Ópera").

Esto último no hace sino confirmar que "El Abominable Doctor Phibes" es una película imperecedera, encontrando su principal virtud en el gran número de detalles a todos los niveles que aun a día hoy resultan sorprendentes (de la mano por supuesto de otros algo más sobrepasados por el tiempo, aunque no por ello menos entrañables).

Desde un colorista y sumamente kitsch laboratorio, poblado por robots de lo más inquietantes, a un personaje que hasta el último momento (y ni siquiera entonces) no sabemos si está vivo, muerto, o ninguna de las dos; desde la vocación de éste de serial-killer tan implacable como original y refinado, a sus extravagantes rutinas vitales y hobbies; pero sore todo la propia dualidad del film a medio camino entre la comedia burda y el terror total. Todo ello brinda a "El Abominable Doctor Phibes" un aura de distinción que sin duda adquiere su máxima expresión en los diversos asesinatos que se van sucediendo. Y es que cada una de las muertes se hace inolvidable por las rocambolescas artimañas empleadas para poder vincularlas a las plagas de Egipto. Precisamente, estas son las que demuestran esa virtud de la cinta como musa de tantas otras posteriores, pues, por ejemplo, nada tiene que envidiar la máscara que mediante un diminuto juego de anclajes se va cerrando al rededor de la cabeza de una de las víctimas, a cualquiera de los juguetitos del Asesino del Puzzle de "Saw".


Como citábamos antes, otro aspecto a destacar es la fusión de géneros propuesta por James Whiton y William Goldstein, ambos guionistas completamente desconocidos tanto antes como después de la película. Manteniendo inalteradas las virtudes de uno y otro, "El Abominable Doctor Phibes" juega con la comedia y el terror por partes iguales, mediante una estructura en la que a cada terrible asesinato corresponde una investigación de lo más hilarante, con desenrosques (literalmente) de víctimas para liberarlas de la pared en la que han sido incrustadas mediante el cuerno de la cabeza de una estatua de pegaso, entre otras.

Con tanto a su favor, uno se olvida de los pequeños tropiezos rítmicos presentes de manera evidente en algún que otro pasaje de la película, de las limitadas dotes para la interpretación de alguno de sus actores, o de sus diversas incongruencias tanto argumentales como lógicas, fruto de la inocencia de la época. Al final, sólo queda la sensación de haber visto una particular obra de arte del gusto de unos pocos, una pequeña joya preciosa por su singularidad e inamovible en la memoria, que de hecho es la que se encarga de valorarla cada vez más con cada evocadora reaparición.
Y no es sino la perdurabilidad la que, en el fondo, la que realmente debería distinguir una Buena Película de cualquier otro producto, ¿o me diréis ahora que dentro de unos meses aún se recordará algo de "Crash" o "Slumdog Millionaire"?

Los Abrazos Rotos - Crítica por John "Bluto" Blutarsky

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Bonita carta de presentación me ha endosado el amigo Spaulding para empezar mi andadura por estos lares cibersepaciales, nada menos que la crítica del último bodrio (ups, perdón, les he espoileado mi opinión antes de tiempo) de nuestro queridísimo, amadísimo Peeedroooooo. Pero en fin, que como uno se considera un tipo serio y que acomete las tareas que se le imponen con rigor y diligencia, pues nada, allá vamos. Intentaré hacer el viaje placentero y por favor, no me consideren pájaro de mal agüero, de esos que traen consigo tormentas diversas, que a lo mejor otro día me toca comentar algo de más enjundia y que incluya chorretones de sangre, pijamas y capas, ingentes cantidades de sexo, zombies o todo junto (por ejemplo, la película que podríamos estar preparando Spaulding y un servidor). Así que nada, menos rollos y más al lío.
Vaya por delante que siento una cierta admiración por el bueno de Almodóvar. Lo tengo por hombre de gran conocimiento fílmico y eclécticos referentes culturales (sirva como ejemplo de esto una escena de la película que nos ocupa en la que se conjugan, simultaneamente o casi, un tema de Cat Power con unas imágenes de la fucking-masterpiece "Te Querré Siempre" de Rossellini; toma postmodernismo), y siempre me ha parecido el único de los directores españoles mainstream, junto con Julio Médem, capaz de entender el cine como un -tomen nota Fernandoleones y compañía- conjunto audioVISUAL, más que como un mero vehículo para ilustrar guiones. Vamos, que Almodóvar siempre se ha preocupado en la misma medida de qué contar y de cómo contarlo, y con ello se ha ganado un estilo a menudo autónomo y reconocible.
Pero ah, y aquí empieza lo malo, esa garra, ese nervio visual no dura para siempre, amigos, y si bien en los últimos años se había ido matizando en favor de una muy suave estridencia de puesta en escena ahora parece haberse diluido casi por completo. Y no ya en orujo, sino en agua destiladísima. De acuerdo que no podemos esperar brillantes astracanadas al más puro estilo "¿Qué he hecho yo para merecer esto?", "La Ley del Deseo" o "Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios", pero es que lo que debería haberse depurado con la madurez finalmente no ha hecho más que languidecer y desaparecer. Pero no se me desanimen, que a cambio nos ofrece exageradas dosis de complacencia. De la "auto" y de la a secas.

