Crítica de "Una mujer en África", por John Blutarsky

Viendo cosas como "Una mujer en África" es muy fácil preguntarse y difícil responder por qué algunos autores siguen siendo objetos extraños en el circuito comercial español. No es que la filmografía de Claire Denis vaya a resultar un infalible imán taquillero, pero sí reúne las suficientes características para ser convertida, así grosso modo, en un clásico moderno entre los cinéfilos más selectivos. Sí, dejando escapar a Claire Denis nos estamos perdiendo un clásico moderno. Claire Denis es sólo para espabilados itinerantes de festival gafapastuno. Y eso significa restricción. El enemigo del arte.
Mal, porque el cine de Denis es personal, pero no hermético. Exigente pero no exclusivista. Complejo pero no autista. Cragado de símbolos, metáforas y sutilezas, pero no indescifrable. Difícil pero no imposible. Y difícil pero no imposible es "Una mujer en África", último torpedo, esta vez con la mira telescópica situada en el deshilachamiento de las colonias europeas en África, en ese proceso de descolonización que relataba con igual puntería la muy brillante "El día que Dios se fue de viaje". La desbandada y desmantelamiento de un sistema que daba tumbos y provocaba cultura de choque en un ambiente social no precisamente estable.
El África postcolonial de Denis (país no especificado, pero perfectamente extrapolable a gran parte del continente) es aquella en la que el europeo ya no puede seguir explotando sus "multis" de cultivo de café. La nave che va ya se hunde, la revolución toma las calles y la contrarevolución las belifica. Guerra civil latente, los franceses son el último mono y la primera víctima.
Isabelle Huppert (tan enorme como siempre) nos da la medida de una de esas empresarias que se ven obligadas a huir. Solo que ella –medio orgullo, medio inconsciencia blanca- decide resistir y se pega contumaz a su plantación. Ella es la burguesa europea, parte del problema, parte de la causa del problema. Y un personaje en el fondo jodidamente tétrico: en ella choca la valentía de la que se alza contra viento y marea con la representación del etnocentrismo blanco. Capitalizada por la exportación de los problemas centroeuropeos a una sociedad diametralmente opuesta: su conflicto familiar está imbuido del peor terror neofascista posible; su hijo apunta a los resurgires de la ultraderecha europea. En África.


Es sólo una pista de por dónde decide ir Denis. "Una mujer en África" es una película que aun diciendo explícitamente más bien poco, lidia con secuencias de ensordecedora resonancia. La expulsión del white material (el burgués blanco que se ha ido impermeabilizando a la situación bélica) no deja de ser la eliminación del objeto extraño para que la sociedad pueda hundirse con toda tranquilidad en su propia destrucción. En este caso, el enfrentamiento encarnizado entre el "gobierno" (entrecomillado) y las milicias. La conclusión podría ser una, y si fuera así el Mundo efectivamente sería un lugar tan malo como sospechamos: la alternativa al colonialismo destructor es la guerra de guerrillas y el derramamiento continuo de sangre vía machete. O a la inversa.
La mirada de Denis, ya lo he dicho, no es cómoda. Ni estática. Se sitúa en un punto variable entre el documental y la ficción radical. Gusta de sugerir antes que contar abiertamente y de saltar en el tiempo entre pequeñas elipsis. De recrearse en la épica de la antiépica, en una plástica árida, polvorienta y una fotografía tostada. En ese sentido, la película de Denis, voy a por una analogía musical, es muy slowcore. Se mueve entre el silencio más desértico y de repente estalla en arranques de la peor virulencia.


Y como rehuye del estaticismo, la directora va pasando de una especie de drama de denuncia hacia lo que pudiera ser un thriller casi survival en el corazón de las tinieblas. Una incomodidad que no siempre lleva a Denis a pisar terreno seguro (hay alguna situación fuera de lugar y algún personaje demasiado fofo), pero que incrementa la sensación de amenaza, de inseguridad y de peligro constante. De misterio y opresión irrespirable: a cada bocanada que intenta dar, uno traga una cantidad espantosa de polvo.
En fin, que España sea medio tullida en el ejercicio de la exportación de producto nacional de calidad es grave. Que ni siquiera podamos disfrutar de la filmografía completa de figuras tan imprescindibles como la de Denis, y la directora siga siendo rareza... eso, eso es lo que nos pone a la cola. "Una mujer en África": aún estamos a tiempo de rectificar.

8/10


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1 comentario:

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