Crítica de "Señora de", por John Blutarsky

Lo comentábamos hace poco no muy lejos de aquí. Es casi indecente, por obvio y por sangrante, reivindicar desde las líneas de una crítica de cine como esta la dolorosa posición de la mujer respecto al hombre en la historia de la humanidad. Que lanzar aquí y ahora una diatriba contra los planteamientos falocentristas que siempre han dominado las sociedades, por avanzadas que se pretendan, es una tarea no sólo fútil sino casi imprudente.
Así que mejor dejarla en manos de los que pueden (deben, en muchos casos) hacerlo de manera más o menos seria y disciplinada. En este contexto, los cineastas.
El problema es que el mensaje tiene una fuerza brutal. Y el canal, la manera de articular este mensaje, se convierte automáticamente en terreno minado, en peligroso lodazal donde pueden hundirse mensaje y mensajero.
Ocurría recientemente, por ejemplo, con "La verdad de Soraya M.". Que la importancia de lo que se nos contaba quedaba directamente fusilada por una narración y una puesta en escena artificiosa, tremebunda y, a la postre, falsa.


Desconozco si la realizadora Patricia Ferreira habrá visto la película que menciono, pero lo que sí está claro es que tiene muy claras las cosas a la hora de afrontar "Señora de" sin atentar contra su propia intención. El método es distinto (esto es documental puro y duro), la historia que encierra es otra (aquí sabemos de la situación femenina durante la dictadura franquista) pero el mensaje final va por los mismos derroteros. Pues eso, dar voz de una maldita vez a quien siempre la debería haber tenido para poder sacudirse de encima la negra influencia de los que ya sabemos.


Ferreira prescinde de material de archivo y opta por las declaraciones directas, por la desnudez de testimonio de varias mujeres, la mayoría mayores de 60 años, algunas del entorno rural, otras del urbano, todas aplastadas de una manera u otra por la sociedad en la que les tocó vivir (mas la mirada profesional de una socióloga). Para ello, sacrifica por el camino casi toda la retórica, la poesía y el lenguaje puramente cinematográfico (y a pesar de que "Señora de" puede presumir de una hermosa fotografía) con el objetivo de dejar que la realidad se explique por sí misma. A lo vivo. Para que ese grupo de mujeres pueda hacer lo que no pudo en su momento, sin ningún tipo de contaminación ni de distracción interesada de por medio; y en realidad, al final el trabajo de Ferreira se limita casi a la selección y montaje de momentos. De hecho toda la película está centrada en los testimonios, y unas breves secuencias de recurso engarzan los mismos.
Pero a cambio el peso que desprenden esas historias vitales es valioso.
Ferreira da cuenta de una terrible situación histórica. La de la mujer pisoteada en la sociedad tradicional española sumergida en el franquismo e intoxicada del catolicismo más cerril y salvaje. La de esas que, según promovían asociaciones aberrantes como la "Sección Femenina" (fundada por Pilar Primo de Rivera, hermanísima), debían ser perfectas mujeres, hijas y madres, señoritas hechas y derechas. Esto es, sumisas, dependientes y al servicio del hombre, de sus necesidades cotidianas y sus impulsos sexuales. La mujer como pura herramienta masculina.
Así, claro, la independencia de la mujer, la emancipación, era impensable. Las adúlteras eran maltratadas; la madre soltera era (literal) "una puta a la que se podía abusar y violar". Tremendo.


Pero no se limita Ferreira a contar a través de sus protagonistas todo esto, sino que también sitúa su microscopio sobre los anhelos de un grupo de personas a los que se les prohibieron tenerlos. Habla de los sueños incumplidos, del deseo de vivir una juventud distinta, de haber luchado por la libertad y haber perdido. Y de la perversión de una sociedad oscurantista y troglodita (que aún hoy coletea) donde al final las mujeres terminaban por adaptarse al sistema y verlo como algo lógico, en una especie de "síndrome de estocolmo" hacia los hombres, que, por cierto, también terminaban siendo víctimas del sistema. Además del lavado de manos, apaga y vámonos con la llegada de la Transición. "La democracia perdonó, cada uno se fue a su casa y ahí terminó todo".
Como decía, las cualidades puramente cinematográficas de "Señora de" son, y por esta vez no lo digo como algo necesariamente negativo, muy escasas: en realidad esto no deja de ser un documental para televisión. Pero las experiencias vitales de la madre soltera abducida por los "reformatorios para mujeres licenciosas", de la que tuvo que esconderse casi toda su vida por sentirse atraída por otra mujer, de la que vivió como comadrona los horrores del aborto clandestino, de la que quedó viuda y a merced de la sociedad, de la que renunció a sus aspiraciones para convertirse en "señora de"... casi lo justifican.

7/10

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