Las mundoviejunadas de La Casa. Hoy: "Santa Claus Conquers the Martians", por John Blutarsky

Pues menudo trompazo se pega uno cuando descubre que el muy prometedor título de "Santa Claus Conquers the Martians" es un enorme timo en forma de publicidad engañosa. Y es que, empezando por una cabecera en la que parece que la propia tribu de los Brady nos dé la bienvenida a la película, cualquier parecido del título con el contenido real de la película es pura coincidencia. Bueno, vale, sale Santa Claus. Y hay marcianos. Pero con semejante enunciado (ese "conquista", presagiaba cosas muy grandes) y visto lo visto por la propia factura, la calidad de la película y su popularidad (bajo cero), pues como que lo de esperar habría sido una serie Z de invasiones en toda regla y una visión trashy, desmitificadora y prepunk del mítico barbudo tripón. Una blasfemia navideña de iconolastia destroyer. Santa Claus poniéndose badass para someter a una civilización entera y someterla implacablemente, y cual colono sanguinario, a sus buenos sentimientos festivos. Ho-Ho-Fucking-Ho.


Quiten, quiten, que lo que nos encontramos al abrir la lata de barquillos es justo eso, un cuento navideño rodado en 1964, de buen rollo familiar y con exceso de azúcar glas. Y tampoco nos pongamos quisquillosos, que la cosa tiene su parte entrañable y encantadora. Las risotadas que nos pegamos con motivo de su visionado fueron de antología y dan buena cuenta de ello.

El argumento se las trae. Los niños de Marte son adictos televisivos a la programación infantil navideña de la Tierra (¿?), pero en contrapartida están convirtiéndose progresivamente en obsesos de la pantalla, apáticos lobotomizados por la maldita caja tonta. Así que los marcianos adultos deciden que sus vástagos necesitan una figura que les devuelva la ilusión. Sí, Santa Claus, quién si no. Secuestro intergaláctico al canto y ya tenemos a Santa en Marte, además de dos niños terrestres, que venían con el paquete.


Pero el malvado Voldar tiene sus propios planes, nada cómodo con la presencia de los terrícolas campando impunemente por suelo marciano, corrompiendo las tiernas mentalidades de sus influenciables retoños. Como suena.
Bien, ya se ve por dónde va todo. Estamos ante la película que ocupa el dignísimo puesto número 87 en la lista de las 100 peores películas de la historia según imdb. No quiero ni deciros la nota media de sus usuarios. Así que era material perfecto para una sesión de chungocine casero. Os avanzo que a pesar de la decepción que comentaba, al final la cosa termina cuajando y llegando al corazón. Pero sinceramente lo pone difícil.
Para empezar porque a nivel expositivo la cosa se toma su buen tiempo. En un terreno donde una película tiene que durar no más de 60 minutos, 80 se hacen largos. Especialmente si lo que se tiene por contar es casi nada y ese casi nada se cuenta con los diálogos probablemente más churrescos oídos en mucho tiempo. Y aún más si el producto tiene un acabado de auténtica serie Z y una puesta en escena enferma, raquítica, micronésima: por un lado, el look se sitúa algo así como entre un anuncio retrofuturista de Coca Cola y el episodio piloto de "Los Mundos de Yupi". Y es que hablar de cartón-piedra para referirnos a las secuencias en el Polo y de retromodernidad naïf para hablar de los interiores de las naves sería dignificar esos decorados, involuntariamente camp, absolutamente casposos y alejados de toda sensatez escenográfica.
Y por otro lado, la realización del tal Nicholas Webster es inexistente respecto a lo que debía haber entre el "acción" y el "corten": los planos no tienen ninguna enjundia, el montaje es torpe, brusco, desafinado. Sí, ya podemos decirlo. "Santa Claus Conquers the Martians" está dirigida con la parte esa de la anatomía donde la espalda pierde su noble nombre. Y no hay más.


Qué digo, sí lo hay. Mucho más. Porque la película está amenizada por una asombrosa cantidad de lerdadas, detalles de un gusto fundado en dudosas prácticas de inspiración creativa, probablemente inducidas por el consumo de sustancias de composición química no demasiado clara. A saber: la apariencia física de los marcianos, que pasa por un mono de neopreno, toneladas de maquillaje grisáceo en la cara y unos improbables cascos antenizados; marcianos que por otro lado gastan nombres del estilo Kimar, Bomar, Gimar o Momar (hasta juraría que oí uno llamado Xonxo… un galimatías). O las interpretaciones, deficientes se las mire por donde se las mire (a los niños es para encerrarlos). O esos hipotéticos momentos de humor a lo "Three Stooges" que rompen con el tono general de las secuencias más "serias" haciendo su aparición aleatoriamente, más concretamente cuando les da la santa gana. O esas inmarchitables (¡ja!) imágenes de archivo facilitadas probablemente por el Pentágono y cuya finalidad es mostrar el poderío visual de la película. O…
En resumen, un descomunal mojón de producción que le habría subido los colores hasta a Ed Wood. O sea, una absoluta delicia.
Imprescindible las próximas navidades.


2 comentarios:

  1. Tío, no en serio, eso da más miedo que aquellas gruesome, en toda regla. En mi vida había tenido constancia de semejante cosa. Qué va a ser lo próximo, un musical colorido de Los Pitufos makineros con Baltasar?
    Pero querido Bluto lo peor es la forma en la que hablas tan abiertamente tu condición cinematográfica intelectual...
    Qué fuerte me parece todo.
    Voy a ver si me pongo "Supernova", la española, para quitarme el sustito.
    (oye, y esto dónde lo puede conseguir?, es que a un amigo mío le gusta mucho)

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  2. Zack, esta mierda de película es una auténtica joya sólo apta para los cinéfilos más elitistas. Que lo sepas... Así que si a ese amigo tuyo al que le gusta mucho le interesa, que sepa que nos costó eones conseguirla, y que.... bueno, que le podemos dar alguna pista previa recompensa monetaria :P!

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