Crítica de "Mister Lonely", por el Capitán Spaulding

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Harmony Korine saltó a la fama con tan sólo 19 años gracias a su guión de la controvertida "Kids", que a su vez sirvió para que entablara una muy buena amistad con Chloë Sevigny y para que el director Larry Clark se diera a conocer.

Veinte años más tarde, Korine presenta "Mister Lonely", película sobre un grupo de imitadores de famosos que se reúnen en una masía escocesa para dar rienda suelta a su arte, entre los que destacan Charlie Chaplin, Sammy Davis Jr., Marilyn Monroe, Madonna y Michael Jackson. Tras haber pasado por diversos festivales, la película sólo ha podido verse de en un par de países (Reino Unido, Francia, Japón y México), aunque su distribución comercial a mayor escala puede verse favorecida tras los trágicos acontecimientos recientes.
Sea como sea, lo cierto es que su suerte hasta ahora no es difícil de comprender habida cuenta no sólo de la irregularidad de la película, sino -y sobre todo- de su estrafalaria linea argumental, tan original y demencial como imposible de hacer llegar al público mayoritario, adorador de marcianos que se transforman en coches(1).

Que la película no sea redonda se debe a diversos factores, siendo el primero de ellos el mal endémico que más o menos persigue a toda propuesta extraña que se precie. Tras un punto de partida asombroso, Korine (al igual que Kaufman o Jonze) no es capaz de mantener tan altas cotas de sorpresa, repitiéndose en más de una ocasión y dando la sensación de perder de vista el horizonte. Es lo que sucede cuando lo inesperado de la novedad desaparece.
Tampoco ayuda la neta fragmentación argumental, que introduce además de la principal, una historia protagonizada por un grupo de monjas de ayuda humanitaria que, y ojo que puede considerarse como SPOILER, se tiran de aviones sin paracaídas sobreviviendo al posterior impacto Fin del SPOILER. Más allá de la originalidad de esta alternativa, lo cierto es que jamás parece claro si habrá conexión entre los dos entramados, ni el peso que se le quiere otorgar a la segunda línea argumental (que por cierto, protagoniza Werner Herzog) por lo que nunca acaba de cuajar y sus minutos se convierten en verdaderos entorpecedores del desarrollo, en especial si tenemos en cuenta que el mensaje final es idéntico en ambos casos.


Pero el que quizás sea el peor de sus males se encuentra personalizado en la figura del propio director. Como le sucediera a Jonathan Demme en su "Rachel at the Wedding", Harmony Korine parece empeñado en demostrar que su película es indie, de autor y gafapastosa, y por consiguiente opta por una dirección sobrecargada y excesiva, de corte dogmático y secuencias realmente incómodas para el espectador. El ejemplo más esclarecedor es la caída de una monja desde su avioneta, rodada sin depurar el sonido y por tanto con el constante y atronador zumbido del viento eclosionando en los oídos del inocente espectador. Un ejercicio gratuito y molesto que obliga a quitar, literalmente, el sonido del televisor.

Con todo, la película brilla con luz propia en varios otros aspectos. Primero porque, sin duda, cuenta con la complicidad del público, conocedor en mayor o menor medida de los míticos artistas a los que los que sus pobres imitadores intentan homenajear.
Ello hace que casi de manera involuntaria todos ellos caigan en gracia, incluyendo un Chaplin dictador y ofensivo interpretado brillantemente por Denis Lavant (visto en el segmento "Merde" de "Tokyo!"). La pobreza interior de los protagonistas, la historia que les rodea, esa particular parada de los monstruos en que el grupo se reúne como si de un nuevo Decamerón se tratara, todo ello conlleva al beneplácito que supone toda película con personajes desdichados, por lo que "Mister Lonely" acaba convirtiéndose en una cinta entrañable llena de ternura, sonrisas y lágrimas, por mucho que en ocasiones no dé la talla en este sentido.
Y no la da por el relativo desinterés hacia dichas percepciones, en favor de la búsqueda (si es acertada o no ya depende de cuánto se entre en el juego) de una vertiente lúgubre y opresiva, una sensación de inseguridad y negrura por la que han pasado todos los desequilibrados mentales/sentimentales que pueblan la cinta, convirtiendo así al espectador en uno más de la peculiar banda de actores.

Tal fusión de sentimientos (alegría y dolor, confianza y soledad, livianidad y pesadumbre) queda patente en el gran empaque visual de la cinta, que alterna brillantes y coloristas momentos con otros más oscuros y grises, todo ello presentado con una calidad de fotografía, decorado y vestuario sobresalientes.


Queda por hablar de los actores, cuyos mayores protagonistas son Diego Luna como Michael Jackson y Samantha Morton como Marilyn. Pese a la dificultad de los primeros compases en los que no queda claro si se trata de una actuación excelsa o una burda parodia, al final acaba primando lo primero, pues tanto ellos como el resto de intérpretes (atención al Buckwheat de Michael-Joel del joven Stuart) son capaces de dotar a sus respectivos alter ego de las justas pinceladas de parodia y esfuerzo, alegría y dolor, sentimiento y desnudez -de ánima-. En definitiva, todos ellos acaban resultando humanos y creíbles pese a su excentricidad.

En resumidas cuentas, "Mister Lonely" es una propuesta diferente, y por tanto bienvenida. Brillantemente original y arriesgada, lamentablemente cuenta con más de un tachón que la impiden coronarse como el nuevo fenómeno indie, y de hecho raro será verla en alguna sala de por aquí.
Aun así, se trata de una fábula de mensaje claro pero no banal, con actores realmente acertados y una puesta en escena embriagadora. Respetuosa con sus pseudo-estrellas, vale la pena darle una oportunidad, aunque sólo sea para desatascar las neuronas emponzoñadas en tanto artificio reciente. Eso sí, de las canciones de Jacko (o Madonna, pero a quién queremos engañar) ni una nota.
6,5/10

(1) sí, sigo cabreado con Bay y su última gilipollez, y un poco más y escupo a todo el que la defienda, ¿qué pasa?

Crítica de "Ice Age 3: El Origen de los Dinosaurios", por el Capitán Spaulding

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"El Origen de los Dinosaurios" es la traducción española que recibe "Dawn of the Dinosaurs", curioso teniendo en cuenta que los mamutes y demás llegaron después y que su versión inglesa es un juego de palabras de múltiples combinaciones entre los que se incluye el hecho de que los dinosaurios se encuentren 'debajo' de la superficie.
Sea como fuere, el caso es que la saga "Ice Ige" pega el estirón con su tercera entrega, que para muchos es la mejor de ellas al ganar en espectacularidad, dinamismo y madurez argumental, y por dirigirse de manera algo más directa al público no inferior a los siete años.

Efectivamente, esta es la primera vez que recuerda con algo más de detalle el entramado de la cinta -así como alguno de sus mensajes subyacentes-, que versa sobre el secuestro de Sid por parte de un dinosaurio y la consiguiente búsqueda de sus compañeros, Manny, Diego y compañía. Esto les llevará a un mundo subterráneo, un valle encantado en el que aún sobreviven dinosaurios de todo tipo en un clima cálido, paraíso natural con más de una amenaza.
De aquí ya pueden extraerse los primeros síntomas de cambio direccional, a saber, la excusa que provoca la desaparición del perezoso -envidioso por la inminente maternidad de Ellie, roba tres huevos de dinosaurio- o la preferencia por la acción clásica y sana desde el principio, abandonando (relativamente) el tono edulcorado anterior.


Y es que esa falta de azúcar sumada a velados discursos -casi subconscientes- sobre la locura de la soledad, la envidia o la reestructuración del núcleo familiar acompañan al espectador durante todo el metraje, despertando su interés o por lo menos evitando que se desentienda por completo de ella y se limite a esperar el próximo gag del mamut, las zarigüeyas, el perezoso o la ardillita.
Jugada inteligente: es justamente esta última, el personaje que mejor cae al público, la que recoge las concesiones más abiertamente almibaradas mediante la introducción de una hembra no menos hambrienta de bellota que desatará su locura.
Como contrapunto, el otro invitado estrella de la función. Una tercera ¿zarigüeya? aventurera y completamente tocada del ala (en serio, habla con piedras) se convierte en el amo y señor de la función, gracias a una revitalizante personalidad y un humor más bien socarrón -con algo de delirante- que es el contrapunto perfecto a la troupe protagonista, siguiendo la estela del Gato con Botas de Banderas (no sería de extrañar que el señorito Spielberg se lo tomara mal).

Por supuesto, todo ello presentado con las últimas tecnologías -a nivel técnico también queda sobradamente patente el salto evolutivo- y en riguroso y espectacular 3D, lo cual no hace sino remarcar su distinción en relación a las dos anteriores y confundibles entregas.

