Crítica de "Mañana, cuando la guerra empiece", por el Capitán Spaulding

Si bien es cierto que la industria cinematográfica australiano-neozelandesa siempre ha estado ahí (sólo hay que ver los orígenes de algunas de las estrellas más punteras del Hollywood actual), existe una vertiente de su filmografía reciente aún por explotar, pues de momento sólo sabemos de su existencia por el mercado doméstico (salvo en contadas ocasiones que sí llegan a nuestros cines, como las del director de "Wolf Creek" y "El territorio de la bestia", Greg McLean). Me refiero a su faceta más comercial por género, temáticas, limitaciones y aspiraciones; una miríada de películas que entienden el cine como entretenimiento sin más (ni menos) y que por lo general suelen rondar similares características: guión mediocre, dirección e interpretaciones eficaces y poco más, duración limitada y gran potencial para justamente eso, entretener. Cuando no alcanzan su meta, lógico, queda bien poco con que defenderlas. Pero cuando sí, ah, entonces todo lo más se supedita: poco importa que tras su visionado no quede nada en el recuerdo, si durante el mismo se alcanzan cotas elevadas de puro recreo. Y en este segundo grupo (¡suerte!) se encuentra "Mañana, cuando la guerra empiece", que además es de esos casos que sí acaban viendo la luz en nuestros cines, tras haber sido uno de los mayores pelotazos del cine australiano.

No hay que investigar demasiado para descubrir los motivos del éxito. Se trata de la adaptación de la primera de una saga de novelas de éxito (las de John Marsden), producida por todo lo alto y encargada precisamente de introducir una serie de películas cuya segunda entrega verá la luz en 2012; la protagoniza un grupo de jóvenes actores resultones que se meten en las pieles de varios pavitos aún en edad de ir al cole; y... bueno, va de guerra, y tiene explosiones. De hecho, la cosa va de unos amigotes que se escapan de acampada durante un finde, y cuando vuelven a sus casas descubren que ha estallado la guerra. Como suena. Previo impasse de las vergonzosas presentaciones de sus respectivas personalidades (unos veinte minutos iniciales donde apenas se salvan la geografía del lugar, la de los cuerpos de los actores, y una fugaz secuencia nocturna), se los coloca en medio del cotarro, por lo que el espectador ya se ve metido de pleno en una vorágine ascendente de suspense y acción, resuelta con gracia y con algún que otro pasaje de especial interés. Destacan las primeras acciones (y reacciones) del grupo, que decide ir a cada una de sus casas antes de tomar medidas (ojo a la escena de los móviles), así como la sensación de inseguridad inicial que, de no ser por el revelador título del film, haría de él un buen ejemplo de cine de terror.


Y acto seguido, lo dicho: tiros, explosiones y persecuciones sin apenas pausa, en un segundo bloque que seguramente no pase a la historia del cine, pero que sí ha sido resuelto con suma efectividad (ralentizaciones aparte), aun a costa de banalizar el cotarro hasta el total desenchufe neuronal. Porque sí es cierto que se huele aquí y allá cierta vocación por tratar temáticas reales, por extrapolar su trama al mundo en que vivimos a base de consciencia social, pero nada de eso interesa (quizás aparezcan mayores matices en la novela, velada alusión incluida en el film); en este sentido "Mañana, cuando la guerra empiece" es tan tontaina que ni puede llegar a sentar mal el hecho de que todas las facciones de los enemigos (muy jóvenes, por otra parte) sean tan similares y tan... orientales. Aquí se trata de divertir por divertir, y de hacerlo a base de secuencias salidas de tiesto y clichés a tutiplén. Que si un personaje debe quedarse mirando al cielo en pos del dramatismo, el cielo se vea inmediatamente invadido por una pelea de aviones. Que si toca hacer una persecución callejera, sea a bordo de coches ultraligeros y camiones indestructibles. Por supuesto que se echa en falta algo más de sustancia que llevarse al estómago y, de hecho, las limitaciones de su guión brillan con luz propia cuando toca presentar a un personaje nuevo, en lo que supone el puente entre segundo y tercer acto; debería servir de pausa para tomar aire, pero el parón es tan evidente que acaba aletargando el ritmo, debiendo reiniciarse de cero. Cosa que, por cierto, consigue con total tranquilidad antes de llegar a su insustancial clímax, mera plataforma de despegue para la saga completa.


Al final, uno duda de si a nivel artístico ha visto algo digno de mención. De hecho, tampoco sabría si resulta válida aun dentro de sus propias limitaciones, ya que no sólo es objetivamente ridícula, sino que se echan en falta algo más de punch en sus clichés así como algún personaje de niveles gilipollísticos un pelín menos exuberantes (ojo a la escena del camión, hacia el final...). Sin embargo, lo que sí es cierto es que, demonios, “Mañana, cuando la guerra empiece” entretiene a matar. Su rigurosa hora y media pasa en un auténtico suspiro y su proporción de escenas y/o situaciones potentes por minuto sobrepasa la media con holgura, consiguiendo que si uno es capaz de volver a la adolescencia cerebral (y se consigue: que me expliquen el éxito de “Harry Potter” si no), pueda disfrutar del espectáculo pirotécnico que se le propone.
5,5/10

2 comentarios:

  1. Yo me lo pase muy bien viéndola, es muy teen pero puro entretenimiento hasta lo que dices, meten un personaje nuevo, que cambia todo la dinámica de la película...climax flojísimo para la "no tan segura" secuela.

    Claro remake encubierto de Red Dawn, que también cuenta con un remake que debe estar perdido en la cartera de algún estudio...

    Y película australiana...la gran Somersault, con una jovencita Abbie Cornish y Sam Worthington, un peliculón que lo gano todo en aquellas tierras.

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  2. sí, no, si medio disfrutable es... pero... er... espera, de qué película hablamos? He visto yo esto? Buf... se olvida rápido!

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