Entrevista a Jac Schaeffer, directora de "TiMER"

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Ni vampiros, ni zombies. Una de las películas que más gracia nos hizo del Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya -Sitges '09 fue la comedia romántica "TiMER" (cuya crítica a cargo de nuestra compañera EME podéis leer POR AQUÍ). Nos dejó tan buen sabor de boca, que nos pusimos a buscar la manera de contactar con su directora para realizarle una entrevista. Jacqueline Schaeffer, que debuta en la dirección de largometrajes con éste, se mostró encantada con la propuesta, y aquí tenéis el resultado.


La Casa: Este es tu debut cinematográfico. ¿Quién es Jac Schaeffer?

Jac Schaeffer: Wow, ¡buena pregunta! Veamos... Soy una cineasta americana que descubrió querer ser directora a los catorce años. Adoro el chocolate... Es muy difícil contestar a eso. Supongo que me defino a mí misma como una storyteller, tanto a nivel personal como profesional. Creo que las historias son la manera más mágica de conectar con la gente, tanto a nivel interno como externo por medio de la experiencia humana. And it’s a good time.


LC: ¿Cuáles son tus referentes?

JS: ¿Te refieres a mis influencias artísticas? (Porque si te refieres a mis modelos de conducta son gente como Ghandi o mi madre). Pero si hablamos de las carreras a las que aspiro emular, entonces mis heroes cinematográficos son John Hughes, Mike Nichols, Luc Besson, Charlie Kaufman, Sophia Coppola, Cameron Crowe, Lisa Cholodenko y Billy Wilder, por citar unos pocos.


LC: Centrémonos en “TiMER” ¿De dónde sale la idea? ¿Cuánto de autobiográfico hay en tu película?

JS: La idea de la película surgió a partir del noviazgo de mi hermano. Mi madre tenía uno de esos Countdown to the Big Day clocks, esos relojes que te dicen cuánto falta hasta el día de tu boda (lo cual podría ser un invento puramente americano). Yo estaba emocionadísima con el hecho de que mi hermano hubiera encontrado su media naranja pero me jorobaba bastante seguir soltera. Pensaba que si hubiese tenido uno de estos relojes mágicos para mi vida sentimental, podría haberme relajado y ser una mucho mejor dama de honor. Pero por supuesto, pensándolo fríamente me di cuenta de que conocer tu destino romántico sería causa de todo tipo de problemas.
En cuanto a cómo de autobiográfica es la película, es difícil de cuantificar. Todos los personajes son distintas versiones de mí misma. Oona es mi cara brillante, esperanzada y romántica. Steph es mi lado hastiado, pesimista y herido. Mikey representa el modo en que veo el mundo cuando estoy centrada y despejada. Marion es el cajón de sastre para mis tendencias neuróticas. Pero por supuesto también hay parte de mis amigos y familia en la mezcla. Mentiría si dijera que todos los diálogos son fruto de mi creación. Algunas de las personas especiales de mi vida me permitieron citarlas en el guión ¡y las adoro por ello!


LC: Si realmente existiera en el mercado un producto como el TiMER, ¿lo usarías? ¿sería un producto con éxito? 

JC: Con toda seguridad tendría mucho éxito, no me cabe la menor duda. La cultura occidental prioriza el amor y el romanticismo sobre prácticamente todo lo demás, así que la gente se abalanzaría sobre él. Ahora bien, ¿compraría yo uno? Tengo que admitir que no, porque el principal mensaje de mi película es que obsesionarse con el reloj no es manera de llegar a una vida plena. ¡Pero vaya si me sentiría tentada!


LC: ¿Crees realmente que se puede llegar a una situación en que la tecnología supere a los sentimientos a la hora de encontrar a tu media naranja? ¿El amor verdadero está por encima de tecnologías... y edades?

JC: No lo creo, eso sería terrible. Creo (y espero) que el amor verdadero superará cualquier artilugio que la humanidad pueda crear.


LC: “TiMER” se enfoca principalmente a un público femenino, pero sin embargo recurres a temática propia de la ciencia-ficción, preferido por el sexo opuesto. También aparecen historias para todas las edades ¿Es el tuyo un mensaje de advertencia universal?

JC: Es que en realidad mi película no busca ser ningún aviso. Pero sí que es cierto que me tomé muchas molestias para asegurarme de que la película no sólo atrajera a mujeres de entre 20 y 30 años. Entiendo que tales maravillosas criaturas constituyen mi principal audiencia, pero espero que cuando la vean hombres y, en general, gente de todas las edades puedan encontrar lineas argumentales y perspectivas con las que sentirse identificados.
En referencia al elemento sci-fi, me encanta el género y todas esas increíbles películas que supuestamente van dirigidas a los hombres. De ahí que no sorprenda que todas esas influencias emerjan en mi trabajo.


LC: ¿Estás contenta con la acogida recibida en el festival de Sitges?

JC: ¡Desde luego! El público estuvo maravilloso.


LC: ¿Has podido disfrutar del Festival de Sitges? ¿Qué tres películas mencionarías como las más destacables?

JC: Ooooh, mis favoritas fueron: "Bienvenidos a Zombieland", "Infectados (Carriers)" y "Haeudae (Tidal Wave)".


LC: En Sitges hemos podido visionar cintas como la tuya, dramas existenciales, terror espacial... ¿Qué futuro le espera a la sci-fi?

JC: Buena pregunta. No tengo ni idea, y eso lo bonito de ello. Estos géneros buscan que forcemos nuestra imaginación hasta su límite. Estoy esperando encontrar la próxima película que nos impacte tanto como en su momento hicieron “Star Wars” y “Matrix”. Lo que sí pienso es que las mezclas de géneros son cada vez más frecuentes, cosa que me encanta. “Star Wars” era un western ubicado en el espacio (algo que sin embargo no era tan obvio). Hoy en día los cineastas parecen más claros con sus impulsivas mezclas, como ese drama alienígena/mockumentary que es “District Nine”. ¡Quiero ver más combinaciones osadas de géneros!


LC: ¿Qué te parece la relación éxito-estrella? Hasta ahora, una película romántica sólo triunfaba según el nombre de su protagonista, aunque películas como “(500) Días...” parecen cambiar la situación: ¿puede llegar “TiMER” a ser un sleeper?

JC: ¡Dios te oiga! Sería estupendo que “TiMER” se convirtiera en un sleeper. Hoy en día sólo parecen entenderse como sleepers películas de terror de carácter indie, como demuestra el reciente y enorme éxito de “Paranormal Activity”. En los 90, cualquier pequeña producción podía valerse por sí misma. Mientras que ahora pequeños dramas y comedias las pasan canutas para ver la luz del día. Espero que gracias al éxito de “Paranormal Activity” la industria sea capaz de dar un salto de fe y dé más oportunidades a películas menores de todo tipo.


LC: ¿Tiene distribución a nivel comercial?

JC: ¡Aún no, pero nos falta poco! De hecho, si queréis apoyar la película por favor suscribiros al newsletter en TiMERthemovie. Os avisaremos cuando la película se estrene y esté disponible en DVD. También podéis uniros a nuestro grupo de Facebook y seguirnos en Twitter.


LC: Para acabar, ¿qué planes de futuro tienes? ¿Alguna idea para tu próxima película?

JC: Tengo un montón de ideas, pero por desgracia ahora mismo no puedo hablar de ellas. Pero me encantaría que siguiéramos en contacto para poderos avisar cuando nazca mi próximo proyecto.


Jac Schaeffer, junto a Rikki Jarrett y Jennifer Glynn (productoras) en Sitges. Foto: EME


Hasta aquí la entrevista. Por supuesto, acabamos el post agradeciendo la colaboración, esfuerzo e interés de Jac Schaeffer, y deseamos que la película tenga todo el recorrido comercial que se merece ¡esperamos verla de nuevo lo antes posible!

Crítica de "The Descent: Part 2", por el Capitán Spaulding

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De todas las películas que se dejaron ver por el festival de Sitges '09, ésta era la que más esperaba, y no por la necesidad de su existencia precisamente.
Ciertamente, la primera y genial "The Descent" contenía un final abierto fácil aunque no necesariamente continuable (como la práctica totalidad de películas de terror), pero las sensaciones legadas por Marshall fueron tan gratificantes que, cuando unos años más tarde supimos de su secuela, un servidor casi gime de gusto.
El problema, claro, es que el listón también estaba demasiado alto.

Algo nada descabellado por mi parte fue pues acercarme a este "The Descent: Part 2" con las expectativas moderadamente rebajadas, con ganas pero también cierto remoloneo, no fuera a ser que la decepción fuera mayúscula. Pues ni por esas, oiga.

Empecemos por el que, a todas luces, ya supone el primer error del film que dirige el debutante Jon Harris (editor de "Eden Lake", ahí lo dejo): su argumento. La demencial excusa para justificar esta nueva entrega de la que fácilmente podría convertirse en una saga directa a vídeo, altera el final de la primera parte y confirma que Sarah logra escapar de las cuevas sana y salva. Hasta aquí la cosa tiene su lógica: puede ser que sus pobres guionistas no hayan visto la versión completa de "The Descent", quedándose sin el epílogo, o si no qué demonios, ¿acaso no cambió Sam Raimi los finales de su trilogía infernal en los arranques de cada entrega?