¿Y el guión? Pues de bostezo, oigan. Esa preocupante timidez causada por aquello de gustar a todos lleva al director a no acabarse de decidir en ningún momento por lo que quiere contar. Sí es cierto que la historia es rotunda: un triángulo amoroso entre un cineasta reinventado, un ricachón más bien agrio y una prometedora jovencita que por obra y gracia de la casualidad y la fatalidad se torna en rocambolesco thriller de sentimientos, celos y venganzas, o como decimos en mi pueblo, culebrón de lujo.
El problema es que nunca acaba de levantar el vuelo, ni como drama (desde luego alejadísimo de los reventones melodramas en Technicolor de Douglas Sirk de los que Almodóvar se considera deudor), ni como thriller (tampoco tiene la tensión de un Tourneur ni el ambiente malsano de un Fuller), ni mucho menos como comedia (lo sentimos pero Chus Lampreave otra vez + Rossy de Palma otra vez + locazas otra vez ya no cuelan). Me permito recordar, sin venir muy a cuento, la más memorable colaboración de Lampreave y de Palma de los últimos años: el anuncio de Ardilla. Decadente y brillante.


Y puestos a demoler, hagámonos una pregunta. ¿Qué será lo que llevamos los ibéricos en la sangre que nos lleva a a) ser tan malos actores, o b) ser tan malos directores de actores? ¿Demasiado vodevil, sainete, zarzuela y chistorrilla, quizá? Porque tíldenme de redundante, pero es que del despropósito interpretativo que representa "Los Abrazos Rotos" no se salva ni uno. Y es que tener que decir que Pe es quien está mejor en toda la cinta es muy gordo. Vale que últimamente la muchacha se está valorizando, pero no fastidien, que tanto Lluís Homar como Blanca Portillo son actores solventes... Pues nada, ni así. Interpretaciones discretísimas (si a alguien le interesa, creo que Blanca Portillo debería volver a la comedia, que cuando hace imitaciones de garrulos está que lo clava y Homar... pues no sé... ¿a protagonizar el musical de Frasier en España?). Y ya lo de Ochandiano y Tamar Novas es (¡atención cazadores de tópicos!) de juzgado de guardia.

Por todo esto, y mucho más que ni se me ocurre ni me apetece ocurrírseme, despacho "Los Abrazos Rotos" con un churresco 5. Churresco porque últimamente estoy de un benevolente que tira de espaldas: en el mundo de fantasía que representa el interior de mi mente le puse un 7 a "The Reader", así que pueden hacerse una idea de lo que representa un 5.

Eso sí, que sepáis que los críticos sobrecogedores (vamos, los que cogen el sobre) van a ser espléndidos con la película. Incluso puede que la forren de Goyas. Si ese fuera el caso, gracias por adelantado, Academia, por darme la razón una vez más.
5/10

(anotación final: ¿Lo veis? He conseguido escribir esta crítica sin escribir ni una sola vez las palabras "el director manchego")

Trailer de lo nuevo de Sam Raimi: "Drag Me to Hell"

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"Drag me to Hell" supone el retorno de uno de los grandes directores de los últimos 20 años a su género. Tras prostituirse para la gran industria cinematográfica, Sam Raimi estrena una nueva cinta de terror con estreno previsto para el próximo 29 de mayo, cuyo trailer está disponible desde hace algunos días por Internet. ¿Estará a la altura de su famosa trilogía (y no me refiero precisamente a "Spider-Man")?


¡Remake de "El Hombre con Rayos X en los Ojos"!

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Juan Carlos Fresnadillo, director de "Intacto" y "28 Semanas Después", parece haber llegado a un acuerdo para re-hacer la mítica película de Roger Corman, que se estrenó en 1963 instalándose enseguida en la categoría de película de culto de obligada visión para todo cinéfago (que no cinéfilo) que se precie.
"El Hombre con Rayos X en los Ojos" (comentada en su día por un servidor), cuenta las experiencias del Dr. James Xavier (Ray Milland) tras descubrir un colirio con el que dotar a sus ojos de Rayos X, pudiendo ver así a través de la carne de sus pacientes en la mesa de operaciones, y de todos los problemas que acarrea semejante poder/responsabilidad.
Aprovechamos desde aquí para recomendar su visionado a todo forofo de la serie B y/o de Corman.

