
Una hora y media larga de Ryan Reynolds metido en una caja bajo tierra. Eso es “
Buried (Enterrado)”. O esa es la premisa inicial de la película, claustrofóbico y brillante ejercicio de aparente austeridad narrativa y formal, de los que se quedan en el cerebelo y cuesta desincrustar.
Y a nosotros, aún conmocionados por lo que acabábamos de ver en el pase de prensa, un par de movimientos con la distribuidora nos colocaban ante la presencia de su principal artífice, el director Rodrigo Cortés.
Nos reuníamos con él, después de haber terminado el calvario de Reynolds, en un lujoso hotel del centro de Barcelona y, claro, la cosa no podía empezar de otra manera: el joven director de “Concursante” recibía nuestros abundantes parabienes con orgullo y eterno agradecimiento y no tardaba en empezar, con una seguridad más propia de quien lleva algo más que dos películas en su espalda pero con la excitación del primerizo, a defender su trabajo con uñas y garras. Aunque no necesitara ni unas ni otras, a decir verdad. El resultado ha sido feliz, pero el riesgo era enorme. La osadía de enfrentarse a un proyecto de este tipo es notable:
Lo fundamental es trascender el sentido común, porque tienes que usar la lógica lo menos posible: si eres demasiado lógico y razonable lo primero que descubres es que es imposible hacer una película como ésta, y lo que quieres es averiguarlo cuando ya sea demasiado tarde. Ahora sé que es imposible hacer esta película, pero ya está hecha, ¡así que ya es demasiado tarde!
En ese sentido, si empiezas a pensar en la caja estás muerto, así que lo primero que tienes que hacer es olvidar la localización. Para no limitarte. Si piensas en la localización, sólo piensas en lo que no puedes hacer, en las restricciones, y para hacer una película como “Buried” no puedes tener restricciones, sino absoluta libertad. De modo que tienes que centrarte exclusivamente en la historia y en las emociones con las que quieres zarandear al público. Después, en los mecanismos cinematográficos adecuados para hacerlo... pero sin pensar si son posibles o no en una caja. Yo planifiqué la película como si transcurriera en la ciudad de Nueva York, en Los Angeles o en una jungla tropical: si necesitas hacer cámara al hombro, grúas, o círculos entorno al actor, todo esto es imposible, insensato, y seguramente inconveniente en una caja, pero aun así no renuncias a nada de eso.
Precisamente, el tercer y último paso es encontrar la manera de hacerlo en una caja, y para eso diseñamos y construimos siete ataúdes con diferentes requisitos técnicos. Uno con paredes móviles que se podían quitar y poner para permitir incluso hacer travellings de 360º entorno al actor; otro especialmente alargado para hacer perspectivas forzadas o incluso travellings por encima del suelo de la caja; otro giratorio; otro que en cambio, permitía que la cámara girara en el sentido de una noria, desplazando el suelo y el techo del ataúd; otro que permitía rodar cámara al hombro; otro especialmente reforzado para que Ryan [Reynolds] pudiera empujar con toda su fuerza y fuera verosímil la presión de toneladas de arena... en fin, todo aquello que hiciera posible lo imposible.