Crítica de "Cabin Fever 2: Spring Fever", por el Capitán Spaulding

No es la primera vez que nos topamos ante un caso como el de “Cabin Fever 2: Spring Fever”; de hecho, fue hace bien poco que celebramos el descubrimiento de “Camino sangriento”, secuela directa a vídeo de “Km. 666”, a la que sin embargo muchos consideran mejor que la original. La continuación de “Cabin Fever” confirma la buena salud de este tipo de producciones, segundas partes, estrenadas directamente en DVD, de hits de terror recientes pero menores, que pese a las lógicas reticencias del espectador poco a poco se van haciendo imprescindibles. Por lo menos, la que ahora nos ocupa lo es.
Antes de nada, los antecedentes. “Cabin Fever” fue el afortunado debut de Eli Roth en la dirección, y su argumento se centraba en tres parejas de jóvenes que se recluían en una cabaña para darle a la clásica combinación de sexo, drogas y alcohol, encontrando en su lugar un virus mortal hiper-contagioso y más bien desagradable. La película sirvió para catapultar a Roth al estrellato (actualmente es uno de los mejores amiguitos de Tarantino para envidia de Robert Rodriguez) y se convirtió en un clásico instantáneo que todo aficionado al género debería conocer.
Por su parte, Ti West iba camino de convertirse en el nuevo Uwe Boll, pero si algo destaca de su corta filmografía es su pasión verdadera por lo fantástico -en general-, como queda patente en su decepcionante aunque derrochador de potencial acercamiento al terror de los ochenta que supone “The House of the Devil”. “Cabin Fever 2” es la combinación óptima de tales ingredientes.


Con el cambio de cabaña y sexteto protagónico por colegio y decenas de personajes, esta nueva fiebre cambia sutilmente el título para completarlo con un “Spring Fever” (fiebre primaveral) que anuncia sus nuevos horizontes y objetivos. Y es que la película supone más un capítulo alternativo que una continuación pura y dura del original, y como tal se distancia lo suficiente para aportar un nuevo punto de vista y una trama radicalmente distinta, focalizada en los clásicos calentones pre-baile de fin de curso de los jovenzuelos que pueblan pueblos perdidos de los USA. Estos jóvenes serán precisamente los principales consumidores del agua que embotella la empresa Down Home, que contiene el virus mortal -que ya conocemos- caracterizado por provocar granulación pustulienta, explosiones sanguíneas y rápida pérdida de cachitos de piel entre demás lindezas. Con algo más de pureza y castidad, los contagios podrían evitarse, pero a la hora de la verdad, ¿qué tira más: un grano en la cara o sexo rápido en los baños del cole?


Mostrando de nuevo su capacidad por apasionarse -hasta la obsesión- por lo más insospechado, Ti West se disfraza de colegial y hace de su película un ejercicio que catapulta al espectador a películas como “Todo en un día”, “Lío en la universidad” o “American Pie”: cada personaje de “Spring Fever” es un reclamo a tales productos, aunque parodiados y simplificados hasta lo absurdo. Valga como ejemplo la conversación inicial de los dos protagonistas masculinos principales, con una sola palabra empezada por F repitiéndose una y otra y otra vez.
Por otra parte, el director propone a su vez un revival (otro más) del terror de hace algunas décadas, y por ello recurre a un buen catálogo de trucos, montajes, secuencias y movimientos de cámara propios de la serie B añeja, aunque lejos de los extremos de “The House of the Devil”.
El caso es que inesperadamente, la mezcla funciona a la perfección y al final, la segunda parte de “Cabin Fever” acaba convirtiéndose en un divertidísimo cocktail de géneros que caracteriza y ridiculiza (¿voluntariamente?) a toda una generación para luego cargársela a base de bien. A base de muy bien (vamos, todo lo que quiso y no pudo "Jennifer's Body").
Porque sí, es cierto que de un guión teóricamente manido, previsible y carente de total interés Ti West sabe sacarle buen partido a base de personajes desternillantes y una sensación de enfermedad constante en el enrarecido ambiente que rodea la escuela en que todo sucede. De la misma manera que no hay personaje que no tenga, por lo menos, una frase, un gesto, una decisión legendaria, no hay secuencia que no contenga un momento para la gloria, la risotada, la identificación entre espectador y actor o el mal rollo surgido de sus bizarras situaciones. Desde el chorro de la rana diseccionada en boca de la hottie de la clase al sexo con la obesa cocinera (desnudo integral incluido) o la explícita felación en el retrete. O desde los meros títulos de crédito, unos dibujos animados semejantes a los de “Kevin Spencer” que sirven de introducción a la trama y no tardan en descubrirse tan brillante como la segunda secuencia de animación del film, presente en el prólogo.