Superpoli de Centro Comercial

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Bajo el título de "Superpoli de Centro Comercial" se esconde "Paul Blart: Mall Cop", uno de los mayores éxitos de taquilla de la presente temporada que protagoniza el semiconocido (por decir algo) Kevin James ("Hitch: Especialista en Ligues"), dirige el temible Steve Carr ("Doctor Dolittle 2"), y produce el no menos inefable Adam Sandler. ¿El resultado? Una comedia muy en la línea de este último, 100% olvidable, aunque no necesariamente despreciable.

Paul Blart es un padre soltero del extrarradio que trata de ganarse la vida como guardia de seguridad en un gran centro comercial de Nueva Jersey. A pesar de que nadie toma su trabajo en serio, Paul considera que está al frente de la seguridad del recinto. Cuando un atraco cierra las puertas del centro comercial, el oficial de seguridad más extraordinario de Jersey tendrá que convertirse en un policía de verdad para poder salvar la situación.

Sin querer arriesgar lo más mínimo, la cinta que nos ocupa es la enésima versión del cuento de tipo feo y torpe pero encantador y soñador que un buen día se ve obligado a enfrentarse a una situación extraordinaria aprovechando sus capacidades escondidas, tratando de vencer a la adversidad y salvar a la doncella en apuros, amor de siempre nunca confesado.
Estructuralmente hablando, por tanto, "Paul Blart" no esconde nada mínimamente innovador, convirtiéndose en una sucesión de clichés predecible e incluso molesta en algunas ocasiones debido a su obviedad.

Tan previsible como ellos resulta la caracterización de todos y cada uno de los personajes que deambulan por la pantalla, más planos que una mesa de ping-pong, con algún que otro especialmente hostiable, como la hija del protagonista, por poner un ejemplo.
Aunque en este apartado, mención especial merecen los atracadores del banco, enésimos yamakasi que con tanto saltito alocado, bicicletas y patines acaban hartando tanto como ya lo hicieron la primera vez que aparecieran de manera oficial en el cine, allá por el año 2001 de la mano de Luc Besson. Desde que el galo hiciera posible esa propaganda de hora y media sobre los saltarines delincuentes, estos han ido apareciendo en forma de agrupaciones enemigas en numerosas películas de acción, agotando al respetable y sirviendo para evidenciar una y otra vez la alarmante falta de recursos de la industria.

Así las cosas, "Superpoli de Centro Comercial" transcurre con más pena que gloria, y todo parecería llevar a una huida general de las salas de no ser por el propio Kevin James, tan inútil tras la pantalla (co-escribe el guión) como acertado en ella.
Porque él solito es capaz de generar momentos la mar de graciosos (aunque sin echar cohetes) gracias a sus inusitadas dotes para la comedia, ya presentes en sus anteriores apariciones.
La facilidad con que Blart se hace entrañable a la vez que desternillante en su desgracia es posible gracias a un actor que quizás sea el que, entre otras cosas, mejores mamporros recibe en pantalla. Siempre sin perder la dignidad de su noble puesto de trabajo, el segurata del supermercado cumple con su deber como buenamente puede, aunque ello suponga acabar a puñetazo limpio con una señora por una disputa en Victoria's Secret, o un intento fallido de multar a un inválido anciano.
Así, cuando las cosas se ponen feas no duda en respetar el juramento (consigo mismo) de proteger el lugar, y si debe enfrentarse a una banda de esquizofrénicos atletas desde sus limitadas cualidades físicas, pues eso que le toca.

A estas alturas es justo abrir un paréntesis para reconocer, además, que algunas de las técnicas con las que el protagonista se va deshaciendo de sus enemigos (homenaje a John Rambo incluido) resultan bastante logradas por su (relativa) originalidad y consiguiente gracia.

Así las cosas, "Superpoli de Centro Comercial" no pasará a la historia de las comedias al tratarse de un mero exprimido más de la fórmula (ya de por sí de lo más agotada). Pese a ello, por su simpleza y honestidad, no resulta en exceso desagradable, llegando a despertar alguna que otra risa (de número y amplitud variable en función de la predisposición de cada uno ante esta clase de comedias) en gran parte debido a los golpazos que recibe su protagonista, que remiten vagamente a épocas doradas de la comedia del coscorrón.
Ahora bien, ni por toda la leña del mundo se merece tanto éxito y, de hecho, su visionado en pantalla grande resulta difícilmente justificable.
4,5/10

Underworld: La Rebelión de los Licántropos

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Dirigida por el desconocido Patrick Tatopoulos, y con un guión que cuenta con el creador de "Outlander" entre otros, el próximo fin de semana se estrena la tercera entrega de la saga "Underworld". Rhona Mitra, Michael Sheen (visto recientemente en "El Desafío: Frost contra Nixon") y Bill Nighty conforman el trío protagonista de esta rebelión de hombres lobo que pretende explicar el origen de la eterna batalla entre chupasangres y licántropos.

