Crítica de "Somos lo que hay",

Últimamente existe en el género del terror (en el sentido más amplio del término) una vertiente a medio camino entre el indie y el cine de autor que introduce en un ambiente sumamente realista y cotidiano un elemento enfermo, terrible y macabro, al que retrata desde la misma posición de cercanía y credibilidad dando como resultado un producto capaz de desencajar por dentro al espectador, sin por ello recurrir a los excesos peliculeros propios del género.
Ocurría el año anterior con “Kinatay”, el por aquí inédito trabajo más reciente de Brillante Mendoza (ni el premio al mejor director de Cannes '09 sirve para justificar su estreno) que presentaba a un grupo normalísimo de jóvenes filipinos que acababan convertidos en violadores, torturadores y asesinos de una prostituta; y ocurre este año con “Somos lo que hay”, debut en la dirección del mexicano Jorge Michel Grau que, tras su paso por Sitges 2010, ha sido una de las diez escogidas para el neonato festival Cinemart de Barcelona. En este caso, el fallecimiento de un hombre deja huérfana de padre a una familia de clase medio-baja, noticia que los afectados reciben con gran dolor pero no sólo por la pérdida en sí, sino porque eso supone que alguno de ellos deberá sustituirle en la búsqueda de alimento. Tarea harto difícil habida cuenta de la condición de canibalismo de todos ellos.


La cita, de hace un momento, del film de Mendoza no es en absoluto gratuita, ya que “Somos lo que hay” se le asemeja en varios aspectos, más allá de esa premisa a la que hacía referencia al empezar el comentario.
Igual que en aquélla, la película que ahora nos ocupa se hace con un estilo que podría definirse de naturalista, recurriendo en numerosas ocasiones a cámara en mano, escenarios poco alterados, intérpretes (casi) desconocidos y un ritmo que es la antítesis de la precipitación.
Todo ello acaba confluyendo en un devenir muy pausado, a base de largas secuencias en las que los silencios y las miradas pesan más que las palabras y los actos, donde el impulso sucumbe a la reflexión y donde cada minuto significa un peso acorde con la creciente gravedad que va adquiriendo el metraje.
De este modo, en “Somos lo que hay” así como en “Kinatay” o “Los bastardos”, de Amat Escalante, el espectador asiste a la gestación de un horror puramente visceral, que rara vez entra por la vista (puesto que, debido a la limitación de medios, apenas se dispone de pasajes especialmente afectivos) pero que acaba por cuajar a niveles mucho más extremos, fruto de un detenido desarrollo de personajes que hasta que no desatan su animalización se antojan de lo más normales.
Es precisamente cuando el miedo (o más bien el asco) surge de la más vulgar de las realidades, cuando se puede adscribir a una película en el género terrorífico mucho más que otras en las que se busca justificación exagerada, imposible y/o inhumana a la maldad del antagonista de turno, a modo de escapatoria moral para el espectador a quien de esta manera se le exime de sus responsabilidades.


Es por la denegación de esa salida de emergencia, por esa insistencia en la ruptura de moldes tanto formales como argumentales, por lo que esta clase de cintas rara vez acaba llegando a salas comerciales; el público mayoritario no está preparado para ellas y la prueba está, sin ir más lejos, en la recepción de esta misma película en el pasado festival de Sitges.
Y es que un producto de tempo exigente, que además tenga una base más concienzuda de lo esperado y genere semejante opresión interior genera rechazo instantáneo: es más fácil extraerse de ella, enervarse con su lentitud y despreciar su tesis, antes que reflexionar y tratar de desmenuzar la voraz crítica a la sociedad que puede albergar una obra tan desafiante y violenta.

Puede que “Somos lo que hay” no llegue a la altura de “Kinatay” y que su impacto no sea el mismo que el de “Funny Games” (por ejemplo), pues aquí y allá se aprecian algunas imperfecciones que le restan cierta contundencia; pero eso no quita que siga constituyendo una de las propuestas más diferentes del momento, por lo que el espectador que le pida algo más al cine que una buena ración de palomitas no debería dejar escapar la mínima oportunidad con que se encuentre para verla en condiciones. Vale la pena.
7/10

6 comentarios:

  1. pues sí que tiene pinta de meter medo

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  2. Ya sabes lo que te toca: este finde te coges el coche y te vienes a BCN a verla :)

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  3. ay, ojalá tuviera coche :(

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  4. ya bueno, yo en realidad prefiero el teletransporte.

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  5. bah, eso no lo puedes usar como arma arrojadiza mujer!

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