Crítica de "¿Estás ahí?", por el Capitán Spaulding

Partiendo de la obra de teatro homónima escrita por Javier Daulte, Roberto Santiago vuelve a la carga con otra comedia más que apuntar a su casillero, un "¿Estás ahí?" que supone un ligero cambio en su carrera por diversos motivos. Primero, porque en apariencia se presenta como una producción mucho más pequeña1 a lo que nos tiene acostumbrados, prácticamente toda rodada en interiores, con dos actores protagonistas y un par de secundarios más, y con una duración escuetísima que a duras penas rebasa la hora y cuarto. Segundo, porque es la primera vez en seis años que no coincide con Fernando Tejero, actor con quien hasta ahora había colaborado en "El penalti más largo del mundo", "El club de los suicidas" y "Al final del camino"; aquí los protagonistas son los mucho más actores Gorka Otxoa y Miren Ibarguren, camaleónicos, dignificadores de producciones medianeras y siempre solventes. Y tercero, porque esta es su comedieta más sincera: sin rollos costumbristas, sin (demasiadas) moralejas vitales ni discursos con segundas.
Tal vez por eso sepa peor seguir adelante.
Pero es que, justamente, a sincerarse tocan. Y por muy bien que pueda caer su reparto, por muy graciosa que pueda ser su premisa (sobre una fantasma que sigue viviendo en casa con su pareja y no tiene ninguna intención de irse) o por mucho que se agradezcan comedias románticas sin mayor vocación que la de mantenerse en los límites estrictos de su género, no se debe perder de vista la realidad: que hay muy poco en "¿Estás ahí?" que funcione. Al comienzo falla porque abusa de una voz en off a cargo de Ibarguren totalmente falta de credibilidad, mientras Otxoa se dedica a gritar de un lado para otro irritando y poco más. Hay que esperar mucho, media película, para que finalmente acaben cuajando tanto ellos como sus personajes, y hasta entonces lo que hay es tan sólo un guión que se esfuerza por ser divertido, sin suerte salvo en contadísimas ocasiones en que permite alguna tímida sonrisa que otra. Detalles que son de lo poco que logra salirse de la tónica, pero que se antojan absolutamente insuficientes como puntos fuertes de un film que se dedica a recorrer sin gracia una senda recorrida hasta la saciedad.


Cuesta, cuesta demasiado, porque en ningún momento acaba de quedar demasiado clara la dirección de la cinta, a veces parodia, a veces remake invertido de "Ghost", y lo único que se saca en claro es una muy molesta sensación de aburrimiento que no logra aliviar (más bien todo lo contrario) una banda sonora que casi parece salida de "Beetlejuice". Claro que de todo parece darse cuenta la película en lo que de golpe y porrazo acaba siendo su clímax. Sin haberse cumplido la hora de metraje, "¿Estás ahí?" aprende inesperadamente de sus errores y hace todo lo que hasta entonces no ha hecho: empieza por una escena que es a la vez mofa abierta del recién citado film ultratúmbico de Patrick Swayze y de "El exorcista", un enredo a lo sitcom, y un espacio para lucimiento de sus actores, de potencial cómico evidente y desaprovechado hasta ese punto. Y va a petar en un abandono total del componente cómico para quedarse tan sólo con el romántico. Es ahí donde Miren Ibarguren se saca de la chistera una interpretación brillante (hace de su personaje un ser desternillante y profundo a la vez) a la que acompaña Gorka Otxoa con su habitual atino; donde sin previo aviso, se sumerge al espectador en un remolino de sentimientos que empieza por el humor (¡logrado al fin!) y acaba en emoción pura; y donde la pequeña producción se despereza de una vez por todas. Una fuerza desbocada e inexistente hasta entonces, que confluye en una escena de cama apasionada, caliente incluso, y en un devenir tirando a lacrimoso. Bien, todo apunta a un acto final digno. Una lástima que en verdad, esos sean sus últimos minutos.

Y es que tan de sopetón como ellos, los títulos de crédito aparecen y echan el cierre a un producto que a duras penas funciona como comedia, que como romántica no pasa de fotocopia ya sabida de memoria, y que como película es tan poquita cosa que hasta le hace plantearse a uno la mera justificación de su existencia. Lo dicho, una pena que se calificaría de pérdida de tiempo, de no ser por su duración casi de mediometraje.
4/10
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1: En apariencia. A la hora de la verdad, infinidad de planos cuentan con retoque digital.

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