¡Están locos estos europeos! Gore sin cruzar el charco: PREMUTOS. EL ÁNGEL CAÍDO (por el Capitán Spaulding)

Al germano Olaf Ittenbach hay que verlo. En sus primeros años, a simple vista parecía uno de esos jeviatas peludos con largas melenas rubias y cuero ceñido, pero al aproximarse a él se le descubría algo distinto, una mirada ojerosa y con un punto de enfermizo que a día de hoy, ya con el pelo corto y más entradito en carnes, conserva intacta. A través de esos ojos perversos, el cineasta debe de concebir un mundo protagonizado por la violencia y bañado por la sangre, y como tal lo plasma en sus películas desde su debut, con la salvaje “The Burning Moon”, hasta el día de hoy.
Su más reconocido trabajo, este “Premutos. El ángel caído”, propone una historia descabellada pero siempre extrema, que va más allá de tiempo y lugar. Porque eso es lo que pasa cuando con la religión (o así) se juega.
La historia arranca en 1231 a.C., cuando en India y en medio de una pelea cruenta (¿Quién contra quién? ah...) se personifica el anti-Dios que da título al film, del que ya se nos ha puesto en situación segundos antes con un par de carteles informativos. El ser superior empieza a dar muestras de su poder, pero acaba siendo batido y condenado a esperar una mejor ocasión para volver al mundo de los vivos y seguir sembrando el terror.
Salto a la actualidad para conocer al protagonista (más o menos) verdadero de la película, un joven algo desafortunado que tras un ligero percance genital comienza a tener visiones extrañas de otras épocas, para sorpresa de su incrédula y disfuncional familia. Premoniciones de que algo malo se acerca, y de que, al chico en particular, nada bueno le espera.


La historia de por sí tiene mucho potencial, a la vista salta. Generalmente el subgénero gore suele constar de premisas argumentales muy parecidas, por lo que cuando aparecen entramados que van adelante y atrás en el tiempo y cuentan con anti-dioses haciendo trastadas, la cosa se agradece tanto como cuando unos alienígenas invaden la Tierra para secuestrar a los humanos y hacer hamburguesas con ellos.
Entre esto y sus veinte primeros minutos, “Premutos” no tarda en saber a gloria, y en hacernos creer que la obra maestra definitiva de la caspa y el ketchup va ser alemana después de todo: a su ultraviolento doble-prólogo, confuso pero sumamente explícito y más que generoso con la hemoglobina, le sucede una apertura hilarante, con un carrusel de situaciones y personajes estrambóticos que aunque la relegan a un plano muy secundario, no se olvidan de la violencia en los flashes premonitorios o las escenas apartadas.
Es una pena que pasado el envite inicial, y hasta la aparición de un par de personajes ulteriores que retoman el vuelo, el film decaiga en ritmo e interés pasando por un tercio de lo más intrascendente. Momentos en que la trama se vuelve repetitiva y la sangre apenas hace acto de presencia, y que inevitablemente despiertan al ilusionado espectador de su sueño. Los infinitos fallos se hacen demasiado evidentes, reina el caos, y al final resulta que no, no estamos ante la obra definitiva, ni ante lo mejor de la serie Z; simplemente se trata de una película mala en toda regla. Mala por estar mal hecha, torpemente rodada y peor interpretada. Por no tener una estructura argumental bien desarrollada. Pero sobre todo, por ser un estreno de 1997 que parece de finales de los 70. Vamos, caspa a más no poder... que en el fondo, es lo que más nos gusta.


Son esta clase de producciones las que curten y más se valoran por parte del espectador, las que hacen grande al género. Permiten un visionado totalmente despreocupado, mejor si en compañía de amigotes con pocas ganas de tomarse nada en serio y sí muchas de disfrutar de un espectáculo demencial, sanguinolento y a poder ser, guarrete. Y eso es lo que ofrece un Ittenbach que, casi guiado por una normativa obligatoria, hasta es capaz de ideárselas para meter con calzador escenas de sexo y desnudos femeninos, de manera que su “Premutos” tenga de todo.
Y como a nosotros lo que nos interesa es el gore, que si no a saber el sentido de su presencia en esta sección especial, la cinta a este aspecto es todo un goce.