El problema nace cuando, a  ello, se le añade una investigación de nuevo en las cuevas para recuperar/salvar al resto del grupo de Sarah, lo cual fuerza a la chica a bajar de nuevo a las grutas, un día y medio después de su recuperación y estando prácticamente inconsciente en un hospital. Y para los que crean que aún tiene un pase, ahí está nuestra heroína bajando a ellas, escalado, corriendo, saltando... en plena forma vaya. Nada ¡adiós a la credibilidad!

Lo más triste de todo es que semejante premisa sirve para introducir un argumento que es prácticamente un remake del trabajo de Marshall, sin más novedad que la presencia del sexo opuesto en el grupo protagónico y algún que otro twist argumental tan disparatado como lo visto hasta ahora.
Y no, no me vale que se tiene que re-caminar lo caminado si lo que quieren es encontrar supervivientes. Que se repita el marco no tiene por qué significar que pase lo propio con la trama.

Lo que tendría que ser un aluvión de guiños a los fans de "The Descent" se convierte aquí en la propia estructura del guión, en una película que intenta, vaya por Dios, repetir sus tácticas sin suerte.
Porque este segundo descenso cuenta con menor garra, interés, medios, simpatía hacia los personajes y credibilidad (o verosimilitud si se prefiere). Y sobre todo, con una dirección carente de brillantez que allí donde debería obtener secuencias de terror claustrofóbico, fruto de la total oscuridad, consigue simple y llana confusión.

Sin movernos del mismo lado de la balanza, cabe destacar el abuso de escenas en las que objetos punzantes se clavan (en primerísimo plano) en superficies indistinguibles, con el correspondiente y siempre bienvenido chorretón hemoglobínico. Suponemos que tales secuencias sirven para satisfacer a los aficionados del gore y a la vez ocultar la escasez de recursos del film, y además sabemos que se trata de partes del cuerpo de los adorables bichos por el contexto, pero aun así, lo que vemos es tan poco que bien podrían ser bidones coloreados y llenos de ketchup aguado. Demasiado poco para tomar el relevo de un primer descenso mucho más salvaje a nivel visual.



Por otra parte, esto no pasa siempre, y cierto es que en puntuales ocasiones se nos regalan momentos realmente animales, con aplastamientos craneales en plano fijo y demás lindezas (los únicos motivos de aplauso en el primer pase de la película en Sitges '09, donde recibió una acogida de lo más fría).
Entre ellos, algún apartado pico de tensión bien orquestada, y el recuerdo del original (los gollums de las cavernas nos son tan familiares que ya empiezan a caer bien), el visionado de esta segunda parte se hace más llevadero, si bien se trate de una cinta totalmente prescindible, mediocre y de distribución natural directa a vídeo, que nunca consigue acabar de despertar sensaciones mínimamente intensas en el espectador, no digamos remotamente similares a "The Descent".
Ahora bien, si se contempla bajo el prisma de la distribución doméstica, con las limitaciones que ello comporta, puede resultar válida. Allá vosotros.
4/10

Primer trailer de la octava temporada de "24"

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[Ojo, si queréis permanecer vírgenes de información sobre la próxima temporada de "24" no leáis lo que sigue]

Con cierto mal sabor de boca aún presente dejado por un final que no estuvo a la altura del resto de aquella estupenda séptima temporada nos llega ahora el primer trailer de las nuevas andanzas de Jack Bauer, que afronta su octavo día con cambio de escenario pero mismas conspiraciones internacionales y mismos terroristas irritados.
En este caso el argumento parece evocar el de aquella mítica primera temporada, con la seguridad de la presidenta en riesgo (esta vez acudiendo a un encuentro diplomático en la sede de la ONU) y grandpa Bauer intentando salvar el día, y nunca mejor dicho.

Encontramos viejos conocidos (Cherry Jones, Mary Lynn Rajskub u, horreur, Elisha Cuthbert), y nuevas caras (Benito Martinez, Aceveda en "The Shield"), y con toda seguridad habrá toneladas de suspense y giros imposibles marca de la casa en lo que muy probablemente será la última temporada de la serie.
El trailer es pequeñito, sí, pero contiene grandes dosis de acción (que al final probablemente correspondan a los primeros dos capítulos) y un saludable "más de lo mismo" que hace salivar y aumentar nuestra impaciencia hasta el próximo enero.


Series de Culto de la Televisión Geek: THE GREEN HORNET. Por John Blutarsky

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En enero de 1966, la American Broadcasting Company, ABC para los amigos, sorprendía a propios y extraños con el estreno de la serie "Batman", flamboyante adaptación del personaje de DC y que se forjó una notable aceptación en todos los televisores estadounidenses las noches de los miércoles y los jueves.
Pero para escarnio de Adam West y su esquijama superheroico, la cadena no podía dejar pasar semejante éxito y decidió seguir exprimiendo el filón estrenando, en septiembre del mismo año, la que hoy protagoniza nuestra popera sección, nada menos que "The Green Hornet", o si lo preferís, "El avispón verde".

De gran presencia en los medios estadounidenses desde los años 30, el "The Green Hornet" años 60 tomaba sus referencias de los personajes de los seriales cinematográficos de los 40 y las series de cómics que empezaron en esa misma década, y que a su vez se basaban en los personajes originales creados por George W. Trendle y Fran Striker para una radionovela.
El baile de formatos fue provocando varios cambios en el personaje y su entorno a lo largo de los años pero finalmente, separando la paja, el grano es el siguiente: Britt Reid (Van Williams) es de día editor del diario The Sentinel (chúpate esa, Clark "sólo soy periodista" Kent) y vengador nocturno de noche. Bajo la identidad de Green Hornet, y con la inestimable colaboración de su ayudante oriental Kato (¡nada menos que Bruce Lee!) hace frente al crimen que azota las calles, sirviéndose de un arsenal de ingeniosas armas y trucos diversos.
Sencillo. El bien siempre triunfa sobre el mal gracias a nuestro héroe sin tacha y sus inteligentes artimañas.
No le pidáis más a un vigilante de los años 60, época en la que la profundidad psicológica de los héroes más o menos de carácter folletinesco estaba descuidadamente infraexplotada.


Aunque mucho menos yeyé, la serie era tan divertida como "Batman", principalmente gracias a un enfoque pretendidamente más serio (vista hoy, claro, esa "seriedad" se pone en entredicho) y mucho menos estridente que la anterior, pero con un tono oscuro que llevaba al protagonista a utilizar algunas técnicas cuanto menos dudosas en su cruzada para combatir el crimen. No era raro ver a nuestro héroe, por ejemplo, mezclándose con los bajos fondos, haciéndose pasar por traidor a la justicia para internamente desbaratar los planes del gángster de turno. Sí, señores, Green Hornet era mucho más badass que el fondoncete Batman.

Su arsenal era bastante más modesto, pero unía la sobriedad de los artilugios de "espía serio" (ahí está su Batmóvil particular: el elegante Black Beauty) con el delirio casi sci-fi (rayos aturdidores, rastreadores voladores, proyectores de ondas ultrasónicas) y lo alejaba de nuevo de la exageración no apta para daltónicos de su compañero de cadena. Elegancia ante todo.
Además, qué demonios, Kato como sidekick la daba mil patadas (ja-ja) a Robin (ni él mismo sabía si era más soso que repelente), gracias a su pinta de chófer de orgía de la alta alcurnia y con peligrosa tendencia al golpe de jiu-jitsu fulminante.
Pese a todo, y como mandan los manuales del buen programador, Batman y Green Hornet tuvieron un encuentro en un crossover localizado en la segunda temporada de "Batman" en el que Green Hornet y Kato visitaban Gotham y se enfrentaban al Dúo Dinámico en un duelo que terminaba... en empate.

Si alguien lo duda a estas alturas, "The Green Hornet" mola. Y si no, convenceos con esos planos recurrentes de un capítulo a otro (¿para qué rodar varias veces algo que va a aparecer igual en todos los capítulos?), esos efectos especiales "tan de la época" -dejémoslo así- y sobre todo su psicodélica cabecera, con la música de ese clásico "Vuelo del abejorro" reinventado por la vitamínica trompeta de Al Hirt. Justo: el mismo tema que recicló Tarantino para su primer "Kill Bill", quien, carambola, homenajeó a Kato vistiendo a sus "Crazy 88" con un antifaz muy parecido al que llevaba Lee en la serie.


Al final, "The Green Hornet" tuvo una temporada única de 26 episodios que terminó en marzo de 1967 y sirvió, entre otras cosas, para dar el espaldarazo definitivo a un Bruce Lee cada vez más de moda, especialmente en Hong Kong, donde se popularizó la serie como "The Kato Show", y a punto de convertirse en el icono mundial que le llevaría pocos años después a protagonizar la esencial "Operación Dragón" (Robert Clouse, 1973).

