Crítica de "Fantastic Mr. Fox", por John Blutarsky

Película a película, Wes Anderson va confirmando su condición de Tipo Interesante de Hollywood, talento a seguir y del que esperar nuevos destellos de una atractiva personalidad cada vez que estrena algo. Sorprendió a tres o cuatro listillos en su momento con "Academia Rushmore", se dio a conocer entre la masa indie con "Los Tenenbaums" -hasta la fecha su mejor película- y se consolidó como director de culto con "The Life Aquatic" y "Viaje a Darjeeling". Y prosigue ahora su particular camino con esta "Fantastic Mr. Fox" en el que cambia ligeramente las coordenadas de su cine y se pasa a algo así como “el cuento infantil”, en una jugada parecida a la de Spike Jonze con su "Donde viven los monstruos".
Bien, lo de "infantil" es una manera simplista de clasificarlo, porque "Fantastic Mr. Fox" tiene tanto de ello como la última de Jonze. Pero es cierto que Anderson ha cambiado el foco de su indie-ismo hacia una historia de componentes más cercanos al cuento. No en vano, él mismo y Noah Baumbach parten de una historia del gran (y socorrido) Roald Dahl para su guión.
Sin embargo, la sorpresa no es mayor: "Fantastic Mr. Fox" es una aventura animada con técnicas tradicionales de stop-motion que recuerdan a los caminos que suele transitar el siempre brillante Henry Selick ("Pesadilla antes de Navidad", "James y el melocotón gigante", "Los mundos de Coraline", tres muestras de su enorme genio), quien, de rebote, fue el que diseñó los efectos especiales de "Life Aquatic".
Con ello, Anderson inscribe su película en una especie de (falsa) “vieja escuela” que recuerda a ciertos productos televisivos añejos (qué regusto ochentero, amigos), pero con una técnica lo suficientemente perfeccionada como para no estar ligado a sus limitaciones. En otras palabras: terreno abonado para la creatividad y la libertad visual.


Y ese es el fuerte de la película. Saber combinar una historia con un ligero toque de cine independiente (diálogos, temática subyacente, tipo de humor) con la estética cándida e inocente de un cuento sobre un zorro que con los años no ha tenido más remedio que fundar una familia cuando lo que realmente quiere es volver a la aventura de robar gallinas.
Para ello, Anderson se sirve de una serie de valores más o menos universales y con los que el cine siempre se ha sentido de lo más a gusto: desde la crisis personal de la maduración, concretada en esa vida en familia que se opone a la sed de aventuras y la voluntad de permanecer joven. Hasta el descubrimiento mutuo que experimentan padre e hijo, siendo el segundo "un bicho raro" y el primero un absoluto descuidado irresponsable.
Los personajes parten de unas lineas típicas, pero consiguen sobreponerse al estereotipo gracias al desparpajo con el que se tratan: Mr. Fox es el protagonista caradura e inconsciente, su mujer la ex-joven impulsiva reconvertida a ama de casa anodina, el sobrino recién llegado es el hijo que nunca tuvo, el hijo que sí tuvo es un outsider y el de más allá es el amigo bonachón algo freaky pero leal.
Y parte del mérito está también en un reparto de campanillas, mucho cuidado: Meryl Streep, Willem Dafoe, Michael Gambon y habituales de Anderson del calibre de Bill Murray, Owen Wilson o Jason Schwartzman. Y al frente de todos ellos un George Clooney en quien se diría que han pensado expresamente a la hora de escribir el personaje protagonista. Por cierto, curiosidad para fibbers: Jarvis Cocker interpreta un pequeño papel... y hasta el tema musical.
Con estas cartas, Anderson construye una comedia de aventuras para todos los públicos con un punto bizarro (geniales los momentos de catatonia que experimenta la zarigüeya Kylie), o un thriller cómico que bebe de distintas fuentes, desde las películas tipo "gran evasión", hasta los robos con "plan maestro" pasando por el spaghetti western, todo bañado de comedia costumbrista muy Sundance.


Salta a la vista por otro lado el interesante enfoque visual por el que opta Anderson: enmarca la historia en un ambiente campestre otoñal, dándole una apariencia rural y polvorienta, de robagallinas, porches y atardeceres, en la que dominan las luces cálidas, y los tonos amarillos y anaranjados. Todo ilustrado por una banda sonora que pasa a ratos por un folk tradicional y por algún que otro tema de los Beach Boys. Una delicia country que choca de frente con esa cierta postmodernidad light (la hay, intertítulos icónicos mediante) que juguetea con una narrativa cercana al videojuego: mucho travelling lateral de planos abiertos, personajes esquivando obstáculos y un regusto de “superación de pantallas” que no molesta, pero le quita algo de fluidez al conjunto.

Pese a las muchas virtudes que tiene la película y que en el fondo se resumen en tres incontestables, es entrañable, divertida y supercool, al final se queda uno con la sensación de que se le podría haber sacado más punta al tema, haber afilado un poco más el ingenio en lo que se refiere a la descripción de una vida eminentemente humana vivida por... zorros, y que la aventura podría ser un poco más vibrante, con un clímax más trabajado.
Es una pena, porque en conjunto, “Fantastic Mr. Fox” podría ser la mejor aventura de corral desde aquella impresionante “Evasión en la granja” que nos regalaron hace y bastantes años los geniecillos del estudio Aardman.

Buena película, buen rato, y medio paso adelante en la carrera de Anderson.

7/10

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