Gruesome! Aberraciones del cine extremo. Hoy, "Aftermath", por el Capitán Spaulding

Antes de que debutara en la dirección de largometrajes con la decepcionante “Los abandonados”, Nacho Cerdà se había curtido en el mundo de los cortos, y sus primeros tres trabajos han sido editados en una cuidada edición especial de dos discos a cargo de Versus Entertainment. Tanto hincapié en al existencia de dicho DVD se debe a que una de los tres películas que incorpora aparece en todas las listas de lo más extremo, lo más salvaje. Lo más... gruesome: entre las reguleras “The Awakening” y “Génesis” (nominada, esta última, al Goya a mejor cortometraje del año 1998) se encuentra “Aftermath”, el segundo trabajo del realizador y hasta la fecha su obra maestra por excelencia.
Treinta minutos, de muy difícil digestión, para poner en duda salud mental e intestinal de espectador y director, pero también para descubrir las salvajes inquietudes (o inquietantes salvajadas) de éste y su total falta de escrúpulos cuando la situación lo permite. Y aquí vaya si lo hace.
Mal empiezan las cosas cuando de buenas a primeras, un carrusel de primeros planos a utensilios diversos nos indica el único marco en que va a desarrollarse la acción, la morgue de un hospital. En ella, dos son los empleados, y uno se encarga del cuerpo de un varón mientras el otro prepara el cadáver sobre el que trabajará a continuación, de una mujer.
Sin escatimar en detalles, Cerdà muestra con puntilloso preciosismo la primera operación sobre un muerto terriblemente maltrecho, hinchado y verdoso. Sorprende la calidad de los efectos visuales, hasta el punto de no percibir hasta ser demasiado tarde si se trata de una gran labor de maquillaje sobre un actor real o si por el contrario no es más que un excelente maniquí. La aprensión que busca el cineasta raya en lo malsano, y ni siquiera cuando aleja la cámara -para ocultar limitaciones técnicas- permite que respiremos de manera algo más sosegada, pues entonces tiende a dirigirla con con creciente insistencia a la perturbadora mirada del segundo médico, aún en tareas de preparación. En conjunto, antesala premonitoria de lo que está por venir.

La idea tiene su gracia: tal y como lo pintan, parece que las intenciones de “Aftermath” no sean del todo enfermizas, y que más allá del impacto visual, la moralina quede en elogiar la labor austera, seria y profesional de los encargados de amortajamiento. De hecho, la estructura aparentemente cíclica del relato, con la que tras acabar el primer cuerpo empieza a trabajarse sobre el segundo de manera mecánica, invitarían a la un acercamiento prácticamente documentalista, o que en todo caso habilitaría una postura pasiva por parte del espectador y así, la mirada lasciva y frente sudorosa (no podemos ver mucho más debido a las máscaras de rigor) del segundo médico supondrían un atisbo de tentación rápidamente atajado al comenzar su labor con la chica. Nada más lejos: apenas desaparece el primero de la habitación dejando a solas al segundo, empieza realmente el grotesco espectáculo que justifica esa posición de lujo entre lo más extremo del cine.
Lejos de mi intención arruinar en demasía la sorpresa, quien quiera ver el cortometraje debería saltar las siguientes líneas, a no ser que puedan servirle como advertencia. Porque censurando lo mínimo, y de nuevo debido seguramente a falta de medios, Nacho Cerdà rueda un infernal episodio de vejación y degradación, la consumación de una fantasía perversa que lleva al profesional a cumplir las peores atrocidades sobre el inerte cuerpo de la fallecida, dando rienda suelta a cualquier ocurrencia, por vomitiva que sea, ante su nublada mirada.


Escenas terribles por su impacto visual (y auditivo), pero también por el emocional, pues no tardan en devastar a quien que aún esperaba algo de clemencia. No, Cerdà no se anda con chiquitas, y si hay espacio para el descanso, es sólo porque él lo permite mediante la introducción de recursos estilísticos -algo forzados- que recuerdan que, en el fondo, todo es una película.
Una película de un realismo inesperado, de una atrocidad feroz y de un estilo visual totalmente explícito alejado de elaboraciones cinematográficas, pero una película al fin y al cabo.

Y como película que es, al final “Aftermath” incluso se permite el lujo de jugárnosla con un atisbo de engaño, haciéndonos hasta dudar de nuestros ojos. ¿Otra puerta abierta a la relajación afectiva? Sea como sea, lo cierto es que el visionado de esta producción es un duro golpe, un peso excesivo que incluso repercute en nuestras conciencias y que apor descontado tardará en ser borrada de nuestras memorias, por mucho que lo intentemos. Fascinante.


5 comentarios:

  1. uuuuuuuuuuu si sigo leyendo y me atrevo a ver las películas fijo me empezare a preguntar si la enfermería es lo mio... XDD pero que carajos. he visto cosas peores en el cadáver de un pollito que mi padre se olvido de enterrar. así que seré masoquista y por lo menos leeré los comentarios y a ver si luego me decido a ver las pelis XD

    buena sección. saludos!

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  2. jejeje, tú misma, pero más que enfermera, te pueden salir ganas de hacerte caníbal!!

    gracias por los piropos ;)

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  3. jajajaja sera? entonces no me las veo. seria el terror de los hospitales si empiezo a comerme a los pacientes. y si terminan haciendo una peli basada en eso y resulta dirigiéndola Danny Boyle o algún otro idiota? solo pensarlo me asusta. mejor me curo en salud XD (se que es muy fantasioso, pero ahora se agarran de cualquier cosa para hacer una película :P)

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  4. no no, la dirigimos nosotros! si eso te vamos comprando ahora los derechos, y luego ya tú haces lo que quieras en los hospitales XDDD

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  5. Vale. pero no vayan a darle ningún papel en la peli a Zack Efron XDDDD

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