-Mejor episodio: El último, doble ("Invasion from Outer Space"), en el que se barajan falsas invasiones alienígenas, terroristas de medio pelo y la Bomba H, e incluye hasta una escena de acción con Green Hornet saltando desde un coche a un camión en marcha.
-Mejor momento: Después de varias oportunas intervenciones esporádicas Kato tiene su esperado momento de gloria en "The Preying Mantis", enfrentándose cuerpo a cuerpo y con todo su repertorio de "patos mareados" y "monos borrachos" al jefe de una banda de hampones chinos.


¡Nuevo trailer de "Avatar"!

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Fugaz actualización con el recién salido del horno trailer de "Avatar", de nada menos que tres minutazos y medio. ¿Qué os parece, en relación al anterior?

Crítica de "Adventureland", por el Capitán Spaulding

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Hasta ahora conocíamos a Greg Mottola por su sorprendente debut como director en cierta comedia estrenada bajo el protector paraguas de Papá Apatow y titulada "Supersalidos". Las excelentes sensaciones que dejó la película en cuestión fueron suficientes para encumbrar a todo su equipo a la práctica canonización por lo que ahora, dos años más tarde, Mottola estrena su segundo largometraje basado esta vez en su propio guión.
Con algo de retraso (en EEUU ya se encuentra en DVD) llega por tanto a nuestras pantallas "Adventureland", historia sobre jóvenes, amores y trabajos de verano de mala muerte ambientada en el verano de 1987, que sirve para descubrir el lado más tierno del director y, de paso, para presentar a Jesse Eisenberg semanas antes del estreno de "Bienvenidos a Zombieland" (doy por hecho que Kristen Stewart no necesita presentación alguna).

Lo primero que se percibe al comparar "Supersalidos" y "Adventureland" es que, justamente, son dos películas totalmente incomparables: cualquiera que se acerque a la que ahora nos ocupa esperando risas, mofas e hilarantes situaciones propias de Rogen y compañía quedará ampliamente defraudado.
Y es que haciendo gala de una sensibilidad inesperada (seguramente fruto de basar su guión experiencias personales), Mottola propone un acercamiento de lo más sutil -casi meloso- a un grupo de chicos que se ven trabajando en el mismo sitio, con el consiguiente florecimiento de relaciones y estados anímicos diversos.

Freaks, geeks, antisociales, picarones y picaronas de diversa calaña, así son los personajes que pululan por el parque de atracciones que da nombre a la película, y cada uno de ellos es retratado con tantos clichés -propios del cine indie- como naturalidad y verosimilitud, muestra también del buen trabajo de Eisenberg, la crepuscular Stewart, Martin Starr y hasta Ryan Reynolds, cuya aparición alegrará la vista a más de una. De este modo, sus situaciones y/o conversaciones adquieren el mismo nivel de credibilidad, logrando que el espectador pueda empatizar de manera mucho más intensa con lo que esté sucediendo en pantalla.

Y esta es la verdadera virtud de "Adventureland". Al tratar con tanto sentido y sensibilidad (tenía que decirlo) a protagonistas y argumentos sobre el papel tan previsibles e hiperbolizados, el argumento principal de chico-conoce-chica-etc acaba teniendo un pase ya que, en el fondo, más o menos todos hemos pasado por la difícil época de inter-desarrollo juvenil propia de la aceptación social, el desperar sexual o intelectual, y el monedero vacío.


Es por ahí por donde cabe reconocerle la gran inteligencia de la que hace gala Greg Mottola: por habérnosla metida doblada y que nosotros, encima, le hayamos aplaudido por ello. Porque no hay absolutamente nada en esta suerte de fórmula matemática ("Juno" + "American Pie" cernsurado - "Supersalidos") que no se haya visto en infinidad de ocasiones y desde infinidad de puntos de vista. Y por si fuera poco ni siquiera busca hacernos reír más que en un par o tres de ocasiones, principalmente de la mano del siempre infalible Bill Hader (1).

Sea como sea, el caso es que, ciertamente, ver "Adventureland" supone sumirse en un estado de apatía más o menos constante a lo largo de unos 110 minutos que bien podrían durar días y días dada la falta de trascendencia generalizada. Y sin embargo, por su habilidad con la evolución emocional de la pareja protagonista, la voluntad por evitar casi todo atisbo de caca-pedo y la naturalidad con que podemos sentirnos identificados en las idas y venidas sentimentales del film, el segundo trabajo de Mottola tras las cámaras acaba por agradarnos, no tanto con en EEUU, pero sí lo suficiente como para no arrepentirse de verla. O quizás todo se deba a una banda sonora excelente, una puesta en escena loable, una muy interesante dirección o al positivismo generalizado que desprende prácticamente cada uno de sus minutos.
6/10


(1) Habitual secundario de las producciones Apatow y derivados: sin ir más lejos, era es el compañero de Seth Rogen en el debut de Mottola, le hemos podido ver en "Lío Embarazoso", "Paso de Ti", "Tropic Thunder", y es un fijo en "Saturday Night Live"

Matt Damon bis. Trailer de "Invictus"

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Como si de un blog de fans de Matt Damon se tratara, a apenas unas horas del trailer de "Green Zone" ponemos al disposición del respetable el respectivo vídeo de otro de sus grandes estrenos, "Invictus". Llamando a las puertas del Oscar desde que empezó a hablarse de ella, la película destaca por ser la enésima colaboración entre el incombustible Clint Eastwood (director de la cinta) y Morgan Freeman, quien por fin ha satisfecho al vulgo interpretándose a sí mismo, es decir, a Nelson Mandela.

Adaptando "El Factor Humano: Nelson Mandela y el Partido que Salvó a una Nación" (de John Carlin), "Invictus" arranca después de que Nelson Mandela saliera de la cárcel y se convirtiera en presidente de Sudáfrica. En 1995, el país celebró el campeonato del mundo de rugby, tras años de ser excluidos de las competiciones debido al apartheid. Evento que Mandela impulsó y utilizó, con la ayuda de la estrella de rugby Francois Pienaar, como vía para acabar con el odio y la desconfianza existente durante décadas entre la población blanca y negra del país.

Como decimos, cierra el trío de estrellas un Matt Damon cada vez más interesante, a quien recientemente hemos revalorado tras su espectacular cameo en la más reciente temporada de "Entourage".

Ahí el trailer...


Bourne 3 y medio. Trailer de "Green Zone"

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Paul Greengrass ("Bloody Sunday", "United 93") sigue teniendo las garras de los pies bien afiladas para aferrarse todo lo que pueda a la mugre del suelo y la suciedad de la tierra y ofrecernos lo que parece ser un nuevo thriller de acción marca de la casa, en el que esta vez el protagonista (de nuevo Matt Damon) se llama Miller por no llamarse Bourne, pero sigue a hostia limpia, dándolas y recibiéndolas a partes iguales.

Dadas las credenciales del señor Greengrass (dirigió la segunda y tercera parte de la saga Bourne y ahora está preparando la cuarta) y su pasmosa habilidad para crear suspense y vuelcos estomacales en generosas dosis, el producto pinta de lo más goloso, serio candidato para toser a los pelotazos de Michael Mann en cuanto a momentos de acción se refiere.

Y de todos modos, qué demonios; aunque todo esto no fuera así, sólo por Amy Ryan a mí ya me tienen haciendo cola en taquilla. Será allá por la primera mitad de 2010.

Crítica de "2000 maníacos", por Bill Haverchuck

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Se acerca la Noche de Brujas, ocasión idónea para repasar en casa propia o ajena algunos de los mayores clásicos del terror (si es que os va más el sofá que el trick-or-treating) y gozar de largas y apetecibles maratones de sangre y vísceras. Entre ellos, el clásico de culto "2000 maníacos" es el digestivo perfecto, la película que debes ver entre "La Matanza de Texas" y "El Exorcista", una de esas películas que uno querría revisitar cada 31 de octubre. Por ello me he decidido a hablaros de ella.

Parece algo tonto admitirlo, pero "2000 maníacos" (o, en su versión original y más molona, "Two Thousand Maniacs!") es una de esas películas de terror no explícitamente humorísticas, aunque sí soterradamente hilarantes, en las que divertirse más que pasar miedo no supone ningún problema. No le busquemos tres pies al gato, porque esta película, aún ser un hito, es posiblemente mala. Por mi parte, aunque muchos la consideran la primera película gore de la historia, creo que es cierto que no se trata de lo que hoy entenderíamos como una película claramente de terror, si bien sí se adhiere a ciertos cánones que el género mostraba en los años 60 (al menos hasta donde yo sé). Pero, al contrario que algunas de sus contemporáneas, su visionado es un auténtico goce, porque desde el desmadrado argumento hasta la electrizante banda sonora, y pese a algunos instantes de lentitud, "2000 maníacos" se disfruta del primer al último minuto.