Con todo, un servidor no se atreve a decir si realmente se trata de la mejor parte de la (de momento) trilogía. Y es que por más que se aprecie un mayor dinamismo, frescura argumental y voluntad por mejorarse a sí mismos para llegar a los niveles de DreamWorks (Pixar sigue jugando en otra liga), la fórmula comienza a dar síntomas de cansancio, y a la que el guión enlaza dos o tres gags seguidos sin demasiada fortuna, el ritmo se cala momentáneamente.
Afortunadamente, el equipo creativo parece muy consciente de ello, y por ello dota a "Ice Age 3: El Origen de los Dinosaurios" de ciertas pinceladas adultas (alusiones a otras películas, "Parque Jurásico" a la cabeza, sin llegar al empacho de "Shrek"), burras y hasta grotescas (el ordeño de... un toro), más que bienvenidas e incluso necesarias para que los 94 minutos de la película puedan disfrutarse tranquilamente sin avergonzarse por ello. Y créanme, se consigue.

Este nuevo "Ice Age" es un producto espectacular y divertido, disfrutable tanto por adultos como niños, y muy superior a las últimas lindezas de animación aparecidas recientemente (salvo las excepciones que todos sabemos). Si realmente consiguen acabar de revitalizar la saga, bienvenidas sean las futuras entregas que seguro que aparecerán, salvo cataclismo taquillero.
6,5/10

Fallece Michael Jackson

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Según informan diversas fuentes, el Rey del Pop ha fallecido a eso de las 21:30 (hora española) tras sufrir una parada respiratoria en su residencia de Los Ángeles.
Michael Jackson nos abandona a la edad de 50 años, cuando tras un sinfín de problemas y escándalos parecía relanzar su carrera con una serie de conciertos en Londres. Lamentablemente a partir de ahora lo más seguro es que se destapen mil y un trapos sucios del artista, pero espero que no se olvide que Jackson ha sido uno de los cantantes más influyentes de la historia de la música con canción inmortales que siguen marcando a generaciones de aficionados, y como tal debería ser recordado.
Para más información, podéis hacer click AQUÍ.

D.E.P.

Crítica de "Transformers 2: La Venganza de los Caídos", por el Capitán Spaulding

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Con todo el pescado vendido en cuanto a blockbusters se refiere, aún quedaba por ver el más esperado (o casi). La más grande, la más bestia, la película más awesome del verano: "Transformers 2: La Venganza de los Caídos".
El controvertido Michael Bay venía con fuerza, prometiendo en esta secuela mucho más, 'mucho más todo' que diría Pepe.
El problema es que esa afirmación jamás debió verse como un motivo para la esperanza.

La secuela de la exitosa "Transformers" aumenta el número de minutos, pivones (Megan Fox y una tal Isabel Lucas), robots en pantalla, decibelios y efectos... pero también potencia su estupidez hasta convertirse en un bochornoso espectáculo de vergüenza ajena. Una dura hostia en la cara para los que, ilusos, aún defendíamos al director de "La Roca".

La cosa no empieza del todo mal. Tras una (ridícula) introducción en la que se justifica el argumento de la película -mezcla de "10.000" con "El Planeta de los Simios" y "Stargate"-, se nos enfrasca de lleno en el primer Autobots versus Decepticon, una espectacular y sobre todo esperanzadora secuencia que parece clamar: tranquilos, os vamos a dar copones entre robots hasta decir basta. ¡Ah! ojalá fuese cierto.
Lamentablemente, tras ello se destapa una película completamente diferente, una eterna comedia juvenil cargada de gags completamente subnormales, digna de un simio impotente. Chistes sobre los escrotos de uno y de otro, personajes sacados de "High School Musical", robots enervantemente parlanchines que parecen haberse tragado a Jar Jar Binks junto con Marlon Wayans, y el personaje de la madre de LaBeouf a quien directamente deberían ajusticiar.
Todo ello hace que un espectador con algo en el cráneo (y a tenor por lo vivido en la sala, no son muchos) sufra de lo lindo, en plan sudores fríos y todo, queriendo marcharse de la sala pero conteniéndose al pensar que antes o después aparecerá Optimus Prime y le zurrará a alguien.
Pero los minutos pasan, el cabreo y los soplidos de desaprobación aumentan y de robots, a parte de cuatro cretinos del tamaño de una tostadora (literalmente) poco o nada. Y mejor no me hagan hablar del humanoide en plan "Terminator 3", mera excusa para que el señorito Bay eche por la borda unos cuantos dólares más sin aportar absolutamente nada de nada al argumento (bueno sí, ver a la Fox en plan pucherito).


Cuando por fin vuelve la acción robótica -la de verdad, la que todos hemos pagado por ver-, la esperanza se reactiva: queda todavía una hora y pico por delante, y ya empieza lo bueno, a partir de ahora todo será brutal, ya lo veréis. De hecho, la segunda entrega de Autobots versus Decepticon resulta con total seguridad lo mejor de la película, momentos espectaculares y vívidos en que los robots gozan de lo que les falta a sus vecinos de "Terminator Salvation", ya que dan la sensación de estar ahí, de tener volumen físico.
El propio Bay parece despertar de su enajenación y se recrea en la secuencia, demostrando además algo más de calma para que sus detractores no puedan decir eso de que no se entiende nada con tanto montaje.

Lamentablemente, todo ello no es más que un mero espejismo. La película jamás abandona su infantilismo galopante y total ridículo (a su estupidez general se le van sumando patriotismos de tres al cuarto, por cierto) y mientras prosigue hacia su deseada conclusión, todos los males reaparecen de la mano de más chistes sobre testículos (o peor), más robots graciosetes/torturables, y mayor cabreo del personal.
Por si fuera poco, el capítulo final de Autobots versus Decepticon, pelea apoteósica con mil y un robots de ambos bandos incluyendo una espectacular y gigantesca máquina -de ciertos parecidos a los Power Ranger- tiene lugar en pleno desierto de Egipto y muy bien, se rompen cuatro columnas y un par de pirámides, pero no nos engañemos, esa pelea tenía que haber sucedido en pleno Manhattan como mínimo.


Al final, dos horas y media después de que se apagaran las luces de la sala, lo que queda es un auténtico horror cinematográfico, un remake de la primera parte para retrasados mentales -con todos mis respetos- que tiene incluso la poca vergüenza de concluir exactamente igual que aquélla. Apenas uno o dos chistes tienen gracia, siendo por lo general estorbos para cortar de lleno el subidón de los escasos momentos de tollas, y sólo uno de sus personajes (humanos y no) resulta mínimamente salvable, o último en la fila de justiciables (Shia LaBeouf).
Sumando minutos, algo que puede hacerse tranquilamente a lo largo de su visionado, puede destacar a lo sumo un cuarto de hora de esta "Venganza de los Caídos", popurrí de otras cintas y de imbecilidades descontroladas. Todo lo demás es, digámoslo ya, una auténtica basura indigna e indignante, válida para conjeturar sobre las sustancias que debieron meterse sus guionistas. ¿Lo peor? Que prometen tercera parte...
Blutarsky le da un 2. Yo un 1/10, que son esos (15 de 150) minutos que valen la pena.

Crítica de "Transformers 2: La Venganza de los Caídos", por John Blutarsky

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Suele ser un recurso habitual y bastante manido utilizar el siguiente argumento para ejercer el noble arte de cargarse una película: "Es un insulto hacia la inteligencia del espectador". O "se dirige al espectador como si tuviera cinco años". Pues bien, por esta vez, y sin que sirva de precedente, con "Transformers 2: La venganza de los caídos" estas afirmaciones son acertadas o incluso se quedan cortas. Es más, "Transformers 2" no es que sea un insulto a la inteligencia del espectador, es que lo presupone carente de dicha inteligencia, aunque a juzgar por las francas risotadas y campechanas expresiones de placer que se oían por la sala durante la proyección, parece que los perpetradores de esta... "cosa" no van demasiado desencaminados.
"Transformers 2" no es más que una versión longer, bigger... and biggerer de su predecesora; la hermana mayor que, incapaz de ofercer algo mejor (vamos hombre... ¡no era difícil!), ofrece lo mismo pero en mayor cantidad. Es más bestia, más ruidosa, más espectacular, más espídica. Y más vacía si cabe. Y en consecuencia, la auténtica ensalada de píxel que se nos propone empacha hasta la nausea, marea e irrita, todo a la vez.
Más calificativos: mastodóntica, hiperbólica, abusiva hacia el espectador. Michael Bay se ha pasado con la nandrolona sin consultar antes al encargado del gimnasio, sí, aunque también hay que decir que ha despachado su nuevo juguetito de manera consecuente con su contenido. Es decir, como si fuera una enorme máquina de fábrica. En otras palabras, acabamos de descubrir que Bay no es ese californiano amante de la velocidad y la adrenalina que todos habíamos creído, sino un sofisticado y moderno programa de ordenador.

Sí, queridos lectores, el MichaelBay9000 ha resultado ser una inteligencia artificial más artificial que inteligente creada única y exclusivamente para montar productos en serie, minimizando el factor humano y potenciando la cacharrería de lux, con unos protocolos de programación que pasan por generar mecánicamente unas secuencias preestablecidas, léase meteoritos que caen en medio de metrópolis (Nueva York, París, Roma o la capital intercambiable de turno), portaaviones tocados y hundidos al más puro estilo Pearl Harbor y destrucción variada de patrimonio de la humanidad, en este caso, los vestigios arqueológicos de Petra. (No, no estableceremos paralelismos entre este momento y la parte final de "Indiana Jones y la última cruzada" -vía Shia LaBeouf- porque nos parecería sentimentalmente obsceno)

El lote lo completan un humor que haría las delicias de cualquier alumno de parvulario (del nivel de "se me están chafando las pelotas"); una imaginería de encargado de garage de túning nen-cómo-mola-el-Camaro-amarillo-nen; una tropa de mini-robots que se dirían salidos de la mente de un Geroge Lucas con empacho de Happy Meal; varios momentos de salvaje mecha-gore; un diseño de sonido que parece creado por Chimo Bayo; y una colección de muñecos semovientes a los que podríamos llamar, por decir algo, "personajes". Y todo aderezado con la habitual galería de tics de Bay (montaje picado, filtros sobre filtros, planos aberrantes).


