Crítica de "Vincere", por el Capitán Spaulding

Marco Bellocchio vuelve a nuestras carteleras tras “Buenos días, noche” con un drama, a medio camino entre el biopic histórico-político y el romance, centrado en la vida de la amante de Benito Mussolini, Ida Dalser.
Seccionada principalmente en dos grandes bloques argumentales, “Vincere” arranca desde el primer encuentro de la pareja, con un revolucionario Mussolini todavía primerizo en materia, y despliega sus mejores cartas en la descripción de una relación ardiente y pasional, decisiva en la evolución de la figura pública de un dictador al que parece que se busque retratar desde un prisma humanizado y terrenal -algo similar a lo que hiciera Oliver Hirschbiegel con la notable “El hundimiento”- sin por ello restar un ápice a su consabida maldad.
Sin embargo, conforme avanza la película la figura del mandatario va perdiendo relevancia en contraposición al drama por el que tiene que pasar ella, quien no tarda en verse apartada de la vida de su amado, rechazada cuando éste contrae matrimonio con Rachele Guidi, y atrapada en una lucha por recuperar los derechos negados, tanto propios como del hijo que le ha engendrado.
Arranca así el segundo arco argumental de “Vincere”, que pasa gran parte de su metraje entre los muros del manicomio en el que Dalser acaba siendo encerrada.



Como decía, el trabajo de Bellocchio, director y guionista del film, ostenta en su primer tramo los mejores pasajes. La conjunción entre la trama sentimental -la vida privada del Duce- y la vertiente política -la pública- queda plasmada mediante una hábil maquinaria de elipsis y saltos temporales en la que imágenes reales se entremezclan con debates acalorados y carnales secuencias de carácter íntimo, cuyo conjunto va definiendo un Mussolini begins francamente apasionante.
Destaca un Bellocchio tan esforzado como inspirado, de dirección elegante y corte clásico, cuyo trabajo se ve embellecido por el loable esfuerzo de la fotografía primero (visualmente, resulta complicado ubicar la película en el tiempo que le corresponde) y del hiperactivo montaje después (cercano a “Il divo” de Paolo Sorrentino).
Entre los muchos detalles significativos de “Vincere” (interesante el primer beso entre la pareja, con una mano ensangrentada claramente insinuante), brillan con luz propia las escenas en las salas de cine, lugar al que el director se dirige en varias ocasiones para, en el fondo, retratar a su propio público. El poder persuasivo de una proyección de carácter partidista es innegable tanto entonces como ahora, así como la posibilidad de generar debate. En ambos casos, objetivos del director que nos ocupa.


Por todo ello, no deja de ser una pena que la segunda hora pierda algo de fuelle en relación a su apasionante primer tramo.
Coincidiendo con la desaparición de Benito Mussolini (desde entonces, haciendo acto de presencia únicamente a través vídeos reales), el interés comienza a desgastarse a medida que el argumento se simplifica y se limita únicamente al drama personal de Ida Dalser. Una vida no exenta de tragedia que sin embargo no logra emocionar en exceso al espectador habida cuenta de su previsibilidad tanto argumental como formal. La mutación de “Vincere” peca de excesiva, y aunque es injusto banalizar la labor de Bellocchio, la impresión es la de cierta relajación llegada en el peor momento posible porque, que a nadie se le olvide, su metraje rebasa injustificadamente las dos horas.
Con todo, siguen existiendo picos emocionales, por lo que en ningún momento esa vulgaridad en que se acomoda la cinta acaba cayendo en somero aburrimiento.
Y gran parte de ese mérito se le atribuye al tándem protagónico, capitaneado por una Giovanna Mezzogiorno en auténtico estado de gracia. Que Filippo Timi (Mussolini primero, Benito Albino después) aparezca y desaparezca de pantalla en función de las exigencias del guión, obligan a la entregada actriz a cargar con todo el peso de la obra, y es justamente quien se convierte en la única constante de la misma al no contagiarse de los altibajos que la rodean.


