Las revisiones de La Casa. Hoy: "The Crazies", por el Capitán Spaulding

La ola de los remakes que parece no remitir ni a tiros ha provocado la aparición de un nuevo “The Crazies”, adaptación de la película homónima que George Romero dirigió allá por el 1973, en plena crisis vietnamita por un lado y apogeo zombi por el otro.
Y me temo que en esta ocasión sea precisamente dicho estreno (el próximo 28 de mayo en territorio español) lo único que justifique la revisión que nos ocupa; si en esta sección hasta ahora nos hemos ocupado de películas que, remake o no mediante, merecían una reivindicación, los locos que dan título al trabajo del genio tras “La noche de los muertos vivientes” tienen muy, muy poquito donde rascar. Y desde luego, gran parte –si no toda) de esa valía se encuentra en sus primeros minutos.
Sin un solo crédito previo, “The Crazies” nos mete de lleno en una casa campestre donde dos hermanos de corta edad juegan despreocupadamente mientras la noche se apodera del lugar.
El juego los (nos) lleva a descubrir al pater familias, quien mantiene un comportamiento errático augurando lo peor, risa desquiciada incluida. Efectivamente, el horror de sus actos no tarda en hacerse realidad, con devastadoras consecuencias que confirman el mejor ejemplo de lo que el misterioso virus aparecido en el apartado pueblo de Evans City (Pennsylvania) es capaz de causar. Virus que, por supuesto, tiene su origen en alguna artimaña fallida del ejército de los Estados Unidos, y que convierte a los humanos en descabezados seres carentes de moral, conciencia, escrúpulos y sentido del orden, la ley o la vida.

Se ha comentado algo más arriba el momento en el que “The Crazies” se estrena por vez primera, una época cinematográfica marcada por la guerra y por una miríada de icónicas figuras entre las que se mueven los gules, terribles amenazas para la humanidad que el propio Romero se encargó de reavivar tras sus tempranas apariciones en “Yo anduve con un zombie” o “La legión de los hombres sin alma”. No es ningún secreto que el octogenario director utilizó y utiliza desde siempre a los muertos andantes como espejo donde reflejar la actualidad social de cada momento, aludiendo a temáticas como la xenofobia, el consumismo masivo, el autoritarismo militar o la generación Youtube. Algo que, sobre todo, ha servido para erigirle como fundador de las sólidas bases con las que, a día de hoy, aún se sustenta el subgénero (sólo hay que ver de lo que son capaces los ancestrales monstruos en la célebre serie “Dead Set”).
Tales elementos, recurrentes en la filmografía del director, reaparecen con idéntica fuerza en la película que nos ocupa, pues si bien aquí los locos son justamente eso, locos de remate –que lo mismo se echan risotadas en los momentos más inoportunos, como les da por matar al que tengan a su lado sin mayor contemplación-, sus reacciones, movimientos y orígenes virales suponen un obvio paralelismo con los zombis, puesto de manifiesto a la mínima que el guión los emplea para investigar en las cuestiones sociales de la época, y la cámara los retrata como masas de despojos humanos sin personalidad ni mayor objetivo que la muerte ajena.


Una vez más, George Romero no duda en arremeter contra la sociedad viciada que lo rodea, representando a prácticamente todo estatus, clase y pensamiento político. Aunque por supuesto, en la década de los 70 era el Ejército el que acostumbraba a llevarse la peor parte, y aquí no hay excepción. En ocasiones desde la ironía, en otras desde el puro terror, “The Crazies” retrata un poder militar apenas alejado del mismísimo infierno (no por nada es prácticamente imposible ver un rostro humano entre las tropas, siempre escondidos tras máscara anti-gas y traje de aislamiento), y si alguna cosa queda clara de la caótica fase inicial de propagación del dichoso virus es que es el ejército, y sólo el ejército, el causante de todo el embrollo.
Con tan apetecible (por más que apetecible) sátira como punto de partida, es en la realización donde el film falla de manera estrepitosa. Si la torpeza (poco) disimulada de Romero es la principal baza de ese factor entrañable con que se recuerda su trilogía-zombi, en este caso tales carencias se acentúan en demasía y coquetean más de una vez con cierta sensación de pura desidia, una desgana que parece adueñarse de unas formas descuidadas y obtusas, incapaces de provocar dramatismo alguno y pobladas de errores de bulto: sombras de micrófonos, defectos de sonido, fallos de raccord y un montaje, como poco, desacertado infligen una herida mortal a una película ya de por sí falta de los elementos básicos (léase guión correctamente revisado o, peor aún, actuaciones profesionales). Si se quiere echar más leña al fuego, ni siquiera su duración es la correcta, unos excesivos ciento y pico minutos que nadie se atrevió a recortar y que se traducen en momentos ruidosos, confusos y molestos por un lado, y detenciones totales y absolutas de la acción por el otro.


Al final, de “The Crazies” sólo quedan un par de secuencias por salvar, además de sus acertadas pero impotentes intenciones. Y es que a los minutos de apertura (de lo mejor que puede verse aun a día de hoy en el género del terror) se le suma el momento de sexo incestuoso, más duro de lo esperado y por tanto de lo poco memorable de un film que tarda en olvidarse lo mismo que una lágrima en la lluvia, o como sea.
En unos días, la crítica de su superior remake.

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