Crítica de "Retornos", por el Capitán Spaulding

Muy por lo bajini, y coincidiendo mortalmente, a nivel comercial, con el estreno de “Los ojos de Julia”, llega a las carteleras nacionales “Retornos”, debut en la dirección de Luis Avilés con Xavier Estévez, Manuela Vellés, Xosé Manuel Olveira y Emilio Gutiérrez Caba como principales intérpretes.
Ubicada en las verdes y lluviosas tierras gallegas, la película narra la historia de un hombre que regresa a su pueblo natal, tras haber escapado de forma abrupta diez años antes, con motivo de la muerte de su padre. Enfrentado a un pasado caracterizado por la tragedia y la disfunción familiar, su llegada al lugar se antoja de lo más difícil, debiendo lidiar no sólo con sus allegados, sino con un posible asesinato en el que él, involuntariamente, se ha convertido en uno de los principales involucrados.
A caballo entre el drama familiar y el thriller se mueve por tanto “Retornos”, film de corte gélido y emociones grises, que a ritmo voluntariamente pausado desflora una trama de tibias sensaciones iniciales que poco a poco van dando paso a una sorprendente ramificación de enfoques, puntos de vista y entramados secundarios, hasta que al final acaba convirtiéndose en una opción más que válida.


No sé si desmerezco a uno o a otros, pero si hubiese que buscar un referente norteamericano al director y co-guionista del film que nos ocupa, lo hallaría en la vertiente noir de los hermanos Coen, a quienes Avilés se acerca voluntaria o involuntariamente a varios niveles.
Desde la caracterización de ese desafortunado personaje inicial, accidentalmente (y nunca mejor dicho) reconvertido a detective, a la de los personajes que lo rodean, siniestros, potencialmente malvados o directamente grotescos, pero siempre tratados con un imposible realismo que infunde, de forma subconsciente, altas dosis de desasosiego.
O desde el mero tratamiento del pueblo en que todo sucede, tablero de juego que se convierte en protagonista paciente y propicia escenarios como el del puente, el del puticlub o el de aquella caseta apartada al borde del mar, mientras lo escudriña todo no sin dar señales de vida en forma de lluvias torrenciales y opacidad generalizada. En él, los acontecimientos se suceden de forma tan fortuita para los personajes como estudiada por el guión, que coloca uno tras otro (el encuentro con la prostituta en el bus, seguido del dueño del bar, del hospital...) a modo de cadena soldada atropelladamente, o de puzzle construido a base de martillazos si se prefiere.
Todo ello hace de “Retornos” una suerte de versión castiza de “Sangre fácil”, de “Fargo” o de “Un tipo serio”, y sin embargo el film de Avilés se opone a todas ellas otorgando un peso infinitamente mayor a la vertiente más humana, familiar (dramática) de su trama.


Y es que por mucho que suceda un misterio que irrumpa en la calma total del pueblo y la zarandee como sólo diez años atrás había sido revuelta (con los acontecimientos que provocaron la huida del protagonista); por mucho que eso vuelva a poner en entredicho la franqueza del personaje y lo fuerce a llegar hasta las últimas consecuencias; por mucho que su honor esté en juego, a él le sigue importando más lograr que su hija vuelva a llamarle papá, que su hermano le perdone y su ex-mujer le vuelva a dirigir la palabra. Porque eso es lo que pasa cuando historias pequeñas se quedan en lugar pequeños y se protagonizan por personas pequeñas (y cámbiese el término pequeño por normal cuando se desee): que al final, lo que importa son las pequeñas cosas.
Ahora bien, el problema principal de “Retornos” reside en que la misma falta de interés hacia la ramificación thriller es la que parecen haber sentido Avilés y compañía a la hora de conformar el guión, hasta el punto de quedarse al borde del precipicio con una resolución final francamente pobre, totalmente casual, y desde luego en pleno desencuentro con las proporciones que estaba recibiendo su desarrollo hasta el momento (de una complejidad en constante e inesperado aumento). Desde luego, quienes no hayan podido entonarse hasta ese momento con su ritmo, muy difícil para el gran público, encontrarán aquí motivos para la irritación...


En todo caso, se trata de un mal menor en una película que queda lejos de la perfección (y desde luego, de los referentes coenianos antes citados) pero acaba resultando una más que aceptable carta de presentación de un Avilés que, superada la prueba, deberá tratar de apartar sus obsesiones técnico-artísticas (que en ocasiones le juegan malas pasadas: el reflejo en la ventana del coche patrulla, el excesivo abuso del plano contra plano en las conversaciones...) para centrarse en redondear las historias que quiera contar. Y la de “Retornos”, desde luego, es muy estimulante. Esperaremos a su siguiente jugada.
6/10

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