Crítica de "Perdona si te llamo amor", por el Capitán Spaulding

Probablemente, por aquí el nombre de Federico Moccia pueda sonar más o menos al lector, pero desde luego no desatará la misma pasión que en su país de origen, una Italia que en los últimos años ha enloquecido con las novelas del romano en general y con este “Scusa ma ti chiamo amore” en particular. Precisamente su adaptación cinematográfica, a cargo del propio Moccia, se estrenó en el país con forma de bota hace un par de años convirtiéndose en un éxito de taquilla sin precedentes por lo que ahora, con cierto delay, aterriza en nuestras carteleras. Habrá que ver si surge el mismo efecto por estos lares, pues a bote pronto, “Perdona si te llamo amor” no parece tener nada en sus entrañas que la haga meritoria de tanto bombo.
Su argumento sigue la relación que se establece entre un apuesto madurito recientemente separado (Raoul Bova) y una joven menor de edad (Michela Quattrociocche) de la que se enamora perdidamente tras colisionar con sus respectivos vehículos. Premisa poco original a la que sigue un devenir igualmente falto de ideas, por supuesto bien edulcorado y plagado de mensajes bucólicos y moralistas sobre el verdadero amor -que no conoce fronteras etc.- y la rotura de estereotipos.


Por el camino una dirección a la que se le nota la falta de experiencia y que no duda en recurrir a lo fácil y sencillo salvo en puntuales ocasiones que no brillan demasiado y si acaso logran todo lo contrario, a la escena de cama me remito.
De este modo, “Perdona si te llamo amor” (cuya traducción literal, por cierto, sería “Perdona pero te llamo amor”: los caminos del doblaje son inescrutables) no tarda suponer una muesca más en ese mal endémico que parece sufrir el cine italiano mayoritario, que salvo honrosas excepciones tiende a aglutinar una miríada de títulos que no justifican ni argumental ni técnicamente la salida de su medio natural, la televisión.
Es más, la tendencia a la voz en off y a una división por episodios con más protagonismo del esperado para varios de sus secundarios, hacen inevitables las comparaciones entre la que ahora nos ocupa y uno de los referentes de la comedia romántica italiana reciente, “Manuale d'amore”, con la que además Moccia comparte varias de sus inquietudes... Huelga decir que “Perdona si te llamo amor” queda en evidencia.
Si a todo ello se le añaden interpretaciones que a duras penas pasarían del aprobado -salvadas en gran parte gracias a la inspiración de un Bova de lo más natural que hace creíble su relación con la debutante Quattrociocche-, y la aparición estelar de un popular grupo de música italiano (desde aquí nos declaramos totalmente en contra de actuaciones musicales en películas), el dedo en la yaga debería escocer de manera evidente, llevando a la desesperación a todo el que acuda a ver la película y desconozca el efecto Moccia, no digiera demasiado bien el azúcar o vaya porque esta semana le tocaba elegir a ella.


No pretendo, por tanto, defender una película objetivamente limitada y válida únicamente para los incondicionales de lo romántico... pero aquí es donde viene el y sin embargo.
Porque pese a todo, y pese a unos diez minutos iniciales que pusieron en seria duda mi permanencia en el sillón, al final no pude resistir y -con cierta distancia, todo hay que decirlo- acabé involucrado en el romance de la pareja protagonista, que por su naturalidad y la sutileza con que su historia es tratada, tiene todas las de provocar una rápida simpatía entre el público. Y con eso, Moccia tiene mucho a su favor.
Sólo así una sonrisa encandilada logra desfruncir el ceño arrugado ante la previsibilidad, la falta de riesgo en sus resoluciones o lo ridículo de algunos de sus momentos. Porque cuando se entra en el juego de “Perdona si te llamo amor”, uno abandona todo atisbo de exigencia artística o innovación argumental. Es una de esas películas tan risueñas, optimistas y oníricas que al final lo que se quiere es que todo suceda como se tiene previsto, sin importar la seriedad del conjunto. Viva el amor, cuanto más imposible mejor, y lo demás ya lo buscaremos en otra parte.
Quizás con el beneplácito concedido a ésta estemos siendo injusto con el resto de propuestas que sí buscan algo más de riesgo, pero qué demonios, ¿a quién le importa?


“Perdona si te llamo amor” sólo pretende hacer pasar un buen rato a los más dóciles y a las parejas más pegajosas, y si fuera posible no hay duda de que Moccia forzaría a todas las salas a cambiar sus asientos por nubes de azúcar para la proyección de su película.
Cierto es que tiene mil y un fallos, que dura veinte minutos más de los que debería y que no cuenta absolutamente nada nuevo. Pero esas son las reglas. A quien no le guste, que no mire.
5/10

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