Así pues, esta muestra de cine visto como arte e inteligencia es la precuela tan necesaria y trascendental de "Underwold" y "Underworld: Evolution". Pues menos mal, porque la necesidad de saber cómo empezó la guerra entre criaturas dejaba sin dormir a muchos aficionados al cine en general y a la saga en particular.

Como puede imaginarse el lector, estoy siendo sarcástico, y mis motivaciones son las siguientes. Primero, reconozco haber olvidado por completo la primera entrega, ya de por sí horrorosa, y la segunda si acabé de verla debió de ser en un estado de inconsciencia y/o letargo intermitente, y desde luego es aún peor que la anterior.
Segundo, porque dicho en palabras pobres, la que nos ocupa es una de las muestras más tristes de cine de acción, aventuras, o lo que demonios sea esta trilogía, vista en los últimos tiempos.

No se puede hablar de argumento porque prácticamente brilla por su ausencia, más allá de su introducción tan descabellada como, al menos, hilarante (y sin duda ese es uno de sus únicos dos aspectos positivos): ambientada en un pasado medieval de espadas y castillos, la historia se abre con la creación del primer licántropo con posibilidad de mutar su cuerpo (a hombre) a cargo de los vampiros, amos y señores del cotarro. El resto es un devenir de absoluta nadería, maquillada de previsibles resoluciones, sonrojantes en su mayoría tanto por, justamente, su predicción como por su estupidez.

Tachado este aspecto, pasemos a analizar a los ¿personajes? de la película: la vampira-guerrera buenorra, el padre maligno y rey de los vampiros (o algo así), y el hombre lobo bueno pese a su aspecto de vagabundo. No sólo su descripción tiene tanta importancia como el guión en sí (nula), sino que los otrora respetables actores (al menos, dos de ellos) hacen lo posible por acabar de hundir en la miseria a cada uno de ellos, resultando uno más ridículo que el otro. El resultado es un cliché tras otro de índole machote, machista, maniqueo, bestial y homófobo. Rhona Mitra ejerce de mujer florero, inútil para todo lo que no sea llorar y chorrear tras su noviete (y estúpida), Bill Nighty de previsible maloso sin piedad (y estúpido), y Michael Sheen encarna al héroe ¿musculoso? de la función, un bobalicón animal domesticado de honorable espíritu y bla bla bla (y por supuesto, estúpido). Y todo ello embalsamado con caretas, gruñidos, exageraciones y actuaciones de teatro de colegio.


Visto lo visto, uno espera, desea, que al menos lo que realmente se le puede exigir a esta película se cumpla decentemente. Vamos, que la acción y el apartado visual esté a la altura. Nada más lejos.
Hablar de uno de los espectáculos más aburridos de acción de los últimos tiempos es quedarse corto ante una película que, además, resulta insultante en su apartado visual.
Ya no es que el atributo principal de la saga, el predominio de tonos azules y grises, quedara anticuado con la primera de ellas, sino que los efectos especiales empleados para esta película no son dignos ni de una tv-movie de hace diez años. Son tan evidentemente baratos, y se nota tan poco el esfuerzo por maquillar sus limitaciones, que uno se pregunta si la mejor manera de ver esta cinta es a través de una pantalla de teléfono móvil, para poder apreciar el menor detalle posible.

Sin embargo, una lanza a favor debe partirse en este apartado, suponiendo el segundo punto positivo de la cinta (o tercero si tenemos en cuenta las generosas curvas de la Mitra). Buscando un suicidio comercial aún mayor, la película cuenta con numerosas escenas de una violencia bastante elevada y explícita, mutilaciones, carbonizaciones humanas y empalamientos incluidos, lo cual habrá forzado la calificación R en EEUU, y por lo tanto la prohibición de entrada a las salas por parte del público joven, único consumidor potencial de la cinta.