Pero lo que realmente se disfruta por parte del espectador al que va dirigida esta película (abstenerse quienes consideren que “Crepúsculo” es una saga de terror o quienes sufran por algo de sangre en pantalla) es la cantidad y buen uso del gore con que Ti West empapa varios de los minutos de su trabajo. Se trata de un extremismo visual -exacerbado si se piensa en los límites comerciales del film- que arranca incluso antes de los propios títulos, y a ritmo creciente y constante va ganando protagonismo hasta que, casi sin darse cuenta, uno se ve empapado de la misma sangre que los actores, viscosa, con grumitos, proveniente de lugares indeseados y vomitiva en el sentido más literal de la palabra.
Con eso, y West lo sabe muy bien, la película no debería tener demasiados problemas para hacerse con el beneplácito de su público, y eso es, ni más ni menos, lo que “Cabin Fever 2” consigue hasta el punto de podérsele pasar los innumerables problemas que, por supuesto, se esconden en su metraje. Que si actores de chiste, que si altibajos rítmicos, intrascendencia generalizada; todo eso da igual si la proporción de chorros por minuto acaba con resultado positivo... o si la película incluye un pene que escupa sangre y pus en primer plano.

Así pues, una vez más toca hablar de secuela innecesaria, consumo doméstico, y objetivos lucrativos moralmente dudosos. Todo ello más que cierto, pero sin embargo no empaña demasiado a una pequeña producción cuyo visionado se torna en auténtico gozo para quienes sepan apreciar el gore, la caspa y la serie Z en cantidades industriales. Ti West logra que le perdonemos -de momento- y nos regala una película de escasas inquietudes artísticas en clara contraposición con sus fines guarretes, sangrientos y festivos. Por supuesto, confirma que el sambenito de las segundas partes carece totalmente de sentido.
7/10

6 comentarios:

  1. Pues, siendo sincero, la primera me pareció un mondongo de gran magnitud.

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  2. en serio? uf, para mí es un clásico ya! puede que a simple vista no sea más que una más, pero tiene destellos bastante interesantes, y Roth demuestra cierta enfermedad mental que me pareció deliciosa!! ;)

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  3. Excelente reseña de un filme ciertamente disfrutable. Hubiese preferido que saliese más Rider Strong un actor que me encanta.

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  4. Gracias, sr. Pons. Yo creo que así ya está bien, todos salen lo que tienen que salir, algunos se mueven entre el cameo y el guiño, y así todo se hace entrañable, jeje!

    Salud y celebro que, pese a su 4,5 de IMDB, la película esté siendo disfrutada por cada vez más gente!

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  5. A mi me gusto mucho...muy Dawson Crece con la rubia y el otro paseando y termina todo "en su salsa"...me gusto bastante mas que la primera, que ciertamente hasta me aburrio.
    Totalmente awkward el momento pene sangrante...MUERTE!!!

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  6. juas, sí, es de aquellas pocas ocasiones en que una secuela directa a vídeo tiene sentido. A mí cuando se les va la pinza con productos así... mmmm... me hacen creer de nuevo en el cine y su magia xD

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