Crítica de "Los próximos tres días", por el Capitán Spaulding

Éramos muchos quienes esperábamos con ganas lo nuevo de Paul Haggis después de ver cómo "Crash" se convertía en el éxito sorpresa de 2004 al ganar sospechosamente el Oscar a la mejor película, y de que tres años después presentara un panfleto antibelicista de tres al cuarto que a punto estuvo de llevarse otra estatuilla a la mejor interpretación masculina. Lo esperábamos para poder despacharnos a gusto, para saciar nuestra sed de venganza sin que nadie pudiese recriminarnos nada a posteriori, escudándose en galardones o discursos morales de diversa índole. Dícese de la Academia norteamericana de cine que cuando se da cuenta de haber metido la pata, expía su pecado a través de la total marginación del beneficiado, por lo que Haggis ya puede olvidarse de hombrecillos dorados durante una buena temporada; vía libre para que la crítica y el espectador menos conformista se le echen al cuello, con especial ahínco si la ocasión lo merece; y ésta, desde luego, lo merece: "Los próximos tres días" es un thriller de horizontes muy limitados, en el que el falso pedigrí que otorga su elenco (Russell Crowe, Elizabeth Banks y los quasi-cameos de Olivia Wilde y de Liam Neeson) no esconde sus carencias, suficientes como para estrenarse directamente en televisión de haber cantado otro gallo.
Pongámonos en situación. Remakeando “Pour elle” título francés de Fred Cavayé que aquí conocimos como “Cruzando el límite”, el argumento versa sobre una mujer que es acusada de asesinato y condenada a tropecientos años entre rejas. Ante tan dramática posibilidad, su marido hace lo que puede para defender la inocencia de ella mientras se encarga del cuidado de su único hijo, y viendo que ninguno de sus recursos legales hace efecto, decide urdir un plan para tratar de ayudarla a fugarse.


La verdad, premisa harto absurda acompañada de un muy poco prometedor comienzo que borra de un plumazo, elipsis mediante, lo que a un servidor se le antojaba de lo más interesante: la relación paterno-filial una vez excluido el elemento femenino de la familia. Una vez más, Haggis demuestra así su interés por el efectismo, obviando cualquier atisbo de profundidad real en favor de resoluciones llamativas, algo que queda constatado inmediatamente después con unos flash-backs precipitados, horteras y en blanco y negro que dan una probable explicación de lo ocurrido durante el asesinato, por si alguien en la sala no puede montarse el puzzle por su cuenta.
O sea, que en menos de quince minutos ya está todo el pescado vendido y se puede uno acomodar en su butaca, a sabiendas de que no hará falta ningún esfuerzo para condenar un film que se cava su propia tumba.


Sin embargo (o justamente debido a ello), algo falla en nuestros malévolos planes, y es que esperando encontrarnos con un thriller de sobremesa y poco más, eso es precisamente lo que se nos da. Un producto conocedor de sus virtudes y carencias que apuesta por la sinceridad del género y por un gusto narrativo encomiable. Pese a rayar siempre en lo absurdo y contar con mil y un situaciones cogidas con pinzas (lo del ascensor, la llave maestra y la cárcel es de chiste) resulta que los personajes se tornan interesantes y simpatizables, la trama va ganando interés debido a algunos vericuetos inesperados por los que asoma su hocico, y a falta de unos 30 minutos el espectador se descubre a sí mismo sumergido de lleno en materia.
Claro que se le pueden seguir achacando todos los males del mundo, y que la marca de la casa sigue estando ahí: Haggis irrita hasta sin querer y rebasa sus propios límites cuando nos regala un videoclip que se alza como uno de los momentos más ridículos del año. Pero acaban pesando más la excelente interpretación de un Russell Crowe que es, casi siempre, garantía de seguridad, el paralelismo entre su personaje y el de Don Quijote (propuesto por el propio guión del film), o esos chispazos de crítica hacia la ineficiencia de los organismos para la protección del ciudadano, que permiten orquestar un plan de fuga de la cárcel empezando por tutoriales de Youtube...


Cierto es que durante buena parte de su dilatado metraje (de dos excesivas horas en total) la incredulidad sigue asomando a la mínima que se plantea la posibilidad de poner dos dedos de frente en todo el disparate, hasta llegar a un punto de no turning back a partir del cual ya nada importa, más que saber qué demonios va a ocurrir con la familia protagonista. Ahí ya estamos vendidos, ya nos da igual que se nos esté dando gato por liebre o que el absurdo se constituya como motor principal de la película. Queremos llegar al final de la mejor de las maneras, y eso es, ni más ni menos, lo que Paul Haggis se encarga de hacer.
Así, si para algo sirve “Los próximos tres días” es para reubicar a su director dentro de la mediocridad más absoluta. Y es desde ahí desde donde es capaz de ofrecer un entretenimiento tan vacío de fondo como vistoso de forma. De domingo por la tarde, sí, pero qué bien sientan de vez en cuando...
5,5/10

6 comentarios:

  1. Leo esta critica y parece que la ha escrito alguien con trastorno bipolar, bien, mal y todo lo contrario.

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  2. Y que eso me lo diga alguien que se llama Vicente Miguel....

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  3. No te metas con el pobre chaval. La comprensión escrita parece que le cuesta; pero es un fenómeno más extendido de lo que podría pensarse: no todo el mundo es capaz de entender un texto completamente comprensible. A eso se le llama trastorno disléxico y hay que respetarlo, que está feo meterse con los desfavorecidos.

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  4. Tienes razón, lo siento. Intentaré explicárselo mejor: pensábamos que la peli es mala, y lo es, pero no tanto ya que permite ser disfrutada si no le das demasiado a la cabeza. En definitiva, perfecta para él.

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  5. Me preocupaba haber regresado del cine y ser la única a la que le pareció poco creíble casi desde el inicio. Gracias por aclarar mis dudas: la película es mala con ganas

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  6. Sí, es terrible, pero no te lo pasaste miedo bien viéndola? a mí me entretuvo, lo cual es mucho en este género hoy en día, así que de ahí el premio del aprobado. Pero vamos, que sí, que si te paras a pensar en ella, valiente cagorruta...

    por cierto, saludos y bienvenida!

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