Pero vamos, ni toda la sangre del mundo es capaz de enmendar semejante despropósito. Una cinta a la altura de "Max Payne", "Outlander" o la reciente "Punisher: War Zone", y que por lo tanto jamás debería exhibirse en pantalla grande. Por no servir, no sirve ni como vacuo entretenimiento, pues aburre a las ostras, y su visionado se aconseja únicamente si... esto... no. Su visionado no se aconseja bajo ningún concepto a menos que quiera uno suicidarse o alimentar su odio personal contra el mundo.
2/10

Varan: The Unbelievable

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Si algo tenemos claro es que sin Ishirô Honda, el cine tal y como lo conocemos hoy en día no hubiera existido. Y si alguien de por aquí se acaba de arrancar unos cuantos mechones de la cabeza, entonces, queridos míos, ya va siendo hora de que (re)vean el mito del cine de monstruos. No, no me estoy refiriendo a "King Kong", sino a su exploit por excelencia, aquella que aún hoy, 55 años después de su estreno, sigue sirviendo de ejemplo para teóricos visionarios como J.J. Abrams o, ejem, Roland Emmerich. Vean el primer "Godzilla", y luego hablamos.
Tan histórica película fue toda una declaración de intenciones del cineasta japonés, rey de las explotaciones abonado a remakes, spin-offs, crossovers, secuelas y precuelas de todo tipo, como demuestran los títulos "King Kong se escapa", "King Kong contra Godzilla", "Godzilla contra Mechagodzilla", o directamente "Los Monstruos invaden la Tierra". No he sido capaz de averiguar si en esta última, encuentro de casi todas las criaturas ideadas por Honda y compañía, aparece el lagarto gigante que protagoniza la película que nos ocupa, la que es uno de los iniciáticos y más descarados ejercicios de auto-plagio del director.

Básicamente, el argumento se puede resumir en una frase: esto es un bicho muy grande y muy parecido a Godzilla que un día sale de su escondrijo y se encamina (sí, se encamina, sólo eso) a Tokio para horror del ejército japonés que intentará detenerlo.

Lo cierto es que dicho argumento hubiera sido más que suficiente para un servidor, si como mínimo, y puestos a fotocopiar, se hubiera incluido la llegada propiamente dicha del animal a alguna ciudad con la consecuente destrucción gratuita de maquetas.
Pero no.
A lo largo de los 90 minutos de duración de la película, el increíble varano se limita únicamente a nadar, pues tiene que atravesar el mar para ir de la isla donde vivía a las costas ciudadanas. Sin embargo, y perdón por el spoiler, es tan lento, que no sólo hay tiempo para evacuar las ciudades horas antes de la inminente llegada de la amenaza (salvo por tres hombres del interior de un aeropuerto), sino que el ejército es capaz de idear un sinfín de estrategias hasta dar con la adecuada para cargarse a la entrañable criatura, cuando esta apenas ha puesto un pie en tierra firme y roto un único edificio (el aeropuerto de antes, con las consiguientes tres víctimas gilip... despistadas).


Evidentemente, el carrusel de secuencias repetidas, imágenes de archivo, y ralentizadas emersiones e inmersiones del varano, todas ellas técnicas para alargar algo más el metraje, alcanzan aquí una presencia vertiginosa y acaban incluso con la paciencia del más valiente, el que se aferra a pasar un buen rato con los efectos especiales o los inocentes giros y/o resoluciones de guión propios de la época.

Y la verdad es que es un pena, porque ese valor añadido al que nos referimos, a medio camino entre la caspa, la cutrez, lo entrañable y lo freak está presente y de qué manera. Aviones, tanques, barcos y camiones, todos teledirigidos, son un invitado de lujo a una fiesta más poblada por muñecos de soldaditos de juguete que por personas de carne y hueso.
Y ningún esfuerzo en disimularlo, oiga. No recuerdo haber visto un sólo plano en el que no queda absolutamente clara la presencia de cables, muchos, muchos cables, para articular la función desde fuera de pantalla.
El nivel de limitación (por decirlo de alguna manera) es tal que, por ejemplo, los petardos que escupen los tanques en ocasiones hacen vibrar toda la estructura de los mismos, cuando los vehículos aceleran los soldaditos montados en ellos tienden a perder el equilibrio, o los portaaviones y demás navíos gigantescos son misteriosamente acosados por oleajes de unos cinco centímetros como mucho. Entre todo ello, brillan con luz propia unas bengalas con paracaídas completamente delirantes.


La verdad es que todo ello garantiza, además de cierta benevolencia inevitable, más de una risotada, que comienzan bien pronto a raíz de la excusa con que arranca la película: dos estudiantes se acercan al lago en el que se esconde el monstruo (muriendo bajo las garras del mismo, lógico)... para cazar un par de mariposillas originarias de Siberia. Tras ellos, la hermana de uno de los fallecidos y el amigo del otro van en su búsqueda, para encontrarse con una civilización de adoradores del varano con sus ritos y sus profecías.
Qué demonios, incluso la primera y una destrucción así en masa del pueblo resulta espectacular y enternecedora.
Es una pena que a partir de ahí todo comience a bajar en caída libre, alargando hasta lo enfermizo un argumento que podría haberse tratado en un cuarto de hora como mucho, y que de hecho no es más que un breve segmento de la primera aparición de Godzilla, más o menos.