Sólo por ella ya se justificaría la existencia una película, y gracias a ella “Vincere” gana todos los puntos que habría perdido por sus altibajos, ubicados mayoritariamente en su segunda mitad. Aun con todo, se convierte en una propuesta lejos de la excelencia pero aun así de lo más interesante, al confirmar la inteligencia de un guión que, sin apenas mostrarlo, hace odiar a Mussolini desde una perspectiva totalmente desacostumbrada. Ya nos lo avisaba Bellocchio, el poder de influir a través de una película hace del cine un arma casi tan potente como cualquier otra.
6,5/10


4 comentarios:

  1. Capi, estoy de acuerdo con el enfoque en el trabajo de la Sra Mezzogiorno, que tiene una presencia descomunal, y también en la caracterización de una pelicula de dos mitades como todo partido de futbol, aunque añadiría un matiz que para mí es importante: Bellocchio logra con este aislamiento de la pobre e ilusa ex-amante crear un "elefante en la habitación" como se dice en inglés, un tema que queda sin tratar pero que subyace todo. Y esta comparación de la locura de un pueblo con la de una mujer, ambas desarrolladas entorno de un hombre muy fácil de tachar de absurdo, es lo que da la pelicula un gancho que dura más allá que las dos horas en el cine. Junto con Il Divo (aún no he leído tu critica de aquella peli tan operatica) y a menor grado, Bongiorno Notte, creo que los italianos de una cierta edad han creado una manera de mostrar la politica que no he visto en otras culturas occidentales. Se ha hecho a base de una estetica blanco y negro, con prismas inesperados y con ritmos marciales. En el Reino Unido se convierte en comedia negra (In The Loop, The Ghost Writer), en EEUU se hace biopics demasiado pronto (W) o se indaga en conspiracias de las mas extensas (JFK etc), en Alemania la locura se queda en un bunker (der Unterfall), en España se evita la politica a toda costa...

    Pero en Italia, la politica surge como un mal necesario, una droga, una panacea, un espejo, una pérdida de humanidad y un gran drama, todo a la vez, escrito en tonos sobrios, con gestos enormes y palabras deliberadamente vacías...

    La escena cuando Filippo Timi hacer por segunda vez - innecesariamente - una imitación de su padre es la muestra perfecta de esta tendencia.

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  2. Vaya, rokain, fantástico comentario el tuyo.
    Te doy la razón en lo referente a la doble lectura de Vincere, sin que por ello le reste valor a mi juicio, y es que por muy loable que sea el objetivo del director, no evita que la segunda parte sean bastante inferior que la primera y por tanto condicione en exceso el cómputo global.

    A todo lo demás... amén. Es decir, no sé hasta qué punto pueda decirse alegremente a lo que recurren diversas "nacionalidades cinematográficas" para enfrentarse a los siempre escabrosos temas políticos, ya que por ejemplo, de Inglaterra no sé si además de las dos que mencionas, existe un puñado de películas más de corte totalmente dramático, documentalista o lo que sea (y de Alemania ya ni te cuento), ya que además de lo que nos llega, no suelo ver nada que se quede en el país de origen (por pura falta de tiempo)...
    En Italia... igual: pese a que he visto las que mencionas (y se ve muy evidente en
    "Il Divo" y "Vincere"), también es cierto que se estrenan otras películas que no se distribuyen comercialmente, y que cambian el registro a la hora de afrontar estos temas.
    Hace algunos años se estrenó "Il caimano", por ejemplo, que no llegué a ver porque por aquél entonces era demasiado pequeño, pero que se suponía que era una parodia de Berlusconi (o eso entendí en su día).
    También vimos "Viva Zapatero", que trataba en modo de documental los problemas con la tv y la política (y por tanto, los problemas con la política en Itlia). Muy recomendable, por cierto. Y hace unos días me llegó desde el país de la bota "Videocracy", que se ve que es directamente una denuncia pura, dura y sin artificios cinematográficos. En lo que sí están de acuerdo todos es en esa enorme y grandilocuente vacuidad que a veces retratan a través de sus películas, y a veces con las propias películas en sí.
    Por lo demás, sí es cierto que todos los ejemplos que mencionas van como anillo al dedo para defender tu opinión, por lo que si me dices que has visto más películas británicas de corte similar, no sólo te creeré de pies juntillas, sino que te pediré que me las recomiendes!

    Por lo demás, recibe una gran bienvenida, tanto como la grata sorpresa que nos hemos llevado con tu comentario, de lo más interesante! Esperamos verte más por aquí ;)

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  3. Totalmente de acuerdo!, me paso lo mismo, con el correr de la pelicula senti que se caia bastante, algunas escenas me parecieron grandilocuentes y cargadas de música excesiva. Peor en General me pareció buena peli, los actores infernales....saludos y te felicito por el blog...

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  4. Pues encantado de coincidir! y de darte la bienvenida por aquí, espero que tu relación con La Casa no acabe aquí ;)

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