La historia es la de un pueblo del sur de los Estados Unidos llamado Pleasent Valley (sutil ironía...) que está de celebración popular. Por este motivo, seis viajeros norteños son invitados al pueblo y recibidos como huéspedes de honor, y éstos aceptan la oferta del alcalde de alojarse en el hotel local y de participar en la festividad. Todo parece dispuesto para que comience la fiesta. Y comienza. Vaya si lo hace. Como cabría esperar, todo se convierte pronto en un endiablado juego, en una espiral de diversión para los habitantes de Pleasent Valley, en un festín de sangre y perversión que enseguida se va por derroteros de lo más surrealistas. Herschell Gordon Lewis ("Blood Feast"), que dirige, acaba prefieriendo olvidarse de cualquier otra cosa que no sea el mostrar una colección de estupendas y largas escenas que, intercaladas con otras más puramente accesorias, conforman un corpus fílmico de lo más peculiar: una sucesión de las pruebas que los habitantes celebran y en las que los huéspedes, a su pesar, son los principales protagonistas. Es en estas escenas, como la del "barril errante" o la de la "carrera de caballos", donde se consiguen los mejores momentos de la película, en los que pocas cosas cobran importancia más allá del ilustrar, sin más, el ritual popular de cómo estas pruebas se preparan y se ejecutan (glups, spoiler alert).


Con esta facilidad, la película se convierte rápidamente en un muy sentido canto de amor a lo paleto: la música de banjo, la celebración popular, la tradición sureña. La cultura de los rednecks. Es este mundo malsano, sí, pero también entrañable, y tan cinematográfico, de las famílias de granjeros que se han reproducido entre sí durante generaciones, de los hillbillies que encuentran en el banjo una sorprendente afición y en la locura una extraña comodidad.

Y aún hay más: en medio de su nadismo argumental, "2000 maníacos" consigue mezclar un buen puñado de sub-géneros que hacen de ella un conglomerado de lo mejor de cada uno de ellos: el del terror en un inhóspito pueblo americano, el de la familia de viaje de vacaciones que nunca olvidarán, el de la espiral de perversión que todos comparten y de la que nadie parece preguntarse el fin e, incluso, el de la marca que el pasado histórico turbio deja en la actitud de las personas muy arraigadas a una cultura muy propia. En fin, "un enfrentamiento cultural de lo más descacharrante", como dice el Capitán Spaulding sobre "2000 maníacos" en la crítica de su tardío remake, "2001 maníacos", que podéis leer aquí.

Fantástica cinta de culto, y con playmate incluída.

8/10

El remake de "Cortocircuito" ya cuenta con director

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Puesto que últimamente el interés cinematográfico pasa por la cantidad de remakes o secuelas que se anuncien al segundo (baste con echar un vistazo a las últimas noticias y trailers aparecidos por este mismo blog), he aquí el bombazo (o no) del día: "Cortocircuito" volverá a nuestras pantallas a cargo de Steve Carr. Cómo, ¿que quién es Steve Carr? ¿Es que no os suenan "Doctor Dolittle 2", "Papá Canguro", "Una Casa Patas Arriba" o "Superpoli de Centro Comercial"?
Pues sí, el director de todas ellas es el que se encargará ahora de renovar al mítico Número 5 en una nueva versión que podremos ver, en teoría entre finales del 2010 y principios del 2011.
Vaya por delante que en este remake en particular un servidor irá con mucho ojo, pues se trata de juguetear con uno de los mitos de mi infancia, que, desde luego, no tenía ningún motivo para justificar su renovación.
Pero en fin, concederemos el beneficio de la duda a tan necesaria producción...

Crítica de "White Lightnin'", por el Capitán Spaulding

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Aprovechando el interés despertado por el re-estreno de "La Naranja Mecánica" (que curiosamente ha coincidido con el retraso de "Saw VI" por ser demasiado violenta...) recuperamos para el blog una de las joyas ocultas de Sitges, un "White Lightnin'" que podría y debería convertirse en película de culto y que se ha acabado alzando, a la postre, como una de las mejores propuestas del pasado festival.
Dominic Murphy (director) y el tándem Eddy Moretti & Shane Smith (guionistas) debutan en pantalla grande con una imprevisible y extraña mezcla entre "Flashdance" y la obra de Kubrick, ambientada en una Virginia redneck y truebloodesca, y donde la violencia campa a sus anchas.

Jesco White es el hijo de D-Ray (Muse Watson, el DB Cooper de "Prison Break"), un gran bailarín de country y toda una leyenda del lugar. Pese a ello, el niño no se muestra en absoluto interesado en seguir los pasos de su padre, y pasa su tiempo inhalando gasolina y aceite de mecheros, lo que le hace mantener un comportamiento violento y aterrador. Cuando sus adicciones van a más, hasta el punto de ser internado varias veces en centros de diversa índole y dureza, su padre decide enseñarle a bailar como él, como medio para retener sus impulsos diabólicos.
Jesco no tarda en convertirse en una estrella, pero el asesinato de D-Ray y los fantasmas del pasado no tardarán en hacer mella sobre su ya de por sí frágil estabilidad mental.

Si al principio del comentario se hacía referencia a "La Naranja Mecánica" es porque "White Lightnin'" esconde un discurso muy similar escondido bajo la suciedad, polvo y sudor de su historia.
Y es que la trama de posesiones demoníacas tras la que se escuda la película apenas se atisba a lo largo de su metraje (sus diversos capítulos se separan mediante breves secuencias bíblicas), por lo que la violencia, verdadera protagonista, se presenta sin mayor justificación que un temperamento inestable o, si acaso, sed de venganza.
Así, como hiciera Kubrick, Dominic Murphy la trata desde un punto de vista prácticamente apologista, atisbando cierta crítica social (la ineficiencia de la sociedad) pero recreándose en la caracterización de un personaje objetivamente odioso e imperdonable, y sin embargo rápidamente del agrado del culpable público.
Jesco White, interpretado magistralmente tanto por el sorprendente Owen Campbell, en su versión infante, como por Edward Hogg en la adulta, se alza como pilar central sobre el que gira toda la película hasta el punto de narrarla en off. Vuelven a aparecer, por tanto, las semejanzas con el mítico Alex, pero aquí ya nos topamos a su vez con la primera diferencia: mientras que el de Malcolm MacDowell era un personaje casi onírico, snob y antipático, el protagonista de "White Lightnin'" destaca por su absoluta terrenalidad y austeridad, suponiendo un vecino de pueblo totalmente verídico (de la América profunda, eso sí) y, por si fuera poco, entrañable. Ahora bien, tan salvaje y desquiciado como el anterior.
A partir de aquí, las similitudes entre películas concluyen, y descubrimos la verdadera personalidad de una película directa y sin concesiones, tan feroz y salvaje como sucia y mugrienta.


"White Lightnin'" es una película desoladora y demoníaca, un ataque directo a las entrañas que expira calor y dolor ya desde su mera fotografía (a cargo de Tim Maurice-Jones), coloreada mediante tonos sepia, grises y marrones.
De carácter agresivo y extraño, la espiral de violencia y country a la que Murphy somete al espectador se torna cada vez más vertiginosa, con una tensión y malestar ascendentes conforme se van dando más pistas sobre el continuo empeoramiento del deteriorado estado mental de Jesco. Lo notamos en sus actuaciones, en sus comentarios, en sus actitudes ante el público y ante la relación que emprende con una novia mucho mayor que él (que resulta ser Carrie Fisher). Pero sobre todo, lo descubrimos con horror cuando, definitivamente, las obsesiones del protagonista se centran en buscar a los asesinos de su padre para vengarlos.

Y por si fuera poco, a lo largo de este viaje se le regalan al espectador secuencias lo suficientemente extrañas y/o malsanas como para resultar inolvidables: desde las explícitas escenas en las que el Jesco infante se droga de todas las maneras imaginables, a las escenas de sexo entre él y su novia, entre las que destaca cierto trabajito bucal con pimientos picantes como protagonistas. Por supuesto, todo ello se potencia en el último tercio de la película, que incluye un clímax desolador, siniestro y extremadamente violento (o directamente gore) a la par que demencialmente redentor del que, lamentablemente, lo mejor será no desvelar demasiado.

No acabaremos esta reseña sin sacar a relucir alguno de sus trapos sucios, como son ciertos altibajos rítmicos y la sensación de repetición a lo largo de su arco central, donde por momentos parece que la película no sepa muy bien por qué ruta decantarse. Pero se trata en todo caso de fallos menores y olvidables con el tiempo, que no desmejoran demasiado un "White Lightnin'" directo, explícito y doloroso, sumamente bien interpretado e inteligentemente orquestado. Su discurso de la violencia por la violencia (o en su defecto, por la venganza) acabará dejando mella durante largo tiempo al espectador, si tan sólo se le da la oportunidad de llegar a tan interesante propuesta. Ah, por cierto, todo ello se basa en un personaje verídico.
8/10

Trailer de "Edge of Darkness"

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Y ya que andábamos ayer con el tema de Mel Gibson, no sé si al alguien va a importarle demasiado esto, pero ya hay trailer del "Edge of Darkness" siglo XXI, convenientemente remozado y anabolizado a gusto del consumidor actual. Hollywood y su dichosa manía de peliculizarlo absolutamente todo. Si alguien ahí fuera ha visto el original, del que ya hablamos apasionadamente aquí, observará con no demasiada dificultad lo que cabía esperar desde un principio: parecen haber convertido aquel delirio nuclear autoirónico tan británico en el thriller hitech à la Tony Scott de la temporada.
Esperemos que de nuevo el trailer se quede sólo con los tiros y las persecuciones bombásticas y que detrás de lo nuevo de Martin Campbell ("Casino Royale") haya, por lo menos, una décima parte de la socarronería, la angustia y el pesimismo de su hermana mayor. Lo sabremos a principios del año que viene.