Con todo, aunque sólo sea para ver cómo emprende el vuelo el animal (algo que sólo hace una vez, pese a ser mucho más efectivo como método de traslado que el buceo, visto lo visto), merece ser vista por los aficionados al género kaiju, pese a la decepción que suponga en comparación a otras grandes obras del director (un día hablaré de "Los Misterianos", prometido).

Nuevo (y espectacular) trailer de "Star Trek"

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Pues eso, poco más queda por decir salvo que su estreno es inminente, y que este trailer confirma la buena pinta de lo nuevo de J.J. Abrams, con Chris Pine, Zachary Quinto y Eric Bana entre muchos otros.
Os dejamos con el vídeo.

Trailer de "Los Abrazos Rotos", de Almódovar

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Ya tenemos disponible el trailer definitivo de "Los Abrazos Rotos", nueva película de Pedro Almodóvar con Penélope Cruz de protagonista, a la que secundan Blanca Portillo, Lola Dueñas, Ángela Molina y Lluís Omar entre otros.

Curiosidad. Los "Watchmen" que pudieron ser y no fueron

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Ya se sabe que la propuesta de adaptar al cine la novela gráfica de Alan Moore ha estado rondando años por las manos de productores, directores, y actores de todo tipo.
Pero según veo, hubo dos intentonas que llegaron a estar muy a punto de ser realidad y de hecho, de no ser por los consejos de propio Moore (que habló con su amigo Terry Gilliam y le dijo que no era una buena idea), en 1991 ya hubiéramos disfrutado de una primera versión de Rorschach y compañía.
Como curiosidad, aquí tenemos un esquema del cast que iban a integrar estas dos versiones que tan cerca estuvieron, junto al que finalmente ha sido escogido por el equipo de Snyder. Y dicho sea de paso, en cuanto a parecidos con los personajes de Gibbons se refiere, tales decisiones son más quesatisfactorias aunque por estas fotos no lo parezca.
Ahora bien, ¿hubiera molado más un "Watchmen" con Gilliam y Robin Williams?

(obviamente, click sobre la foto para verla mejor)

Trailer de "Public Enemies"

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Así de bien pinta el esperado nuevo trabajo del que, a juicio personal, es uno de los tres o cuatro mejores directores de los últimos años.
Bajo el título de "Public Enemies", Michael Mann adapta la verdadera historia de uno de los atracadores más famosos de la historia norteamericana, de la mano de Johnny Depp, Christian Bale, Chaning Tatum y Marion Cotillard.
El estreno está previsto, en España y según Imdb, para el próximo 9 de julio.

The Code

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Keith Ripley (Morgan Freeman) es un ladrón de la vieja escuela; Gabriel Martín (Antonio Banderas) uno de poca monta. Para su último gran golpe, el robo de dos Huevos de Fabergé únicos y custodiados con los más sofisticados sistemas de seguridad en una corporación rusa, Ripley necesitará toda la ayuda que Gabriel pueda ofrecer. Los necesita para saldar una deuda con su antiguo socio, Petrovitch, un mafioso ruso que no dudará en acabar con él si no le consigue las dos excepcionales piezas...

Suerte tienen Banderas y Freeman de ser dos actores queridos por buena parte del consumidor.
Sólo así se explica que películas como la que nos ocupa lleguen a la gran pantalla, porque "The Code" no es más que una tv-movie, e independientemente de su calidad como conductor de entretenimiento (que pasaremos a comentar seguidamente), jamás debería haber salido de la difusión doméstica de no ser por el pedigrí de sus protagonistas. Y si bien en el caso de nuestro malagueño cabe reconocer cierta continuidad en relación a su filmografía, la cosa comienza a ser preocupante para un Morgan Freeman multinominado y ganador de un Oscar, visto en el mismo papel mediocre una y otra vez en no menos mediocres producciones.

Siendo totalmente francos, a la anteriormente conocida como "Thick as Thieves" (curiosamente rebautizada como "The Code" para su distribución internacional) cabe reconocerle una gran virtud que supone a la vez el indulto y la posibilidad de ser mínimamente considerada para una tarde sin fútbol y sin nada más que ver: en contra de lo que podría temerse a tenor de los trabajos anteriores de la directora (Mimi Leder, creadora de "Deep Impact", "Cadena de Favores", o la serie "Vanished"), la película es de lo más entretenida.


