Crítica de "Cuestión de principios", por el Capitán Spaulding

Cada cierto tiempo, alguna distribuidora nacional recupera para nuestras carteleras un nuevo caso de comedia argentina del año (sin importar demasiado el año en sí), siendo “Cuestión de principios” la próxima intentona.
Estrenada en su país en septiembre del 2009, la película que ahora nos ocupa cuenta con la dirección de Rodrigo Grande para adaptar un guión de Roberto Fontanarrosa (popular escritor y humorista argentino), a cuyos personajes dan vida actores de la talla de Federico Luppi, Norma Aleando o Pablo Echarri.
Ellos son, respectivamente, un empleado que ve cómo la compañía que lo contrató se amolda a los nuevos tiempos (y renueva su personal a base de jóvenes emprendedores), su mujer y su jefe, un yuppie recién llegado de Barcelona con revolucionarias ideas e innovadoras normas de empresa.
Cuando este último descubre que el número faltante de su colección de revistas antiguas está en posesión del primero, hace lo imposible por comprárselo, y ante su negativa, arranca un enfrentamiento directo entre quien cree que todo tiene un precio, y quien afirma que hay cosas que el dinero no puede comprar.


En fin, pura cuestión de principios, cierto, y primeras y evidentes muestras de hacia dónde van a ir los tiros en esta comedia, tan moralizante e inofensiva.
Porque por mucho que parezca buscar el estilo de un Woody Allen más bien descafeinado (o sea, del Woody Allen actual), nada de esa mordacidad potencial acaba quedando conforme progresa el film, rápidamente simplificado a conceptos bien claros y definidos que no albergan duda alguna sobre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto (y cuando tiene la oportunidad de confundirlos, opta por hacer oídos sordos). Principios más bien básicos, que seguramente sean los principales causantes de que al espectador le pueda costar más de lo debido entrar en el juego.
Eso, o la lentitud con que en general transcurre todo.
Si ya nos quejamos de cierta intrascendencia en su discurso principal, a eso hay que sumarle un devenir excesivamente calmado, que emplea demasiado tiempo en la descripción de personajes (tirando a simplones) y en la puesta a punto de un argumento que podría dar para un mediometraje.


Nada con lo que ser excesivamente alarmistas, cuidado, pero aun así que se empleen prácticamente dos horas en un argumento que se limita a la tenacidad de un hombre por mantenerse firme en su decisión, aun recibiendo acometidas de todos los que le rodean por cambiar de idea, se antoja excesivo. Por su parte, la red de entramados secundarios que va hilándose paralelamente tampoco tiene mucho que aportar, y poco importa en verdad lo que ocurra con la dichosa revista, por lo que en su conjunto nada despierta sensaciones demasiado intensas y, así, en más de una ocasión se cae en el aburrimiento.
Y eso pese a que hay mucho empeño por hacer de “Cuestión de principios” una comedia. De hecho, es tal el esfuerzo que si bien consta de varios toques de humor atinados, se pretende hacer de ella una producción mucho más graciosa de lo que en realidad es, lo que se traduce en justo lo contrario: incómodos silencios por parte del público tras sus fallidos gags.

Así pues, ya ha quedado claro que la propuesta no aporta demasiado. La simplicidad de sus conceptos, su falta de mordiente y la lentitud con la que todo transcurre son lacras bastante evidentes que impiden un acercamiento entusiasta por parte del espectador.
Dicho lo cual, tampoco deja de ser un producto eficiente, y que acaba haciéndose entrañable por su benevolencia y lo positivo de su mensaje (y en gran parte, gracias al trabajo de Luppi).
Sin ser ninguna maravilla, se agradece también que la dirección de Rodrigo Grande sea de un corte tan elegante, cercano a las comedias de antes (no son pocas las citas al cine clásico a lo largo de toda la película) y en ningún momento molesta.
Del mismo modo, esos parecidos con Woody Allen a los que aludía antes quedan reflejados principalmente en una banda sonora acertada y sumamente cuidada hasta suponer lo mejor de la película, a cargo de Ruy Folguera.


Con todo, no acaban de quedarme claros los motivos de que se estrene “Cuestión de principios” en salas españolas, tan tarde en relación a su debut en el país de origen. Si bien se trate de una cinta agradable, edulcorada y nunca malsonante, no hay nada en ella que la exima de convertirse en un estreno directamente en DVD y de hecho, quizás sea éste el formato que mejor le siente: una pausa, una llamada de teléfono, un estiramiento de piernas durante sus momentos más tediosos puede sentarle divinamente.
5,5/10

6 comentarios:

  1. Es una pena que tenga un concepto tan bajo de la pelicula.
    quizas para entender que se ve, tendria que haber nacido en Rosario.
    Es como todo yo veo peliculas Españolas que no me dicen nada y para algun amigo español le parecen buenisimas, es que hay que conocer mas la idiosincracia popular para opinar.
    Por otro lado que alguien en este tiempo de poco compromiso humano se plante ante su jefe y le diga delante de los demas jefes que "no todo tiene precio" vale la pelicula
    saludos

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  2. Tío, que le he puesto sólo medio punto en relación a Tengo algo que deciros...

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  3. No hombre, ofensa ninguna, pero precisamente esos puntos finales están para poder contrastar friamente lo que al final me han parecido las películas en cuestión. Otra cosa es que luego prefiera resaltar bienes y males de una u otra. En Cuestión de principios se me quedó más lo "negativo" y en la otra lo "positivo", y al final, un comentario de opinión siempre acaba relegando en lo personal (de ahí que sea de opinión). Y no sé, las comedias italianas siempre están en unos límites (creo yo) de mero aprobado, pero me "iluminan" más que películas como Cuestión de principios, que se me hizo mucho más cansina, arrastrada... no sé. Cuestión de gustos. Dicho lo cual, mi DVDteca tiene películas como El hijo de la novia (que ahora a todo el mundo le horroriza, pero recuerdo las alabanzas que recibió al principio, y yo me mantengo consecuente a ellas) o No sos vos soy yo. Vamos, que no es cuestión de geografía ni nada. Si me gusta una peli me gusta. Si no no. Venga de donde venga ;)
    Y si este sitio es importante, también lo son las opiniones que dejen sus lectores, así que no te cortes!

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  4. La vi cuando estreno por mi pais Argentina.
    Es una comedia simple pero te lleva a verla con atencion, Poe que no saves como va a termirar el empleado q no se sujeta al capricho de su jefe.

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  5. Con permiso del respetable, voy a meter la cuchara en el tema: a mí hay pelis argentinas que me parecen divertidas (por ejemplo,"La hora de los valientes", o algo así y también "El hijo de la novia"). Lo que pasa es que en España nos cuesta un poco entender los diálogos, por el acento y el argot argentino, hasta que pasa un buen rato de la peli. Por lo menos a mí sí me pasa ( de "Nueve reinas " no me cosqué de ná en la primera media hora,como poco). La solución: muy fácil, que las doblen al "gashego" (es broma, ¿eh?, ne se me enfaden, viejos). Saludos

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  6. Uf, pues yo no creo que tenga nada que ver eh? En este caso, además, Luppi no es que hable precisamente rápido, así que se entiende todo a la perfección... es que es tan soseras toda ella... Por cierto, lo que yo sí que haría es poner subtítulos en todas partes, también en pelis gallegas, ya que hay veces que los actores vocalizan que da gusto. Y digo vocalizan porque no sé cuál es el término radicalmente opuesto.

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