Crítica de "TiMER", por EME

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Ante todo, quiero pedir disculpas por no tener ni la más remota idea de cine, sólo soy una espectadora más que, hasta que me crucé en el camino del Capitán, era asidua a películas comerciales de tercera como cualquier ciudadano de a pie. Espero que para ésta y, si las hay, sucesivas críticas, sirva de aviso a navegantes, para que no me tiren todo el armamento encima... No pretendo ser una entendida en materia, pero sí entender el cine tal y como lo hacen esta pandilla de locos a los que muchos llaman frikis, pero a quienes admiro por tratar de llevar su pasión a algún puerto -que espero (y deseo) que sea bueno-.
Y quiero dar también las gracias a mi Capitán por darme la oportunidad de poner mi granito de arena en este proyecto al que dedica tanto esfuerzo y dedicación.
Ahora sí, después de enjabonar y abrillantar, nos metemos en harina, como decía uno de mis seres más queridos.

¿Te gustaría realmente saber a qué hora, minuto y segundo vas a encontrar a tu pareja ideal? Pues esa es la propuesta que nos presentó en el pasado festival de Sitges la recién estrenada Jac Shaeffer como directora de largometrajes.
Película entretenida, amena, buenrollista y divertida donde las haya, "TiMER" sirvió para que algunos de los asistentes al festival respirásemos un poco de aire fresco y viésemos alguna luz tras tanto grito, oscuridad, sangre y muerte. En definitiva, un cargador de pilas para poder continuar la dichosa semana fantástica.

Oona (Emma Caulfield, vista en "Buffy Cazavampiros" o la versión original de "Sensación de Vivir") es una ortodoncista treintañera con la obsesión impuesta por su madre (la mítica JoBeth Williams de "Poltergeist") de encontrar cuanto antes una pareja con la que compartir toda la vida, con la peculiaridad de tener que hacerlo además con la garantía que ofrece el TiMER, una especie de brazalete incrustado en la piel de los compradores que marca la cuenta atrás hasta el encuentro con su hombre o mujer ideal. Ella lo tiene implementado desde hace mucho tiempo, pero está en blanco, cosa que hace que Oona pierda la paciencia con todos y cada uno de los chicos que se van cruzando en su camino. Y es que a todos ellos, tras un corto periodo de emparejamiento, les obliga a implantarse a su vez un TiMER para poder comprobar que se trata realmente de El elegido, con el consiguiente fracaso y desilusión que le supone que el reloj en cuestión no reaccione.
Un buen día, en un supermercado, conoce por casualidad a Mikey (John Patrick Amedori, de "Gossip Girl" y "Vanished"), un chico un tanto más joven que ella, pero que va a suponer toda una rebelión contra el aparatito en cuestión. Él, después de insistir mucho, consigue quedar con ella con el consecuente nacimiento de algo más que un tonteo corriente, y eso a pesar de que sus respectivos TiMERs no hayan sonado en ningún momento. A partir de entonces, da comienzo una sucesión de situaciones tan peculiares como para que una servidora dude de vuestra capacidad de contención de risa o, directamente, carcajada.


La atractiva Michelle Borth ("Tell Me You Love Me") y el sorprendente (a la par que guapo) Desmond Harrington ("Juana de Arco", "Dexter"), completan el reparto de esta comedia que, aparte de engatusarnos con su trasfondo superficial y facilón a los que últimamente nos tienen acostumbrados las grandes superproducciones americanas, nos obsequia con toda una gama de colores sobre las diferentes relaciones interpersonales, las penurias a las que nos vemos sometidos cuando una edad (supuestamente) madura nos asalta, los problemas a los que toda una generación se enfrenta tanto personal como socialmente... vamos, una auténtica autopsia de la actual sociedad americana, aunque totalmente extrapolable a cualquier otra, con cierto toque de crítica que nos hace entrever la directora de la cinta.

Así pues, pese a parecer la típica historia ñoña y destinada a un público mayoritariamente femenino, "TiMER" hace que nos planteemos una serie de preguntas bastante interesantes sobre el miedo a la soledad, la desesperación por la falta de tiempo para encontrar a la media naranja, y sobre si prima más la opinión de un invento algo descabellado frente a lo que nos dicta en algún momento nuestro corazón.

No puedo acabar este intento de crítica sin expresar la pregunta que todos los que hayan asistido al visionado de este film seguramente se habrán hecho: ¿qué demonios pintaba esta película en medio del torbellino de vísceras, terror y sangre al que Sitges nos tiene acostumbrados? ¿Puede que después de ésta, el Festival se convierta en un reclamo para abarcar a otro tipo de público (entre el cual me incluyo, con vuestro permiso), por mucha pulserita de ciencia ficción que contenga?
Yo de momento, me quedo con el buen sabor de boca que me dejó y me sigue dejando en el recuerdo "TiMER", esperando que pronto podáis disfrutar de ella tanto como yo lo hice durante el Festival. De momento no tenemos fecha de su estreno, pero estoy segura de que si acaba asomando en nuestras salas, será una de las sorpresas de la temporada.
Esperemos que los señores distribuidores nos permitan hacerlo.
¡Hasta pronto!
8/10

Mad Max de nuevo en la carretera con su cuarta entrega

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Sigue el rescate/renovación/explotación de los iconos ochenteros, en esta ocasión con la cuarta parte de "Mad Max" (1979), que ya conoció secuelas en 1981 y 1985 y que parece ser ya una realidad más que un mero sueño húmedo para los numerosos fans de la road-saga.
La alegría es patente, puesto que va a dirigir George Miller, artífice de las tres anteriores y papá espiritual del tinglado, aunque es seguro que Mel Gibson no va a meterse de nuevo en los calzones postapocalípticos del buen Max.
A cambio, se barajan nombres como Tom Hardy (lo vimos en "RocknRolla", lo veremos en "Inception") o el últimamente muy cotizado Sam Worthington ("Terminator Salvation", "Avatar"), así como Charlize Theron, cuyo nombre podría sonar también con bastante fuerza, reciente su paso por los escenarios devastados de "The Road".
Lo que más choca de todo el asunto es el plan de rodaje, que está previsto que se alargue hasta las 30 semanas, lo que supondrá un total de dos años y medio de una producción que va a a empezar en breve, la creación de más de 500 puestos de trabajo (lo digo por si alguien se anima), y que además parece ser que pretende poner Sydney en el mapa de la producción cinematográfica tras haber perdido el rodaje de "Green Lantern", que queda desplazado a Nueva Orleans.
En fin, mientras semejantes números sirvan para montar una superproducción sólida y cuidada, lo que es a mí, me vale. Y si no pierde por el camino el toque gamberro y sucio y el pulso salvaje de sus populares precedentes, esta "Mad Max: Fury Road" puede depararnos momentos de gran cine de acción. Veremos.

[Por cierto: se han filtrado algunas fotos de los primeros diseños para los coches. De momento la calidad de dichas fotos deja bastante que desear, así que preferimos esperarnos y en cuanto tengamos un material mejor os lo ofreceremos puntualmente]

Crítica de "Paranormal Activity", por el Capitán Spaulding

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Hay que ver el poder que puede llegar a tener el boca-oreja. Poco antes de su proyección en el festival de Sitges del presente año, las críticas estadounidenses de "Paranormal Activity" encumbraban la como la mejor película de terror de la historia (el IMDB llegó a alcanzar el 9,6 sobre 10, y ahora ronda el 7,5), se había convertido en uno de los éxitos del año al recaudar una taquilla vertiginosamente superior a su coste, y el fenómeno se daba por garantizado.
He aquí que llega por fin el primer pase, a las 10:30 de la mañana, en el festival catalán. Para los que no sepan cómo se las gasta el certamen, cabe decir que a esa hora la sala se suele inundar de críticos serios, ya sabéis, aquellos que van con el cuchillo entre los dientes deseando cargarse cualquier proyección que no venga con la firma de Haneke o Akin en el póster (y a veces, ni con esas).
La reacción de buena parte de esa crítica profesional suele ser siempre la misma (y hablo desde la experiencia) ante el cine comercial: no darle la más mínima oportunidad aunque ni siquiera se hayan apagado las luces de la sala.
Ahora bien, ignoro cuál fue el motivo, si la presencia de tan cínicos profesionales, o que las 10:30 no sean horas para ponerse a ver peliculitas; el caso es que al concluir dicho pase, "Paranormal Activity" fue abucheada y tachada como el mayor bluff del festival con diferencia... voz que no tardó en correrse entre los que teníamos entrada para la siguiente y más tardía sesión.
Semejante patada en las partes nobles supuso una rebajada instantánea de expectativas y un mar de dudas en las colas que se formaban para entrar en la sala. El famoso run-run hacía acto de presencia...
Hago semejante introducción porque, a buen seguro, algo de ello influyera en el hecho de que, a eso de las nueve de la noche y con la sesión recién concluida, los aplausos fueran prácticamente unánimes.
Y es que tal vez, el problema de semejante dicotomía emocional se deba a un exceso de emoción (venido directamente del otro lado del charco, ojo) que ha acabado por desvirtuar las perspectivas de lo que es, simple y llanamente, una película más de terror comercial, con ánimo de recaudar toda la taquilla de la que sea capaz.


