Gruesome! Aberraciones del cine extremo. Hoy, "Snuff 102", por John Blutarsky

Seguimos castigándonos la cordura, ahora con producto argentino de pura cepa; snuff pata negra. Por necrosada, más que otra cosa, que esto es rotten, rotten. O por lo menos lo intenta. "Snuff 102" es cine argentino al que no contemplan las salas culturetas de las grandes ciudades españolas, producto no aprobado por Campanella. No aprobado por nadie, qué carajo. Pero vamos, que tampoco extraña nada, que las cualidades cinematográficas son difíciles de encontrar en esto. Pero, seamos sinceros, como mi siquiera tienen demasiado cabida en esta misma sección, tampoco es que nos vaya a importar demasiado.
Intentándose desmacar (con cierta hipocresía esnob, por qué no) del grueso de productos extremos que tendrían a Fred Vogel como santo y patrón "Snuff 102" intenta racionalizar las conductas más negras del ser humano y revestirse a sí misma de una cierta pátina de intelectualidad que no le hace ningún favor: Mariano Peralta abre su película con la ya clásica (y a estas alturas inocente) advertencia acerca de la supuesta veracidad de lo que vamos a ver y luego nos suelta la primera en la frente con unas imágenes que efectivamente parecen auténticas, con un pequeño monete y un sádico cabrón como protagonistas.

Bueno, la voluntad de puteo está ahí, y ya nadie va a poder pedir que se le devuelva el importe de la entrada. Pero es que en seguida cae la coartada intelectualoide y se cuela una frase de psicoanalista para dar cierto respaldo filosófico al asunto: la historia de la perversión de la instrumentalización del cuerpo ajeno. Cuando el cuerpo del prójimo se vacía de persona para ser convertido en un simple recipiente, un objeto sobre el que experimentar o descargar instintos primarios, supuestamente compartidos por todos nosotros. Sic.
Y más autotraiciones: en montaje paralelo con una sesión de pornotortura -supesto material snuff en el que varias chicas amordazadas son, pues eso, snuffeadas-, se nos muestran los avatares de otra chica (o quizá la misma) "una semana antes" y la investigación que la llevará a acabar metida en una espiral de demencia testosterónica. Un puro artificio narrativo que sabotea con jodida facilidad lo que habría podido querer construir el realizador desde un principio. O sea que queda claro: actores, voluntad autoral, tratamiento de la fotografía, trama de ficción, momentos de suspense irrisorio, múltiples ángulos de cámara, trabajo de montaje. En otras palabras, nada de esto es real. La premisa de "Snuff 102" es falaz desde el minuto 1.
Pero por lo demás, "Snuff 102" se quiere experiencia salvaje. Y para eso tira de la metodología habitual: multiplicidad de formatos con preferencia por los domésticos, alternancia de imágenes en color sobresaturado y blanco y negro, deterioro simulado del video o del celuloide, imágenes cazadas de internet, fotos de archivo de vaya usted a saber qué procedencia. Banda sonora de rock industrial creado con programa informático, gritos y gemidos dando alegría auditiva, unos efectos de maquillaje más o menos efectivos y una creatividad gore que va bastante más allá de la puñalada en el vientre: desde el resultado de la suma martillo + cincel + reluciente dentadura, hasta embarazadas, pasando por el desparrame visceral y las consabidas prácticas sexuales aberrantes y vejaciones de todo tipo y a todo trapo.
El hecho diferencial, lo que comentaba: la incorporación de unas declaraciones de un supuesto crítico que, como la frase inicial, pretenden refrendar lo que se ve y dar profundidad al discurso. Para lo que se introducen conceptos relacionados con la drogadicción, la prostitución, la mercantilización del sexo y la instrumentación del cuerpo, supestos males de la sociedad actual. Y lo que es peor: una demonización del audiovisual que le lleva a uno a temer por el futuro del medio cuando está en manos de gente que, aparentemente, reniega del mismo, que lo condena y lo califica como material de pecado y generador de destrucción moral.


"Snuff 102" es fea, incómoda y difícil de tragar; agrede a la vista y desprende un asqueroso olor a ácido úrico. Y además es un semiclásico en el circuito cinemasoquista. Sólo por eso ya es candidata para estar en esta sección. Pero también es cierto que su discurso pretendidamente intelectualista termina resultando demasiado naïf y queda corto, poco elaborado o demasiado trillado. Y al final, molesta hasta el punto de ahogar la película en sus propias pretensiones baratuzas. ¿Ganas de auténtica mierda a 25fps? A tirar otra vez de "August Underground", casi.

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