Crítica de "Un ciudadano ejemplar", por John Blutarsky

La historia de las venganzas personales viene de lejos. No citaremos aquí ejemplos en la literatura clásica, que no vendría a cuento de nada, pero sí hagamos destacar que el de la vendetta, ajuste de cuentas, revancha, o como se le quiera llamar se ha convertido por méritos propios y aceptación popular en un género en sí mismo. Género que además ha dejado camino a grandes entretenimientos viscerales, salvajes, descerebrados, lo que sea. Charles Bronson sabía de esto un porrón, y casi podemos afirmar que incluso el bigotudo macarra fijó el género en un punto desde el cual -Tarantino aparte- apenas ha logrado ya evolucionar. Y es en ese mismo punto donde se encuentra, compartiendo cartel próximamente con "Al límite", este "Un ciudadano ejemplar".
Ni más ni menos. Venganza pura y dura. Con coartada "social", con un personaje afirmando estar "por encima del concepto de venganza", aparentemente encabezonado en dar por saco al sistema judicial, pero con la intención de cepillarse a los malos al fin y al cabo.
Gerard Butler es un papá cariñoso al que le asesinan mujer e hija delante de sus propias narices. Su abogado Jamie Foxx no logra que el auténtico culpable pase por la inyección letal como pago por sus pecados, así que urde un complejísimo plan para hacer pasar por la piedra a todos y cada uno de los responsables de su desdicha. Empezando por el asesino y terminando por...

Bien, no conviene destripar nada más del argumento. Porque poco queda de esta película si la despojamos de sus giros argumentales y su discurrir basado en la sorpresa. Y a decir verdad, desde este punto de vista, "Un ciudadano ejemplar" cumple sobradamente. La mayor parte de su metraje logra ser el espectáculo entretenido que se pretende, tan descabellado y precipitado que divierte. Y bastante, además.
Nuestra parte analítica y sesuda nos berrea "insensato, ¿cómo puedes estar comprando semejante sarta de absurdidades?" mientras nuestra parte más hedonista se revuelca de gozo en los recovecos del siniestro plan que el ¿malvado? psicópata ha trazado.



Además, se comprueba con placer el camino tomado por el director F. Gary Gray, algo más pedregoso que de costumbre: una extraña sustancia negra barniza el conjunto, dando como resultado momentos realmente incómodos. ¿Cómo pueden habitar en una película tan pretendidamente "comercial" momentos tan animales (el "Rated R" asoma las narices) como ese homenaje encubierto a "Dexter" (pornotortura tímida con desmembramiento incluido) o el de la celda y el bistec? Que los amantes del gore no se me exciten, que la cantidad de hemoglobina es discreta, pero aún así rara para una producción de este tipo.
Y la espesura del conjunto no se termina ahí. "Un ciudadano ejemplar" plantea y pone en duda la validez de un sistema judicial inoperante que puede llegar a caer en la absurdidad de sus propios códigos. Y la legitimidad de un justiciero que ponga un poco de sentido común en todo ello. El extraño anti-heroísmo del personaje de Butler ofrece sobre el papel suficientes claroscuros como para resultar atractivo: es un sociópata, no hay duda, pero su causa se nos presenta algo más noble que la de la mayoría de serial-killers a los que estamos habituados.
Que no nos resulte creíble su conversión de padre coraje a Genio del Mal con Brillante Plan Maestro importa más bien poco. Porque al final, a pesar de su pátina intelectualoide, su personaje resulta ser poco más que un villano de opereta del gran teatrillo que es "Un ciudadano ejemplar": no en vano la trama da inicio con la imagen de un telón que se abre, y se cierra con una platea aplaudiendo. Más claro imposible.


Pero al final, el show es el show, y terminamos desengañándonos. Nos hemos pedido un cubo de palomitas demasiado grande. "Un ciudadano ejemplar" acaba siendo una chorrada "de proporciones bíblicas", un buen thriller de suspense que termina convertido en un mal matarratos por obra y gracia de un final vulgarcísimo, mal planificado, mal narrado, precipitado y, al final, totalmente idiótico. Que manda al traste la extraña increíble verosimilitud de todo para evidenciar la ridícula acumulación de absurdidades difícilmente explicables. Hasta el momento nos habíamos creído lo del robot artificiero en el cementerio que pasa inadvertido por literalmente todo el mundo. Lo de las cenas con un afilado hueso en su interior. Lo de la cantidad de túneles escarbados. Todo por la buena fe que podemos profesar hacia una película de esta clase... siempre que no termine convertida en semejante pollez.
Lo sentimos, pero no.

En fin, que cada uno haga su balance: de 105 minutos, 85 son salvables como espectáculo con enganche, intrigante, burro y de parcial desconexión neuronal. El resto, sencillamente no le va a la zaga.
Por mi parte, y pese al buen rato, en conjunto suspende.

4/10

1 comentario:

  1. Tienes toda la razón una peli inverosimil donde las haya.
    Nadie se cree que en diez años puede construir esa galeria de tuneles sin que le pillen y que casualidad coincide con su celda de castigo.
    Una chorrada vaya.

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