Que la película no sea perfecta es algo que queda claro a los pocos minutos de su arranque. Jugando al mismo juego que en su día realizara "El Proyecto de la Bruja de Blair "(que es mucho mejor, por cierto), "Paranormal Activity" intenta engañar al espectador con un mar de calma inicial presentado con aromas de tranquilidad e incredulidad, unos personajes que pretenden parecer normales y corrientes, incluso escépticos ante la que se les viene encima.
Ya nos encontramos con el primer problema: los únicos dos actores de la cinta no logran transmitir prácticamente nada, y pecan de una naturalidad excesiva, resultando justamente todo lo contrario. Porque seamos sinceros, ¿quién demonios actúa como si nada cuando sabe que vive con fantasmas cabrones en su casa?
Con una actitud que, sobre todo en el caso del chico (Micah Sloat), nunca da sensación de miedo, al espectador le acaba importando bien poco lo que les pueda ocurrir, todo lo contrario a lo que ocurría en "Blair Witch" (máximo referente al que volveremos a comparar con total seguridad) o incluso "Monstruoso".

El siguiente tropiezo de "Paranormal Activity" lo hallamos en la estrategia escogida por su director y guionista (el debutante Oren Peli) a la hora de estructurar el terror de la película. Con otras palabras, ello significa que lo que se busca es un miedo ascendente, que suba escalón tras escalón hasta subir al piso más elevado: el miedo interno, real y puro del espectador.
Lamentablemente, dicha escalada comienza desde el sótano, y tarda tanto en llegar al ático que apenas le da tiempo a ello, lo que se traduce en una primera hora de metraje cuya máxima sensación es algún que otro escalofrío surgido de las buenas ideas que sí tiene "Paranormal Activity" pero que quedan sin desarrollo completo.
Desde luego, el nivel de terror variará en función de la posición de cada espectador, ya que si se tiene la mala suerte de compartir con la pareja protagonista casa, habitación o cama, se corre el riesgo de pasarlo realmente mal en el cine, pero aun así cabe reconocer que se trata de un muy irregular montaje que se mueve entre la indiferencia, la expectativa de que algo ocurra... y el aburrimiento.


Pero, titubeos a parte, no olvidemos que aún queda un clímax de veinte minutos, que igual que en "Blair Witch" es el que esconde la verdadera enjundia del cotarro. Se trata de un pasaje de terror sin concesiones ni contemplaciones, con varios sustos de muy alto nivel (si no se ha visto el excesivamente spoileante trailer) que concluye en un final sorpresa digno para rivalizar directamente con cierta periodista catalana retenida en un ático a oscuras con una cámara de televisión.
Y como, al final, lo único que importa en el cine comercial de terror es despertar un mínimo de sensación de miedo en el espectador (algo que prácticamente nadie consigue hoy en día) y "Paranormal Activity" se tiene que considerar exclusivamente bajo este prisma, podemos darnos por satisfechos.
Cierto, hay que tener paciencia, y supone todo un esfuerzo esperar a que arranque lo bueno. Pero al final, vale la pena la recompensa.
5,5/10

El Equipo A se presenta

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Liam Neeson, Bradley Cooper, Quinton Jackson y Sharlto Copley. O lo que es lo mismo: Hannibal, Fénix, M.A. y Murdock. De esta guisa podremos ver en pantalla grande al mítico Equipo A (al que por cierto acompañarán Jessica Biel y Patrick Wilson), en la esperada adaptación de la serie que en estos momentos ultima Joe Carnahan ("Ases Caliente") en base a un guión de Skip Woods, Michael Brandt, Derek Haas y Stephen J. Cannell (visita a sus fichas de IMDB obligada).
Detrás de todo el tinglado, Tony Scott aparece como productor de una película que, si todo va bien, podrá verse en EEUU el próximo 11 de junio. Sobre la necesidad o no de su mera existencia, hablaremos en otra ocasión...

Críticas de "Book of Blood", "Dread" y "The Human Centipede", por Bill Haverchuck

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Me presento. Soy Bill Haverchuck.


Vaya por delante que aquí, como al contrario que mis compañeros bloggeros, yo no soy un gran letrado en cine gore, en el sentido más gafapástico de la palabra. Sí, me encanta la trilogía de “Evil Dead” de cabo a rabo (e incluso soy de los freakies que dicen que la segunda era mucho mejor que la primera), todo lo que he visto de Romero me ha parecido fabuloso, “La matanza de Texas” es de mis películas de terror favoritas, sé apreciar el encanto que tienen películas tan dispares como “2000 maníacos”, “Candyman”, “Re-Animator”, “Nueva York bajo el terror de los zombis” o “Rabia”, me encanta la Hammer y soy fan de Peter Cushing y Christopher Lee, la filosofía de la nueva carne me fascina y me gustan los muertos vivientes, las infecciones virales y los brotes de locura más de lo que tiendo a reconocer. Pero, en cuanto ahondo algo en materia, me doy cuenta que soy prácticamente un analfabeto en Rob Zombie, Wes Craven, John Carpenter, Dario Argento y Mario Bava, y no sabéis cuánto me avergüenza decirlo (espero que no se me expulse de esta Casa por ello).

Pero de algún modo tenía que presentarme, ¿verdad?

Por suerte, creo que estoy en la posición perfecta para valorar de forma crítica el triplete de películas que, en una maratoniana sesión en Sitges de 1 de la noche a 6 de la madrugada del 10 de octubre de 2009, el Capitán, Blutarsky y yo nos tragamos no sin algunos bostezos y cabezadillas ocasionales. La razón es sencilla: hasta un analfabeto en cine se hubiera dado cuenta de que esa maratón no requería demasiada experiencia en el género. Y es que las tres películas, que proyectadas de forma continuada y sin pausas intermedias formaron casi un único bloque fílmico de 5 horas de duración, significaron, al menos para mí, una experiencia bastante alucinante.

La función (porque, más que nunca, aquello fue una “función” en toda regla) comenzaba con la proyección de “Book of Blood” (2008), una historia basada en un relato homónimo del mítico Clive Barker, padrino las dos primeras películas en funciones de productor y autor de los originales. El filme, escrito y dirigido por John Harrison, trata la historia de una famosa escritora de investigación de sucesos paranormales que, para su nuevo libro, se aloja en una mansión que se cree la puerta de acceso al mundo de los muertos acompañada de un ayudante y un joven de pasado oscuro.

El inicio es, a pesar de la mala premisa inicial, poderoso. La primera imagen es la de un hombre saboreando lentamente su desayuno en una cafetería de carretera que parece tratar que las profundas cicatrices de su cara, que tapa con una capucha, pasen desapercibidas. Tras acabar el café, desaparece, y antes de que uno pueda darse cuenta, la acción ya se ha trasladado a una situación donde este mismo hombre se encuentra atado en una mesa delante de alguien que parece dispuesto a causarle un dolor intenso. De repente, no obstante, la historia cambia a flashback, y todo se desploma de repente. Un comienzo de desarrollo de trama bastante desastroso y lo sorprendente de lo que parecía un “inicio poderoso” acaban en un falso acercamiento a algo potencialmente interesante. Y lo que es peor, lo que hasta el momento del flashback nos ha sido contado acabará siendo un macguffin un tanto innecesario.

En el flashback, nadie sabe muy bien qué está ocurriendo: hay una chica, hay un chico y hay una casa, de eso estoy seguro. Durante la hora siguiente la misma escena se repite una y otra vez, intercalándose con algo de sexo y un par de sustos de lo más gratuitos. Y finalmente la resolución es tan desordenada como el resto de la historia: no sólo lo que se nos cuenta se nos cuenta mal, sino que, además, numerosas incoherencias aparecen de pronto, tanto a nivel argumental (puesto que la historia se resuelve de forma absolutamente anticlimática y desacompasada) como de personajes (en particular, me refiero al brusco cambio en el tramo final de uno de ellos). Cada giro final es más desconcertante que el anterior. Cuando el flashback finaliza y la historia queda liquidada, los epílogos comienzan a sucederse y el espectador empieza a impacientarse: las historias se cierran, de nuevo de forma torpe y a todas luces alargada, y uno acaba harto de tanta casa encantada, de tanto susto a santo de nada, de tanto fantasma que jamás aparece y, sobre todo, de tan poca sangre y mala leche. No, un par de cortes en un cuerpo, una onírica escena con libélulas y, menos aún, sustos del calibre de “oops, lo siento, ¿te he asustado?” no me compran como espectador que viene a ver algo de cine de terror. Suspende. Y si la película se alarga tanto, más.


