Las mundoviejunadas de La Casa. Hoy: "Killers from Space"

Una vez más nos sumergimos en los submundos del sci-fi de los cincuenta para rescatar todo un clásico de la caspa como es "Killers from Space". Dirigida por W. Lee Wilder (hermanísimo) y con un Peter Graves en estado de gracia, la película no ha pasado a la historia ni por las cualidades de ambos, ni por sus primeros minutos de intriga a caballo entre lo paranoico, lo terrorífico y lo fantacientífico... Más bien lo ha hecho por la caracterización de los extraterrestres que en ella aparecen, a los que seguro que, en algún sitio u otro habrá visto el lector alguna vez (por ejemplo, en el glorioso episodio de “Mundo Viejuno” sobre la antenización...).

No adelantemos acontecimientos, que los alienígenas no aparecen hasta el bloque final de la película, y comencemos por el principio: mientras el ejército realiza pruebas con armamento nuclear, el doctor Martin y un compañero se encargan de recoger los datos y resultados de las explosiones. Una de ellas causa algún tipo de alteración en el avión que emplean los científicos, y provoca la precipitación del mismo (vale la pena ver tal accidente: el transporte cae en picado... pero también parecen hacerlo las nubes sospechosamente verticales del fondo), anulando cualquier esperanza por rescatarlos con vida.
Cuál es la sorpresa cuando precisamente el doctor Martin reaparece tras unos días perdido, caminando por su propio pie y con un aspecto envidiable, si se obvia la extraña cicatriz de su pecho, digna del mejor cirujano y por tanto difícilmente atribuible al accidente aéreo. A falta de resolver el misterio, el doctor parece retomar su vida con normalidad, mostrando sin embargo un ímpetu excesivo por volver a su trabajo; tanto como para despertar sospechas, provocar desconfianzas y generar cierta paranoia por parte de los que le rodean. Conforme su errático comportamiento se va haciendo cada vez más evidente, la pregunta sólo puede ser una: ¿qué ocurrió tras el accidente?



Simplifiquemos las cosas, y dividamos “Killers from Space” en dos bloques principales con esa pregunta como elemento divisional.
Naturalmente, el que más nos interesa a nosotros (por eso de justificar su mundoviejunismo) es el segundo, a su vez más escueto, por la presencia de esos alienígenas de ojos saltones y tecnología de última generación, a saber: una tele con un mando a distancia y una antena luminosa.
Estos adorables humanoides cueveros, que invitan a pensar en un cruce grotesco entre Hans Topo, Marty Feldman y los no muertos (o así) de “El último hombre... vivo”, son los culpables de que la película coseche críticas lamentables, pero lo cierto es que deberían considerarse casi de manera instantánea como auténticas leyendas. Y por extensión, toda la película en sí, pues cualquiera que tenga el suficiente valor como para cegar a un puñado de extras con prótesis oculares del tamaño de puños, vestirles con una túnica negra y venderles como amenazas de poder incalculable allende el planeta, merece desde ya nuestra adoración.


Pero es que además, resulta que todo el primer bloque de “Killers from Space” está especialmente logrado. Hasta que no se descubre el tinglado extraterrestre (que vuelve a incidir en temáticas clásicas del ci-fi de los 50 como las consecuencias de los flirteos con armas nucleares o las amenazas que se esconden en nuestra propia casa), su guión adopta las vestes de un sumamente efectivo thriller que aúna paranoia conspirativa con misterios desasosegantes y la sensación de un insistente reloj a cuyo compás marcha, firme en ritmo, la progresiva degradación del personaje. ¡Vamos, que ni el propio Hitchcock! Hasta en la dirección Wilder se aprecian puntuales destellos de lucidez, desde luego indignos de esta categoría cinematográfica tan volcada a la serie Z.

En resumen, nos encontramos aquí con una película tan limitada técnicamente como perfectamente funcional y con potencial mitificable. Con dos tramos netamente distinguibles, “Killers from Space” tiene, literalmente, de todo: una primera hora misteriosa, hecha con mimo y con un ritmo atinado, y un segundo tramo poblado alienígenas, tecnologías extraterrestres, amenazas varias y caspa, mucha caspa. En conjunto, en popurrí de géneros que entretiene e interesa, para luego divertir a golpe de naíf y ternura. Tan entrañable como absolutamente indispensable para todo el que se las dé de fan del... ¿género?


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