Para colmo, "Transformers 2" resulta imperialista (los no-yankis son representados como europeos devoradores de repugnantes babosas con cáscara o moros troglodíticos que no ven más allá de la chilaba) y machista (todas las mujeres que aparecen son meros objetos sexuales, más salidas que un mandril -caso de Megan Fox- o directamente idiotas, -la madre brain damaged de Shia LaBeouf-). Y encima atufa a republicana.

Termino destacando una secuencia en concreto, aparentemente intrascendente, pero que resulta definitoria y resume bastante bien la idiosincrasia de "Tranformers 2": tenemos por un lado a los protagonistas, escapando frenéticamente a través del campus universitario. Y a cierto transformer por el otro lado persiguiéndolos como una terminatrix cualquiera para acabar con sus vidas. En un momento concreto, la persecución llega a la biblioteca, donde se desata una carnicería con los libros que reposaban apaciblemente en sus estanterías. Resultado, páginas y páginas de conocimiento volando por los aires y carbonizadas alegremente bajo el pie aplastante del todopoderoso señor Bay.

Porque por lo menos da lo que promete (esto es robots atoñándose con otros robots), le cae un 2/10

(Por cierto, y como postdata: me ganaré enemistades, pero no salvo ni a la Fox, que está buena hasta que te sangren los ojos, pero no deja de ser poco más que una versión sobrehervida de Angelina Jolie)

Crítica de "Piraña II: Los Vampiros del Mar", por el Capitán Spaulding

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Venga, digámoslo todos bien alto: ¡Qué mala es "Piraña II: Los Vampiros del Mal"!
Muy bien, es verdad. Vista a día de hoy, la secuela de "Piraña" (Joe Dante, 1978) puede resultar ridícula por muchos motivos.

Con unos efectos especiales que recuerdan a los peores momentos de Roger Corman, los peces voladores (sí, sí) no asustan a nadie -como tampoco lo hacían los peces a secas de la primera parte, y hay que echarle algo de imaginación para aceptar que sus víctimas sean incapaces de huir de semejantes bestias marinas, más lentas que un zombie cojo y que, supongo que por miedo a que se entrecruzaran los cables que las sostenían, se aproximan a sus presas de frente y en línea recta. Vamos, que recuerda: si te encuentras ante una situación similar, sólo con echar a correr en otra dirección ya estás salvado, ¿vale? Que luego no se diga que no avisé.

Para más inri, a la ridiculez de su punto de partida y de su realización tecnológica cabe añadir unas actuaciones de película porno (sálvese a Lance Henriksen, por su mito más que otra cosa) perfectamente acordes a la banda sonora, que si se cierran los ojos durante la proyección podría transportar al espectador a un ascensor de hotel.
Y ahí no acaba la cosa. El guión es una fotocopia de "Tiburón", "Piraña" y demás películas con bicho (acuático o no), por lo que a nadie le interesa lo más mínimo ni cualquier información sobre los personajes (la familia dividida, las putarronas borrachas, los afroamericanos mártires, el típico dueño de resort/hotel/camping más preocupado por sus ganancias que por la seguridad de su clientela...), ni las excusas que van llevando el argumento a su inevitable enfrentamiento entre 'hordas' de peces y humanos desprotegidos.
Y si todo ello se presenta con un montaje denunciable cargado de errores de continuidad y bruscos cortes que incluso cercenan la banda sonora en pleno auge, ya tenemos la excusa perfecta para que todo listillo que se precie se ensañe con la película cual piraña hambrienta.
Cierto es que este último punto trae cola, pues según se dice los productores -italianos- de la película no estaban contentos con el trabajo de su primerizo y desconocido director, un tal James Cameron, por lo que la remontaron a su gusto, con el futuro padre de "Terminator" colándose en el estudio para re-remontar lo que podía. Chapuza al canto, y excusa para alabar el trabajo de uno de los grandes del cine y despotricar aún más sobre su ópera prima.


Ahora bien, ¿qué pasa si se ve la película a sabiendas de todo este background informativo? ¿Si se ajustan las expectativas y se intenta ver no como una obra maestra frustrada (!), sino como una serie Z casposa y cutre como cualquier otra y digna de ver entre amigos, con alguna copa de más o en una noche de verbena?
Si realmente se consigue, si se inserta el DVD en su correspondiente aparato reproductor pensando en lo bochornoso que va a ser el espectáculo... la verdad, la cosa no está tan mal, ni mucho menos.
Porque "Los Vampiros del Mar" es honesta desde sus primeros compases. Un prólogo previo a los títulos de crédito (que son lo mejor de a película) pone en situación al espectador anunciando mediante su previsibilidad, cliché y torpeza artística lo que le deparan los siguientes 90 minutos: mar, muerte, cutrez, peces, sangre y tetas.

A partir de ahí se hilvana una película previsible y simplona pero de total regocijo pasados sus primeros compases, algo lentos e intrascendentes (todos queremos ver a las pirañas en acción, y nos la repanfinfla quién es quién).
Y es que a diferencia de su sobrevalorada antecesora, "Piraña II: Los Vampiros del Mar" aumenta sus dosis de acción y terror (y tetas), con escenas gore mucho más explícitas, sustos ridículos en su concepto pero logrados en su resolución (atención al bicho saliendo de las entrañas de una víctima: ¿ya sabía Cameron por dónde iba a ir su carrera?), y en definitiva da lo que una película así promete, efectos especiales chuscos incluidos.
De este modo, rara vez se antoja aburrida -aunque su interés pueda provenir de la risa que causa alguno de sus momentos- y la verdad, nada tiene que envidiar a otras propuestas de serie B mucho mejor consideradas.
Porque, ¿qué más da que la piraña esté mal hecha, sujeta por cables o directamente por extras fuera de plano, si atacará directa a la yugular con grandes chorros de sangre inundando todo?


Que quede claro que no estoy justificando, ni mucho menos, sus grandes fallos, su torpeza o pobreza general. Del mismo modo, no recomiendo a nadie su visionado, a no ser que se interese por las películas de estas características, de tipo fantástico, terrorífico, ochentero, cutre o como se quiera definir.
Lo que sí hago es colocarla a la altura del resto de producciones del estilo, siendo peor en algunas cosas pero mejor en muchas otras, siendo la generosa cantidad de escenas de muertes y ataques la más importante (otra cosa es cómo estén hechas).
Así, el verdadero motivo de la ardua condena que ha sufrido "Piraña II: Los Vampiros del Mar", película maldita, reside en el dolor que puede provocar pensar que un tipo como James Cameron haya empezado su carrera como un Joe Dante cualquiera. De buen seguro, si la hubiera filmado cualquier otro director hubiera pasado que su antecesora, como un mero entretenimiento B con, incluso, la osadía de mejorar algunas de las (pocas) virtudes de aquella.
5,5/10 (empate técnico aunque ésta es mucho, mucho más divertida que la primera)

Crítica de "Te Quiero, Tío", por el Capitán Spaulding

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John Hamburg no le suena de nada a nadie, pero yendo a rebuscar en su filmografía nos encontramos con que es el guionista de "Zoolander", "Los Padres de Ella", "Los Padres de Él", "Y Entonces Llegó Ella" (que también dirigió). Además, actualmente se encuentra inmerso en la escritura de la tercera entrega de la saga de los Fockers, que llegará en el 2011 y supondrá la enésima colaboración de Hamburg con Ben Stiller (y bienvenida sea).
"Te Quiero, Tío" es su segundo largometraje como director, del que también se encarga de guionizar junto a Larry Levin ("Doctor Dolittle" 1 y 2...). Y aunque por él no aparezca el nombre del omnipresente Judd Apatow (ni el de Kevin Smith), la película se cuela tranquilamente en la liga de nuevas comedias (románticas) para tíos aunque, eso sí, sin llegar a la altura de "Lío Embarazoso" o la reciente "¿Hacemos una Porno?".

El principal problema de "Te Quiero, Tío" es su total y hasta desconcertante intrascendencia. A diferencia del resto de comedias (decentes) que pueblan las carteleras de los últimos años, la que nos ocupa no es más que un exploit puro y duro de la Técnica Apatow, y tras el aparentemente novedoso punto de partida -una futura esposa fuerza a su novio a que conozca a amigos varones y se comporte como a un hombre de su edad le correspondería- se esconde un argumento terriblemente plano y manido, siendo tan previsible como, en consecuencia, falto de interés.
Eso hace que los 105 minutos que dura la película provoquen más de un altibajo rítmico, pues nada justifica tal alargamiento en una trama que habría cabido perfectamente en la hora y media de rigor que según aquél deberían durar todas las comedias.



