Crítica de "Caza a la espía", por el Capitán Spaulding

Es curioso lo que ha ocurrido con Doug Liman, director especializado en entretenimiento por lo general bastante idiota ("El Sr. y la Sra. Smith", "Jumper") pero perfectamente cumplidor con sus objetivos de cara al público y su relación con las palomitas: el que se encargara del notable debut de Matt Damon como Jason Bourne, se convertía después en una suerte de mentor para Paul Greengrass, quien le sucedía con dos secuelas (mito y ultimátum) sensiblemente superiores, adoptaba su estilo y lo corregía lo suficiente como para hacerse con el puesto del primero en el firmamento cinematográfico y relegarle a una división menor. Desde sus renovados posicionamientos, Greengrass estrenaba hace unos meses "Green Zone. Distrito protegido", y de no ser por el corto espacio de tiempo que la separa de esta "Caza a la espía" que nos ocupa, se podría afirmar que ahora es Liman quien hace de pupilo, buscando a la desesperada devolverle la jugada al inglés. Porque aunque a simple vista ambas películas no tengan nada que ver (la primera es puramente bélica, la segunda un thriller político-social ambientado en geografías norteamericanas), a la hora de la verdad se aprecian grandes similitudes tanto a nivel formal como intencional. La diferencia reside en que allí donde Greengrass encuentra sentido a cada plano, movimiento de cámara o milésima de segundo del montaje, Doug Liman sencillamente no. Y así es imposible que recupere el terreno perdido, por mucho que se le busquen traducciones bournescas a su título original ("Fair Game") que inviten a pensar en lo contrario.


La verdad es que una vez visionado el film uno no acaba de entender demasiado bien por qué vía pretendía, su director, alcanzar la gloria tiempo atrás perdida. Si buscaba descubrirse como uno de esos cineastas que disfrazan de auteur un estilo basado en el documental y el videoclip, su estrategia falla y no por tratarse de una técnica muy difundida hoy en día (desde el propio Greengrass a la serie "24", pasando por "El jefe de todo esto" de Von Trier o los "Transformers" de Michael Bay...), sino por el hecho de pasarse de la raya con una cámara agitada sin salero ni justificación, planos descentrados sin finalidad artística demostrable, o un montaje que intenta ser puntualmente adrenalínico e hiperactivo (sin acabar de cuajar en ningún momento), dando la sensación de haber sido concebido así para tratar de dar dinamismo a los pasajes más pausados del film. Una secuencia especialmente flagrante presenta una reunión crítica de varios miembros de la CIA: Liman se mueve tanto que acaba perdiendo literalmente a los personajes, filmando escenas vacías, torsos descabezados y paredes grises mientras busca al actor que en aquél momento esté hablando. Como cuando se pilla despistado a uno de los cámaras de "Sálvame Deluxe", vamos.



Descartada esa vía para el lucimiento, quizás lo que el director pretendía era probar suerte con el cine serio, de ese con mensaje y capaz de hacer que el espectador piense. Es la meta obvia de un film que habla de la historia real de una pareja (él diplomático, ella agente secreto de la CIA) que prácticamente tuvo que enfrentarse a todos los organismos habidos y por haber en los Estados Unidos (incluida la Casa Blanca) cuando se filtró la verdadera identidad de ella (Valerie Plame) con tal de desacreditar un artículo que él (Joe Wilson) había publicado desacreditando a Bush cuando la invasión de Irak.
Lo cual hubiese quedado estupendo... De haberse estrenado en el 2004. Hoy en día me niego en rotundo a creer que aún quede alguien en la faz de la Tierra, que no tenga claro que hubo mucho mamoneo para justificar el conflicto. Por lo tanto, que a finales del 2010 el mayor objetivo de una novedad cinematográfica no sea otro que criticar la administración Bush tan por encima y sin nada nuevo, concreto o especialmente revelador, se antoja francamente insuficiente. Y sin embargo, hasta ahí llega "Caza a la espía", de un básico tan abismal como para resultar demasiado intrascendente e irrelevante. La película confunde efecto con efectismo, y pretende calar en el espectador a base de discursos abiertamente lectivos y de obcecado posicionamiento político, y escenas francamente subnormales, como las numerosas pataletas del protagonista, la escena de la taza temblorosa, etcétera.


Todo esto quiere decir que estamos ante un thriller político basado en el diálogo (no: ni hay cazas, ni hay espionajes), que no interesa lo más mínimo; y ante un ejercicio de autor que no logra dejar huella salvo cuando lo hace para dejar a su firmante en evidencia. Ambas sensaciones se pueden resumir en una sola frase: que la cinta es de un aburrido que asusta. Y eso es lo que parecen haber sentido Naomi Watts y Sean Penn, protagonistas que realizan aquí actuaciones desganadas, tristes, casi como si éste fuese ya el ocaso de su carrera.
Ni cuando se pasa al terreno puramente personal de la pareja (transcurrida una soporífera hora de metraje) logra "Fair Game" hacerse algo más atractiva, quedando al final en un trasnochado y típico discurso izquierdoso de quien prefiere el alboroto a la inteligencia, el escándalo al razonamiento, el panfleto al discurso fundamentado.
A saber qué hubiera hecho Greengrass con el mismo proyecto entre manos...
4/10

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Trailer de "Fair Game"

2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo. Es una pena que con unos actores de lujo, este director se dedique a estar moviendo la cámara sin ton ni son, que acabas mareado y sin poderte centrar en la trama ni en las interpretaciones. Pretencioso como él solo, le habrán hablado de Scorsese y él habrá dicho: pues allá voy yo también. Parece un video casero de un aficionado.

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  2. Juas, lo del vídeo casero es tan flagrante como cierto. Una cagorruta de película, vamos.
    Celebro que estemos on the same page, y te invito a que sigas leyéndonos y, si te apetece seguir comentando, que dejes una firma para que te distingamos del resto de anónimos ;)

    Gracias por tu comentario!

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