Crítica de "Incendies", por John Blutarsky

Cuando uno se cree que lo ha visto todo, que lo ha vivido todo y que sus avatares personales están bajo orden y control. Que tiene su presente bien colocado y sellado en la correspondiente placa de petri, y que su vida está construida y lista para ser simplemente disfrutada, entonces puede reflotar algo del pasado que se desconocía y ponerlo todo patas arriba. Es lo que viene a ocurrirles a los hermanos Marwan, Jeanne y Simon, al abrir en Montreal el sobre que contiene las últimas voluntades de Nawal, su difunta madre: no sólo su padre no está muerto como creían, sino que además deben encontrar a un hermano del que no tenían siquiera noticia. A ambos tienen que entregar sendas cartas escritas por Nawal y entonces, sólo entonces, ciertas cuentas quedarán rendidas y el pasado podrá quedar visto para sentencia.
El contenido de las cartas lo dejo para el suspense; tan sólo apuntar que la promesa maternal representará una excusa para que los hermanos inicien una excavación entre las raíces familiares, concretamente en la historia de su madre. Lo cuál a su vez es un pretexto para indagar en la turbulenta historia de su Líbano originario y en sus conflictos religiosos, sociales, políticos y raciales. Es decir, y esto es triste, en lo que ha movido la historia, no sólo del país, sino de prácticamente todo Oriente Medio.

 El director Denis Villeneuve toma como punto de partida una prestigiosa obra teatral para zambullirse en un complejo relato intergenérico que con la misma pasmosa facilidad maneja conceptos y convenciones puramente historiográficas (las menos veces) con elementos dramáticos (las más), y hasta thrillerescos (el modus operandi). La historia de Nawal es la del arrepentimiento y la culpa, pero también la de una vida vivida con convicciones o por lo menos sobrevivida, casi con heroísmo: la violencia de género, las prisiones sórdidas, la tortura y la violación forman parte de la existencia de aquellos que tuvieron que vivir en el Oriente Medio de los años 70, pero también probablemente en otros tantos lugares y tantas otras épocas. 


Por eso se establece a lo largo de todo el metraje un profundo e indisociable vínculo entre presente y pasado, a nivel abstracto y también concreto. A poco que va avanzando la historia en una línea temporal bífida (intercalando flashbacks y desfragmentando el argumento... y aguantando admirablemente la solidez de lo narrado) las varias Marwan van complementándose mutuamente, completando el puzzle de sus motivaciones y dotando de complejidad a su propia construcción psicológica. El espectador queda identificado con esos dos hijos que poco a poco van desplegando el catálogo biográfico y observando que la de su madre es una historia de dolor y estoicismo. Los lazos van tendiéndose no sólo temporalmente, sino también geográficamente (la linea que conecta Canadá con el Líbano) y, obviamente, a nivel afectivo: Jeanne y Simon harán de una promesa abstracta una obsesión real. La de reescribir la historia de su madre para conocer la suya propia.
Y es que Marwal sirve como metáfora de un país que no descansará hasta que su espíritu no consiga saldar las cuentas pendientes. Es más, la propia Marwal llega a ejercer como mercenaria al servicio de las milicias musulmanas y contra las cristianas. Sea como sea, "Incendies" se construye retroactivamente a partir del constante conflicto bélico (hay masacres, asesinatos, asaltos a autobuses, revueltas de todo tipo y demás) de raíz espiritual, del choque aparentemente irreconciliable generado entre las religiones cuando estas se abandonan al extremismo.


De todos modos, habría sido irresponsable por parte del director un tratamiento ligero del material, una espectacularización del conflicto real o una melodramatización de los hechos personales. Nada más lejos de la intención de Villeneuve, que cuenta su historia con temple y serenidad. Sin renunciar a una fotografía de potente nivel expresivo, ni a una cierta impostura narrativa (bienvenida sea) basada en la subdivisón por capítulos del relato, intertítulos incluídos. Siempre con la crudeza necesaria pero rehuyendo de la grandilocuencia y el sensacionalismo. Y, maravilla, logra evitar, si no una cierta falta de personalidad (juega con la apertura del plano, con el "aire", pero le falta garra), sí el tedio y el aburrimiento: "Incendies" es una de esas historias que hunden las zarpas en el sistema gástrico del espectador y que no lo sueltan hasta varios días después, cuando el impacto directo se ha diluido.
El impacto directo, pero no el poso, y tampoco esa sensación de haber asistido a una lección de narrativa contundente, perfecta y que te mira a la cara y te escupe la palabras con seguridad.

8/10

4 comentarios:

  1. Hola!
    Otra vez touché,bravo con la crítica!"Una lección de narrativa contundente", mejor no se podría decir...Se agradece encontrar pelis así (y críticos así ;P!) en que una historia no lineal está tan bien ligada.
    Sólamente lo que me chirría un poco es el toque "culebrón", aunque ya se podía adivinar, pero tanto,tanto, en el final...! (haría una broma pero no, spoilers no:))
    Ah, un comentario de una parejita de señoras "sesentenarias", que se debe haber oído en las salas hasta hartarse... : "Oye, que esta no es la película,nena, que nos hemos equivocado de sala", cuando aparece el primer intertítulo :D

    Seguid así! besos!

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  2. Wow! No, seguid así vosotr@s!! :D
    Que este tipo de comentarios siempre nos vienen bien (si leyérais todas las burradas que nos suelen llegar os espantábais).
    A lo de las viejas... XDDD
    Me encantan esas señoras que se meten en las salas de cine medio perdidas y luego acaban escandalizadas, saliendo por patas...

    Besos back! ;)

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  3. Gran película gran. Dirección, elenco, guión y fotografía magistrales. Retrata al ser humano y sus circunstancias. Me ha conmovido.
    9/10

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  4. Cierto.
    Una película de la que se habló exactamente cinco días (los cuatro previos a los Oscar y el siguiente) y luego, puf, desaparecida en el olvido. Injustamente, por supuesto

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