Crítica de "No lo llames amor... llámalo X", por el Capitán Spaulding

Cada cierto tiempo, al cine español le da por reivindicar el cine adulto, ya sea su versión más amateur (“Torremolinos 73”), la época del destete (“Los años desnudos. Clasificada S”) o las producciones pornográficas puras y duras, caso de este “No lo llames amor... llámalo X” que dirige y co-escribe el debutante (en dirección de largos) Oriol Capel bajo la atenta mirada de los creadores de “Fuera de carta” y “Que se mueran los feos”, como bien reza su cartel promocional y entre los que se incluye el propio Capel. Para garantizar el pelotazo taquillero, reparto reconocible al canto compuesto por medio equipo de “Aída” (Mariano Peña, Ana Polvorosa y Paco León), Kira Miró, Adriana Ozores, y un Julián López demasiado anecdótico. Dudosas credenciales, sin duda, que aseguran cierta repercusión económica pero ponen en entredicho todo atisbo de algo más. En especial cuando uno asiste a sus compases iniciales: falso documental basado en entrevistas a supuestas ex-estrellas del porno, argumento basado en un director especializado en las tres equis venido a menos que quiere reconquistar la gloria haciendo “el Ben-Hur del cine X”, amores y desamores... un machambrat con un poco de todo pero sin salirse jamás de lo conocido, de lo ya visto en demasiadas ocasiones y, además, en películas de géneros tan distintos que poco a poco hacen del cine porno en sí un mero reclamo para los espectadores (y una excusa barata para destetar una vez más a Kira Miró). Que sí, que buena parte del argumento gira entorno al rodaje de una cinta para adultos, pero tras los discursos iniciales sobre los prejuicios y la calidad de algunas películas X, bien podría haber sido cualquier otro tipo de producción, que la cosa tampoco hubiera cambiado demasiado.
Eso hace que “No lo llames amor... llámalo X” pierda velozmente su elemento distintivo, que de forma paulatina se vaya vulgarizando y al mismo ritmo vaya desapareciendo el interés de quien se acerca a un cine dispuesto a ver una comedia atípica, y se ve metido en el mismo rollo de siempre, la habitual tontería de corte más romántico que otra cosa, de aparente ruptura de moldes que luego no se mueve de la más estricta corrección y castidad, y por lo general bastante descafeinada. Y es que por encima de todo, el verdadero mal del film de Capel es su incapacidad por hacer reír. Todo lo demás es pasable, pero fallar en lo que define el género en que se incluye no tiene perdón posible. Uno puede hacer la vista gorda ante la errónea opción de convertirlo todo en una suerte de documental metalingüistico, si las declaraciones que ofrecen los entrevistados son realmente descacharrantes; puede pasar por alto esa suerte de plagio de “Boogie Nights” si la burla da en el clavo; hasta puede ver con buenos ojos a sus huecos personajes si se convierten en genuinos creadores de humor. Como muy poquito de esto ocurre (por mucho que se esfuercen reparto y guión), al final hay apenas tres chistes capaces de desatar risotadas sinceras (contados), un incendiario discurso inicial en contra de “El hormiguero” (inefable programa televisivo conducido por el igualmente inefable Pablo Motos) y una o dos situaciones que puedan salvarse del inmediato olvido.


Quizás las cosas hubieran sido distintas de haberle dado más bola a Julián López, el revulsivo de la comedia española del momento de cuyo desdichado personaje sale lo mejor de la película. O de haber contratado al todopoderoso Carlos Areces (aquí haciendo de porno-caudillo) y a un inspiradísimo Miguel Rellán para algo más que un cameo. O de haber proyectado directamente la película ficticia que ruedan los protagonistas, ese “El alzamiento nacional” cuyos bocaditos que se nos dejan probar apuntan a pura gloria erótica. Pero no, todo en “No lo llames amor... llámalo X” parece haber sido construido a base de una decisión equivocada tras otra, y así es imposible. Sobra l mitad de su metraje, molesta su rollo social, e irrita su repentino drama humano. No acaba de quedar claro si es una comedia que pretende ser seria (si es que eso tiene algo de lógica), o una película seria con salidas hacia la comedia, pero el caso es que acaba fallando en ambos casos. Y como colofón final, falsas tomas falsas falsas del reparto que simula cometer errores durante los rodajes de “Tetanic” o “Instinto fálico”; un despropósito final que condena definitivamente a la cinta al olvido inmediato, total y absoluto. Y menos mal.
3,5/10

6 comentarios:

  1. Hola. No estoy de acuerdo con lo de excusa barata para destetar a Kira Miró. ¡A Kiró Miró hay que ponerla en porretas siempre, aunque haga de Santa Teresa! Es más, si hiciera de Sta. Teresa, con más razón todavía...

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  2. Por supuesto! A ver, un cosa no quita la otra y, de hecho, uno de los motivos principales por los que fui a ver la peli era precisamente este (pro cierto, sí, se desteta, pero muy poquito para lo que podía dar de sí la cosa). Pero la excusa sigue siendo muy barata, al menos De la Iglesia se lo curró más...

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  3. Vista. Otra screwball comedy española para olvidar. Acumulación de gags de estilo televisivo que no dejan que la historia ahonde en nada más. Algo así como un capítulo de Aída de hora y media. Aunque hay que reconocer que aquí te ríes por lo menos cuatro o cinco veces... Ley de la probabilidad, supongo, de cada ráfaga de veinte chistes uno tiene que hacer reír a la fuerza, ¿no?

    PD: se te ha colado un "Marino Peña" y un "cinta par adultos", pero muy buena crítica de todas formas!

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  4. uf, cuatro o cinco? yo no creo que pasara de tres... :S

    (ñeh, tengo un teclado roto (en serio) a quien le cuesta mucho escribir aes....gracias por el apunte, corregido!)

    ...y saludos y gracias por pasar, comentar y dejar el piropo!!

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  5. Sólo cabe decir que mientras tuve puesta la cinta, bajé al perro a hacer sus cosas, me puse un rato al ordenador, hasta que el aburrimiento fue demasiado como para seguir. Si hubiera sido un chico la hubiera visto hasta el final para ver si salía más rato Kira Miró en tetas, supongo.

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  6. Nah, ni por esas, créeme. Te lo dice uno que además de ser chico, siente especial predilección por la Miró. Yo si no me fui del cine fue por ver si salía Areces de nuevo...

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