Sin apenas tiempo para un respiro, llega entonces “Dread” (2009), firmada por Anthony Diblasi en el guión y en la dirección, también a partir de un relato de Barker. La sensación inicial varios minutos empezada la película parece ser la misma, puesto que la factura de la película es francamente parecida tanto en los aspectos más técnicos, la fotografía sin ir más lejos, como en forma inicial de llevar la trama. El desconcierto inicial es menor pero sigue siendo notorio. De hecho, no es hasta el tramo final, esto es, aproximadamente el último tercio, cuando las cosas cambian por completo. Así, aunque alguna actuación flojea (pese a que cabe decir que los actores cumplen bastante bien en general) y alguna resolución vuelve a ser algo brusca, la película mantiene un nivel final que sabe dosificarse bastante correctamente y a la vez mostrar todo aquello que sólo se ha sugerido con anterioridad, convirtiéndose en algo que empieza a parecerse a las expectativas de los espectadores más esperanzados que siguen despiertos en la sala.
En este sentido, “Dread” es mucho más efectiva que “Book of Blood”, tanto porque tiene una historia más atractiva (aunque no tanto, en realidad) como porque está sencillamente mejor contada, consiguiendo alcanzar momentos que la anterior sólo podía llegar a desear. Es más, en “Dread” se acaban presentando ciertos elementos y recursos fílmicos y argumentales que acaban resultando muy satisfactorios (véase la escena del bistec, quizá la mejor de la película con permiso de la de la bañera), alguno de los cuales me atrevería a calificar de muy bien realizados, tratados y conducidos por Diblasi (de verdad). Y, como digo, los frutos acaban siendo positivos: a los que se han expuesto se acaban añadiendo un hilo temporal francamente bien llevado, una tensión en general bien mantenida y una historia que va degradándose y volviéndose áspera por momentos hasta un clímax final que no deja indiferente.

Sin embargo, el problema es precisamente que todo sucede al final. En perspectiva, un arranque flojo, una presentación de personajes confusa y una historia que divaga y se alarga hacen de “Dread” una película que acaba flojeando en los pilares que, dado a lo que aspira, más fuertemente deberían sostenerla, esto es, una trama cotidiana y, por ello, chocante, una definición bien diferenciada de cada uno de los personajes (asociar cada uno a un recuerdo hiriente es una buena idea, pero mal aprovechada) y, sobre todo, una tensión que se reparta equitativamente durante todo el metraje y no sólo en la recta final. Por contra, la película acabará apoyándose mayoritariamente en todo aquello que debería ser el plus que hace de una buena película de terror comercial una muy buena película de terror comercial: el giro final, las escenas accesorias que sólo deberían contribuir a la creación del ambiente que se quiere imprimir y, en general, el uso de trucos cinematográficos del género, que aquí se convierten en exasperantes. El problema se repite respecto de “Book of Blood”, así como de tantas otras películas de terror fallidas: el miedo surge simplemente del ambiente y las situaciones que rodean a los personajes, y no inherentemente de ellos mismos.


Es justamente esto último lo que diferencia tan clamorosamente a “The Human Centipede (First Sequence)” de las dos películas anteriores. Aquí, el ambiente que rodea la película no es tanto la causa como la consecuencia de las dos verdaderas fuentes de terror: la propia historia, genuinamente malsana y sin necesidad de ser apoyada por clichés para ser contada, y el personaje protagonista, verdadero eje conductor del film. En lo que respecta a lo primero, el relato es simplemente tan sobrecogedor que el director, en este caso un holandés llamado Tom Six, tiene la suficiente habilidad para no meter mano alguna por lo que respecta a artificios fílmicos añadidos, tanto porque éstos podrían dañar la pureza de la historia como porque arruinarían toda intención de contar algo tan asqueroso desde un punto de vista con cierto rigor. Los límites a los que llega la perversidad de esta película, la verdad, rebasan toda expectativa acerca de lo que uno puede llegar a ver en un cine. El regocijo de la sala, como podéis imaginar, fue inmediato: el plato fuerte de la noche había llegado por fin, tal como prometía la premisa que los propios cineastas nos habían dado poco antes de empezar la maratón: “No intenten esto en casa”, advertencia que, esta vez sí, hay que tomarse al pie de la letra.
Al mismo tiempo, no obstante, algunos de nosotros nos temíamos que la película acabara travándose en el simple pastiche soft-gore, como había ocurrido con las dos anteriores. Sin embargo, esa duda pronto se desvaneció de nuestras mentes, al tiempo que imágenes más preocupantes ocupaban su lugar. A posteriori, una vez pasados los efectos de corto plazo que esta película tiene sobre el cerebro humano, las primeras reflexiones surgen. En una revisión mental de la película nos damos cuenta, en primer lugar, que si bien decíamos que Tom Six apenas necesita estrujarse la cabeza tras la cámara (pues la película podría funcionar por si sola con su cuasi anecdótica historia como único combustible), pronto emergen de forma apabullante los elementos que alzan el filme como lo que es: una grandiosa exposición del terror humano y una excepcional muestra del fracaso del hombre frente a la ciencia o, mejor dicho, de la sublimación de la ciencia como algo más allá del entendimiento racional. Entre estos elementos, el principal es sin duda el doctor Heiter (impecable interpretación del actor alemán Dieter Laser), pero no cabe olvidar, insisto, la mano de Six tras la cámara, que si bien es cierto que es poco artificiosa, es firme y tan robusta que casi nos hace olvidar que todo lo que estamos viendo es falso. Algo tan sencillo es, para mí, muy valioso. El tempo de la película, hay que reconocerlo, es magnífico, y la poderosa garra de la historia fluye en él haciéndonos partícipes del horror casi sin darnos cuenta a pesar de lo inverosímil de la premisa y de lo surrealista de las situaciones, que en algunos casos rozan un humor más negro que el carbón (la escena en que cierto personaje tiene ciertos problemas intestinales, por ejemplo). Contada en un tiempo argumental limitado, los acontecimientos se suceden y cada cual es peor que el anterior: no hay cabida para nada excepto para la perversión, que aunque abundante, encaja sorprendentemente en su justa medida y pese a que asusta, nunca es gratuita. De algún modo u otro, consigue balancearse consigo misma.

Naturalmente, es en esta aparente simplicidad -la locura por el hecho de estar loco- de donde surgen las reflexiones de las que antes hablaba. Veamos. Se nos presenta un personaje extremo, unas situaciones extremas y una delirante sucesión de acontecimientos, todo ello propiciado por la motivación de un cirujano fracasado que únicamente quiere satisfacer sus deseos más primitivos e instintivos como gran conocedor de la ciencia médica: la creación. ¿Es jugar a ser Dios? No, la cosa no parece tan sencilla. Más bien es jugar a un complicado mecanismo repartido a partes iguales entre la locura más irracional y, al mismo tiempo, la perversión más racional. Porque si bien Heiter crea una monstruosa criatura por el simple placer de ver si es capaz de hacerlo, también es cierto que usa la ciencia pura y el desbordante conocimiento albergado en su mente para ello. Estamos hablando de un hombre que antaño fue un cirujano excepcional, pero que hoy sigue siéndolo. De ahí lo más temible del asunto: Heiter no está loco, sino sólo embriagado por el conocimiento. El horror es inherente al personaje, no envolvente alrededor de él. Magnífico.
Veremos qué tiene que añadir a todo esto Tom Six en la secuela, planeada para 2010, donde la criatura promete alargarse: “The Human Centipede (Full Sequence)”. Todos la esperamos babeantes.

A todo esto, mis puntuaciones consecuentemente son…

BOOK OF BLOOD 2,5/10
DREAD 6/10
THE HUMAN CENTIPEDE 8,5/10

Y en cuanto a mí, doy por finalizada esta mi primera intervención en La Casa, y anuncio además que, como tengo pensado un par de cosas que podrían ver la luz muy pronto, me vais a ir viendo aparecer por aquí de vez en cuando…


Gracias por leer y be seeing you yo también.

Bill H.

Crítica de "Celda 211", por el Capitán Spaulding

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Si algo ha dejado claro Daniel Monzón en su carrera como director, es una muy marcada voluntad de mirar más allá de los confines (cinematográficos) ibéricos. Su primeriza "El Corazón del Guerrero" ya mostraba un abierto interés por temáticas e incluso recursos y estilos propios del cine estadounidense, mientras que en el "Robo Más Grande Jamás Contado" un personaje apodado El Santo pretendía emular a Thomas Crown y "La Caja Kovak" contaba, directamente, con un reparto internacional.
Ahora, el nuevo trabajo de este crítico reconvertido a cineasta viene a confirmar su interés por la cultura made in Hollywood más comercial, convirtiéndose en el que quizás sea el primer blockbuster español puro y duro de los últimos tiempos, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva.

La primera pista de dicho enfoque la encontramos en su propio título, una críptica "Celda 211" que supone a su vez el punto de partida de un argumento de motines carcelarios, potente y dinámico, y orquestado a modo de action-thriller movie. En un marco neutro (la cárcel apenas cuenta con signos de identidad y podría pasar por cualquier establecimiento penitenciario del globo terráqueo) se produce una revolución llevada a cabo a la heroica por parte de unos presos, casi mártires, cuyos objetivos van poco más allá de la mejora de las condiciones humanas del lugar. En este grupo protagónico, tan perfectamente definido y jerarquizado como la banda de "Con Air" o los diversos clanes de "Prison Break" (Lechero aparte, claro), es donde acaba introduciéndose Juan, alias Calzones, un funcionario que empezaba a trabajar el mismo día del motín. De hecho, que haya citado la famosa serie americana no es en absoluto gratuito, ya que tanto el personaje (interpretado con atino por Alberto Ammann) como su manera de colarse entre los presos no se aleja demasiado al Michael Scofield de Fox River.