Ahora bien, una cosa no quita la otra y "Te Quiero, Tío" sigue siendo pese a todo una comedia de lo más divertida, gracias principalmente a la gran faceta cómica de Paul Rudd. Con toda la película centrada en su personaje (rara vez desaparece de la pantalla), el novio de Phoebe se hace tan adorable como gracioso, dosificando tics y estudiando al milímetro su papel.
Con este panorama, el tándem Segel-Rudd funciona a las mil maravillas desde su primer encuentro (tan bien como el de Rudd y la adorable Rashida Jones, pareja perfecta), con grandes momentos de lo más variopinto que se mueven de la brocha gruesa a la austeridad y naturalidad propia de una relación de amigotes.

Y es que de hecho, una de las grandes virtudes de "Te Quiero, Tío" reside en su combinación casi perfecta entre humor grueso y sofisticado, lo granguiñolesco (la guerra de cervezas) y lo verosímil (la relación de los novios). Vamos, precisamente lo que distingue a las películas made in Apatow del resto, y cuya lección tan bien ha aprendido recientemente Kevin Smith.


Fijando como único objetivo el humor por el humor, Hamburg y compañía dan en la diana y convierten a su película en un refresco absolutamente disfrutable para una tarde calurosa, aun a sabiendas de que, tal y como se enciendan las luces de la sala, se corre el riesgo de olvidar por completo cualquier atisbo de argumento. Aunque quién sabe, puede que sirva como manual de instrucciones para alguna que otra novia preocupada por lo que hará su chico cuando queda con sus amigos. Sea como sea, los que sí quedarán en la memoria son el concierto privado de los dos protagonistas, el perro de Segel, la partida de golf, los personajes secundarios (geniales del primero al último, con Jon novio de Mónica Favreau y Jamie Pressly a la cabeza), la pelea con Hulk o el vocabulario infinito de ridículas expresiones del que Rudd hace gala... que por supuesto, sólo puede resultar gracioso si se ve en versión original ¡pánico me da su doblaje!
6,5/10

Reseñas breves TV, por John Blutarsky

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Queridos amigos, la fiebre del High School Monster Mash no está agotada, y parece tener cuerda para rato. Aún queda sangre en el gotero de plasma por exprimir. Y yo con estos pelos descrepados. Al pelotazo vampírico ("Crepúsculo", "Moonlight", "True Blood", la futura "The Vampire Diaries"), ahora se suman hombres lobo (atentos, próximo estreno de "The Wolf Man" con Benicio del Toro) y espectros en pena en BEING HUMAN, una propuesta de la pérfida Albión, vía BBC 3, quien no podía ser menos y se sube oportunamente al carro del éxito pubescente.
Sin embargo hay que decir que esta es una versión algo más hardcore y adulta (los protagonistas, adolescentes ya no física aunque sí mentalmente, beben, fuman y follan más), pero al mismo tiempo no rehuye las convenciones de la dramedia juvenil: amistades férreas, amores, desamores y des-desamores inverosímiles, problemática postadolescente variada... de hecho, se acaba echando mucho de menos el componente terrorífico, minimizado frente a otros elementos más familiares, no sea que el público potencial (esto es, la muchachada preteen) pase demasiado miedín y no se sienta suficientemente identificado con las tropelías de George, Mitchell y Annie.
Pero al César lo que es del César. Que cosas buenas no le faltan, cuidado. Por ejemplo, tiene la mínima decencia de no colarnos los insufribles hypes de rock radiofórmula del momento, y nos regala algunos clásicos del pop británico de-ayer-y-hoy (suenan los Smiths, Pulp, Joy Division o Soft Cell... Gilbert, bendito personaje) y hasta tiene el detallazo de incluir un tema de nuestro adoradísimo Johnny Cash durante más de tres segundos (conté cuatro o cinco).
Tiene algún que otro ramalazo de ingenio y algunos diálogos chispeantes (ejemplo: los protagonistas, hombre lobo y vampiro, están viendo por la tele "El fantasma de la ópera", versión Lon Chaney, cuando uno de ellos suelta "antes solía considerar esto lo máximo, pero ahora me parece algo de Ken Loach"). Pero hay también contradicciones argumentales que le restan verosimilitud (no pasa nada si nos saltamos la regla de que la luz solar mata a los vampiros, pero en cambio hemos de ceñirnos estrictamente a que el lobo sólo pueda manifestarse cuando hay luna llena, esto es... ¡una vez al mes!) y tiene una puesta en escena algo hortera, de nuevo más cercana a la comedia juvenil que al terror o al fantástico.
Para colmo el tan cacareado confrontamiento climático, intento de trama vertebradora de toda la serie, finalmente queda en nada de nada, en una promesa incumplida, en una expectativa torpemente satisfecha.
Una de cal y una de arena, pues. (Y sea como sea, una nueva ocasión perdida de explorar las posibilidades infinitamente obscenas y escatológicas de la relación entre vampiros de hormonas enloquecidas y la sangre menstrual de jovencitas desatadas).
Vista y olvidada.
Pero no os inquietéis, que ahora empieza lo bueno.

Porque harina de otro costal es DEAD SET.
A diferencia de "Being Human" o de recientes propuestas como la muy justita "Survivors", "Dead Set" (emitida en E4) sí se atreve a meterla hasta el fondo, provocando con ello una sangría de proporciones muy, muy considerables. Qué demonios, esto es la mayor salvajada en formato serie que haya tenido oportunidad de ver jamás en televisión.
La idea, presentada en cinco capítulos que se ven en un suspiro, es simple y contundente: en el contexto de una nueva edición del Gran Hermano británico se desata una pandemia zombie, con lo que los concursantes y algunos miembros del equipo se ven obligados a parapetarse tras las paredes de la televisiva casa de plexiglás. Punto.
A partir de aquí, nada más. Y todo. "Dead Set" es pura fibra y todo nervio, no tiene grasa, ni tampoco lleva guarnición. En cada ataque zombie la realización se hace eléctrica y supura sangre y bilis en cada plano (no no, literalmente quiero decir), no contempla la sutileza y desconoce el concepto "fuera de campo". Y en los momentos intermedios tensa la cuerda de la espera y la incertidumbre perra nos muerde implacable el estómago.
"Dead Set" no pretende tanto ofrecer una visión novedosa del zombie (se ajusta al modelo clásico, tendiendo a la propuesta reciente de Danny Boyle) como de llevarlo a un contexto inexplorado, casi casi a través de la hibridación formal de géneros. De modo que funciona mucho mejor si se ha tenido un mínimo contacto con todo el aparato Gran Hermano, sus tics, sus trucos de culebrón, sus convenciones y su condición de operta pseudorealista, pseudosociológica y pseudotodo. En este sentido llama la atención comprobar cómo los niveles de agilipollamiento global que desprende todo el entorno del dichoso reality son exactamente los mismos aquí que en Gran Bretaña.
Momentos memorables, a palas: empezando por el zombie en la piscina, el posible nuevo uso para un extintor, los numerosos momentos en que la auténtica amenaza son otros humanos no infectados (de esto Robert Kirkman sabe lo suyo), el minuto de gloria del zombie en silla de ruedas o la enumeración de cosas que se han terminado abruptamente por culpa de la plaga (por favor, si toda la humanidad debe morir de forma horrible y repentina, que sea cuando ya haya terminado "Lost". POR FAVOR)
Resumiendo. Tenemos un drama de terror animal, sucio y desquiciado, una atmósfera pútrida, litros de sangre y vísceras, sesos desparramados con facilidad pasmosa, personajes odiosos que (oh sí) vemos morir salvajemente, una progresión dramática de auténtico infarto (concretamente el último capítulo es de traca) y, en fin, una de las mejores producciones del género en los últimos años.
¿Metáfora de un panorama televisivo plagado de personalidades teledirigidas y audiencias anestesiadas? No, señores, esto es un reflejo realista, sólo que con algo más de casquería.
Esta vez sí es para tirar cohetes (el viejo George está en su cabaña de Toronto padeciendo sudores fríos)

Y si "Dead Set" es uno de los mejores productos de terror de los últimos meses, RED RIDING (Channel 4, también conocida como "The Red Riding Trilogy") es uno de los mejores productos, a secas.
Se trata de un crudísimo neo-noir, violento y más seco que la mojama. Tres episodios que transcurren en tres años (1974, 1980, 1983), para tres investigaciones criminales que comparten algunos personajes y algo más. Tres historias que son una, y que forman una extensa trama, densa y compleja, modalidad Puñetazo Estomacal, porque esto duele y sangra por dentro, amigos. Mucho.
Aquí hay casos reales de asesinatos infantiles en la Gran Bretaña de mediados de los 70 (en los que se inspiró David Peace, autor de las novelas -cuatro, en realidad- en las que se basa la serie) y una colección de personajes a un paso de la autodestrucción poblando tal escenario. Gente que se cree importante, pero que pueden caer como moscas si la situación lo requiere, porque señores, cuando hay corrupción e intereses chungos de por medio, you better don't mess with the big guys. En otras palabras, una visión pesimista de los engranajes de un sistema que lo corrompe todo, del vecino más próximo al más alto cargo de la policía, y que se lleva por delante como una locomotora a quien se ponga de por medio.
A nivel técnico, perfecta. La realización (de tres directores distintos, uno para cada episodio), muy competente y a menudo sobresaliente, con composiciones de plano en todo momento tensas e incómodas, respaldadas por una iluminación y una fotografía descaradamente turbias.
Las interpretaciones siempre contenidas pero viscerales (la tortura a la que se somete el protagonista de la primera historia no la veíamos por lo menos desde las épocas de Nate Fisher). Y un argumento tallado con escalpelo, con unos diálogos que podrían haber salido perfectamente de la mente de un James Ellroy.
Y si aún os queréis hacer una idea más aproximada, en estas coordenadas se mueve: Recuerda a "Zodiac", pero sin dejarse vencer por el hastío. Está en la línea fatalista del cómic "Criminal" de Ed Brubaker y Sean Philips, pero ambientada como "Life on Mars". O podría ser la adaptación perfecta de un Henning Mankell a la inglesa, solo que sin ningún Wallander resolviendo la papeleta.
En cuatro sílabas, co-jo-nu-da. En varias sílabas más, invertid cinco horas de vuestra vida, porque 2009 merecería ser recordado sólo por cosas como la trilogía de "Red Riding".