¿Es eso suficiente para justificar racionalmente su visionado en cines? Ni mucho menos.
Haciendo gala de su ruindad característica, Leder firma un producto basto, torpe y vulgar, destacable únicamente por un montaje dinámico similar a un capítulo de serie de acción.
Igualmente vulgar e intrascendente resulta su argumento, enésimo juego de robos y persecuciones que nada nuevo tiene que ofrecer salvo la exposición de las múltiples virtudes del iPhone (la primera media hora es casi un anuncio en toda regla del móvil de Apple). Tomando ideas de aquí y de allá, la trama deambula entre el homenaje y el plagio, en un sinfín de momentos de difícil credibilidad (a parte de tapar agujeros, ¿los pósters también insonorizan?); todo muy visto en fondo y forma salvo quizás el (forzado) twist final, esperable aunque difícil de acertar.
Pero aún así, en líneas generales es todo tan previsible que incluso cuando el capo ruso da la cara, el actor que lo encarna no es otro que, adivinen, el encasillado (aunque siempre bienvenido) Rade Serbedzija.

El resto de motivaciones para descartar esta película cabe rescatarlo en su propio reparto.
Por muy simpáticos que resulten, Banderas y Freeman (y todos los que les rodean) ofrecen labores superficiales y olvidables, algo normal vista la esquemática caracterización de sus respectivos personajes. Así, mientras que uno vuelve a hacer gala de sus histriónicas gesticulaciones y poses, el otro vuelve a caricaturizarse a sí mismo haciendo cada vez más dudosa su valoración como actor a día de hoy. Entre los secundarios, destacan una Radha Mitchell risible y Robert Forster, cuya aparición de por sí ya es un claro indicador de la calidad global de la cinta.


Pero aun así, con semejante bagaje en su debe y tan poco en su haber (¿he mencionado ya los efectos especiales de amateur?), "The Code" resulta tan olvidable como sorprendentemente divertida, consiguiendo que la hora y media larga de duración pase en un suspiro, si uno no piensa en los ocho euros invertidos en la entrada y es consciente de que tal como salga de la sala se habrá olvidado por completo hasta del preocupante esqueletismo de Radha Mitchell o de lo mal que envejece Freeman.
4,5/10

Watchmen

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Tras muchos años sin llegar a buen puerto y rumores de todo tipo, por fin la adaptación cinematográfica del "Watchmen" de Alan Moore es una realidad. Con un reparto integrado por Jackie Earle Haley, Malin Akerman, Billy Crudup, Matthew Goode, Jeffrey Dean Morgan, Patrick Wilson y Carla Gugino entre otros, el aclamado Zack Snyder dirige una de las revisiones más fieles de Moore hasta la fecha. Lástima que eso sea de todo menos bueno para la película.

El guionista de "V de Vendetta" o "Desde el Infierno" nunca ha tenido demasiada suerte a la hora de ver sus historietas convertidas en largometrajes, algo a lo que siempre ha respondido desinteresándose totalmente por los mismos y negándose a aparecer entre sus créditos (aunque seguramente no habrá rechazado los cheques recibidos como consecuencia). Por ello, tal y como saltó la noticia de la luz verde para "Watchmen", repitió la jugada sin otorgar si quiera el beneficio de la duda, lo que podría considerarse erróneo por su parte en vista de la fidelidad con la que ha sido tratada su obra, respetando el espíritu e incluso, como ya sucediera con "300", plagiando en muchas ocasiones escenas íntegras de los propios dibujos (de Dave Gibbons, colaborador de Moore en "Watchmen", y este sí partícipe de la adaptación cinematográfica). Sin embargo, esta vez su argumentación es bien distinta, y es que según sus propias palabras, 'hay cosas que hicimos con Watchmen que solo pueden resultar en un cómic'. Y en esa frase se resumen todos los males de una película condenada al fracaso.

Con un comienzo arrebatador (atención a los deliciosos títulos de entrada), "Watchmen" sorprende y abre de par en par las puertas a la esperanza, mostrándose seria, digna de su fuente original, y como decíamos antes respetuosa tanto en su fondo como en su forma. Son unos minutos en los que se presentan tanto el hilo argumental central como todas sus ramificaciones, al tiempo que pone en situación al espectador con un ingenioso juego de saltos temporales. Pero sobre todo, supone la carta de presentación de Snyder, amante de las ralentizaciones excesivas y perfecto dosificador de acción espectacular con drama y sobriedad.
El cuestionable bien para la sociedad de los superhéroes encapuchados, la amenaza de una nueva guerra mundial, la tensión social, la animalización de vigilantes y vigilados, y sobre todo la sombra de una crisis mundial a todos los niveles planean conforme las piezas del puzzle de personajes que es "Watchmen" comienzan a dibujarse en el espectacular tablero visual que propone el director, empapado de cultura pop de los falsos 80 en que se ubica la trama.

