Crítica de "Frozen", por el Capitán Spaulding

Simplificando mucho las cosas, la generación de un sentimiento de terror puede obtenerse mediante dos vías: bien recurriendo a historias que sobrepasen los límites de la apreciación de la realidad con que cuenta el público (y en este saco pueden meterse películas como “The Ring”, “Señales” y “El exorcista”), o bien tratando los miedos más reales, los que se pueden llegar a sentir en la vida cotidiana, naturales e incluso ingenuos. Es el terror que surge como reacción espontánea ante las sombras de nuestra propia casa (“Paranormal Activity”), un bosque inhóspito (“El proyecto de la bruja de Blair”), un chapuzón en alta mar (“Open Water”) o, más simple aún, el hecho de subirse a un telesilla. Precisamente con esto último juega Adam Green en su nueva propuesta, “Frozen”, donde tres amigos quedan suspendidos en un telesilla cuando se disponían a hacer un rápido descenso nocturno con sus esquís y snowboards, justo antes de que una tormenta hiciera acto de presencia en la pista. Y ya.
Como en los ejemplos antes citados, en especial el que dejaba a una pareja perdida en medio del mar, la película de Green es de una simplicidad pasmosa, limitada tan sólo al devenir natural del acontecimiento que da pie a la trama, y a la reacción de sus protagonistas para tratar de salir sanos y salvos del mismo.


Apuesta arriesgada, la del cineasta, que puede suscitar debate entre quienes prefieren una u otra vía para infundir pánico en el espectador, al suponer una producción totalmente deficiente para los primeros y una franca pesadilla para los segundos (en especial si son de los que le tienen cierto respeto a ese peculiar medio de transporte).
Y no es que “Frozen” busque el estilo casi documental de sus hermanas mayores; de hecho, se trata de un thriller que incluye todos los recursos, habidos y por haber, para suscitar emociones intensas, y cuenta además con rostros reconocibles (Kevin Zegers, Emma Bell y Shawn Ashmore) que eliminan el efecto amateur que sus referentes sí poseen. El problema reside pues, única y exclusivamente en la simplicidad de su argumento, que no alberga sorpresa alguna y va desarrollándose en función de la lógica con que los personajes actúan para sobrevivir (y sus consecuencias).
Perfecto en la opinión de quien esto escribe, pero con gran potencial para no convencer a los que no se dejen impresionar por una premisa tan ajustada a la verosimilitud.


Ahora bien, desde luego no se trata de una cinta que se preste a opiniones tan extremistas, ya que justamente, su condición de película lo evita; en otras palabras, Adam Green (quien dirige pero también firma el guión) es perfectamente consciente de que su trabajo es un producto comercial, y poco le importa que todo suceda en el dichoso telesilla y sus inmediatos alrededores: su labor sigue siendo la de una producción al uso, con sus diversos encuadres y planos, su montaje normal y sus movimientos de cámara ordenados y razonados. Y lo mismo vale para el libreto, que pese a la atípica naturalidad de lo que en él se explica, cuenta con una estructura bien definida que primero describe (es un decir) a los personajes y luego alterna momentos de auge dramático con sus correspondientes pausas a modo de respiro. Resultado final, tan efectista como efectivo.
De este modo, dudo de que sean muchos quienes se aburran en este terrible (para bien, claro) pero condenadamente adictivo entretenimiento, que de tanto mimo con que se ha confeccionado logra dar con la tecla justa en todo momento, regalando de paso algunas joyas para el género.
Ahí está el primer encuentro con los lobos (durísimo), o la conversación sobre las mascotas y el pánico ante la posibilidad de quedar abandonadas.


Son escenas como éstas las que denotan cierta inteligencia y/o lucidez cinematográfica por parte de los responsables, dando como resultado la extraña sensación de que no se toma por imbécil al espectador. Si a ellas se les suma una tensión constante y en continuo aumento, un devenir cada vez más extremo de los acontecimientos y, por lo general, mucho mal rollo en el cuerpo, ya tenemos cóctel de lujo para hora y media de entretenimiento.
Eso sí, a ver quién es el listo que después de verla se va a la nieve cuando el sol se ha puesto...
7/10

8 comentarios:

  1. Hummm... me la apunto. Esta bien ver de cuando en cuando pelis que hacen aflorar los miedos mas basicos :D

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  2. pues ya te digo, si eres de esos que cuando se sube a un telesilla (y ojo, a un ascensor, a un coche... cualquier cosa puede ser explotable) dice "ay ay"... esta es tu película!
    Y si no.... pues sigue siendo igualmente divertida, oyes ;)

    Saludos, y gracias por pasarte por aquí!

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  3. He quedado angustiada después de ver esta pelicula. Bah, ha sido un fin de semana de pelis un poco angustiantes y todas por más o menos la misma razón. Se sumaron a Frozen, Reeker y Splice.

    Me angustia pensar en la muerte de mis seres queridos.

    En fin, no voy a usarlos de psicólogos, pero quería comentar esto :P.

    Lo peor de todo es que mi novio no me va a llevar nunca a esquiar :(

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  4. no, no nos uses como psicólogos, que puedes acabar peor que al principio XD

    Curiosa sesión cinéfaga, la tuya! Ésta, desde luego, la mejor en mi opinión :P Entiendo que tu novio no quiera llevarte a esauiar!

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  5. Con respecto a Reeker... Qué truquito para arreglar todos los plot holes, eh? 10 minutos antes de que termine, pensaba, "qué carajo es esto? no puede ser tan pedorro e inconsistente!"

    En fin...

    Y a Splice le falta un climax! Bah, creo que se fueron demasiado para el lado edípico, en vez del lado moral o sci-fi... Un desperdicio.

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  6. yeah, de acuerdo en todo. Eso sí, no me pidas que recuerde la primera, que la vi hace algún tiempo y no.... XD

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  7. La vi hace una semana y me gusto, termine angustiado yo tambien, uff que pobres todos ello jejeje, eso si...¿una montaña cerrada toda una semana? Y duda...¿El segundo en tocar suelo muere o no?

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  8. uy, tanto no recuerdo de ella, sorry... debería reverla, pero... y de dónde saco el tiempo, eh? De dónde lo saco!?!?

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