Trailer de "2012", lo nuevo de Emmerich

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Aunque parezca mentira, esta no es la secuela de "El Día de Mañana", sino algo completamente distinto de su director, Roland Emmerich, especialista en quemar cantidades insultantes de dinero en producciones generalmente horrorosas.
Aquí, por lo visto en el trailer, todo apunta a lo mismo que en su día pasó con la antes citada "El Día de Mañana": efectos la mar de chulos para un argumento de tv-movie de domingo por la tarde. Veremos si el equipo formado por por John Cusack, Amanda Peet, Woody Harrelson y compañía es capaz de sorprendernos. De momento, ahí va su ¿esperado? trailer.

Trailer de "The Goods: Live Hard. Sell Hard"

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Así de sopetón, este título puede que no le diga nada a nadie, cierto. Pero con sólo ver los primeros segundos del trailer que viene a continuación, queda patente su justificación en el blog. La espera se hace larga, aún queda un mes enterito para la sexta temporada de "Entourage" ("El Juego de Hollywood" o "El Séquito", según la cadena)... ¿qué mejor manera de calmar el mono con una ración de Jeremy Piven on fire?
Por si fuera poco, por la película que nos ocupa pululan nada menos que Kristen Schaal (la Mel de "Flight of the Conchords"), David Koechner, Craig Robinson y Ed Helms("The Office"), Will Ferrell, Tony Hale (Buster en "Arrested Development"), T.J Miller ("Carpoolers") y Ving Rhames entre otros.
Tras ella, se encuentran los creadores de "El Reportero", "Pasado de Vueltas" y "Hermanos por Pelotas", además de varios de los guiones del programa humorístico (americano, no español) por excelencia: "Saturday Night Live".
Habrá que esperar al 14 de agosto para verla en los USA.

Comentario de "El Monstruo de Tiempos Remotos", por el Capitán Spaulding

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Ah, la década de los 50. Guerra Fría, conflictos de todo tipo en medio mundo, temor por la posibilidad de una III Guerra Mundial atómica, descubrimientos y carreras espaciales. El escenario perfecto para el sci-fi catastrofista y sermoneador.
Es la década de Godzilla, de los cangrejos y escorpiones gigantes y de naves espaciales que emiten ultimátums a escala mundial. Y todo por culpa de nuestros científicos locos, su experimentos nucleares y correspondientes cagadas monumentales (¿es que nunca aprenden?).

Para descubrir el origen de este género cinematográfico, que el buen amigo John Blutarsky define como Peli Con Bicho (a lo que yo añado radiactivo), nos tenemos que remontar al 1953, año en el que "El Monstruo de Tiempos Remotos" hace su aparición en pantalla con el nombre de un tal Ray Harryhausen entre su equipo técnico.

Su argumento es bien sencillo y consabido: un experimento nuclear en el Polo Norte o similar acaba despertando a un rhedosaurio (ahí queda eso) de muy malas pulgas, que se empeña en cargarse Manhattan hasta que alguien haga algo para evitarlo. El problema es que, para variar, ningún arma del ejército americano es suficiente para detenerlo.
Una vez más, como venimos diciendo desde que nos pusimos con los monstruos gigantes en La Casa, el nivel de sorpresa de esta clase de películas depende del orden en que se vean siendo su argumento, al final y de manera inevitable, lo menos importante. Y por mucho que se le atribuya el reconocimiento de haber dado el pistoletazo de salida (y ojo, que la historia original es de Ray Bradbury), "El Monstruo de Tiempos Remotos" no tiene absolutamente nada que aportar a día de hoy bajo este punto de vista.
No, para distinguir entre las Pelis Con Bicho buenas de las malas hay que centrarse en otros aspectos de diversa índole, y afortunadamente, son varios los factores que hacen de la que nos ocupa la gran joya del género que es -y que siguen haciendo de su visionado una grata experiencia.


Desde luego, el primero de ellos radica en la absurdidad de alguna de sus secuencias, que dotan a sus escuetos 75 minutos de un ¿voluntario? humor descacharrante propio de las producciones similares de la época, a medio camino entre la inocencia y la torpeza; escenas del tipo 'uy sí, escondámonos detrás de esta pared inestable situada a menos de un metro del monstruo, que fijo que nos salvamos' aparecen aquí y allá para agilizar de manera más o menos oficial el ritmo de la película, con su mejor momento haciendo acto de presencia bien temprano: uno de los primeros avistamientos del monstruo provoca la caída de un actor extra totalmente... heroica, desde aproximadamente un par de metros de altura nada acordes con su grito desangelado.

Por contra, en relación inversa con lo recién expuesto destaca la virtud de la película por "asustar" mediante numerosas escenas de terror masificado, aquello que hacía tan grande a la primera mitad de la reciente y lograda "Monstruoso". A diferencia de lo que nos han (mal)acostumbrado la mayoría de sus posteriores exploits, el rhedosaurio protagonista del film tarda bien poco en liarla por la ciudad, provocando estampidas de centenares de amontonadas personas y terribles muertes allá por donde pasa. Incluso cuando el bicho llega al parque de atracciones en que se centra la inevitable conclusión, algo alejado del centro, es capaz de crear más destrozos que el más cabrón de sus sucesores.
Y el mérito de esas escenas se debe en su práctica totalidad a la labor de Harryhausen.


Poco importa que sea su (casi)primer trabajo y que se le note bastante chusco en numerosas ocasiones, haciendo uso de un stop motion aún por pulir y algo más brusco que en sus posteriores labores. "El Monstruo de Tiempos Remotos" es una auténtica proeza, un trabajo minucioso y descabellado (para la película se recreó un bicho de 50 toneladas de peso y de tamaño real) con el que el genio tras "Jasón y los Argonautas" se recrea en escenas de destrucción y caos de inapelable hipnosis y logra dotar de una inusitada personalidad y vitalidad al bicho haciendo de él, con diferencia, el más simpático de todos sus similares, con permiso de King Kong. Valgan como ejemplo dos ocasiones, fogonazos de su genio: por un lado su ensañamiento con un navío militar al que decide hundir, y no hay tu tía, y por otro el sentimiento de desazón que se siente al verlo rodeado y aprisionado en la improvisada jaula del parque de atracciones.

Desde luego, al margen de su falta de sorpresa, la película que nos ocupa merece un visionado tanto por su relevancia histórica como -y sobre todo- la genialidad de Harryhausen. Desde aquí no ocultamos nuestra devoción hacia uno de los pocos genios de los efectos especiales que pululan por Hollywood, y "El Monstruo de Tiempos Remotos" no hace sino justificar una vez más nuestros sentimientos hacia él. Y es que resulta mucho más intensa y espectacular que muchos de los productos ultradopados de CGI actuales.

Trailer de "Whiteout"

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Ya hemos hablado alguna vez por aquí de "Whiteout", adaptación del premiado cómic de Greg Rucka y Steve Lieber que dirige Dominic Sena ("60 Segundos") y protagoniza Kate Beckinsale.
Con su estreno previsto en España el próximo 19 de noviembre, ya tenemos a nuestra disposición el primer trailer de la película, que podéis ver a continuación.
Recordemos que su argumento versa sobre la investigación que Carrie deberá llevar a cabo en la Antártida para resolver el misterio tras una serie de inexplicables asesinatos, y que acompañan a Beckinsale Gabriel Match (Spirit, en "The Spirit"), Alex O'Loughlin (de la serie "Moonlight") y Tom Skerrit ("Alien") entre otros.

