Así que la gente de la casa del ratón orejudo lo ha tenido muy claro en esta ocasión; no sé exactamente con qué motivo, pero han querido hacer una película Disney ("Clásicos Disney" los llamábamos en aquella época) como no se veía, probablemente, desde "Mulan". Esto es, chica, chico, números musicales y triunfo del amor, todo en 2D.
Tras una frustrada fiesta de disfraces, Naveen sapo confunde a Tiana por una princesa y la convence para que rompa el hechizo besándole, pero lo único que consiguen es transformar a la chica igualmente en rana. El resto os lo imagináis: aventuras para toda la familia de un par de batracios que deben detener los planes del malvado en cuestión, recuperar su forma humana, hacer aliados de diversa índole animal y enamorarse el uno del otro por el camino.
El auténtico acierto pues, más que en el fondo, está en la forma: los directores John Musker y Ron Clements tienen la audacia de ambientar su relato de príncipes encantados y princesas-de-la-noche-a-la-mañana en un contexto aún inexplorado para ellos, y por qué no, para el resto de producciones de animación familiar.
Así, la acción de "Tiana" se desarrolla en un Nueva Orleans años 30 empapado de swing y de jazz. Muy idealizado, eludiendo los aspectos más sórdidos de la pobreza -esto es cine de buen rollo-, pero con un encanto innegable. De todo ello resulta una factura visual muy atractiva (ayudado por una técnica de animación ya perfecta) que pasa por el estilo Disney más "de toda la vida" en los diseños y por la depuración de decorados que logran atmósferas muy logradas: la luminosidad de la ciudad y el lujo de las mansiones dan paso en cierto momento a los claroscuros y brumosos pantanos de Louisiana.
Y en mi opinión este es uno de los fuertes de la película, la caracterización de ambos ambientes. Si la ciudad está poblada de trabajadores, burgueses, nobles y pobres, la zona más salvaje está habitada por todo tipo de fauna pantanosa, ya sea animal (insectos variados, serpientes y por supuesto los omnipresentes gators -uséase, los caimanes-) o humana (los tramperos, muy divertidos, o la aún más hilarante bruja vudú). Es en estos momentos en los que la ambientación se enrarece, el aire se hace más pesado y del swing y el jazz pasamos al bluegrass, al rock sureño, al primer blues, al soul e incluso al gospel.
A este respecto, hay tres o cuatro números musicales realmente admirables: el primero que nos llama la atención es el que sirve como carta de presentación del Dr. Facilier. Este trasunto vudú del Jafar de "Aladdín" presenta sus más oscuras intenciones en un número musicalmente brillante y visualmente espectacular, donde se combina imaginería de magia negra, cartas de tarot, visiones psicotrópicas, vapores tóxicos y el choque visual de oscuridad y fosforescencias. Recuerda hasta cierto punto al número de Oogie Boogie en "Pesadilla antes de Navidad", pero con ungüento milagroso de por medio.
El momento Facilier deja el listón muy alto respecto al resto de números musicales, y realmente no se llega a superar, pero le sigue de cerca alguna que otra canción posterior, especialmente el estupendo tema gospel que implica a la vieja sacerdotisa Mamá Odie.
Sí, a mí también me suena a buenrollismo familiar, pero es que eso es lo que hay. Como debe ser (como esperamos que sea), pese a su envoltorio funky la película está impregnada de ese conservadurismo marca de la casa, ese que tiene el matrimonio como único fin y objetivo soñado, ese que hace que el amor nos convierta a todos en príncipes y princesas.
El tipo de conservadurismo que transmite la idea de que "todo en América es posible si lo deseas con fuerza y se lo pides a la Estrella del Norte, aunque seas un caimán que quiere tocar la trompeta", [SPOILER] ese en el que el malo siempre acaba mordiendo el polvo (especialmente si, ejem, confía sus poderes a ritos paganos)[fin del SPOILER]
En resumen, que tras los semifracasos tridimensionales de Disney al margen de Pixar ("Dinosaurio", "Chicken Little" o la algo más rentable "Bolt"), la casi-todopoderosa productora vuelve al 2D que abandonó en el 2004 tras "Zafarrancho en el rancho".
"Tiana y el sapo" está muy lejos de sus últimos grandes logros ("La sirenita", "La Bella y la Bestia", "Aladdín" o "El rey león") pero resulta una notable comedia musical familiar con sus dosis justas de aventura trepidante, amorío almibarado pero sin pasarse y valores tradicionales. Clasicona pero con un toque actual, divertida, visualmente atractiva y muy bien interpretada en su apartado "voces".
Si se entra en su tónica, encantadora.
7/10






























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