Cierto es que la mayor parte de sangre y vísceras se encuentran en sus dos extremos, y que la parte central se convierte en una suerte de comedia surrealista (la escena de la elaboración de un moco es toda una declaración de intenciones), pero cuando Ittenbach entra en materia, se acabaron las tonterías y es entonces cuando se entiende porqué muchos la consideren como una de las propuestas de género más satisfactorias de todos los tiempos.
El esfuerzo vale la pena, pues para empezar, “Premutos” es la obra que seguramente ostente el récord de decapitaciones y explosiones craneales -estas últimas, acompañadas del efecto sonoro de un globo al estallar-. Además, sólo en ella puede verse el clímax con mayor número de muertes por segundo desde “Tu madre se ha comido a mi perro”, que encima protagoniza un héroe fanático de la guerra y la violencia (connotaciones y dobles lecturas las dejaremos para otra ocasión) que pide a gritos un spin-off.
En medio de este festival de humor y tripas una escena hace que nos pongamos serios, correspondiente a una de las mutaciones físicas más bizarras y dolorosas que un servidor recuerde por asustar a quien quiera seguir descubriendo la filmografía del director, habida cuenta de su potencial malrollista.


Sea como sea, cierto es que a fin de cuentas “Premutos. El ángel caído” no es para tanto, pues no es ni mucho menos el espectáculo grotesco del que su fama habla. Y no sólo, sino que además, objetivamente es una película rematadamente mala, como lo son todas y cada una de las que llevan el cartelito de gore, caspa, cutre, serie B, o serie Z. Pero si alguien quisiera dar una definición al género que las engloba, desde luego su calidad artística sería lo último a destacar. Esta clase de cine tiene otros objetivos, y ahora no nos vamos a poner a defenderlo por enésima vez. Quien no disfrute con el gore que pase de largo de ella; quien sí lo haga, que no se pierda una de las citas más obligatorias del género.
Una película que salpica de sangre a ritmo que el cachondeo general se apodera de la pantalla; una óptima opción para acercarse a la obra del mítico director, y para seguir descubriendo eso de que no hay que ir demasiado lejos para encontrar grandes joyas capitales del mejor-peor género cinematográfico por excelencia. “Premutos”, al final, es mucho “Premutos”, y su condición de auténtico mito queda sobradamente justificada.

11 comentarios:

  1. espero que por favor, veais estas pelis o hagais las criticas ANTES de comer...
    que horror!!

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  2. jajaja, nada nada, estas pelis se ven con cantidades ingentes de helados, cocacola y palomitas. Y porque no le damos a las drogas (de momento) que si no...

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  3. Jajajajajajaja, este filme es grande. Con ese contador que nos informa de las muertes en pantalla.

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  4. Juas, sí, es un guiño final enorme para los que, efectivamente, sólo queremos ver cuantas más muertes mejor!!

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  5. Madre mia, el ultragore alemán está más pasado de moda que la Tamara del No Cambié!

    Que tiempos, con 15 añitos nos impactaba este cine,ahora nos parece más o menos lo que la Belén Esteban: estaba morbosa hace años...ahora da pena y asco.

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  6. vaya, pues será que yo soy radicalmente opuesto a ti, porque Belén Esteban me da un morbito.....

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  7. XD, 1928735 siglos sin pasar por aquí, y me dejas este comentario? en de ver....!

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  8. XD claro claro, soy un tipo de pocas palabras. Pero oye, no, que mi aparición en plan comentario es porque planeo en postear pronto con algo, así que voy abriendo boca.

    PD: pero es que tío... gross.

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  9. Sí tío, lo de la Esteban... gross...

    Yo incluso diría gruesome...

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  10. Ah, ahora entiendo tu aparición pues... claro.... claro....

    Y Bluto, no me tires de la lengua, que lo mismo le hago un monográfico a la tipa, muahahah

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