Yes We Can: 13 Películas Clave del Fantaterror Español, por John Blutarsky. IV- NO PROFANAR EL SUEÑO DE LOS MUERTOS (Jorge Grau, 1974)

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Seguimos nuestro modesto recorrido por lo más celebrado, o no, del terror español con este título de 1974, una coproducción con Italia dirigida por Jorge Grau, rodada en Cinecittà y Madrid, y con un casting y equipo técnico español, italiano y británico.
Sirva a modo de sinopsis la siguiente: un par de jovenes en ruta y de muy buen ver, George (Ray Lovelock) y Edna (Cristina Galbó), se conocen accidentalmente en una gasolinera de la campiña inglesa y se ven obligados a proseguir su viaje juntos. En una parada, recaban en el pequeño y convenientemente siniestro pueblo donde vive la hermana de ella. Pronto, Edna será atacada por un extraño personaje "con todos los signos de un ahogado" (¿?), supuestamente fallecido días antes, al mismo tiempo que George descubrirá cómo un grupo de trabajadores del ministerio de agricultura están exterminando las plagas de insectos gracias a un sistema de ondas sónicas emitidas por un novedoso artilugio mecánico (¡vade retro, progreso!).
El joven relacionará pronto ambos hechos y concluirá que las susodichas radiaciones sónicas han alterado el sueño del ex-cadáver, que se ha levantando de su tumba, y ahora se dedica a atacar al cuñado de Edna y a reclutar de un mausoleo, o fosa común, no lo tengo demasiado claro, a varios colegas de podredumbre, todos ellos hambrientos de carne fresca.
Paralelamente, un apolillado pero eficiente inspector de la policía, sigue el rastro de cadáveres (de cadáveres recientes, me refiero) y concluye que el reguero de muerte tiene el "sello inconfundible" de esos jovenes melenudos que celebran extrañas ceremonias y consumen sustancias narcóticas (sic). Lo que le lleva directamente, en un alarde de pensamiento deductivo, al único melenudo de la zona, que no es otro que George.
En fin, que los muertos se levantan, y a partir de aquí algunas vísceras, una torpe investigación criminal y un final trash en el que básicamente, ojito con el SPOILER, muere todo el mundo. FIN SPOILER


Es esta una película interesante por varios motivos. De entrada, porque fue un clarísimo ejemplo de cómo explotar el modelo George A. Romero sin que se vieran demasiado los costurones marketinescos. Muchos son los elementos que remiten a las películas del realizador neoyorkino. Desde la propia caracterización de los zombies (maquillaje, -ejem- expresividad corporal), hasta los puntos gore (los muertos "hunden" sus manos en abdómenes para extraer de ellos, a lo salvaje, grandes dosis de casquería variada) o el final, en el que como comentaba (recuerdo, SPOILER) no se salva ni la suegra del apuntador y que nos lleva directamente al de "La noche de los muertos vivientes" (George A. Romero, 1968), donde hasta el último superviviente no-zombie acaba muriendo, en su caso de un escopetazo propinado por un agente de las "fuerzas del orden". Muy no future y todo eso, aunque aún faltara algún añito para el nacimiento oficial del punk. FIN SPOILER
Pues bien, ese pesimismo desesperanzado también está presente en "No profanar...", y además se ve puntuado por un último plano en que la dichosa máquina causante de todo el desaguisado nos "mira" desafiante, casi luciendo una bonita sonrisa mecánica, mientras nos dice que como no busquemos soluciones, seguirá provocando el caos a sus anchas.


Porque este es el mensaje, simplón y algo naíf visto hoy día (me planteo si también en la época), que quiere transmitir la película. El control descabellado de la naturaleza por parte del hombre nos llevará al desastre. Un mensaje ecologista sencillo que sin embargo se pone en duda al mismo tiempo que se va viendo la película: ¿no será todo esto una coartada argumental para mostrarnos un exploit puro y duro de zombies?

Pues sí, eso podríamos llegar a pensar en un principio. Pero ah, en la película aparecen varios elementos que le dan empaque más allá de su condición de refrito. Porque sí, digámoslo ya, la película sabe un poco a reciclado. De Romero, y también en cierto grado del giallo italiano y las películas europeas de terror de bajo presupuesto y altas pretensiones.
Refrito de todo ello, pero como digo, refrito digno: Y aquí entra el tema de la ambientación y la atmósfera. Como era de esperar, muy cuidadas.

Desconcierta que teniendo una realización tan torpe la película resulte tan efectiva a la hora de crear mal rollo en ciertos momentos, entre los que destaca el de la resurrección de los cadáveres. Se trata de una secuencia sin música en la que sólo oímos inquietantes efectos sonoros, básicamente el aullido del viento y la respiración dificultosa y gemidos de los zombies. La fotografía es oscurísima y logra que sintamos la noche en nuestras carnes pese a ocurrir todo de día (en serio), incluso cuando los protagonistas salen de la fosa y vemos el cielo, totalmente encapotado. Un cielo muy british, por otro lado (súmenle un punto a la columna "ambientación").
El resto de la película prácticamente carece también de música excepto ese siniestro tañido que hace las veces de banda sonora. Todo crea una sensación de lentitud, de parsimonia
, acorde con los movimientos de los zombies y que logra hacernos olvidar la evidente ineficacia del director a la hora de rodar las escenas de acción (que alguna la hay, aunque cueste verlas), y no digamos de montarlas.


"No profanar..." es una película, pues, lastrada por las limitaciones y defectos habituales del momento, pero que genera una inquietud considerable y que pronto se instala en el cerebelo del espectador -sección Entrañabilismo-, de quien se gana su cariño. Vamos, que no sé qué extraño influjo ejerce sobre mí, pero me resulta un perfecto filme imperfecto que me roba el corazón.

A quien esto no le haya convencido (eh, no os culpo), decirle que además de lo explicado, sale una niña con síndrome de down (llamadme políticamente incorrecto ¡pero pueden dar mal rollo!), un bebé ensangrentado, que siempre mola, y el descuartizamiento de una secretaria insoportable, previo magreo y desgarro mamario.

Desconozco si se trata en definitiva de un homenaje planteado ya desde un principio como tal o de una incapacidad para salirse de un modelo establecido, reconocido y respetado, pero por lo que a mí respecta prefiero no cuestionarme sus motivaciones. Que a veces en la ignorancia se vive más feliz.

"Martyrs" se estrena en Italia

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Lo que son las cosas.
De todos es sabido que por mucho que en España contemos con más de un festival de cine fantástico y de terror (siendo Sitges y San Sebastián sus principales abanderados), la mayoría de películas de este género son maltratadas ya sea perdiéndose en las estanterías de las distribuidoras (si es que llegan a interesarse por ellas) o estrenándose con años de retraso, y en formato televisivo de calidad cuestionable en su mayoría. Valgan como botones de muestra los casos de dos películas completamente dispares entre sí, vistas en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya... del 2007: "The Fall" y "Teeth".
Poco importa la disparidad entre ambas, que de terror tengan poco, y que encima la primera de ellas haya sido de lo mejor que ha pasado por una pantalla en los últimos años.
Bajo el título de "The Fall: el Sueño de Alexandria", esta última se estrenó en España el 14 de noviebre del 2008, casi tres años más tarde de su primera aparición a uno de su pase por Sitges.
Y ha tenido suerte, pues tras "Vagina Dentata" (traducción realmente poética...) se esconde "Teeth", comedia negra aplaudidísima estrenada directamente en DVD hace apenas unas semanas, con la imagen recortada para ajustarse al 16:9 de las televisiones y de una calidad realmente decepcionante.

Y esta es sólo la punta del iceberg, pues aún se esperan noticias de "À l'Intérieur", "Frontiére(s)", "Vinyan", "Synecdoche, New York" (de Charlie Kaufman) o "Martyrs", la gran revolución del pasado festival catalán.

Quién iba a decir que en Italia, país de la censura televisiva de la que tanto se habló en España -con el único objetivo de glorificar a la tele nasioná y al gobierno, faltaría más- se iba a poder disfrutar de una cartelera mucho más abierta de horizontes a la par que menos contaminada de cerebros en fuga y salidorros mentirosos (y gordos). Os explico.
Hace ya unos veranos, me encontré, para mi sorpresa, con la edición especial de "Wolf Creek" en un pueblucho veraniego de apenas 40.000 habitantes (y por unos 5 eurillos de nada), mientras que aquí ni se había oído hablar de ella; el asombro se agudizó cuando pude ver en pantalla grande "Phone", cinta de terror japonesa que aquí, por supuesto, se estrenó directamente en DVD.
Pues bien, ahora le toca el turno a "Martyrs", que el pasado 12 de junio se estrenó, íntegra y sin cortes, en las salas italianas. El gran éxito francés consigue así algo más de punch fuera de su país de origen (en los USA se estrenó directamente en DVD), lo cual podría abrir el camino a una cartelera española esperanzadora, pero mucho me da que poco importa lo que suceda más allá de nuestras fronteras.
Aquí estamos la mar de contentos con las memeces española(da)s que nos vomitan las productoras de manera inagotable, de las que uno ya no sabe si son un éxito de manera natural o debido al incesante bombardeo de publicidad que reciben. Y no me hagan hablar del espectador nacional-borrero o de las retransmisiones futboleras de Antena 3.
Culpables unos y otros por partes iguales, al final los números mandan, y si "Fuga de Cerebros" destroza de manera tan escandalosa a la última joya del blockbuster americano (¡vayan a ver "Star Trek"!), ¿qué interés pueden tener nombres como George A. Romero o Alexandre Aja?