El mencionado acercamiento al cine comercial estadounidense queda, por tanto, patente desde la mera lectura de su sinopsis, y se afianza tanto a través del inteligente empleo de la dureza y violencia cruda de ciertos pasajes (jugueteando con las calificaciones de edades) como de los aspectos más técnicos del film, que podrían pasar por una producción internacional de no ser por el sonido en directo, lastra inmortal del cine español. Ni la opción de rodar la película con cámara digital en mano se hace molesta, recordando a un Michael Mann de reciclaje.
Incluso los actores más relevantes (sí, Antonio Resines incluido) parecen especialmente enrocados con la producción, componiendo interpretaciones por encima de lo esperado/temido.
De todos ellas, obvio, destaca la labor de Luís Tosar. El esfuerzo realizado por el actor de “Los Lunes al Sol” se ve recompensado por una sorprendente recreación del cabecilla de los presos, un tal Malamadre tan humano como temible. No sólo sirve para presentar a Tosar como el más firme candidato al Goya, sino que le hace despuntar como uno de los grandes actores del panorama español actual (aunque eso tampoco sea decir demasiado).

Ahora bien, esa apuesta por el cine más comercial también cuesta algunos puntos, pues como todo blockbuster ultramarino que se precie, “Celda 211” peca de resoluciones excesivamente peliculeras que le restan varios enteros a la supuesta seriedad buscada. Así, chirría todo lo relacionado con la mujer de Calzones (embarazada para más inri), determinados pasajes de dudosa credibilidad (la mayoría centrados en su tramo final), y el innecesario revestimiento de falsa trascendencia traducido en las (breves) entrevistas con testigos, entre las que destaca (para mal) la frase inmediatamente anterior a los títulos de crédito.
Pero, en todo caso, se trata de salpicaduras que no empañan demasiado el alma de un producción que, a fin de cuentas, busca entretener sin pararse a pensar demasiado en ella. Y a día de hoy, pocos directores nacionales están capacitados para ello: no me cabe la menor duda de que, en manos de otro, “Celda 211” se hubiera convertido en una denuncia social sobre las condiciones humanas de las cárceles españolas, algo que, aquí, apenas asoma.


Al final, “Celda 211” se convierte en una grata sorpresa, una apuesta española por el espectáculo que regala al espectador casi dos horas de emocionante y opresivo motín carcelario. Rayando, en (casi) todos sus aspectos, en un nivel realmente notable, supone una opción muy válida que, de paso, reactiva el interés por un cine nacional bastante apagado en los últimos tiempos. Eso sí, olvídense de mensajes trascendentes sobre la sociedad española o el panorama carcelario, pues a excepción de un grupo de presos etarras, poca denominación de origen se halla tras sus barrotes (y nosotros nos alegramos por ello).
7/10

Segundo trailer de "The Wolfman"

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Como prometimos ayer, os dejamos con el segundo y espectacular trailer de "The Wolfman". Recordemos su fecha de estreno: 12 de febrero del 2010. Enjoy!


Crítica de "Los límites del control", por John Blutarsky

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Oops, tenía esta crítica pendiente desde hace varias semanas, y no ha sido hasta hoy que me he decidido. Me disculpo, porque a quien le pueda interesar probablemente ya habrá visto la película. Pero como sabéis, el compromiso de La Casa con la actualidad cinematográfica es una de nuestras señas de identidad y el interés por el cine de calidad (no digo de qué calidad) nuestro objetivo vital.
En fin, que no podíamos dejar un agujero tan gordo abierto. Voy.

Existen infinidad de maneras de rodar una historia de gángsters, tráfico de diamantes y asesinos despiadados, pero dos son extremas y antagónicas.
La primera de ellas estaría adornada con gran cantidad de tiros, espectaculares explosiones y trepidantes persecuciones. En esta, unos personajes "buenos" y otros "malos" lucharían por conseguir sus objetivos enmarcados en una trama más o menos enrevesada, pero siempre entretenida y vibrante.
"Los límites del control" es la forma en que Jim Jarmusch aborda esta historia tomando como metodología y filosofía cinematográfica la segunda opción.
Según esta, toda la virulencia de la trama está completamente enterrada bajo capas y capas de silencio, cruces de miradas y repeticiones de acciones que crean ciclos rítmicos, algo así como si viéramos la representación visual de una canción, un tema musical con sus estrofas, sus estribillos y su coda final.

El protagonista de "Los límites del control" (un Isaach De Bankolé de inquietante simetría facial) es un asesino embarcado en un viaje físico (por varios puntos de la geografía española, principalmente Madrid y Andalucía) y espiritual cuyas motivaciones sólo "suponemos" a lo largo del metraje de la película, ya que el realizador no quiere dejarnos claro en ningún momento qué mueve sus acciones ni qué guía sus pasos. Sólo nos muestra a un tipo silencioso, frío y metódico, tanto como el Alain Délon de "Le samouraï" (Jean-Pierre Melville, 1967) y probablemente regido por un código ético de raíz oriental, igual que el Forest Whitaker de "Ghost Dog" (1999) y con un objetivo de importancia casi vital, como el del Johnny Depp de "Dead Man" (1995).
No cito estas dos últimas de manera gratuita: "Los límites del control", aun siendo una película en las antípodas de las verborreicas "Bajo el peso de la ley" (1986), "Noche en la Tierra" (1991) o "Coffee & Cigarettes" (2003) es una película muy jarmuschiana en tanto que relata la odisea personal de un tipo regido por su propia lógica ética y lo hace con unas herramientas fílmicas alejadas del cine americano más comercial.


Vamos, que estamos ante una película eminentemente indie, con una personalidad autoral muy marcada, reforzada por un look visual que oscila entre lo realista y lo onírico gracias a una fotografía etérea y rugosa al mismo tiempo, con especial mimo hacia el tratamiento de las texturas y los ambientes. Estupenda en todo momento gracias a la mano de Christopher Doyle, habitual de Wong Kar-Wai que convierte los paisajes españoles en exóticos parajes lunares o en hermosos lugares de paso que encierran a partes iguales encanto tradicional y esencia cool.

Por otro lado, aunque el peso de la película recae prácticamente en el personaje de De Bankolé, la galería de invitados es de campanillas, empezando por una muy enigmática Tilda Swinton y terminando por Bill Murray, John Hurt o Gael García Bernal, rebientapelículas profesional que en este caso no llega a meter la gamba, con una representación española que pasa por Luis Tosar, Óscar Jaenada y Paz de la Huerta.

Se dice que el guión de la película contaba con no más de 25 páginas, y que el resto vendría dado por una serie de anotaciones visuales, ideas formales y moods que el loco Jarmusch guardaba en su cabeza, dejando espacio además para la improvisación y para lo que el propio ritmo de rodaje fuera sugeriendo progresivamente. No es extraño, teniendo en cuenta esto, que la película dé vueltas sobre sí misma, y su línea narrativa esté conformada por una serie de reiteraciones argumentales, de escenas que van repitiéndose con pequeñas variaciones, de modo que el resultado va perfilándose poco a poco. Encuentros en bares ante dos tazas de café, intercambios de cajas de cerillas, frases que sirven como introducción repetitiva a las conversaciones, visitas al Museo Reina Sofía, sesiones de Tai-Chi... van conformando el tapiz de una película que cuenta poco pero dice todo lo que el espectador quiere que le diga hasta su inevitable final, tan sobrio como el resto de película y tan aséptico como su propio protagonista.


Por este motivo no será raro comprobar que "Los límites del control" divida las opiniones del respetable entre "tostón infumable" o "pretenciosa paja mental" y "brillante obra maestra". Y, para qué engañarnos, amigos, no culparé a quien se decline hacia lo negativo. Jarmusch no nos da ni agua y pone a prueba "los límites... de la paciencia del espectador", componiendo una obra que de tan personal es casi inaccesible.
Pero bien sabemos que cuanto mayor es el esfuerzo, mayor es la recompensa, ¿no? Así que la decisión final recae en el espectador y sus ganas por aplicar, o no, ese esfuerzo.

En lo que a mí respecta, estamos ante un nuevo hito (y van) de un tipo incapaz de hacer una mala película.

8'5/10
El comentario del día

Esta película es un auténtico pedazo de MIERDA, es la peor que he visto con diferencia, y la verdad es que me he tragado verdaderos bodrios de serie B, desde el minuto 2 he estado deseando levantarme y largarme de allí, no solo no entretiene, sino que asquea y mucho. Es desagradable, los sonidos, la banda sonora(muy extraña), y los efectos que fallidamente busca causar en el espectador son nefastos y muy bizarre(no en el sentido de la palabra en español). Odiosa, no hay nada peor, diálogos y guion carecen de sentido y calidad, una verdadera mierda.
Un anónimo dixit, en Crítica de Bunraku

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