Crítica de "La doctrina del shock", por el Capitán Spaulding

A explotar el filón. ¿Que en 2011 se ponen de moda los documentales sobre la crisis (ya era hora, por otra parte)? Pues a tirar de ellos hasta que el cuerpo aguante. Primero vino “Inside Job” (de principios de 2010 aunque estrenada por aquí el 25 de marzo de 2011), luego “Vamos a hacer dinero” (del 2008) y ahora es el turno de “La doctrina del shock”, segunda película del tándem Winterbottom/Whitecross tras “Camino a Guantanamo”, y estrenado por primera vez a principios de 2009 en el festival de cine de Berlín. En este caso, gracias a Dios, la mirilla se desvía unos centímetros y más que centrarse en la crisis económica actual, apunta hacia la figura de Milton Friedman (premio nobel de economía) y las consecuencias de la aplicación de sus propuestas/ideales en lugares como Chile, Argentina, el Reino Unido, los USA o Irak. O sea, la aparición de personajes como Pinochet o la Thatcher, las increíbles medidas de privatización y otros reajustes económicos que condenaron a los países suramericanos, o el estallido de guerras de dudosa justificación. Todo por obra y gracia de unos Estados Unidos que la verdad, muy bien no es que queden retratados. Por lo menos algunos de sus representantes, siendo el peor parado un George W. Bush que justo por la fecha en que se estrenaba el documental abandonaba su cargo, y cuya figura es equiparable aquí a la de los mayores tiranos de la historia. Muy interesante y necesario... en su día.


Quien siga con algo de interés la actualidad de las carteleras españolas, seguramente sepa que el estreno de “La doctrina del shock” se ha ido retrasando una y otra vez hasta ahora, ecuador del 2011, con Obama en su segundo año como presidente, la crisis mundial en su ¿máximo? apogeo y numerosos conflictos, amenazas terroristas y demás lindezas. Vamos, que presentar ahora un producto cuya tesis principal sea hacer leña de un árbol que a estas alturas ya ha caído, suena a baladí. Menos mal que Winterbottom y Whitecross son capaces de no obcecarse y de extraer más conceptos del libro de Naomi Klein en que se basan1, a saber qué hubiera hecho en su lugar Michael Moore. Aquí, la cosa va de mostrar al público un concepto que tal vez desconozca pese a haber vivido sus consecuencias directamente (o a haberlas visto a través del telediario), la doctrina del shock que sirve de título al film y que hace referencia a la influencia de la economía en los más dramáticos acontecimientos históricos (desde dictaduras al 11/S, Guantanamo e Irak) o viceversa, y en cómo primeras potencias mundiales (bonito eufemismo para no repetir EEUU) han sido capaces de alterar unos y otra a su antojo sin preocuparse demasiado por los menos aventajados. Lo decía al principio, todo parte de la mente de un Friedman que varió radicalmente el panorama económico global con sus leyes y propuestas, aplicadas aún a día de hoy, y que vendría a ser para Klein y compañía (y por extensión, para la gran mayoría de espectadores a raíz del documental) el demonio personificado. Que no digo que no, pero no hubiera estado demás un acercamiento a su figura desde una perspectiva algo menos posicionada, para no dar tan masticado el quid de la tesis expuesta.


En fin, cuestiones cinematográfico-morales aparte, lo cierto es que el saber hacer de los creadores de “Camino a Guantanamo” vuelve quedar fuera de toda duda: en apenas una hora y cuarto (minuto arriba, minuto abajo) su nueva producción acumula una cantidad de información casi inabarcable y lanzada con vigor (a veces excesivo), que aglutina opinión con información actual, económica, social e histórica. Propone nuevos puntos de vista sobre ciertos temas universales, descubre (todavía más) tejemanejes del dominio norteamericano sobre el resto del mundo, y vuelve a cargar contra diversos mandatarios, conocidas figuras mundiales, etcétera.
Así pues, además del retraso de su estreno (cosa que le corresponde más a su distribuidora española que a la cinta per se) y de la evidencia ideológica de sus responsables, tan sólo se le puede echar en cara ciertos momentos de pura confusión (acabo de avisar de su excesiva vigorosidad), así como la necesidad de acudir a la sala con algo de culturilla general para no perderse con los múltiples personajes que van apareciendo por pantalla, para recibir su dosis de jarabe de palo. Por lo demás, muy interesante documental que logra su objetivo de asustar al personal. Ahora bien, ya vale de mirar atrás, ¿no? ¿Qué tal si empezamos a hacer películas que busquen soluciones en vez de causas?
7/10

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1: El tercero tras “No Logo” y “Vallas y Ventanas: Despachos desde las trincheras del debate sobre la globalización”

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Ficha de la película

4 comentarios:

  1. Roger Moore, ¿el 007?
    Coño, ¿que hubiera hecho?

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  2. XD Pues probablemente lo habría resuelto a puñetazos o con una partida de poker
    (vale, no me salen los chistes 007; nunca fui muy de James Bond)

    Capi se coló y yo ni me di cuenta cuando leí su crítica. Ya está arreglado, gracias por el aviso...

    Saludos

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  3. XDDD Osti, pues yo cuando lo leí no pensé que se hubiera equivocado sino que era otro (director) y me dio pereza googlearlo..., si es que mi confianza en el Capi no es ciega, es cieguérrima (prácticamente de lobotomía, por lo que veo)

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  4. No, no, en serio, qué hubiera hecho Roger Moore? Yo quiero saberlo, a él me remito... (vale, no cuela no? Maldita sea, escribir pensando en las inminentes vacaciones londinenses de uno no ayuda).

    SSR, gracias!

    Blut, ídem!

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