Sin embargo, eso es todo lo positivo que puede decirse de ella, pues conforme pasan los minutos y se nubla el futuro de la humanidad, se ennegrece de forma pareja el metraje de la película, abocándose a un descontrol que poco a poco va sumiendo a la película en una monotonía exasperante, un entrelazado excesivamente fragmentado de historias paralelas de las que desaparece la carga de sus discursos en pros de la repetición, la simplicidad, y a fin de cuentas la intrascendencia más absoluta. Y lo que es peor, una grandilocuencia agotadora que prácticamente busca en cada momento la frase o secuencia definitiva, logrando justamente el efecto contrario por la risibilidad de alguno de ellos.
A lo largo de sus eternos e injustificados 165 minutos (y eso que se promete un montaje extendido para su salida en DVD), "Watchmen" jamás llega pues a interesar completamente al espectador debido a la falta de continuidad, de garra y de momentos climáticos, y a la aparición y desaparición repentina de personajes, que ya de por sí no logran transmitir afección alguna en parte debido a unas actuaciones discutibles. Y vaya por delante que un servidor ha leído el cómic y es perfectamente consciente de la voluntad anti-espectacular del mismo, lo cual no evitaba momentos de auténtica grandeza salidos de la aparente normalidad de sus protagonistas.


Todo queda, por tanto, en un ejercicio visual encomiable (plagado además de los tics del director que van del bullet time de "Matrix" a su obsesión por la homosexualidad) y tan espectacular como fiel a la obra de Gibbons. Sin embargo, más allá de ello no hay absolutamente nada a lo que agarrarse, salvo apartados momentos en lo que algo de garra parece brotar por sí sola, bien sea por la potencia del momento o por cierto espíritu socarrón (la escena de apareamiento con un versionado "Hallellujah" de fondo).
A parte de su estilo, tal vez el único mérito que quepa otorgarle a Snyder es a su vez su principal condena. Se trata de una película de nulo espíritu comercial tanto por su difícil argumento como por el tratamiento que el director de "Amanecer de los Muertos" le da al mismo. Y es que cualquiera que espere un clon de "Spider-Man" saldrá desesperadamente decepcionado. El problema, es que los que sepan lo que buscan, también.

A la postre, si para algo sirve "Watchmen" es para reavivar el debate a cerca del sentido de las adaptaciones de novelas gráficas, en especial las del propio Alan Moore, pues la menos rigurosa con relación al original, "V de Vendetta", es quizás la más lograda hasta la fecha. Y para preguntarse qué hubiera sido de una serie de televisión para abarcar el universo de Rorschach y compañía, en lugar de limitarse a una película.
5/10

Nuevo trailer de "Terminator Salvation"

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El 21 de mayo es el día en que se estrenará "Terminator Salvation", dirigida por McG y con Christian Bale en el papel de John Connor.
A falta de tan poco para la fecha señalada, ya tenemos a nuestra disposición un nuevo trailer que siembra tantas esperanzas como dudas. Vean y juzguen ustedes mismos.


Trailer de "Adventureland", del director de "Supersalidos"

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Tras sorprender a todo el mundo con una de las mejores comedias de los últimos tiempos, "Supersalidos", Greg Mottola escribe y dirige "Adventureland", película que cuenta con un interesante reparto formado por Kristen Wiing (habitual de "Saturday Night Live" y vista recientemente en "¡Me ha Caído el Muerto!"), Bill Hader (que ya participó con Mottola en "Supersalidos"), Martin Starr ("Supersalidos", "Lío Embarazoso") y Ryan Reynolds ("Blade Trinity") entre otros.
Os dejamos con el trailer, por cierto en su versión Red Band.


Primera imagen de "Halloween 2"

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El 28 de agosto del presente año, Michael Myers volverá a hacer de las suyas en la esperada secuela de "Halloween: el Orígen". Tras apenas tres días de rodaje, el director, Rob Zombie, realizó una entrevista en la que afirmó que la película iba a ser "Ultra gritty, ultra intense and very real". Además, mostró la primera imagen de Laurie Strode (antes Jamie Lee Curtis, ahora Scout Taylor- Compton), cuyas pintas podéis ver en la imagen que sigue.
Recordemos que "H2" retomará la trama de la primera desde el punto en que esta lo dejó, y que Zombie tendrá más libertad al no tener que basarse tan fielmente en la original "Halloween 2". Bring it on!

El comentario del día

Esta película es un auténtico pedazo de MIERDA, es la peor que he visto con diferencia, y la verdad es que me he tragado verdaderos bodrios de serie B, desde el minuto 2 he estado deseando levantarme y largarme de allí, no solo no entretiene, sino que asquea y mucho. Es desagradable, los sonidos, la banda sonora(muy extraña), y los efectos que fallidamente busca causar en el espectador son nefastos y muy bizarre(no en el sentido de la palabra en español). Odiosa, no hay nada peor, diálogos y guion carecen de sentido y calidad, una verdadera mierda.
Un anónimo dixit, en Crítica de Bunraku

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