Y es que, eh, tío, cómo mola, se le ven las tetas a la tía de "Sin Tetas" jojojo, vamos a verla todos en tropel y asín nos tiramos palomitas hasta que se desnude. ¿Esa en inglé? Ya me la bajaré, que fijo que algún frikins la graba en vídeo. Ay, endevé cómo me has puesto con la' palomita'. En fin.

Crítica de "¿Hacemos una Porno?", por el Capitán Spaulding

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Kevin Smith es un tipo listo. Consciente del agotamiento de su fórmula personal, ha echado mano de la inagotable máquina de oro que es Judd Apatow para dar un necesario soplo de aire fresco a su cine, sin renegar por ello de sus obsesiones y discursos (a su vez muy parecidos a los de Apatow).
Así, "¿Hacemos una Porno?" ("Zack and Miri Make a Porno") podría colar perfectamente como secuela de "Lío Embarazoso" no sólo por su reparto, si no por una similitud a veces excesiva en su argumento (o por lo menos, moraleja), humor, cameos, tratamiento de según qué temáticas e incluso diálogos.
Aunque tal vez todo este discurso caiga en saco roto, y sea injusto decir que Smith bebe del productor de "Supersalidos", cuando en verdad sea éste quien quizá le deba absolutamente todo a su actor fetiche, Seth Rogen. Y ya se sabe que si A es igual a B y B igual a C... Vamos, que si una cosa queda clara de todo este batiburrillo es que hay un nombre que brilla con luz propia (como siempre) y ese no es otro que el del rollizo actor.

En su ya clásica faceta de hombre que se resiste a crecer, soñador y bonachón, con grandes ideas pero pocas ganas y menos dinero, Rogen se muestra totalmente en su salsa, y le da a su alter ego Zack una credibilidad y gracia suficientes como para justificar el visionado de la cinta, sobre todo en versión original, pues no serán pocas las veces en que el espectador se descubra a sí mismo riendo a carcajadas con sus salidas.
Esta vez, sin embargo, al protagonista de "Superfumados" le ha salido competencia, pues tanto Elizabeth Banks como el resto de participantes (entre los que se incluye el vital cameo de un hilarante Justin Long) se desenvuelven con la misma (anti)naturalidad y desprenden igual ternura. Ya va siendo hora de que se empiece a tomar en serio el potencial de la pizpireta Banks (que ya tuvo un affaire con Rogen en "Virgen a los 40"), adorable y guapísima.


Evidentemente, los actores suponen una gran, grandísima baza para el correcto funcionamiento de "¿Hacemos una Porno?", pero sería injusto olvidarnos de la labor de Kevin Smith, guionista imparable cuando está en forma, como demuestran no sólo sus películas.
Caracterizado por flirtear siempre con el mal gusto y evitándolo a última hora (aunque también cayendo en él en no pocas ocasiones, todo hay que decirlo), sus mejores películas se caracterizan por diálogos tan picantes como naturales o incluso freaks, en los que el cineasta aprovecha para dar rienda suelta a sus inquietudes sobre las relaciones, los jóvenes, las drogas, la cultura underground y el sexo. Recordemos el memorable discurso de Superman y Lois y su imposibilidad de manetener relaciones íntimas.
Haciendo gala de una madurez inaudita en él pero propia de su edad, en "¿Hacemos una Porno?" Smith ha logrado un equilibrio muy cercano a la perfección entre la ordinariez y el buen gusto, entre el humor y el corazón, la gamberrada y la madurez.
Porque otra de las grandes virtudes de su propuesta radica en que si bien se trate abiertamente de sexo, haya escenas de alto contenido erótico con desnudos integrales tanto femeninos como masculinos (esto último, otra apatowada más) y momentos de caca-pedo, nunca da la sensación de estar viendo un sucedáneo de "Road Trip" y otra gamberrada más a lo "Jay y Bob el Silencioso Contraatacan", sino más bien de una comedia romántica pensada y sentida como, qué curioso, "Lío Embarazoso".

Todo ello se traduce en una auténtica delicia de visionado. "Zack and Miri Make a Porno" (que me hace mucha más gracia que su traducción española) es una comedia agradable pero picante o picante pero agradable, sin pelos en la lengua y absolutamente mordaz en algunos momentos (la relación entre el magnífico Craig Robinson y su mujer no tiene desperdicio), pero más inofensiva que un cachorro de gato.
En el fondo, Kevin Smith ha disfrazado de grosería una fábula de amor al uso, muy estudiada a nivel emocional y con una estructura eminentemente clásica. Y precisamente esta es a la vez su principal lacra.
Igual que, de nuevo, "Lío Embarazoso" (o incluso más), "¿Hacemos una Porno?" peca de una previsibilidad excesiva. No hay una sola línea argumental cuyo devenir no se acierte a los pocos segundos, por lo que los 100 minutos de la cinta acaban haciéndose inevitablemente pesados.

Salvando este borrón ineludible, la historia de Zack y Miri convence y divierte a partes iguales, resultando su película una comedia fresca, graciosa y disfrutable por propios y extraños. No faltan las frikadas made in Smith (ese aluvión de títulos cinematográficos alterados para convertirlos en películas porno, el chiste de "Perdidos"), los chistes de brocha gruesa, y los diálogos que demuestran que no es otra estúpida comedia americana.
Incluso su falta de sorpresa puede verse como algo positivo si se piensa que, en el fondo, el cine puede servir como mero vehículo a la evasión, y buena parte del público a veces quiere simplemente pasar un buen rato, ver que el amor puede triunfar, que se pueden cumplir los sueños y demás glucosa similar.
7/10
PD1. A ver que nos tiene preparado el director en su próxima comedia de acción con Tracy Morgan ("Rockefeller Plaza") y Bruce Willis.

PD2. Y aprovecho para recomendar que se dé un vistazo a los cómics de "Daredevil" escritos por Smith, de quien aún no he leído su etapa por "Green Arrow")

Trailer de "Shutter Island", lo nuevo de Scorsese & DiCaprio

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El 2 de octubre del presente año tiene previsto estrenarse la nueva película de Martin Scorsese, "Shutter Island", donde colabora por enésima vez con el consolidado Leonardo DiCaprio. Basada en una novela de Dennis Lehane (que ya escribió "Mystic River" o "Adiós, Pequeña, Adiós"), la cinta se centra, supuestamente, en la investigación por parte de dos agentes de la desaparición de una paciente del manicomio ubicado en la isla del título. Aunque la verdad es que el trailer deja bastante poco a la imaginación.
A DiCaprio le acompañan en el reparto Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Emily Mortimer, Michelle Williams, Elias Koteas, Jackie Earle Haley (el próximo Freddy Krueger) y Max Von Sidow.

Trailer en castellano de "Up"

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A poco más de dos meses del estreno de la esperada nueva producción de Pixar, nos llega un nuevo trailer en castellano de la misma, que se ha llevado un buen número de entusiastas alabanzas con la excepción de un par de críticos algo más descontentos. Recordemos que esta será la primera vez que Pixar haga uso de las 3D, fórmula que ya usó -con tantas luces como sombras- DreamWorks en "Monstruos contra Alienígenas".
Pese a que "Up" ya puede verse en EEUU desde hace un par de semanas, por aquí no llegará (según leo) hasta el 14 de agosto...

Crítica de "Piraña", por el Capitán Spaulding

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Dirigida por un primerizo Joe Dante y producida por el incombustible Roger Corman, "Piraña" se estrenó a apenas un par de años de distancia de "Tiburón", por lo que sus intenciones quedaban claras desde el principio: explotar el género de terror con bichos (acuáticos) que tan buen resultado había dado a la obra maestra de Spielberg.
Sin embargo, es justamente su nada disimulado afán de parecerse a ella (ojo al póster original) el mayor de sus lastres, al implicar un nivel de exigencia desorbitado para una película cuyo mayor atractivo se basa en la caspa, la parodia y el tufillo a serie Z tan característico de sus creadores. Pero no adelantemos acontecimientos.

Nos encontramos en una zona de la América profunda, donde se acerca la temporada estival y ya bulle el ambiente alrededor del río que cruza el territorio: los campamentos de verano para niños ya cuentan con clientes, y los laterales del río comienzan a llenarse de veraneantes deseosos de pegarse un chapuzón. Todos ignoran que río arriba, la presa contenedora de las pruebas químicas que llevaba a cabo el ejército falla (la hacen fallar, mejor dicho) y deja en libertad grandes bancos de pirañas de aguas dulces deseosas de carne fresca, viva... y humana, por supuesto.

Como buen exploit que es, puede apreciarse que el guión no esconde novedad alguna y sigue una a una las pautas clásicas del género, con un entramado in crescendo que de furtivos ataques a una o dos personas llevará inevitablemente a la esperada apoteosis carnicera -que supondrá el enfrentamiento entre la amenaza (en este caso pirañas, pero pueden sustituirse por cualquier otra criatura carnívora maligna) y la indefensa y rematadamente estúpida población- y al consecuente gesto heroico del/los protagonista/s para intentar ponerle fin al problema.
Por tanto, la sorpresa cabe buscarla en otros aspectos de la película, pues se encuentra oculta aquñi y allá a lo largo de todo el metraje (aunque sin ser nada del otro mundo, todo sea dicho). Así, "Piraña" consta de momentos, y perdón por la expresión, totalmente WTF(1) como pueden ser los situados en el interior del laboratorio en que se abre la película, con criatura bípeda y anfibia en stop motion completamente gratuita, o los fast motion automovilísticos que pueblan las escenas finales.
Dejando ya la terminología pintoresca, otro punto fuerte de la película reside en la antes citada casposidad imperante, capaz de provocar más de una risotada a través de las pirañas de plástico, los maquillajes churrescos o la torpeza de un Joe Dante aún falto de experiencia en esto de dirigir películas. En fin, lo que hoy en día se engloba en la clasificación de "entrañable".
Con todo, cabe reconocer que en determinadas ocasiones -muy puntuales- las pirañas logran causar algún temor principalmente debido tanto al buen número de integrantes de sus tropas como a sus objetivos, niños en su mayoría.


Lamentablemente, aunque me gustaría acabar aquí el comentario y dejar la obra de Joe Dante en un altar, lo cierto es que su "Piraña" hace aguas por todas partes, y de sus 94 minutazos, son muy pocos los que realmente se salvan de la quema.
Pese a todo su potencial, sus generosos momentos de acción y la cutrez general, la cinta ni aportaba nada en su momento ni lo aporta a día de hoy, convirtiéndose en un ejercicio de repetición algo tedioso y descafeinado que desaprovecha cualquier ocasión de pasarse al gore guarrete (que todos buscamos en películas de este tipo, no nos engañemos) en favor de una corrección moral a duras penas alterada.
Hay quien dice que en realidad el espíritu de la película es parodiar el género del que bebe, teoría que toma fuerza a tenor de la filmografía posterior del director de "Gremlins", pero lo cierto es que en bien pocas ocasiones se percibe cierta voluntariedad por arrancar alguna risa burlesca, siendo el resto de carcajadas provocadas por motivos a todas luces ajenos a sus creadores.

Así pues, en "Piraña" no se le ha perdido nada a nadie que no quiera revisionarla para recordar tiempos pasados (aprovechando su precio de saldo en tiendas), pues su intrascendencia la convierten en un producto meramente válido para una velada entre amigos o una tarde de domingo sin fútbol.
Por otra parte, no se puede negar cierta ternura al verla, así como un par de secuencias destacables... pero en verdad, la película brilla por su potencial desaprovechado, algo que solventará (démoslo por hecho) Alexandre Aja en su esperado remake, "Piranha 3D".
5,5/10 (porque no es peor que "Terminator Salvation")

(1) Desde luego, "Piraña" tiene un par de escenas que entrarían de lleno en un Top 10 de los mejores WTF del cine.

"Avatar" puede recortar 30 de sus 189 minutos previstos

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Según parece, la próxima y esperadísima película de James Cameron, "Avatar", durará la friolera de tres horas y nueve minutos, tan sólo cinco minutos menos que "Titanic". Sin embargo, como muchos sabrán, la idea es estrenarla en los cines Imax, y según parece las limitaciones de sus tecnologías impiden la puesta en marcha de films superiores a los 160 minutos.
Así pues, o mucho cambian las cosas o Cameron deberá recortar nada menos que media hora de metraje, relegando todo para ¿qué? una edición especial en DVD? ¿El estreno de las dos versiones dependiendo de la sala? Humm...

(Por cierto, en la foto tenéis al director junto a Sam Worthington,visto recientemente en "Terminator Salvation")

Crítica de "Los Mundos de Coraline", por el Capitán Spaulding

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Reconozco abiertamente que a) no soporto a Neil Gaiman, a quien considero uno de los guionistas de cómics más pedantes y sobrevalorados, y me aburre soberanamente su pomposidad gótico-dark-emo post-Skellington; y b) me da mucha rabia el reciente fanatismo que rodea a "Pesadilla antes de Navidad" (y a Tim Burton en general), hoy en día convertida en el icono de un determinado grupo social chupi-gótico-guay que por mucho que alardee de camisetas, bolsos y bragas con dibujos de la película ignora que, efectivamente, su director no es el mismo de "Eduardo Manostijeras".
El lector puede, por tanto, imaginar que al aparecer las primeras imágenes de "Los Mundos de Coraline" mis sensaciones fueron de todo menos positivas, pues la película prometía (y de hecho, es) una descarada exaltación de todo lo que defienden Gaiman y los chupi-góticos de medio pelo.

Sin embargo, no puedo sino rendirme a la evidencia: la película a tratar es (casi) tan fantástica como lo fue, en su día, "Pesadilla antes de Navidad".
A caballo entre "Alicia en el País de las Maravillas" y "Las Crónicas de Narnia", "Coraline" trata de una niña aburrida en su nueva y desangelada casa hasta que descubre una puertecilla en la pared que conduce a un universo paralelo en que sus padres son un encanto, la casa brilla de alegría, los animales hablan y los vecinos son mágicos. Aunque ya se sabe, las apariencias engañan, y quizás tanta felicidad esconda peligros inauditos...


Con tan simple y previsible argumento, Selick explota todo su arte y poderío visual regalando un espectáculo tan impresionante como cualquier película de Pixar o Ghibli. Colorista, dinámica y rodeada de un universo extrañamente embriagador, "Los Mundos de Coraline" funde en un solo recipiente lo mejor de las nuevas tecnologías (en algunos cines podrá verse en 3 Dimensiones) con la clásica técnica de stop motion de la que el director es experto, logrando mejorar aún más la senda que recorrieron "Pesadilla...", "James y el Melocotón Gigante" o "La Novia Cadáver".

De hecho, es precisamente el apartado técnico su principal baza, y consciente de ello la película decanta descarademente la balanza hacia él, relegando entramado argumental y personajes a un plano más bien segundón.
Ello implica que si bien el aspecto formal ya justifica sobradamente el visionado de la película por sí solo, ésta sufre de más de un tropezón rítmico y peca de cierta frialdad general que evita que los sentimientos vayan a la par que los sentidos.

Aunque no quiere decir que la película sea totalmente apática, ni mucho menos, y de hecho su segundo pilar fundamental radica en las variopintas sensaciones que se van desprendiendo conforme avanzan sus minutos, comenzando por la alegría y el infantilismo (en el buen sentido) y acabando en el temor hacia un mundo convertido en pesadilla, que de buen seguro causará más de un mal rato al público más pequeño. Y es que como ocurriera en "Pesadilla antes de Navidad", el metraje de "Coraline" queda netamente diferenciado en estos dos sentimientos (felicidad y terror), distinguidos mediante un hábil y enfermizo juego de fosforescente y neón muy similar al temible hombre del saco verde que acosaba a Jack Skellington y Sally.


Como vemos pues, no puede decirse que el film sea perfecto, pues sus altibajos rítmicos y emocionales la descompensan inevitablemente llevando a situaciones demasiado alargadas y otras (todo el tramo final) algo precipitadas. Además, la mayoría de los personajes no están todo lo bien definidos que cabría esperar y sus dobladores no hacen demasiado por sacarlos de su indolencia, haciendo de la propia Coraline una suerte de Juno descafeinada.
Sin embargo, a todo ello se contrapone una belleza formal inaudita, que reniega completamente (¡y menos mal!) de la obra original para crear un universo creativo propio, deudor de "Pesadilla antes de Navidad" pero sumamente acertado en su mezcla de realismo y onirismo.
Su alternancia de tan encontrados sentimientos, y la potencia de muchos de ellos, hacen de él un film para niños que no gustará a los niños, con momentos esplendorosos y luminosos y otros de una truculencia subyacente que puede incomodar incluso a adultos.

Por todo ello, "Los Mundos de Coraline" se convierte en una película admirable, original y sorprendente, una alternativa perfecta ante el agotador aluvión de superproducciones prefabricadas (del que, de momento, sólo se salva "Star Trek") que desprende, y esto es importante, esmero por hacer de ella una obra de arte. Y esto es algo que muchos parecen haber olvidado hoy en día.
8/10 (corran a verla antes de que las salas se llenen de fanáticos disfrazados)

Fallece David Carradine

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El mítico David Carradine ha sido encontrado muerto en un hotel de Bangkok. El actor, mítico por su numerosas apariciones entre las que destaca la serie "Kung Fu", había sido repescado por todo lo alto gracias a Quentin Tarantino, que le escogió para encarnar a Bill en "Kill Bill", y a falta de verle en "Crank 2", a sus 72 años tenía pendientes varios trabajos menores.
Aunque aún no se ha sacado nada en claro, todo parece indicar que se haya tratado de un suicidio... D.E.P.
El comentario del día

Esta película es un auténtico pedazo de MIERDA, es la peor que he visto con diferencia, y la verdad es que me he tragado verdaderos bodrios de serie B, desde el minuto 2 he estado deseando levantarme y largarme de allí, no solo no entretiene, sino que asquea y mucho. Es desagradable, los sonidos, la banda sonora(muy extraña), y los efectos que fallidamente busca causar en el espectador son nefastos y muy bizarre(no en el sentido de la palabra en español). Odiosa, no hay nada peor, diálogos y guion carecen de sentido y calidad, una verdadera mierda.
Un anónimo dixit, en Crítica de Bunraku

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